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31/10/12

Otra patada en la boca...



"[...] La antipolítica, el antielitismo y la desafección con las instituciones democráticas son todos peligros reales. Para bien o para mal, los cauces de participación de la democracia burguesa y sus instituciones –partidos políticos y otros cuerpos intermedios incluidos- son probablemente las menos malas que conocemos para agregar preferencias. Son en cualquier caso mejores que sus alternativas, incluyendo entre estas el asamblearismo o el bonapartismo en cualquiera de sus variedades plebiscitarias (como el chavismo). En la medida en que su estabilidad reposa sobre la confianza que la opinión pública tiene en ellas, es razonable desconfiar o combatir de los discursos que tienen por efecto aumentar la desafección en el sistema. [...]"





... No obstante lo cual, cuando el sistema tiene un problema (leed el resto de la entrada) y corre el riesgo de desligitimarse a sí mismo, hay que reformarlo.

12/9/12

De patadas en la boca y otros enlaces...

Siempre me han gustado las patadas en la boca (incluso en la propia) cuando están bien fundamentadas y sirven para hacer reflexionar y repensar algunos planteamientos. Patadas en la boca dialécticas, digo, que este es un blog no violento...

La primera se refiere al libro "Ejército Enemigo", de Alberto Olmos. Solidaridad de niño bien, activismo low cost, perroflautismo variado... Yo no lo he leído aún, pero mi amigo Terapeuta sí, y tengo plena confianza en su criterio, pues otras veces ha dado acertadas patadas en la boca (por aquí también lo hemos hecho) a ciertos planteamientos de la "izquierda verdadera" y de la otra...  además de tener aquello de lo que muchos carecen: la capacidad de hacer autocrítica lúcida y feroz (como en éstas entradas). Por eso os remito al análisis del libro que hace en su blog.

La otra patada en la boca de muchos es el artículo de César Molinas en El País "Una teoría de la clase política española". Si uno prescinde de la retórica con la que escribe Molinas (el lenguaje de sus artículos periodísticos está pensado para atraer la atención y provocar la polémica, rayando a veces con un cierto amarillismo), lo cierto es que su diagnóstico me parece acertado en lo esencial, y merece la pena ser leido. Otra cosa es la "solución" que propone, que probablemente no lo sea tanto...

El último enlace que os propongo es de lectura más breve y sosegada, y sin embargo lo que dice me parece particularmente importante. Se trata de un breve análisis del economista José García Montalvo sobre las diferencias entre los "ni-nis" españoles y otros europeos. Pero, sobre todo, su diagnóstico de cómo el Gobierno considera la escolaridad en menores de 3 años como una cuestión "asistencial", con el riesgo que ello supone de que "perdamos ventaja en uno de los pocos indicadores positivos en los que España destaca desde el punto de vista educativo", según sus propias palabras.

22/5/12

¿Por qué es tan difícil para Europa salir del atolladero?

Este artículo de Cives en Politikon es de imprescindible lectura para entender por qué a Europa le está costando tanto dar con la solución de sus (de nuestros) problemas.

Lo complejo del problema es que ninguno de los actores, ni sus instituciones políticas, tiene los incentivos necesarios para adoptar el conjunto de soluciones que se apuntan en el artículo... porque falta confianza, y posiblemente con razón, a lo que harán los otros en el largo plazo.

¿Sucumbirá Europa a la conocida "tragedia de los comunes"?

22/2/12

Por el "contrato único" en España

Los amigos de Politikon lanzan una campaña de petición de firmas para que el Gobierno incorpore a su chapucera reforma laboral un elemento que creo que es esencial si queremos que el mercado laboral español abandone su disfuncionalidad, y se acabe con esa dualidad que tanto parece gustar a los sindicatos (porque sobreprotege a su clientela principal) y también a la CEOE (porque permite a los empresarios de baja estofa que tanto abundan en España disponer de un ejército de esclavos fácilmente prescindibles).

Os invito a que os informéis en éste enlace. Yo ya he plantado mi firma.

2/9/11

La insoportable levedad de las voces de la izquierda

El gran oráculo ha vuelto de vacaciones, y ha hablado: (video Gabilondo)

Para un tipo que “aporta una mirada propia llena de serenidad y sentido común”, según afirma la presentación de su video blog, es notable el recurso al lenguaje de máximos que utiliza últimamente: nada menos que la “derrota de la democracia”, y la consagración de “un modelo de sociedad que expulsa a los pensamientos más progresistas o de izquierdas a favor de los pensamientos neoliberales”.

No debe sorprendernos. Desde el estallido de la crisis algunos venimos asistiendo con pesadumbre (y con enfado) al establecimiento de una especie de “posición oficial” de las izquierdas de éste país que yo identifico con la vuelta a los eslóganes vacíos de contenido, la idealización de la “democracia real” y asamblearia, la consagración de un hombre de paja (“los mercados”) como enemigo a batir y, en definitiva, una reivindicación de las utopías y de los Mundos de Yupi frente al análisis riguroso de los hechos y de los mecanismos disponibles para hacerles frente.

Se ponen de moda y se saludan con alborozo los panfletos revolucionarios de ancianitos bienintencionados, como el “Indignaos” del francés Stephane Hessel que se copian y amplían en España (ver “Reacciona”), pero durante muchos meses algunos ya estaban preparando el terreno desde publicaciones “intelectuales” que no se han enterado de que Mayo del 68 ya pasó. Personas con supuesto prestigio y con llegada a los medios (aunque ellos se quejen de que se les silencia) como Vicenç Navarro, la mayoría de los tertulianos de la SER, muchos columnistas de El País y casi todos los de Público, mantienen desde hace tiempo un discurso parecido, según el cual estaríamos embarcados en un proceso de desmantelamiento del Estado de Bienestar y de los “derechos adquiridos” por los ciudadanos, a cargo de “los mercados” y el “neoliberalismo” y poco menos que dirigido desde Europa y organismos internacionales como el FMI.

Dejemos claro antes de nada que, desde una posición de izquierdas, hay motivos más que sobrados para indignarse con la situación política y económica, y muchas dinámicas están ocurriendo que requieren de una vigilancia atenta: muchos de los agentes que agravaron la crisis no han recibido el castigo que se merecen, las normas regulatorias y de gobernanza económica y financiera que se prometió reforzar parecen estancadas o avanzar con cuentagotas, la Unión Europea reacciona ante los sobresaltos económicos con improvisación y demagogia, con un sálvese quien pueda y a defender cada uno sus propios intereses… Europa está en una encrucijada y sus gobernantes no parecen estar a la altura. ¿Y qué decir de España? Sus gobernantes tampoco están a la altura, ni lo estarán los que vendrán el 20-N (ya han demostrado sobradamente su mediocridad), lo que es más grave aún por los problemas particulares que arrastra España desde hace tiempo: un mercado de trabajo dual e insolidario que condena a la precariedad a una generación, un tejido productivo excesivamente basado en la especulación inmobiliaria y en el turismo de bajo nivel, absurdas regulaciones y trabas para la competencia y la creación de empresas, un modelo energético kafkiano, un modelo educativo en caída libre y sometido a los indecentes caprichos de cada nuevo gobierno, una alarmante falta de consenso sobre los temas estratégicos de Estado entre los partidos políticos (salvo el terrorismo) y todo ello con un Estado de Bienestar raquítico en comparación con los mejores, que no sólo hay que sostener sino que debería ser ampliado.

Y mientras tanto, la izquierda discutiendo la calidad de la democracia, el ataque a “nuestros derechos”, la llegada del “neoliberalismo” y otras variantes del sexo de los ángeles.

Lo descorazonador que tiene asistir a este posicionamiento de las voces progresistas, para los que consideramos que la izquierda tiene mucho que decir, es el temor de una deriva hacia la irrelevancia. A lo Izquierda Unida, vamos.

Es lamentable que la izquierda guste tanto de los posicionamientos previos en abstracto sobre cualquier tema, y por los grandes debates ideológicos y filosóficos sobre la democracia, el sometimiento de la política al poder económico y la defensa de ése “derecho inalienable” llamado Estado del Bienestar. Pero resulta que el Estado del Bienestar no es un derecho fundamental de las personas, ni un estado natural, ni un ente abstracto que una vez conseguido es mejor no tocar para no desmantelarlo: es un conjunto de mecanismos que hemos ido implementando porque creemos que es mejor para los individuos que conforman una sociedad, y que no es gratis: hay que alimentarlo, sostenerlo y permitir su disfrute a las futuras generaciones.

Y el Estado de Bienestar está sin duda en crisis, y conservarlo requiere imaginación, coraje y mecanismos para cambiar la dinámica de hechos que lo están poniendo en riesgo… defenderlo no consiste en querer mantenerlo en formol como si no pasara nada. Paradójicamente esta izquierda, al cuestionar sin más cualquier intervención sobre los pilares del Estado del Bienestar (subsidio de paro, mercado de trabajo, pensiones…) se ha convertido en una “izquierda conservadora”, incapaz de articular un discurso de cambio hacia la sostenibilidad.

Precisamente cuando la socialdemocracia y las posiciones progresistas deberían tener más que nunca un peso relevante en el debate político reivindicando sus conquistas y reinventando la manera de sostenerlas, frente a una derecha sin escrúpulos, fracasada e hipócrita, resulta que los representantes de la izquierda se cierran al análisis riguroso de los hechos y de sus posibles soluciones, prefieren la utopía al pragmatismo, y hacer demagogia con la indignación popular para regodearse en un discurso apocalíptico en lugar de empezar a preparar el discurso del futuro.

La fraseología del estilo “esto no es una verdadera democracia”, “los mercados han dominado a la política”, “el que quiera tocar las pensiones es un peligroso neoliberal” y, en general, ésa especie de “estás conmigo o contra mí”… sólo son una desesperante pérdida de tiempo que escamotea el verdadero debate: qué mecanismos podemos implementar que nos permitan una salida de la crisis lo más rápida posible, que refuercen nuestra economía ante crisis futuras, y que garanticen la sostenibilidad del Estado de Bienestar. Y en este, el verdadero debate, hay mucho que hacer y mucho que decir: porque es cierto que no todas las respuestas están claras. Es cierto que la derecha, más que posible ganadora de las próximas elecciones, tratará de arrimar el ascua a su sardina y aprovechará para implementar por la fuerza recortes y políticas insolidarias (ver Cospedal en Castilla la Mancha) bajo la mirada indignada y ofendida, pero inútil, de todos estos voceros de la izquierda que están permitiendo a la derecha dominar el espectro político, cuando debería estar escondida en su cubil para esconder sus vergüenzas, aquellas que allanaron el camino al estallido de la crisis.

La derecha ocupa el espacio político porque la izquierda se lo está permitiendo, por su propio abandono de dicho espacio hacia posiciones irrelevantes y necias de supuesta defensa del desfavorecido. Pero el desfavorecido no necesita discursos paternales ni llamadas filosóficas a regenerar la democracia, necesita que salgamos de la crisis y se le ofrezcan soluciones que mejoren su calidad de vida, y si la izquierda no plantea soluciones factibles, ahí aparece la derecha reivindicándose como única solución, repitiendo el discurso falaz del “gestor eficaz” que sabe lo que hay que hacer, frente a la “ideologizada izquierda”. Que nadie se lleve a engaño: no hay más que oír las propuestas económicas de Rajoy y Montoro para reconocer su vacuidad y constatar que no han entendido nada, y sólo hace falta leerse algún documento de la Fundación FAES para saber hasta qué punto la ideología puede convertir en absurdo el análisis económico.

Frente a ellos, otra izquierda es posible, y es más necesaria que nunca. ¿Dónde se esconde?

23/5/11

PSOE: ¿y ahora qué?

Después de la barrida que ha hecho el PP, ya se están empezando a escuchar las habituales llamadas a “la renovación ideológica” del PSOE (como la de Barreda) y a la “regeneración del partido”, una especie de vuelta a los orígenes que al parecer se habrían perdido durante los últimos años, sobre todo después de haber tenido que aplicar unas medidas económicas que se perciben como impuestas desde fuera y que son rechazadas por eso que se ha dado en llamar “las bases” del partido.

Apañados estamos.

El PSOE está ahora mismo en una encrucijada histórica en su larga trayectoria como partido. Y lo que salga de la reflexión interna que debe afrontar marcará la larga travesía del desierto que le espera durante los próximos años: o bien se pondrán las bases para una futura, más allá del medio plazo, reconciliación con su base sociológica de votantes; o bien se enriscará en sus males y no sólo se enfrentará a varias derrotas seguidas, sino que disminuirá su suelo electoral de forma irremisible.

¿Cuál es el riesgo que veo? Que el partido y sus ideólogos se encaminen con entusiasmo hacia la segunda opción. La probabilidad de que la actual ejecutiva del PSOE haga un mal diagnóstico de su derrota es altísima, pues estos tipos vienen sacando sobresaliente cum laude en hacer malos diagnósticos de la realidad.

Ante todo, dejemos una cosa clara: a los socialistas les ha derrotado básicamente la crisis económica y el 21% de paro. Les hubiera derrotado en cualquier caso, si bien creo que podrían haber evitado la debacle si su gestión de la crisis hubiera sido otra.

Teniendo en cuenta la tradicional falta de autocrítica de nuestros políticos, la tentación de culpar a la crisis y dejar que el tiempo pase sin hacer nada, seguro que forma parte de los debates internos (al fin y al cabo, dirán algunos, a Rajoy le ha funcionado). Aún peor, con tanta atención mediática a los “indignados” del Movimiento 15M, con los medios afines y algunos sesudos columnistas de la izquierda repitiendo machaconamente que los políticos han sido vencidos “por los mercados”, que la “democracia real” está secuestrada por los intereses económicos y que quien de verdad maneja el destino de los gobiernos son los bancos y a lo sumo un grupito de malvados especuladores que se sientan alrededor de una mesa para ver cuál es el próximo país que hunden en la miseria… pues es muy tentador concluir que los votantes socialistas han castigado al partido por aplicar medidas “neoliberales” y recortes sociales impuestos desde fuera, y que es necesario volver a las esencias socialdemócratas de los buenos tiempos, y no traicionarlos nunca, nunca más, palabrita de Niño Jesús…

Como si la “socialdemocracia de los buenos tiempos” fuera aplicable sin cambios a los tiempos de ahora. Como si el Estado del Bienestar, una conquista de la civilización que no ponen en duda más que unos pocos privilegiados que creen no necesitarlo y no quieren pagarlo, así como los forofos de las diversas sectas ultraliberales y neocon que campan por el panorama mediático, no tuviera que ser fuertemente revisado, con el fin no de recortarlo o eliminarlo, sino precisamente de asegurar su sostenibilidad.

La disyuntiva del partido es fuerte, eso no se puede negar. ¿Existe alguien que desde dentro sea capaz de elevarse por encima del ruido mediático y analizar lo que de verdad hay que hacer? Ese alguien, si existe, deberá ser capaz de abandonar el discurso populista anti-mercado y los grandes mensajes filosóficos contra el capital, los bancos y los gnomos de jardín que parecen sacados de un concierto hippie de los años 70 (eso que se lo deje a Izquierda Unida, que sigue estando feliz arrancando un puñado de votos, claramente circunstancial, y sabiéndose el guardián de las esencias de la “auténtica izquierda”). Deberá descartar propuestas chupiguay al estilo de las de los acampados de Sol, que son irrelevantes, o irrealizables o contraproducentes: a todos nos gusta el Bien y aborrecemos el Mal, pero mientras tanto hay cosas más importantes que hacer por el país.

Deberá ser capaz de asumir lo que la Economía tiene que decir sobre algunos tipos de problemas, y por supuesto rodearse de gente capaz de entender, y capaz de saber explicar lo que se hace. Uno de los grandes problemas de los partidos, en general, y del PSOE, en particular, es la de promover el ascenso del mediocre más pelota o del amigo del líder. Los gobernantes mediocres y las políticas gallináceas pueden ser tolerados en tiempos de bonanza (y así creo que ocurrió en la segunda elección de Zapatero, donde la gente le renovó la confianza a pesar de sus pepiños y sus pajines, pues al fin y al cabo la fiesta continuaba). Pero un país no se los puede permitir cuando llegan los malos tiempos (tampoco auguran un brillante panorama Rajoy y sus cospedales, dicho sea de paso).

Una de las cosas más importantes que tiene que hacer ese líder socialista hoy por hoy inexistente (…podría haber sido Rubalcaba con menos años y menos plumas perdidas por el camino) es reconciliarse con la ciudadanía y recuperar la confianza de su votante potencial, de ése votante más o menos centrado que vuelca las elecciones a uno u otro lado. Puede que yo sea un iluso, pero lo que creo que debería hacer es recuperar la honestidad en el discurso y no tratar al votante como si fuera imbécil. Esto pasa, básicamente, por explicar por qué se toman las medidas que se toman, por qué se opta por unas políticas y no por otras, y que, por supuesto, que hay una incertidumbre inherente a la aplicación de toda política que no nos asegura al 100% los resultados perseguidos. En particular en la aplicación de medidas de política económica, pues dicha ciencia no está tan avanzada como para asegurarnos que a tal acción le seguirá cual reacción. Pero se debe envolver la acción política en una lógica entendible por los ciudadanos y dotar al discurso de una narrativa que sea capaz de enganchar a los votantes. Un votante que tenga confianza en sus políticos se dejará convencer casi de cualquier cosa (como hizo González en el referendum de la OTAN o en la reconversión industrial, por dar un ejemplo del mismo partido), y hasta es posible que no castigue demasiado al político tras la aplicación de medidas duras o impopulares, pero necesarias (o al menos, no tanto).

Y todo esto no significa “plegarse a los mercados”, “venderse al capital”, dejar que “ganen los de siempre”, etc. Significa entender la realidad, y que existen algunos mecanismos, alejados de los grandes conceptos ideológicos, que nos pueden ayudar a superar nuestros problemas. Significa reconocer que estamos en medio de un incendio que nosotros no hemos provocado pero que hemos avivado alegremente viviendo en una casa de madera y pajitas, y por lo tanto que tenemos que construir una casa de acero y cemento, y eso exige tiempo, dinero y coraje político, y también que vamos a salir de él más pobres y con bastantes tullidos y mutilados.

Eso sí sería una revolución en el partido. No lo parecería, no generaría titulares, pero lo sería. Y serviría para mejorar el futuro del país. Y luego, que las urnas decidan, que para eso están…

16/5/11

Votar eficacia y votar corrupción

Se acercan las elecciones locales y es pertinente preguntarse de nuevo por qué arrasan en las urnas opciones políticas cuyas listas aparecen salpicadas de imputados en escándalos de corrupción.

Es cierto que una imputación no es una condena, pero la mayoría de estos escándalos no son una acusación aislada de última hora (en cuyo caso el ciudadano podría optar por la presunción de inocencia o incluso sospechar de alguna maniobra política para desacreditar al rival). Bien al contrario, estos asuntos (Gürtel en Madrid y Valencia, ERE’s en Andalucía….) copan las portadas de los periódicos durante meses o años, lo suficiente como para que el ciudadano votante empiece a sospechar que algo podrido debe de haber efectivamente debajo de las alfombras.

No parece ser el caso, a juzgar por las últimas encuestas que aseguran que Camps arrasará en Valencia, Aguirre (no directamente implicada, pero con alguna conexión sospechosa en sus listas) en Madrid y Fabra y otros oscuros personajes de la política local, en sus respectivos feudos… Por lo tanto, o bien el ciudadano no da crédito a las informaciones periodísticas ni al trabajo de jueces, fiscales y policías o, lo que es peor, no le importa.

En un debate radiofónico reciente, un tertuliano de izquierdas daba su explicación, escandalizado, afirmando que “los ciudadanos prefieren la eficacia a pesar de la corrupción”, es decir, prefieren dar su voto a un equipo con imagen de eficaz, a pesar de ser sospechoso de corrupción, que de alguna manera se consideraría algo inherente a la política y con lo que hay que convivir, un mal menor si lo comparamos con las consecuencias de una política ineficaz.

Abandonando momentáneamente la variable “corrupción” de la ecuación, lo cierto es que el que proyecte una imagen de eficaz suele tenerlo mejor ante una elección. Digo “imagen” porque lo que es y no es una política eficaz es, en términos objetivos, muy discutible, pues puede serlo para unos ciudadanos y no para otros. Quedémonos, por lo tanto, en que este tipo de políticos que arrasan en las urnas tiene, como mínimo, “imagen de eficaz” (como Gallardón o Aguirre en Madrid): hacen cosas y saben presentarlas ante el público, que no profundiza mucho más en las consecuencias o los objetivos a largo plazo que puedan tener. Y no digamos ya si añadimos a una oposición inexistente, con mensajes confusos e incapaz de articular un mínimo discurso coherente… vamos, como en Madrid y Valencia. Esto lo explica fantásticamente bien para Valencia Jorge Galindo en éste artículo, pero en líneas generales serviría también para Madrid.

Por lo tanto, vemos que cuando la imagen de eficacia confluye con una oposición inoperante, el político que copa la administración local suele arrasar en las urnas. Pero si a esto le añadimos los escándalos de corrupción entre sus filas, quizá la explicación se quede corta y tengamos que añadir algún elemento al debate. Es lo que hace el profesor de Ciencias Políticas de la Univ. de Gotemburgo, Víctor Lapuente, en éste artículo. En él, cita tres razones fundamentales para “la paradoja de la corrupción”:

• La ausencia de una burocracia meritocrática suficientemente impermeable al clientelismo

• El sistema electoral de listas cerradas

• La falta de pluralidad interna de los medios de comunicación

La primera creo que está clara y a las ventajas de disponer en las administraciones de una tecnocracia que acceda al puesto por algún tipo de sistema de méritos independiente del partido que gobierne, ya se ha referido Cives (artista anteriormente conocido como Citoyen) en varios artículos que merece la pena repasar (por ej, éste). Según Víctor Lapuente, esto explica la relativamente poca corrupción de la Administración General del Estado en comparación con las administraciones autonómicas y locales.

En cuanto al sistema de listas cerradas, no tengo muy claro si el remedio sería peor que la enfermedad… os remito a lo comentado por Roger en éste post.

Me interesa particularmente la última. El problema no es que no haya pluralidad de medios de comunicación, cada uno de los cuales es afín a determinadas posiciones políticas o directamente a algún partido. Esto ocurre así en cualquier parte del mundo. El problema radica en “el mensaje monolítico” (en palabras de Lapuente) de los medios de comunicación patrios, la ausencia de una auténtica pluralidad interna que permita presentar en un mismo medio distintas posiciones o matices, que fomente el auténtico periodismo de investigación (no la búsqueda del escándalo y la difamación gratuita tan común en nuestros medios) y que permita y recompense la rectificación ante el error.

Por el contrario, nuestros medios de comunicación suelen cerrar filas y hacer frente común con el político o el partido que les es más afín, tratando de desprestigiar no sólo las informaciones del “medio rival”, sino a policías, jueces, fiscales y a todo el que trabaje en la investigación y causa de una trama de corrupción del partido al que defienden en su línea editorial. Y se dedican con ahínco a tratar de sacar los trapos sucios del partido rival (lo cual no sería malo en sí mismo) inventándose la noticia si fuera necesario (lo cual ya es harina de otro costal).

El papel que en la sociedad cumplen estos medios, entonces, se pervierte, pues hacen el mismo papel que los votantes incondicionales de los partidos, aquellos convencidos que votan al mismo elección tras elección, opción que es respetable en un ciudadano votante, pero que es lamentable en un medio de comunicación.

Y el problema no es ya que estas actuaciones contribuyan a aumentar el desprestigio de los propios medios de comunicación (esto sólo parece preocupar a un número limitado de ciudadanos especialmente escrupulosos) sino que socavan cada vez más el prestigio de las instituciones encargadas de destapar la corrupción, investigarla, acusar, juzgar, condenar o absolver… y también de informar sobre la misma. Consiguiendo así que el ciudadano piense que todo es inventado, o es una exageración, o directamente se desvincule de la participación política lleno de hastío.

Hay otra razón que siempre me ha parecido entrever cuando un alcalde acusado de mil tropelías sale del juzgado entre vítores de sus conciudadanos, a veces después de haber pagado una fianza millonaria por la que nadie se pregunta. Es una especie de “cierre de filas cavernícola”, algo así como “quiénes son éstos que vienen a meter las narices en las cosas de nuestro pueblo, con lo simpático que es este tipo, la cantidad de monumentos que inaugura y lo generoso que es con su dinero”. Una especie de paletoide defensa de la tribu, unida a un repugnante servilismo para con el poderoso, ese afán de algunos de arrimarse al rico para trincar las migajas, porque de “los otros” nada se va a poder trincar.

En cualquier caso, me temo que el próximo 23 de Mayo, tras las elecciones, asistiremos de nuevo a algún discurso vomitivo que defenderá que las urnas “han vuelto a legitimar” a una buena panda de corruptos.

El debate público sobre energía

Merece mucho la pena que leáis éste artículo de El País sobre energía. Alejado de intereses de unos y de otros, trata de elevarse y dar una perspectiva global. Me ha gustado mucho, aunque al final peca de no ofrecer una propuesta concreta.

Y sí, me gusta incluso el párrafo final. Ya sé, ya sé, suena un poco a "buenismo perroflauta", y no estoy de acuerdo ni con que tengamos políticos inteligentes (al menos en primera línea) ni buenos periodistas (algunos sí hay... pero hay que rastrearlos...). Pero aún así, creo que el tono del mensaje es el que hace falta.

20/1/11

politikon.es

Un grupo de blogueros amigos que tienen la costumbre de escribir sobre historia, política, economía y asuntos de actualidad de forma inteligente, informada y sensata han creado un nuevo sitio en el que podemos disfrutar de sus escritos: politikon.es

Aunque de todos ellos ya teníamos enlaces a sus blogs originales en nuestro margen derecho, ahora los podréis disfrutar en "pack".

No es necesario que diga cuán necesaria es su aportación, tanto más por ser desinteresada (salvo por la humilde pretensión de dominar el mundo), si la comparamos con el nivel de debate al que uno puede acceder a través de los medios tradicionales (más aún tras el cierre de CNN+): gente hablando (solemnemente) de lo que no sabe, ni un solo dato que respalde los argumentos, tópicos y lugares comunes, lametazos a la voz de los amos... por no hablar de la TDT, que nos obsequia a diario con debates políticos bajunos, fétidos o directamente irrelevantes.

Feliz andadura a politikon.es!

3/11/10

Los negacionistas y el debate de las pensiones

Me diréis que qué tiene que ver el Cambio Climático y el alargamiento de la edad de jubilación, en discusión estos días en varios países. La mayoría dirá que no mucho. Sin embargo, en ambos casos nos tenemos que enfrentar a la misma pregunta, que es necesario responder: qué políticas públicas es necesario implementar ahora, para hacer frente a un acontecimiento que tendrá lugar en un futuro lejano aunque con un elevado nivel de incertidumbre, pero con consecuencias potencialmente catastróficas.

Algunos diréis que las alertas sobre el cambio climático tienen mucha ciencia detrás (es cierto), mientras que los modelos económicos pueden no tener tanta, o al menos estar sometidos a mayor incertidumbre y a una mayor probabilidad de fallo en sus predicciones, como ha pasado a menudo (también es cierto). Sin embargo, el caso particular que nos ocupa admite un contraargumento poderoso: los modelos climáticos tienen también un elevado nivel de incertidumbre mientras que los cálculos sobre las pensiones son relativamente fáciles de hacer, pues la curva demográfica actual, que es el principal condicionante (aunque no el único) de las pensiones futuras, es bien conocida.

En el caso del cambio climático, ningún científico ni economista serio lo pone ya en duda, centrándose el debate en cuál es la mejor manera de enfrentarse a él, es decir, qué políticas públicas (en este caso a nivel planetario) son las más efectivas y que además no comprometan el desarrollo económico presente o el de las futuras generaciones. Y sobre ése debate, enconado, aún queda mucho por decir. Que nieguen el cambio climático sólo quedan los negacionistas, activistas que por ignorancia, ideología o más habitualmente, intereses económicos particulares, niegan la mayor como si fuera una invención de un grupo de científicos de las Naciones Unidas.

En el caso de las pensiones, un problema muchísimo más simple ya que afecta sólo a un grupo de países (los que defienden un determinado Estado del Bienestar y con una curva demográfica particular) y además lo puede resolver cada país a nivel individual, resulta que también actúan los negacionistas: no sólo discuten qué políticas son las más adecuadas para enfrentar el problema (lo cual sería legítimo) sino que niegan el mismo hecho de que las pensiones estén en peligro, desviando la atención hacia los motivos ideológicos u oscuros intereses que según ellos existen detrás de los que promueven el cambio.

Es común entre los negacionistas, a veces fuertemente ideologizados y otras veces fuertemente respaldados por otro tipo de intereses, acusar a sus rivales de lo mismo. Os adjunto un ejemplo que no sé si está respaldado por otros intereses, pero desde luego sí ideologizado: éste artículo de uno de los “negacionistas de las pensiones” más seguidos en los medios.

Pero no me interesa aquí enconar aún más el debate. Convengamos en que puede haber debate. Aceptemos que, a pesar de la curva demográfica, hay varios puntos que pueden afectar al futuro de las pensiones (inmigración, productividad…) sobre los que es difícil prever su evolución, y por tanto que admiten un cierto nivel de discusión. Podéis entrar en detalles en éste y éste post.

Lo que me parece importante resaltar aquí, sin embargo, es la manera que adoptan unos y otros, y sobre todo la que deben adoptar los gobiernos, para enfrentarse a este tipo de problemas, es decir, cuál debe ser la actitud sensata cuando un acontecimiento, a pesar de su nivel de incertidumbre, tiene un riesgo no despreciable de convertirse en catastrófico si no se hace nada. Ya veis, de nuevo el cambio climático…

Desde luego, no creo que apostar a ciegas por “los enormes avances tecnológicos” (en palabras de Viçent Navarro), como si éstos se dieran por necesidad, o apostar a ciegas por el crecimiento del PIB en base a históricos en los que no se tiene en cuenta qué los produjo y por tanto podrían no volver a suceder, etc., sea la actitud adecuada. Como no creo que apostar por enormes avances tecnológicos, revoluciones energéticas aún no vislumbradas y el cambio radical en la actitud consumista y derrochadora de la sociedad… sean maneras sensatas de enfrentar el cambio climático, aunque todo ello pudiera producirse de hecho (ojalá), pues en períodos prolongados de tiempo casi todo puede ocurrir. Fijaos que he dicho “casi”. Y también “puede ocurrir”.

Pero la actitud negacionista va más allá de su apuesta por “muchas cosas buenas ocurrirán con seguridad”. Se acusa a los que alertan del problema de que son peligrosos representantes de la ideología “neoliberal” comeniños, que defienden los intereses de la derecha y el capital y además (volved a la última parte del artículo de Navarro) de que tienen una enorme presencia en los medios que a los sufridos defensores del pueblo, como él, se les niega. Esta narrativa es particularmente nefasta porque cala fácilmente en una ciudadanía cada vez más machacada por la crisis, pues le presenta un enemigo, por más ficticio que sea, contra el que combatir.

Esta parte final, no me resisto a comentarlo, es la más graciosa de todo el artículo de Navarro, veréis: en cuanto a los medios de comunicación españoles más serios (que supongo que son a los que él se refiere) se le ofrece tribuna a cualquiera (hasta a Niño Becerra) para decir casi cualquier patochada en igualdad de condiciones que a cualquier premio Nobel o científico serio, sin que el público lector tenga la más remota idea de cuál es el bagaje de unos y otros a la hora de ocupar tales tribunas. Por centrar un poco el argumento: qué más quisiéramos algunos que salieran más en prensa, radio y TV gente capaz de hacer análisis rigurosos y presentar debates un poco más alejados de la confrontación política y la ideología… Porque si volvemos a la última parte del artículo de Navarro, en la que presenta como ejemplo a seguir los “análisis” que defienden esa especie de subversores de la realidad agrupados en ATTAC , apañados vamos…

Pero no nos dispersemos, y volvamos al argumento fundamental del post: ¿vosotros fiaríais vuestro futuro a que “muchas cosas buenas pueden ocurrir”? ¿No sería más sensato poner los medios para resolver lo que tememos que pueda ocurrir si finalmente no pasan esas “cosas buenas”? Puesto que si finalmente pasan, rectificar la política sería sin duda menos costoso que si por inacción, dejamos que lo peor termine ocurriendo.

Ésta es, al menos, mi modesta opinión.

ACTUALIZACIÓN 09/11/10: Una relevante aportación al debate aquí... y las consideraciones sobre el tratamiento de la incertidumbre, aquí.

21/10/10

"Siete propuestas al Gobierno sobre energía eléctrica". Discusión

La Fundación de Estudios sobre Energía, vinculada a la UPM, ha enviado al Ministerio de Industria una propuesta de modelo eléctrico para España, dividida en 7 puntos fundamentales, cuyo resumen podéis leer aquí.

Como alguno de los firmantes fue profesor mío, y algún otro fue jefe mío, no puedo resistirme a comentarla, aparte de que trata temas de interés principal para este blog.

Creo no descubrir nada si digo que el modelo eléctrico español es kafkiano. Los sucesivos "no-modelos" y las decisiones poco meditadas de los diferentes gobiernos nos han llevado a una situación en la que la industria paga una energía posiblemente más cara de lo necesario (afectando a su competitividad), los consumidores están desinformados y poco dispuestos a asumir el "coste del bienestar" que supone la electrificación, y las empresas del sector se enfrentan a una inseguridad regulatoria indigna de un país desarrollado.

Los comportamientos que nos han llevado hasta aquí, y que prometen convertir la situación en desastrosa si persisten, los resumo de este modo:

  • Regulación. Cambios continuos de criterio, y a menudo de forma contradictoria, que hacen muy difícil a las empresas valorar sus inversiones. Tomemos como ejemplo la política de subvenciones: al mal endémico de subvencionar las instalaciones masivas de tecnologías que están al comienzo de su curva de aprendizaje (solar fotovoltaica o coche eléctrico en el momento actual) o sin comprobar que cumplen con el objetivo buscado (cogeneración en el pasado), se une el cambio continuo de criterio y la regulación "en base a ocurrencias" (a la que no es ajena la personalidad del actual Ministro de Industria) o para cubrir objetivos políticos de cortísimo alcance, como el reciente decreto del carbón. Añadamos también otro mal español: la ausencia de organismos reguladores con la suficiente influencia, en este caso la CNE, que la podría tener pero no se le permite.
  • Toma de decisiones en base a la ideología... como la moratoria nuclear en su momento, o la negativa a prorrogar la vida útil de las nucleares en contra de los informes de los técnicos... o por amiguismos y luchas de poder, como el caso Enel-Endesa.
  • Problemas económicos no del todo resueltos ni explicados, como los Costes de Transición a la Competencia en el pasado y el déficit de tarifa en el presente, que ningún gobierno quiere afrontar y que terminan pagando los consumidores.
  • Aspectos técnicos que necesitan reformas urgentes, como el funcionamiento del pool eléctrico y la difícil vinculación entre el precio de la electricidad y sus costes.
  • ...Y otros que seguro que me dejo en el tintero, y que reflejan en su conjunto una dramática falta de planificación de largo plazo y de objetivos claros "de país" que trasciendan los 4 años de legislatura.
Así las cosas, vamos con las 7 propuestas (que espero que hayáis leido en el enlace de más arriba): comentaré lo que me parece relevante de verdad, lo que cae en el "buenismo" y alguna que otra carencia importante...

1.- Planificación del mix. Clarísimo, quizá lo más importante para empezar. Y anticipar problemas, algunos ya comentados en este blog, por ejemplo, aquí.

2.- Gestión de la demanda. Se centran en aplanar las puntas, mediante sistemas de almacenamiento como las centrales de bombeo y el vehículo eléctrico. Fundamental, sobre todo lo primero, pues lo segundo es más incierto y a más largo plazo. Pero las centrales de bombeo, que alguien me explique por qué este país no está volcado en construir estas centrales, de tecnología conocida y disponible, por todo el país pero sobre todo asociada a los parques eólicos, en lugar de tirar el dinero en huertos solares. Más centrales de bombeo ya!!!!
Sorprende sin embargo que no se hable de medidas de reducción de la propia demanda (ahorro y eficiencia), que a corto-medio plazo es la "fuente de energía" que tiene mayor potencial...

3.- Asegurar un parque eléctrico con suficiente potencia firme, no sometido a los vaivenes de las necesariamente presentes renovables. De tres modos: almacenamiento mediante centrales de bombeo (otra vez), prolongación de la vida útil de las nucleares y facilidad para posibles proyectos nucleares futuros, y "tecnologías de captura" para las centrales de carbón. En ésto último es donde creo que caen en el buenismo... porque el estado de las tecnologías de captura es preliminar, y las de almacenamiento de CO2 (necesario paso posterior) no digamos... sorprende una apuesta tan clara por una tecnología tan incierta.

4.- Renovables. Asumir que la apuesta por ellas lleva consigo la instalación de suficiente potencia de respaldo, avanzar en medios de almacenamiento (bombeo!!) y que aún así puede no ser suficiente para gestionar la variabilidad (ya hablamos de ello en este post). Por lo tanto, hay que aumentar la capacidad de interconexión internacional.
Un punto importante: no subvencionar implantaciones masivas!!!. Implementar los concursos-subasta para las tecnologías renovables y subvencionar la I+D para reducir sus costes.

5.- Política energética que apueste por la tecnología y apoye el I+D de las empresas (no sólo proyectos públicos), particularmente en estos campos:
- Confinamiento del CO2. Como he dicho antes, es la tecnología más incipiente e incierta.
- Almacenamiento de energía... por ejemplo baterías para coches eléctricos, uno de los pocos puntos donde tocan el tema del transporte, tan importante!.
- Redes inteligentes de transporte y distribución. Y me consta que las eléctricas se están moviendo en estos temas. Un apoyo público a estos proyectos me parece mucho más rentable que las subvenciones fotovoltaicas y al coche eléctrico en que nos movemos en la actualidad.

6.- Repensar el diseño y funcionamiento del mercado eléctrico y su regulación. Muy necesario, ya comentado, sin embargo se tocan en este epígrafe varios puntos que me parecen discutibles: para empezar, el grupo asume desde el principio que se debe buscar la disminución del coste de la energía eléctrica, sin embargo aboga por incluir las externalidades en el coste de la energía de origen fósil... me pregunto si ambos objetivos son reconciliables.
Por otra parte, hablan de "una retribución a la extensión de vida útil de las hidroeléctricas y nucleares que permita que se beneficien las empresas, los consumidores y los contribuyentes". Este punto es importante porque no está claro en qué sentido lo dicen, pero debemos dejar claro el sentido en que se debe decir: las extensiones de vida útil de centrales ya amortizadas, cuyos costes de inversión han sido pagados y garantizados (CTC...) por los consumidores, suponen un sobrebeneficio para las eléctricas si la electricidad se vende al precio del pool. Este sobrebeneficio es una apropiación indebida de recursos del consumidor, y debe ser urgentemente corregida. Las eléctricas deben devolver parte de este sobrebeneficio via reducciones de tarifa, por ejemplo.

7.- Reparto de objetivos entre los Ministerios de Industria (definición de la política energética) y de Ciencia e Innovación (investigación tecnológica en energía). Y, sobre todo, potenciación de la CNE como evaluador del sistema regulatorio y garante de su cumplimiento.

En resumen: una propuesta que toca casi todos los puntos importantes, pero poco novedosa en realidad, salvo por la propuesta de subastas para las tecnologías renovables, y que sorprende por la importancia que da a las tecnologías de captura de CO2, (en mi opinión muy optimistas) y lo poco que habla de medidas de ahorro y eficiencia energética (en mi opinión la mejor "fuente de energía alternativa" de la que disponemos a corto-medio plazo).

6/10/10

La "nueva izquierda" pega con fuerza...

... o "cómo multiplicar por diez el riesgo-país en un solo instante"

30/9/10

La influencia de la cultura en la economía: el recurso a las explicaciones fáciles

De un tiempo a esta parte leo en algunos artículos y escucho en algunas tertulias la vieja cuestión de hasta qué punto los factores culturales influyen en la economía, o más concretamente, en el nivel de desarrollo (la riqueza, en definitiva) de los distintos países.

Dada la crisis económica que vivimos, y los recientes problemas de España y otros países del grupo de los PIGS con su deuda, estas “agudas” reflexiones han proliferado en los medios. Recomiendo fervientemente que leáis este artículo de El País: “La Economía entiende muy poco de dioses”, ya que aunque el tratamiento es un tanto superficial y frívolo, pone sobre la mesa varias cuestiones interesantes y resume las posturas de varios economistas y sociólogos al respecto.

La cuestión es si la religión (y más en general, los aspectos culturales de una sociedad) tienen tanto peso como para condicionar el desarrollo económico de los países. Este tema se ha debatido desde hace tiempo, al menos desde que Max Weber defendiera las supuestas ventajas de la moralidad protestante frente a la católica a la hora de hacer negocios. Otras veces, sin embargo, y un tanto en contradicción con lo anterior, se ha hablado de las ventajas de las religiones “occidentales”, intervencionistas y materialistas, sobre las orientales (budismo, confucionismo…), que más bien empujan al individuo hacia el retiro, la introspección y el rechazo a lo material, deduciendo por ello que los países orientales nunca llegarían a ser potencias económicas y serían siempre avasallados por el empuje de los occidentales.

Mi postura al respecto está clara: no aceptar explicaciones que sirven para explicarlo todo, y por lo tanto, no explican nada. Para empezar, existen muchísimas excepciones a la tesis de que la religión influye en la riqueza de las naciones: las hay ahora, y las ha habido en casi cualquier momento histórico donde se nos ocurra “hacer la foto”. Entre otras cosas, porque el desarrollo económico de casi todos los países ha venido cambiando continuamente desde la Revolución Industrial, si bien de manera desigual y con acelerones y frenazos en según qué momento histórico y en qué lugar geográfico… pero con una tendencia general al crecimiento (con la excepción del África Subsahariana). Pues bien, parafraseando al economista Sala i Martin, “tú no puedes explicar algo que cambia rápidamente mediante factores que o bien no cambian o bien lo hacen muy lentamente” (como son la religión y la cultura). Dicho sea de paso, los términos “cultura” o “factores culturales” son suficientemente vagos como para dar cabida en ellos a cualquier cosa.

Hoy hay muchos países católicos que son más ricos que los protestantes de su entorno. Y las economías de Japón, Hong Kong, Taiwan o Corea del Sur, y cada vez más la de China, desmienten también la tesis de las “religiones orientales”.

¿Por qué razón, entonces, es tan persistente la idea de que la religión y la cultura influyen en la riqueza de las naciones? Muy sencillo: porque es una explicación fácil, muy a mano para los que no quieren hacer el trabajo duro, el trabajo científico… parece que de forma natural lo explica todo, aunque no explique nada, es decir, exactamente igual que las pseudociencias. Es una narrativa fácil de entender por todo el mundo y además alimenta nuestros prejuicios: los irlandeses son vagos y borrachos en comparación con los ingleses; los anglosajones protestantes son industriosos y emprendedores en comparación con los católicos mediterráneos, más dados a la resignación y a la sopa boba; los musulmanes son fanáticos y dados a la traición; los orientales son sumisos y carentes de liderazgo y de creatividad;… y, en fin, los negros son menos inteligentes aunque tienen el miembro más largo…

Tomemos como ejemplo la tesis defendida por del sociólogo Enrique Gil Calvo sobre los países europeos en el artículo enlazado: los tres “grados de bienestar” (nórdico-socialdemócrata, anglosajón-liberal y continental-democristiano), que el ínclito profesor relaciona directamente con la religión (luteranos, calvinistas, católicos), mezclando en la coctelera también el “grado de tolerancia a la corrupción”. No parece importarle mucho meter a los PIGS en el grupo de comportamiento “continental-democristiano” a pesar de que hay alguno no continental (Irlanda) y alguno no católico (Grecia). Lo dicho, todo vale si confirma nuestros prejuicios. Porque cuando a los PIGS les iba bien, (particularmente bien a Irlanda y a España) supongo que era porque sus ciudadanos dejaron de ir a misa.

¿Es posible dar alguna explicación alternativa a la situación de crisis de los PIGS, que no caiga en el “recurso fácil” de la religión y la cultura? Bueno, podemos hacer el intento… por ejemplo, os recomiendo este artículo de Javier Andrés en el blog NeG sobre los desequilibrios globales.

Hay que decir que pensadores a los que respeto más que a Gil Calvo también se apuntan desde hace tiempo a la “tesis de la cultura”. Como ejemplo, leed éste artículo del economista Jeffrey Sachs sobre el crecimiento en la “economía budista” de Buthan, que es, en efecto, una bonita historia. Se pueden encontrar historias de éxito similares (aunque escasas) en otros países que parecen destacarse poco a poco sobre el lúgubre destino de sus vecinos: los primeros que me vienen a la mente son Costa Rica, en Centroamérica, y Botswana, en el África Subsahariana. ¿Qué se puede decir para explicar su éxito? Pues, como diría la gente que se dedica a estudiar la Economía del Desarrollo, el problema es que se puede decir muy poco, o al menos ser muy cauteloso, a la hora de explicar por qué unos países tienen éxito y otros no… hay que observar, tomar datos, relacionar variables, construir un modelo y testarlo. Ya sé que no es fácil. Lo fácil es recurrir a la religión, a la raza, a la cultura negra, a la crueldad del pasado colonial… Pero si somos más cuidadosos, si tenemos en cuenta todos los factores que pueden influir, y que podemos observar incluso en el artículo de Sachs sobre Buthan (aunque él prefiera el budismo como explicación última), veremos cómo surgen del análisis cuestiones relacionadas con el buen gobierno, la apertura del mercado, el aprovechamiento inteligente de tus recursos naturales o de otras ventajas comparativas, la estabilidad institucional, etc… y, en definitiva, una correcta toma de decisiones político-económicas, que trascienden (por suerte) la cultura, la religión y hasta cierto punto, el entorno geográfico que te ha tocado.

Desde luego, la respuesta a la pregunta del por qué de la riqueza de las naciones está lejos de estar clara: es un campo de investigación apasionante de la Economía del Desarrollo. Y como tal campo de investigación, podría ser que finalmente asignara algún papel a los aspectos culturales o religiosos. Mi propia opinión al respecto no es la de despojarles absolutamente de algún papel: pienso que dichos aspectos, en el mejor de los casos, “modulan” la respuesta de una sociedad ante determinadas políticas. Es decir, podrían influir en el grado y facilidad de implantación de determinadas políticas y por lo tanto explicar pequeñas diferencias en la “manera de crecer” de unos países y otros. Pero no hasta el punto de condicionar su éxito o su fracaso. Pero esta es una hipótesis que, como todas, tiene que ser sometida al juicio empírico.

Mientras tanto, huyamos de las explicaciones fáciles sobre cuestiones que distan mucho de estar resueltas.


ACTUALIZACIÓN: Un estudio curioso relacionado con el tema del post lo podéis ver comentado en el blog Neoconomicón: "Democracia pluvial".

27/9/10

Políticos y método científico

Esta llamada de Santiago Lamas (investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa) a los políticos en El País para que usen el método científico en su acción política es tan enternecedoramente ingenua que no me resisto a reproducirla aquí: "Ciencia y Politica: superar el desamor"

... podría haberla escrito hasta yo, je, je...

29/6/10

¿Qué me preocupa de la reforma laboral?

Leyendo lo que se viene escribiendo sobre la reforma laboral, tanto en los medios de comunicación como en muchos blogs que me gusta leer, hay una cosa que me empieza a preocupar: las posturas extremas.

Cuando uno defiende su postura con pasión, está convencido de que es la correcta, y lo hace durante un tiempo prolongado, se busca el blanco y negro y se olvida uno de los grises. Es decir, se tiende a insistir demasiado en los argumentos más inmediatos, llamativos y que refutan al “rival dialéctico”, en detrimento de otros, posiblemente más importantes, pero sujetos a discusión e incertidumbre.

En el proceso de reforma laboral que el gobierno está tramitando, lo anterior se traduce en lo siguiente: para unos, la reforma es la solución a la mayoría de nuestros problemas, no importa tanto su contenido: es necesaria una reforma y punto. Para otros, la reforma es un ataque a los derechos de los trabajadores, una consecuencia del sometimiento de los gobiernos al “imperio de los mercados”.

Llegados a este punto, es necesario recordar lo obvio:
  • La reforma laboral no es una receta para resolver un problema inmediato. No reconocer esto, incluso por sus más acérrimos defensores, y explicarlo bien al ciudadano, conducirá a frustraciones de algunos y a un clima de crispación en el que los otros enarbolarán el “yo ya lo dije” sin posibilidad de ser rebatidos.
La reforma laboral es una medida estructural o, como dirían mi compañero de blog, Demócrito, y Jorge Galindo, forma parte de un proceso, de un proceso social: debe poner las bases para facilitar un funcionamiento más ágil y racional de un mercado de trabajo, el español, que ha demostrado con creces su nivel de surrealismo. Debe acompañar el crecimiento económico cuando éste se produzca, probablemente (ojalá me equivoque) dentro de algunos años, y mientras tanto facilitar la salida de la crisis y que la próxima no tenga efectos tan brutales sobre el empleo.

A este respecto, no ayuda nada argumentar que el mercado laboral español es de los más flexibles según algún indicador que circula por ahí, obviando que lo es de forma agregada porque es tremendamente (e indeseablemente) flexible para un 30% de la población y relativamente rígido para el resto. Tampoco ayuda ver día sí y día no al Gobernador del Banco de España reclamando la reforma: está bien que una figura cualificada que dispone de mucha información ofrezca su opinión sobre el tema, pero tanta insistencia, cansa. Sobre todo porque aún estamos esperando que se ocupe de lo que debería, que es de la reforma financiera y de las Cajas de Ahorro.
  • El pim-pam-pum antisindical (en palabras de José Rodríguez), no debe exacerbarse. Cambiar el statu-quo no es fácil para nadie. Los sindicatos se enfrentan también ellos a un proceso: no se trata sólo de combatir una medida que consideran que daña sus intereses o los de sus representados, o su posición en el diálogo social… se trata de que los sindicatos deben redefinir su papel dentro de la sociedad, deben reinventarse, y eso no es fácil para nadie… además, “al enemigo hay que dejarle una salida”, si piensas que aún puede hacer daño. El hecho de que los sindicatos reciban palos por todas partes y estén cada vez más acorralados creo que no puede traer nada bueno. Yo, sin embargo, confío en que lo consigan y salgan de todo esto manteniendo posturas y actitudes menos ancladas en el pasado y los eslóganes. Confío mucho menos en que lo haga la CEOE: mientras que de los sindicatos se puede decir que han sido razonables en el pasado reciente, la CEOE aún mantiene como presidente a un despreciable mamarracho cuya actuación y actitud debería avergonzar a cualquier empresario de este país.

  • Otro punto que me preocupa de la reforma laboral es que se está olvidando lo importante, y centrando todo el debate, como siempre, en los costes del despido. Y se está olvidando exigir a la contraparte: se pone toda la presión en los sindicatos, y se pide un esfuerzo a los trabajadores... pero se nos está olvidando exigir al empresario que cumpla su parte. ¿Qué van a hacer las empresas para mejorar la productividad? La reforma no puede ser un cheque en blanco para las empresas y que éstas tampoco cambien el statu quo. Medidas para indexar los salarios a la productividad, por ejemplo, las empresas son las que tienen que crear mecanismos para aplicarlas con rigor… Otra medida posible que recuerde al empresario su responsabilidad es la de penalizar a las empresas según su historial de despidos. Seguro que hay otras: ¿qué se puede hacer para fomentar la tan traída y llevada innovación? Y hablo de innovación quitándole todo el glamour y el idealismo al proceso, como bien se argumenta aquí y aquí. Sobre todo estoy pensando en las miríadas de PYMES y autónomos que configuran la mayoría del tejido productivo de este país, para los que todo esto posiblemente suene a chino…
Antes decía que se está olvidando lo más importante que debería tener una reforma laboral. Otros han argumentado en detalle sobre el tema, por ej. aquí, aquí o varias veces aquí. Resumiendo mucho, para mi lo esencial es lo siguiente:
  • Eliminar la dualidad. No puede seguir habiendo un 30% de “parias”, la mayor parte jóvenes que sin estabilidad laboral no pueden tener proyecto de futuro. La multiplicidad de contratos eventuales fomenta el fraude (y no, aumentar el nº de inspectores de trabajo no es la solución), favorece la inversión en ladrillos y chiringuitos de playa y, sobre todo, conforma una especie de “reserva para los malos tiempos” para los empresarios, una bolsa de gente que saben que no tendrán problemas para despedir cuando las cosas se pongan difíciles, y por tanto que no tienen ningún incentivo para convertir en indefinidos e invertir en ellos.
  • Eliminar trabas burocráticas y confusión legal a los procesos de contratación y despido. (Y que los costes no dependan de la decisión de un juez, como argumenta Citoyen en el enlace anterior)
Los dos puntos anteriores se podrían resolver con un contrato único indefinido con indemnización creciente por antigüedad. Esto no lo contempla la actual reforma.
  • Reconfigurar la negociación colectiva. Este es un punto complejo, pero el objetivo debe ser claro: que los salarios no tengan un efecto procíclico: no pueden estar aumentando cuando la situación económica empeora. Como ya argumentaba en otra entrada, la reforma debe evitar que los ajustes de productividad se produzcan masivamente vía incrementos del paro, y debe favorecer en lo posible (no es la única tecla a tocar) el incremento sostenido del “valor generado”. 
  • Flexiseguridad: se nos vuelve a olvidar mirar a los países escandinavos, o dicho de otro modo: proteger al trabajador, no al puesto de trabajo. La protección debe aumentar, pero debe incentivar la búsqueda de empleo. Una idea que me gusta es la de incrementar los años de cobro del subsidio del desempleo, pero en cantidades decrecientes con el tiempo. El objetivo es evitar el paro de larga duración, con sus indeseables efectos sobre la productividad y la moral del parado. Pero mejorar la empleabilidad del trabajador exige algo más que su propio esfuerzo: también exige unos servicios de búsqueda de empleo y de formación y reciclaje del trabajador parado que funcionen y no sean meras oficinas administrativas para tramitar el cobro del subsidio.  
Como a nadie se le escapa, algunos de estos puntos son complejos, requieren un análisis bastante técnico, y en mi opinión es lo que debería estar ocupando las horas de estudio y negociación de nuestros agentes sociales, en lugar de las obviedades y los “derechos inalienables del trabajador”. Estudiar los detalles, acordar los mecanismos, probar y rectificar las políticas… pero con dos o tres objetivos claros.

12/5/10

Momentos de cambio

No sé a vosotros, pero con el vértigo que estamos viviendo desde hace meses, imbuidos en una crisis mundial sin precedentes desde el Crack del 29 y la vorágine de acontecimientos que la acompañan, a mi no se me quita la sensación de estar en un momento histórico trascendente, de ésos de los que se suele decir, en un alarde de empirismo envidiable, que habrá un “antes” y un “después”.

La sensación podría ser exagerada, al fin y al cabo no estamos al borde de una guerra mundial (espero), ni de una revolución burguesa que trae nuevas ideas (¿alguna nueva idea flotando en el ambiente?), ni siquiera de la toma del poder por el proletariado y el sacrificio en plaza pública del Tío Gilito y sus dorados saqueadores (para quien no haya pillado la sutil metáfora = Goldman Sachs).

No obstante lo cual, mi sensación sigue siendo que después de la tempestad, nuestro barco ya no navegará por las mismas aguas. Que este es un momento trascendente, al menos para Occidente, al menos para la UE… y también para España. Veamos por qué.

En mi opinión confluyen varias cuestiones vitales en esta crisis. Sin ánimo de exhaustividad, citaría las que se me vienen a la cabeza:
  • Es una crisis global, afecta en mayor o menor medida a todos los países, incluidos (y muy especialmente) a los países desarrollados.
  • Ha vuelto a poner sobre la mesa cuestiones relacionadas con la competitividad de los países en el comercio mundial. Esta cuestión, cacareada por consultores y gurús desde los años 80 y 90 no había soportado demasiado bien el contraste empírico. En estos momentos, sin embargo, vuelve a estar sobre la mesa la cuestión de si los países occidentales pueden mantener su posición en el comercio mundial frente a China, India, Brasil y otros mediante el “business as usual” o necesitan realizar profundas reformas.
  • Ha destapado las debilidades y las malas prácticas de los sistemas financieros, alzándose voces que exigen una mayor regulación y control que disminuyan el riesgo moral (instituciones demasiado grandes para caer, megarescates públicos sin contrapartida). Sin embargo, los políticos parecen incapaces o reacios a atacar ambos problemas, tanto las debilidades del sistema como las malas prácticas de algunos de sus agentes, que han demostrado que tienen que ser salvados hasta de sí mismos.
  • Ha puesto una presión brutal sobre la UE y el mismo concepto de la unión económica y monetaria, dando la razón a los que alertaron de sus riesgos y regocijando a los que siempre desearon verla fracasar. La UE se encuentra en una disyuntiva crucial: de aquí puede derivarse su declive definitivo o su refundación sobre pilares más sólidos.
  • En los países de la UE, particularmente, la crisis ha puesto en cuestión de manera dramática la sostenibilidad de sus estados del bienestar, sobre los que ya existían dudas fundadas en momentos anteriores a la crisis.
  • Confluye un escenario de inminente crisis energética (no ajena a la propia crisis económica) con varios frentes abiertos a nivel mundial:
    • Dependencia masiva de un petróleo cuya producción está posiblemente en declive y por tanto final del petróleo barato, con su consecuente necesidad de sustitución.
    • Debate mundial sobre el Cambio Climático sin avances significativos desde hace años: a la evidencia masiva de la presión que nuestro modelo económico está poniendo en los ecosistemas y el clima, se le une una gran incertidumbre sobre el impacto que esto puede tener sobre nuestro bienestar y, particularmente, el de las generaciones futuras.
    • Esto genera un debate ético sobre si se debe actuar ahora, y sobre el coste de dicha actuación. Sobre todo si el capital a invertir ahora es retirado de otras iniciativas que se perciben como más urgentes: pobreza, enfermedad, acceso al agua potable… 
  • Crisis de los políticos: dificultad de los partidos y las ideologías tradicionales para renovar el discurso y atraer al ciudadano hacia la participación democrática y responsable (con las limitaciones que el sistema impone, no seamos más ingenuos de lo necesario…) en los problemas de la sociedad. Con la excepción esperanzadora de Obama en EEUU, podríamos citar tanto una “crisis de la izquierda” como una “crisis de la derecha”, a saber:
    • La izquierda es incapaz desde hace tiempo de articular un discurso para los nuevos tiempos (con crisis o sin ella). Una vez asumidos por las democracias occidentales gran parte de los principios defendidos por la izquierda, algunos de ellos imbuidos en los estados del bienestar de muchos países, la izquierda se debate entre sus viejos fantasmas (pasado marxista, ideología rancia ingenuamente anti-liberal, pro-ecologista, etc.) y las nuevas veleidades populistas (Morales, Chávez… cuando no Ahmadineyad entre los particularmente necios). Ved por ejemplo éste artículo (con sus decepcionantes últimos párrafos), o ver destellos de brillantez por aquí, por aquí y algunos de los discursos que se leen por aquí.
    • La derecha, sobre todo el Partido Republicano de EEUU y los que en otros países ven en él su guía y reflejo, muestra una preocupante deriva radical anti-estado, anti-científica e intolerante (ver aquí). Su versión ibérica queda brillantemente retratada aquí.
  • En el caso de España, ha puesto de manifiesto que el “milagro español” no lo era tanto, y que sin profundas reformas que orienten nuestro tejido productivo hacia el crecimiento, nuestros niveles de vida y los de nuestros hijos van a caer muy por debajo de los que veníamos disfrutando. Incluso con dichas reformas, es inevitable un período duro de ajuste y reorganización que no será fácil de gestionar para los políticos y para la gente en general.
Me gustaría sacar un mensaje positivo de todo ello, aunque me cuesta. Tal mensaje sólo puede consistir en la esperanza de que las instituciones que más contribuyen a nuestro bienestar salgan reforzadas de este período de crisis, habiendo aprendido algo para la próxima.

Puntos que serían deseables (y soy consciente de lo patéticamente ingenuo que parezco al escribirlas):
  • Reforma financiera mundial, siquiera parcial o progresiva, pero imprescindible para no volver a las mismas prácticas que precipitaron la crisis.
  • Refundación de la UE, sobre bases más sólidas y flexibles que incluyan gobernanza económica además de monetaria, mayor agilidad en momentos de crisis, incremento de la democratización de las instituciones europeas y pedagogía hacia el ciudadano…
  • Altura de miras de los políticos. Considerar al votante como alguien inteligente, apoyarse en el consejo de los que saben, explicar el por qué de las cosas, la necesidad de las reformas y los riesgos que se corren si no se hacen. Aunque esto parece una condición inasumible para un político, me temo que será la única manera de evitar, o al menos disminuir, las protestas y estallidos sociales que pueden llegar a producirse consecuencia del tremendo ajuste que se nos avecina (quizá inevitable en cualquier caso), y cuyo ejemplo a pequeña escala lo estamos viendo en la crisis griega.
  • Reevaluación de las acciones contra el Cambio Climático, para hacerlas compatibles con la mejora en los niveles de vida de los países más necesitados. Convertir la crisis energética en una oportunidad.
  • Necesidad de un nuevo impulso del movimiento conservador y de una derecha moderna, racional, científica y tolerante… por ejemplo como ésta.
  • Necesidad imperiosa de refundar la izquierda de modo que, sin renunciar a unos valores universales de redistribución, justicia social, igualdad de oportunidades de origen, solidaridad ante el desfavorecido por los caprichos de la naturaleza, por la enfermedad o la exclusión social, etc., adopte una visión pragmática de la política, mucho más basada en el empirismo y la evaluación de políticas, dispuesta a defender los estados del bienestar basándose en políticas capaces de sostenerlos (no en “derechos adquiridos e inalienables”), asumiendo la defensa de la sostenibilidad en sentido amplio y el rechazo indiscutible de los totalitarismos y populismos mal llamados “de izquierdas”. Vamos, una izquierda como ésta.
¿Alguien se atreve a completar el cuadro?

19/12/09

Energía de izquierdas y energía de derechas

Por si no os habíais dado cuenta: hay energías de izquierdas y energías de derechas. La energía nuclear, por ejemplo, es de derechas… ¿no es fascinante?

Yo no soy de derechas. Sin embargo, realicé mi Proyecto de Fin de Carrera en la ETSII de la Politécnica de Madrid, con un trabajo para ENUSA (Empresa Nacional del Uranio): siempre me sentí incómodo al defender la energía nuclear en ciertos foros, pues eso me convertía automáticamente en un peligroso derechista.

Las energías renovables, sin embargo, son energías de izquierdas.

Haría bien el lector en no tomarse esto a choteo, porque la cosa tiene enjundia. Tanta, que últimamente la consideración de “energía de izquierdas” y “energía de derechas” se ha convertido en un criterio importante para nuestros representantes políticos, una variable que pesa tanto, al menos, como el coste de inversión, el precio y disponibilidad del combustible, el coste de operación, la seguridad del suministro, la diversificación de fuentes, la seguridad operativa y ambiental, la fiabilidad de operación, el coste de los residuos, etc… en fin, minucias.

Más allá del absurdo que todo esto supone, quiero indagar las causas que convirtieron a la energía nuclear en energía de derechas. Dejarme resumirlo en dos ideas-fuerza:

• Su presentación en sociedad en forma de bomba atómica
• El nacimiento y posterior desarrollo de la “big science”

Obviamente, lo que se expresa en el título de este post es un absurdo, una postura irracional y anticientífica. Pero, ¿alguien pretende que nuestro mundo, nuestra sociedad, es racional y científica?

Más allá de esta polarización absurda entre izquierda y derecha, mi intención es mostrar que existe una cierta lógica en la consideración social actual de la energía nuclear, y que estas razones, equivocadas o no, están grabadas desde hace tiempo en la psicología colectiva. Sólo mediante un esfuerzo consciente por conocer y entender esta fuente de energía, y una consideración serena de sus ventajas e inconvenientes frente a otras, lograrán los ciudadanos y sus representantes políticos librarse de los “fantasmas del átomo” y situar a la nuclear a la altura de cualquier otra fuente de energía en el debate energético.

La bomba atómica y el origen militar de la energía nuclear

Para ser precisos, el origen de la energía nuclear, que fue la aplicación más espectacular del desarrollo teórico de la Mecánica Cuántica durante el primer tercio del siglo XX, nada tuvo que ver con lo militar.

Sin embargo, quiso la suerte que cuando se empezaba a elucubrar con sus posibles aplicaciones, el mundo estuviera enfrascado en la II Guerra Mundial. Una vez descubierto que la reacción de fisión del núcleo atómico al ser bombardeado con neutrones, no sólo liberaba una enorme cantidad de energía, sino que liberaba más neutrones, era obvia la posibilidad de una reacción en cadena automantenida que, fuera de control, daría lugar a una explosión de una potencia nunca vista hasta ese momento.

Dados los escarceos de los científicos alemanes con esa posibilidad, EEUU encerró en un búnker en el desierto de Nuevo México a un grupo de genios de la física (aunque todo el Proyecto Manhattan involucró a miles de personas en muchas ubicaciones) con el encargo de fabricar una bomba atómica antes que los alemanes. Y así lo hicieron. La presentación en sociedad de la energía nuclear, por lo tanto, fueron dos espantosas explosiones en Hiroshima y Nagasaki con miles de muertos y otros daños que persistieron en el tiempo.

El mundo asistió, fascinado y asustado, a la creación de un pequeño Sol capaz de arrasar km y km cuadrados; a los efectos de la radiación en el cuerpo humano, sus quemaduras inmediatas y su persistencia en el tiempo, capaz de provocar mutaciones y otros daños biológicos susceptibles de provocar cánceres mucho tiempo después.

Nunca más la energía nuclear, no importa si con fines pacíficos, se librará de este estigma.

Durante el resto del siglo XX, y a pesar de ese gran logro de la mente humana, ese avance de la civilización, que supuso el ser capaces de controlar la reacción en cadena y generar con ella electricidad de una forma limpia y relativamente barata, los militares no dejaron de intervenir y estar ligados a la energía nuclear. Toda la carrera armamentística y la Guerra Fría no se entenderían sin la amenazadora presencia de las cabezas nucleares apuntándose mutuamente.

En España esto no fue una excepción: aunque empobrecida por la Guerra Civil y el aislamiento de la dictadura, aprovechó el Plan Marshall para poner en marcha algunas centrales nucleares desde muy temprano… en ese momento se empezaron a formar los excelentes profesionales del ramo que posteriormente fueron capaces de desarrollar una industria nuclear al mismo nivel que la de cualquier país desarrollado.

Se creó asimismo la Junta de Energía Nuclear, muy ligada a los militares. E incluso hubo un intento, un tanto descabellado, de crear una bomba atómica española… digo descabellado porque no acierto a comprender su utilidad para el país en aquel momento, no porque no hubiera conocimientos suficientes para haberlo conseguido.

En cualquier caso, y como resumen, tenemos aquí el primer, y uno de los más importantes, “estigmas derechistas” de la energía nuclear: el que la asocia al mundo militar.

La “big science” y el nacimiento del movimiento ecologista

También durante el siglo XX, sobre todo durante y después de la II Guerra Mundial, tuvo lugar el desarrollo de lo que se ha dado en llamar “big science”: desarrollos y aplicaciones científicas y tecnológicas a gran escala, dotadas de enormes presupuestos (a menudo respaldados por el gobierno), que involucran a una gran cantidad de científicos e ingenieros, laboratorios punteros, y máquinas grandes y complicadas.

Entra en juego el concepto de “gran proyecto científico”, a veces de varios años de duración, y en el que los conocimientos necesarios y los recursos involucrados no están al alcance de cualquiera. Ejemplos serían el desarrollo del radar, los láseres de alta potencia, los grandes aceleradores de partículas, el Proyecto Genoma, la carrera espacial… y por supuesto, el que quizá fue el iniciador de todos ellos: el Proyecto Manhattan (otra vez la dichosa bomba atómica).

Esta nueva forma de hacer ciencia encontró la oposición del recientemente aparecido movimiento ecologista, que no se limita a un ideario de protección del medio natural y de crítica a las actuaciones del hombre, particularmente de la industria, sobre el medio, sino que incorpora elementos de crítica social que lo identifica desde el principio con la izquierda.

Los primeros grupos ecologistas, además, eran ya fundamentalmente anti-nucleares, y su activismo se centraba en la lucha contra las pruebas nucleares en el Pacífico y los vertidos en el mar de residuos nucleares (dicho sea de paso, dos auténticos crímenes contra el medio ambiente que merecían ser combatidos). Por lo tanto, vemos que desde el principio el movimiento ecologista nace como antinuclear, mezclando ya para siempre en su ideario la aplicación pacífica y la aplicación militar de dicha forma de energía.

Pero me interesa resaltar aquí un efecto más sutil, a menudo olvidado, de cierto pensamiento ecologista en relación a su oposición a la big science: es aquél de “lo pequeño es hermoso”, el que defiende una cierta vuelta a la vida sencilla, rural, el que llama a conformarse con las pequeñas cosas que nos ofrece la Naturaleza, ése para el que toda industria es contaminante, sin importar las ventajas que ofrece a la sociedad, toda industria no es más que un horroroso amasijo de hierros y aceite que afea el paisaje, contamina el aire y el agua, modifica y pervierte los frutos del campo, “desnaturaliza” al ser humano y lo hace insensible, poco más que una máquina de consumir.

Este es un movimiento “antitecnológico”, y forma parte de la esencia del pensamiento ecologista, al menos hasta su próxima (y deseable) evolución. La utopía de un mundo feliz, la ilusión de un hipotético beneficio de “una vuelta a los orígenes”.

Nada más opuesto a este movimiento antitecnológico que la big science. Y la industria nuclear forma parte de la big science, y está necesariamente ligada al capital y a la gran empresa, aparte de requerir siempre de la participación de los gobiernos de uno u otro modo: el (falso) izquierdismo de este ecologismo radical encuentra, de este modo, un enemigo que lo aliente y lo justifique.

Resumen y conclusiones

¿Qué tenemos, al final de toda esta historia?: un movimiento ecologista antinuclear y antitecnológico, ligado a los grupos de izquierda, y una industria ligada al capital, a la gran empresa, a los gobiernos y a menudo a los militares.

Triste destino, el de la energía nuclear. ¿Quiénes son los que vienen a defenderla: Bush, el PP, la FAES en pleno, el gran capital, El Mundo-ABC-La Razón, y por supuesto los guardianes ibéricos de la esencia “liberal-libertaria” (Libertad Digital, Intereconomía, blogueros y grupúsculos asociados), también los militares… y no me extrañaría que también los curas, para completar el cuadro.

Con estos aliados, al átomo no le hacen falta ni enemigos…

Al otro lado están las renovables, las “energías del pueblo”, como todo el mundo sabe: Obama, Izquierda Unida, ecologistas varios (los activistas y los de salón), el PSOE, la Fundación IDEAS en pleno, El País… y por supuesto Zapatero, que aprendió economía en una tarde y aprendió de energía mientras cogía el sueño esa misma noche.

Yo defiendo las ventajas de la energía nuclear ante todo el que me quiere escuchar (a pesar de estar más ligado ahora al mundo del petróleo, movimiento personal que es, en sí mismo, paradigmático), y también sus inconvenientes, que los tiene… lo hago también con las energías renovables, faltaría más. Pero este no es el comportamiento habitual.

Triste situación la de una fuente de energía que supone un logro intelectual de la especie humana, que está llamada a jugar un papel importante en el cuello de botella energético que se nos viene encima.

Para finalizar, os dejo un artículo muy interesante de Mohamed ElBaradei, Director del Organismo Internacional de la Energía Atómica, el tipo que no se dejó amedrentar por Bush y Cheney y siempre defendió que Irak no tenía armas atómicas. Nadie podrá decir que, a pesar del cargo que ostenta, este hombre no es objetivo...

9/12/09

Crónicas limeñas: impresiones de un viaje a Perú

Acabo de regresar de un viaje de trabajo de 2 semanas en Perú. No había vuelto a Lima desde el 2004, y tenía interés en observar si estos 5 años de una cierta estabilidad política, después de Fujimori, se habían dejado notar.

Mi impresión, muy subjetiva, es de mejora. Ya en el trayecto desde el aeropuerto hasta San Isidro, durante el que uno puede observar los salvajes contrastes de una gran ciudad de un país en desarrollo, algunos detalles me sorprendieron, sobre todo un nuevo (y corto) trayecto de autopista, que promete ser de peaje, de aspecto en todo similar a la de cualquier país desarrollado. Y obra civil, mucha obra civil, a base de calles levantadas por toda la ciudad. Ya no fui testigo de una de las imágenes que más me impactaron la primera vez que visité la ciudad: la de niños de 6 o 7 años a cargo de sus hermanitos menores, pidiendo en las isletas de los semáforos, en el suelo, entre las dos calzadas repletas de vehículos y esas combis de colores que cogen y escupen viajeros de forma alocada tan características de la ciudad.
Lo que no quiere decir que los niños no sigan allí, en alguna parte.

Lo primero que advierte el primerizo cuando llega a Lima es que las casas tienen tejados planos. No hay tejados a dos aguas, salvo por adorno. Algunas de ellas, las más pobres, ni siquiera tienen tejado. Si uno es más observador, se dará cuenta también de que las calles no tienen bocas de alcantarilla. Entonces uno pregunta, ingenuo, a su interlocutor: ¿qué pasa cuando llueve?. La respuesta es la obvia: aquí no llueve. Bueno sí, me cuentan... una vez llovió. En los 70, dicen que fue. Todo lo más, un orballo a lo asturiano que apenas se percibe.

Lima es una ciudad gris, el color de la capa de nubes que casi permanentemente la cobija... "panza burro", la llaman allí, que es lo que uno ve cuando alza los ojos al cielo. Cuando sale el sol, sin embargo, algunos barrios resplandecen: San Isidro, Miraflores, San Borja, Barranco (y también el centro histórico)... pero eso es otra Lima, la Lima rica, la Lima de los pitucos, de las empresas extranjeras, de los hoteles caros, de las haciendas con seguridad privada recorriendo el barrio. Es la Lima por la que yo me muevo, la que me dicen que no abandone. Sin embargo uno es curioso, y sabe que aquello no es real, es una burbuja, un mundo protegido por un campo de fuerza que está dentro de otro que es el mundo real. Y me asomo, siquiera esporádicamente, al mundo real: Pueblo Libre, por ejemplo (con sus fantásticos museos arqueológicos, por cierto), y más hacia afuera: El Callao, y Ventanilla... allí donde mucha gente vive con 1$ al día.

Me cuentan que el Perú ha seguido creciendo, que apenas ha sufrido los efectos de la crisis (¿porque sus bancos y sistema financiero están aislados del mundo?¿Porque su nivel de pobreza le hace jugar "en otra división"...?)

Pregunto a algunos gerentes de mi empresa, peruanos todos, por la reciente evolución política del Perú. El relato que sigue, subjetivo, coloquial, chusco, no es una crónica rigurosa, no busquéis en ella el rigor histórico, sino más bien el costumbrismo de una conversación de café después de una comida. Es como sigue:

Después de los gobiernos militares apareció un joven Alan García como estrella en el firmamento: oratoria brillante, formado en el extranjero, con promesas de modernizar la economía del país sin olvidar a los más necesitados. Su gobierno, sin embargo, fue desastroso: un gasto social descontrolado, un intento de nacionalizar la banca... la economía entró en una hiperinflación escandalosa, a lo que no ayudó la escalada terrorista de Sendero Luminoso y una respuesta chapucera e indiscriminada de las Fuerzas Armadas.

Aquello propició la llegada de Fujimori al poder, que con unas políticas de choque logró sacar la economía del colapso y ponerla en el buen camino. Pero si Fujimori había llegado al poder en el 90, en el 92 ya había disuelto el Congreso. La deriva autoritaria, el autogolpe y la consecuente dictadura no impidieron, no obstante, que Fujimori fuera reelegido en el 95, y con más problemas en el 2000... hasta que él mismo "desertó" durante un viaje a Japón.

A pesar de lo negativo de esa época, me cuentan, el inefable Fujimori tuvo en su haber algo que se le debe exigir a cualquier político: no joder la economía con extraños experimentos. De hecho, los escasos dictadores que no joden sus economías para muchos años, se sirven de este hecho para legitimar su régimen (Pinochet, Franco en su última época...), apoyados generalmente por esas clases altas y medias que son las receptoras principales de estos beneficios y de otros privilegios... para las que nada importan los desheredados del país, los excluídos del tren económico... abocados estos últimos a una deriva izquierdista de la que ya nos habla nuestro compañero en Neoprogs Stanislao Maldonado, una deriva de cuyos planteamientos rancios y radicales es difícil librarse una vez que el país ha recuperado la normalidad.

Pero volvamos a nuestro relato. Pregunté a mis compañeros por qué Fujimori ganó las elecciones a Vargas Llosa, un tipo con prestigio, muy popular en el Perú... ¿sería quizá que la gente no se fiaba de la capacidad de un escritor para llevar las riendas de un país?. No fue eso, me dicen... lo que causó el rechazo de Vargas Llosa fue su discurso excesivamente "liberal", entendido en Perú como "ultraliberal": privatizaciones, liberalización de los sectores clave... demasiado radical para el electorado peruano.

Después del "affaire Fujimori" ganó las elecciones Alejandro Toledo, derrotando a un regresado Alan García. La descripción que mis compañeros peruanos hacen del tipo es casi caricaturesca: juerguista, borracho, putero... pero dotado de un fuerte encanto personal, donde radica, me dicen, el secreto de su éxito. Las anécdotas sobre su mandato son incontables. Sin embargo, hay que agradecerle, bien sea por dejadez, o por sensatez genuina, o por buen asesoramiento, que no tocara demasiadas cosas de la economía y dejara que lo que parecía ir bien, siguiera bien.

Sin embargo, el Perú no terminaba de salir de unos niveles de pobreza y de desigualdad altos incluso para la región. Perú, como otros países de la zona, es un país con regiones aisladas en selva y montaña cuya población, con fuerte presencia indígena, apenas se siente integrada en la modernización, porque la modernización tampoco cuenta con ellos. En una época en la que Venezuela, Bolivia y Ecuador comenzaban los movimientos indigenistas, populistas, con un falso discurso de izquierda, y potencialmente nocivos para el país, tenía que aparecer alguien como Ollanta Humala para reclamar su cuota de protagonismo en el reino de los Incas.

En este punto se produce uno de los hechos más sorprendentes para un observador lejano de la política de Perú, que es la aparición una vez más de un renacido Alan García, de tan infausto recuerdo, para disputarle y finalmente ganarle las elecciones a Ollanta Humala. "Renacido" a la luz de sus dos años de mandato, incluso físicamente, me cuentan, con el doble de peso y tamaño... y que no sólo no ha cometido los errores del pasado, sino que parece haber aprendido de sus prededesores a no estropear nada de lo que ya funcionaba.

Hoy, el Perú ha ralentizado, casi detenido, su crecimiento económico debido a la crisis internacional, sin embargo la percepción general es que no la está sufriendo demasiado, y sus perspectivas son volver a crecer con vigor los próximos años.

Me presentan la victora de Alan García sobre Ollanta Humala como una muestra de la sensatez del pueblo peruano que, a diferencia de sus vecinos, ha preferido "lo malo conocido" a la deriva indigenista de Ecuador, Bolivia y Venezuela.

Yo, que no creo en eso de "el pueblo peruano ha elegido", "el pueblo español ha hablado claro" y todas esas frases que interpretan los resultados de unas elecciones como si el electorado tuviera una identidad única, sino que creo que los resultados son el agregado de millones de voluntades y motivaciones individuales, no puedo dejar de notar que Ollanta Humala fue el ganador de la primera vuelta, y que si perdió la segunda, por escaso margen, seguramente fue por la mano que Alejandro Toledo le echó a Alan García conminando a sus partidarios a que no optaran por el "autoritarismo".

Pudiera ser que el pueblo peruano fuera más sensato que sus vecinos. Ahora bien, hay algo que ni Alan García ni sus predecesores parecen haber entendido: y es que mientras no integren en su crecimiento a toda la masa de probreza que existe en el país, indígena o no, el Perú no alcanzará el nivel de los países desarrollados, y el peligro de los Ollanta Humalla seguirá existiendo, y no se les podrá culpar por ello.

Un país que cuenta con uno de los índices más bajos del mundo en comprensión lectora, por ejemplo, tendrá muy difícil hacer sostenible la mejora económica, multiplicarla y hacerse un hueco entre los países desarrollados.

Hay que comprender, y es sólo un ejemplo que se replica en muchos países de Latinoamérica, lo que entiende por mejora económica cierta sociedad limeña: como un beneficio y una necesidad para el país, sí, pero en la medida que sirve a su propio bienestar, sin ninguna preocupación por la necesidad de disminuir la desigualdad. Para esta sociedad, los cholos son poco más que un animal molesto al que hay que esquivar por las calles... gente a la que pagas unos soles para que te aparquen y vigilen el coche, para que te empaqueten la compra y te suban las bolsas a casa, para que se ocupen de todas las tareas domésticas por el sueldo mínimo, para que te pongan gasolina, te limpien los cristales, te revisen los niveles y te vayan a la tienda a por tabaco, y así tú no pierdas el tiempo ni te manches las manos. "Menudo nivel de vida disfrutamos aquí", me espetó un ejemplar característico de la sociedad pituca de San Isidro, y no me extraña que lo crea así, con tanto personal dispuesto a servir sin rechistar a tus menores deseos.

¿Estarán dispuestos este tipo de peruanos a ceder parte de sus privilegios en aras de la mejora económica global? ¿Entenderán que la mejora económica, o llega en mayor o menor medida a todo el mundo, o no llegará? Con esta gran masa de excluidos de la modernidad, que no cuentan para nadie, ¿alguien se puede sorprender de que los Chávez y los Evo terminen ganando las elecciones?

¿A quién hay que culpar si Ollanta Humala termina ganando las del Perú? Seguramente, no será a la "irresponsabilidad del pueblo peruano".


ACTUALIZACIÓN  31/12/09: Interesante artículo del expresidente de Bolivia Carlos Mesa, que hace un repaso de los últimos acontecimientos de la región...

3/11/09

¿Es ésta la nueva izquierda?

¿Es ésta?

Pues estamos apañados.

¿O quizás es la que se describe aquí? Atención al último párrafo, porque el autor está llamando a la palestra... a los Neoprogs!!

7/10/09

La ciencia española no necesita tijeras

Ender y yo queremos unirnos a la movilización contra los recortes de presupuesto en ciencia e investigación que el gobierno lleva perpretando, ya por segundo año consecutivo. Consideramos valiosa esta inicativa, que puede ayudar a hacer visible un problema que lleva demasiado tiempo siendo ignorado. Al menos, como dice alguien por ahí, nos oirán patalear.

Lo hacemos no sólo por el respeto y admiración que ambos sentimos por la labor científica. Tenemos buenos motivos para apoyar esta iniciativa más allá de apreciar el valor intrínseco del conocimiento. Estamos convencidos, por ejemplo, de que un crecimiento económico sostenible y equilibrado necesita del avance científico como motor. Desarrollo y ciencia son inseparables e imprescindibles el uno para el otro, un mundo mejor es impensable sin la ciencia como protagonista.

El recorte del presupuesto en numerosos capítulos de gasto realizado por el ministerio es un error. Diversas partidas de otros sectores podrían reducirse, sin que el bienestar común se resintiera como lo hace cuando permitimos que nuestros investigadores trabajen en condiciones precarias o se vean obligados a abandonar nuestro país.

La ministra de Ciencia Cristina Garmendia, en un comunicado de prensa, ha respondido que el recorte se centra en partidas que no supondrán merma de la actividad investigadora. “La investigación científica en España está totalmente garantizada” en sus propias palabras. Si observamos el desglose del presupuesto en cambio existen motivos para la preocupación.




Puede observarse una disminución generalizada de todas las partidas que no sean personal del ministerio (aumenta el número de funcionarios) y activos financieros (préstamos para programas de investigación del sector privado). De especial importancia sería la reducción en transferencias de capital a los organismos dependientes del ministerio, como el CIEMAT (-25,95), el CSIC (-13,57%) y otros. El ministerio asegura que estas entidades tienen reservas suficientes para afrontar estos recortes. Algunos no opinan igual.

En estos asuntos uno no puede menos que sospechar. Este gobierno se ha caracterizado por una política de confianza ciega en el futuro y ciego abandono del presente. Si el año que viene las circunstancias siguen siendo adversas, y todo parece indicar que así será, ¿seguirán teniendo margen de maniobra estos organismos? ¿Será, como siempre, pan para hoy y hambre para mañana?

El ministerio hace alarde del aumento de la partida número 8, activos financieros. A nadie se le debiera escapar que, obviamente, estos créditos han de devolverse, con lo que el esfuerzo realizado debe ser matizado. Por otro lado, una parte no menor de tales activos son adelantos de ayudas de la UE. Disparar con pólvora del rey se llama a eso.

Cierto es, y espero no sean meros deseos, que la ministra ha afirmado: “...se ha decidido dar prioridad en la presente coyuntura a los programas que facilitan la contratación de personal de I+D y apoyo y también a las becas de investigación”. Esto se ve respaldado por un incremento del 13% del personal financiado. El incremento de la financiación, empero, es menor (7,27%).

De todas formas, y más allá de las discusiones que sobre los presupuestos puedan surgir, es un hecho que España continúa arrastrando un considerable retraso en este campo. A este respecto, tergiversaciones vergonzantes como ésta: “España es ya un país de ciencia, que genera el 3% de la ciencia mundial, situándose como novena potencia mundial” no ayudan a generar confianza en la ministra. Los hechos lo rebaten contundentemente: nuestra inversión en investigación científica, pública y especialmente privada, está sistemáticamente por debajo de la media de la UE27, por no hablar respecto a países punteros de la OCDE como EEUU, Japón o Corea. Las condiciones económicas y laborales de nuestros investigadores son sonrojantes: remuneraciones de miseria, programas trufados de frustrantes laberintos burocráticos, precariedad, carreras truncadas ante la falta de proyectos, etc. Debido a todo esto, no sólo no se ha logrado el retorno de aquellos que están desarrollando una brillante carrera en el extranjero, sino que la fuga de nuevas promociones ante un panorama que ofrece bien pocas salidas persiste. Estos recortes, desde luego, no supondrán ninguna ayuda.