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10/11/10

Otra de (los mismos) magufos...

Al pitoniso parece que se le han desalineado un poco los astros, según descubre ahora un redactor de El País.

Era algo que por aquí ya alertábamos que... ejem, quizás, sólo quizás, podría llegar a pasar... es lo que tienen las bolas de cristal, que se mueven, se caen, se enturbian, te deslumbran... vamos, que nunca se puede fiar uno de esas pequeñas cabroncitas...

En fin, menos mal que la cuenta corriente sigue bien, a base de libros, conferencias y presencia radiofónica abundante... esto da para comprar otras bolas y continuar con el negocio.

3/11/10

Los negacionistas y el debate de las pensiones

Me diréis que qué tiene que ver el Cambio Climático y el alargamiento de la edad de jubilación, en discusión estos días en varios países. La mayoría dirá que no mucho. Sin embargo, en ambos casos nos tenemos que enfrentar a la misma pregunta, que es necesario responder: qué políticas públicas es necesario implementar ahora, para hacer frente a un acontecimiento que tendrá lugar en un futuro lejano aunque con un elevado nivel de incertidumbre, pero con consecuencias potencialmente catastróficas.

Algunos diréis que las alertas sobre el cambio climático tienen mucha ciencia detrás (es cierto), mientras que los modelos económicos pueden no tener tanta, o al menos estar sometidos a mayor incertidumbre y a una mayor probabilidad de fallo en sus predicciones, como ha pasado a menudo (también es cierto). Sin embargo, el caso particular que nos ocupa admite un contraargumento poderoso: los modelos climáticos tienen también un elevado nivel de incertidumbre mientras que los cálculos sobre las pensiones son relativamente fáciles de hacer, pues la curva demográfica actual, que es el principal condicionante (aunque no el único) de las pensiones futuras, es bien conocida.

En el caso del cambio climático, ningún científico ni economista serio lo pone ya en duda, centrándose el debate en cuál es la mejor manera de enfrentarse a él, es decir, qué políticas públicas (en este caso a nivel planetario) son las más efectivas y que además no comprometan el desarrollo económico presente o el de las futuras generaciones. Y sobre ése debate, enconado, aún queda mucho por decir. Que nieguen el cambio climático sólo quedan los negacionistas, activistas que por ignorancia, ideología o más habitualmente, intereses económicos particulares, niegan la mayor como si fuera una invención de un grupo de científicos de las Naciones Unidas.

En el caso de las pensiones, un problema muchísimo más simple ya que afecta sólo a un grupo de países (los que defienden un determinado Estado del Bienestar y con una curva demográfica particular) y además lo puede resolver cada país a nivel individual, resulta que también actúan los negacionistas: no sólo discuten qué políticas son las más adecuadas para enfrentar el problema (lo cual sería legítimo) sino que niegan el mismo hecho de que las pensiones estén en peligro, desviando la atención hacia los motivos ideológicos u oscuros intereses que según ellos existen detrás de los que promueven el cambio.

Es común entre los negacionistas, a veces fuertemente ideologizados y otras veces fuertemente respaldados por otro tipo de intereses, acusar a sus rivales de lo mismo. Os adjunto un ejemplo que no sé si está respaldado por otros intereses, pero desde luego sí ideologizado: éste artículo de uno de los “negacionistas de las pensiones” más seguidos en los medios.

Pero no me interesa aquí enconar aún más el debate. Convengamos en que puede haber debate. Aceptemos que, a pesar de la curva demográfica, hay varios puntos que pueden afectar al futuro de las pensiones (inmigración, productividad…) sobre los que es difícil prever su evolución, y por tanto que admiten un cierto nivel de discusión. Podéis entrar en detalles en éste y éste post.

Lo que me parece importante resaltar aquí, sin embargo, es la manera que adoptan unos y otros, y sobre todo la que deben adoptar los gobiernos, para enfrentarse a este tipo de problemas, es decir, cuál debe ser la actitud sensata cuando un acontecimiento, a pesar de su nivel de incertidumbre, tiene un riesgo no despreciable de convertirse en catastrófico si no se hace nada. Ya veis, de nuevo el cambio climático…

Desde luego, no creo que apostar a ciegas por “los enormes avances tecnológicos” (en palabras de Viçent Navarro), como si éstos se dieran por necesidad, o apostar a ciegas por el crecimiento del PIB en base a históricos en los que no se tiene en cuenta qué los produjo y por tanto podrían no volver a suceder, etc., sea la actitud adecuada. Como no creo que apostar por enormes avances tecnológicos, revoluciones energéticas aún no vislumbradas y el cambio radical en la actitud consumista y derrochadora de la sociedad… sean maneras sensatas de enfrentar el cambio climático, aunque todo ello pudiera producirse de hecho (ojalá), pues en períodos prolongados de tiempo casi todo puede ocurrir. Fijaos que he dicho “casi”. Y también “puede ocurrir”.

Pero la actitud negacionista va más allá de su apuesta por “muchas cosas buenas ocurrirán con seguridad”. Se acusa a los que alertan del problema de que son peligrosos representantes de la ideología “neoliberal” comeniños, que defienden los intereses de la derecha y el capital y además (volved a la última parte del artículo de Navarro) de que tienen una enorme presencia en los medios que a los sufridos defensores del pueblo, como él, se les niega. Esta narrativa es particularmente nefasta porque cala fácilmente en una ciudadanía cada vez más machacada por la crisis, pues le presenta un enemigo, por más ficticio que sea, contra el que combatir.

Esta parte final, no me resisto a comentarlo, es la más graciosa de todo el artículo de Navarro, veréis: en cuanto a los medios de comunicación españoles más serios (que supongo que son a los que él se refiere) se le ofrece tribuna a cualquiera (hasta a Niño Becerra) para decir casi cualquier patochada en igualdad de condiciones que a cualquier premio Nobel o científico serio, sin que el público lector tenga la más remota idea de cuál es el bagaje de unos y otros a la hora de ocupar tales tribunas. Por centrar un poco el argumento: qué más quisiéramos algunos que salieran más en prensa, radio y TV gente capaz de hacer análisis rigurosos y presentar debates un poco más alejados de la confrontación política y la ideología… Porque si volvemos a la última parte del artículo de Navarro, en la que presenta como ejemplo a seguir los “análisis” que defienden esa especie de subversores de la realidad agrupados en ATTAC , apañados vamos…

Pero no nos dispersemos, y volvamos al argumento fundamental del post: ¿vosotros fiaríais vuestro futuro a que “muchas cosas buenas pueden ocurrir”? ¿No sería más sensato poner los medios para resolver lo que tememos que pueda ocurrir si finalmente no pasan esas “cosas buenas”? Puesto que si finalmente pasan, rectificar la política sería sin duda menos costoso que si por inacción, dejamos que lo peor termine ocurriendo.

Ésta es, al menos, mi modesta opinión.

ACTUALIZACIÓN 09/11/10: Una relevante aportación al debate aquí... y las consideraciones sobre el tratamiento de la incertidumbre, aquí.

30/9/10

La influencia de la cultura en la economía: el recurso a las explicaciones fáciles

De un tiempo a esta parte leo en algunos artículos y escucho en algunas tertulias la vieja cuestión de hasta qué punto los factores culturales influyen en la economía, o más concretamente, en el nivel de desarrollo (la riqueza, en definitiva) de los distintos países.

Dada la crisis económica que vivimos, y los recientes problemas de España y otros países del grupo de los PIGS con su deuda, estas “agudas” reflexiones han proliferado en los medios. Recomiendo fervientemente que leáis este artículo de El País: “La Economía entiende muy poco de dioses”, ya que aunque el tratamiento es un tanto superficial y frívolo, pone sobre la mesa varias cuestiones interesantes y resume las posturas de varios economistas y sociólogos al respecto.

La cuestión es si la religión (y más en general, los aspectos culturales de una sociedad) tienen tanto peso como para condicionar el desarrollo económico de los países. Este tema se ha debatido desde hace tiempo, al menos desde que Max Weber defendiera las supuestas ventajas de la moralidad protestante frente a la católica a la hora de hacer negocios. Otras veces, sin embargo, y un tanto en contradicción con lo anterior, se ha hablado de las ventajas de las religiones “occidentales”, intervencionistas y materialistas, sobre las orientales (budismo, confucionismo…), que más bien empujan al individuo hacia el retiro, la introspección y el rechazo a lo material, deduciendo por ello que los países orientales nunca llegarían a ser potencias económicas y serían siempre avasallados por el empuje de los occidentales.

Mi postura al respecto está clara: no aceptar explicaciones que sirven para explicarlo todo, y por lo tanto, no explican nada. Para empezar, existen muchísimas excepciones a la tesis de que la religión influye en la riqueza de las naciones: las hay ahora, y las ha habido en casi cualquier momento histórico donde se nos ocurra “hacer la foto”. Entre otras cosas, porque el desarrollo económico de casi todos los países ha venido cambiando continuamente desde la Revolución Industrial, si bien de manera desigual y con acelerones y frenazos en según qué momento histórico y en qué lugar geográfico… pero con una tendencia general al crecimiento (con la excepción del África Subsahariana). Pues bien, parafraseando al economista Sala i Martin, “tú no puedes explicar algo que cambia rápidamente mediante factores que o bien no cambian o bien lo hacen muy lentamente” (como son la religión y la cultura). Dicho sea de paso, los términos “cultura” o “factores culturales” son suficientemente vagos como para dar cabida en ellos a cualquier cosa.

Hoy hay muchos países católicos que son más ricos que los protestantes de su entorno. Y las economías de Japón, Hong Kong, Taiwan o Corea del Sur, y cada vez más la de China, desmienten también la tesis de las “religiones orientales”.

¿Por qué razón, entonces, es tan persistente la idea de que la religión y la cultura influyen en la riqueza de las naciones? Muy sencillo: porque es una explicación fácil, muy a mano para los que no quieren hacer el trabajo duro, el trabajo científico… parece que de forma natural lo explica todo, aunque no explique nada, es decir, exactamente igual que las pseudociencias. Es una narrativa fácil de entender por todo el mundo y además alimenta nuestros prejuicios: los irlandeses son vagos y borrachos en comparación con los ingleses; los anglosajones protestantes son industriosos y emprendedores en comparación con los católicos mediterráneos, más dados a la resignación y a la sopa boba; los musulmanes son fanáticos y dados a la traición; los orientales son sumisos y carentes de liderazgo y de creatividad;… y, en fin, los negros son menos inteligentes aunque tienen el miembro más largo…

Tomemos como ejemplo la tesis defendida por del sociólogo Enrique Gil Calvo sobre los países europeos en el artículo enlazado: los tres “grados de bienestar” (nórdico-socialdemócrata, anglosajón-liberal y continental-democristiano), que el ínclito profesor relaciona directamente con la religión (luteranos, calvinistas, católicos), mezclando en la coctelera también el “grado de tolerancia a la corrupción”. No parece importarle mucho meter a los PIGS en el grupo de comportamiento “continental-democristiano” a pesar de que hay alguno no continental (Irlanda) y alguno no católico (Grecia). Lo dicho, todo vale si confirma nuestros prejuicios. Porque cuando a los PIGS les iba bien, (particularmente bien a Irlanda y a España) supongo que era porque sus ciudadanos dejaron de ir a misa.

¿Es posible dar alguna explicación alternativa a la situación de crisis de los PIGS, que no caiga en el “recurso fácil” de la religión y la cultura? Bueno, podemos hacer el intento… por ejemplo, os recomiendo este artículo de Javier Andrés en el blog NeG sobre los desequilibrios globales.

Hay que decir que pensadores a los que respeto más que a Gil Calvo también se apuntan desde hace tiempo a la “tesis de la cultura”. Como ejemplo, leed éste artículo del economista Jeffrey Sachs sobre el crecimiento en la “economía budista” de Buthan, que es, en efecto, una bonita historia. Se pueden encontrar historias de éxito similares (aunque escasas) en otros países que parecen destacarse poco a poco sobre el lúgubre destino de sus vecinos: los primeros que me vienen a la mente son Costa Rica, en Centroamérica, y Botswana, en el África Subsahariana. ¿Qué se puede decir para explicar su éxito? Pues, como diría la gente que se dedica a estudiar la Economía del Desarrollo, el problema es que se puede decir muy poco, o al menos ser muy cauteloso, a la hora de explicar por qué unos países tienen éxito y otros no… hay que observar, tomar datos, relacionar variables, construir un modelo y testarlo. Ya sé que no es fácil. Lo fácil es recurrir a la religión, a la raza, a la cultura negra, a la crueldad del pasado colonial… Pero si somos más cuidadosos, si tenemos en cuenta todos los factores que pueden influir, y que podemos observar incluso en el artículo de Sachs sobre Buthan (aunque él prefiera el budismo como explicación última), veremos cómo surgen del análisis cuestiones relacionadas con el buen gobierno, la apertura del mercado, el aprovechamiento inteligente de tus recursos naturales o de otras ventajas comparativas, la estabilidad institucional, etc… y, en definitiva, una correcta toma de decisiones político-económicas, que trascienden (por suerte) la cultura, la religión y hasta cierto punto, el entorno geográfico que te ha tocado.

Desde luego, la respuesta a la pregunta del por qué de la riqueza de las naciones está lejos de estar clara: es un campo de investigación apasionante de la Economía del Desarrollo. Y como tal campo de investigación, podría ser que finalmente asignara algún papel a los aspectos culturales o religiosos. Mi propia opinión al respecto no es la de despojarles absolutamente de algún papel: pienso que dichos aspectos, en el mejor de los casos, “modulan” la respuesta de una sociedad ante determinadas políticas. Es decir, podrían influir en el grado y facilidad de implantación de determinadas políticas y por lo tanto explicar pequeñas diferencias en la “manera de crecer” de unos países y otros. Pero no hasta el punto de condicionar su éxito o su fracaso. Pero esta es una hipótesis que, como todas, tiene que ser sometida al juicio empírico.

Mientras tanto, huyamos de las explicaciones fáciles sobre cuestiones que distan mucho de estar resueltas.


ACTUALIZACIÓN: Un estudio curioso relacionado con el tema del post lo podéis ver comentado en el blog Neoconomicón: "Democracia pluvial".

18/5/10

Tres estudios científicos: el bueno, el feo y el malo

Siguiendo con mi manía personal de reflexionar sobre la buena o mala aplicación del método científico, y sobre todo de lo que nos ofrecen los medios de comunicación a ese respecto, me encuentro hoy con tres llamativas noticias en El País que merece la pena comentar, para descargar un poco la tensión que en los últimos días Zapatero, los malvados especuladores y la (merecida) victoria del Barça en la Liga han dejado en el ambiente:
La primera cita un estudio de la Univ. Politécnica de Madrid encaminado a comprobar si la pulserita de los famo-tontos y de los tontos a secas, mejora o no mejora el equilibrio. Decir, en defensa del honrado cuerpo de ingenieros que se forman en dicha santa casa (entre los que me cuento), que el estudio lo realiza una tal Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, desconocida para mi hasta el momento, pero al parecer con bastante tiempo libre, como su propio nombre deja entrever...

La segunda noticia cita un estudio de una catedrática de Nutrición de la Univ. Complutense de Madrid.

La tercera no se refiere a un estudio concreto, sino a una entrevista con Thomas Verny, "psiquiatra de bebés y embarazos" (sic) en la que suelta esa perla y alguna otra similar, basándose en "sus experiencias".

Os voy a explicar por qué, a pesar de la apariencia un tanto frívola de las tres noticias (y por extensión de los estudios a los que hacen referencia), la primera me parece BUENA, la segunda FEA y la tercera MALA. Por supuesto, esta es mi opinión personal basada en los datos que se ofrecen en el desarrollo de la noticia, no conozco en detalle los estudios concretos, por lo que podría meter la pata en algún punto (esto lo digo por las posibles querellas, más que nada...)

  • EL BUENO: Resulta que el estudio sobre la pulserita de marras parece cumplir con los pasos necesarios para sacar alguna conclusión relevante en este tipo de estudio: sistema de "doble ciego" (ni los voluntarios ni los experimentadores saben qué pulsera lleva holograma y cuál no, para no influir en los resultados), las pruebas de equilibrio están normalizadas, se utilizan instrumentos para objetivar lo que se entiende por "equilibrio", se hace un estudio estadístico final... y se concluye que "no hay evidencia de efecto en el equilibrio". Sin más. No se cuestiona si la pulsera incrementa la erección, o refuerza la autoestima, o te hace sentir más guapo, etc. Eso, lógicamente, requeriría un estudio ad-hoc similar al anterior.
  • EL FEO: el segundo estudio concluye que "los niños que consumen más pan tienen menos sobrepeso y obesidad y mejores parámetros sanguíneos y de otros nutrientes." En el detalle de la noticia comprobamos que se toma una muestra de niños, y se relaciona su estado inicial con su ingesta de pan. Luego se hace una hipótesis teórica: si aumentamos la cantidad de pan en la dieta, los parámetros físicos mejorarán. A continuación se le aumenta una cantidad de pan a la dieta de una parte de la muestra, y se vuelven a analizar sus parámetros físicos para comprobar la validez de la hipótesis. Se encuentra que los parámetros han mejorado,y se llega a la conclusión de que el motivo es el pan. Pregunta para el lector: ¿soy el único que encuentra varios defectos en esta metodología? Insisto en que no tengo los detalles del estudio, pero sólo con lo que se deduce de la noticia, deberíamos concluir que éste no cumple adecuadamente el método científico: se hace una afirmación y se prepara un experimento para ver si dicha afirmación se cumple... pero no parece tenerse en cuenta el resto de posibilidades, como que el pan no sea el único factor, que la correlación pueda ser espúrea... ¿se ha comprobado si la afirmación también se cumple si aumentas la ingesta, pongamos por caso, de fresas silvestres en la dieta? Y si es así, cuál es el efecto relevante, el del pan o el de las fresas? ¿Se dice algo sobre la cantidad de pan a partir de la cual podemos esperar una mejora de los parámetros? ¿Se ha controlado la muestra por otros factores que pudieran introducir fuertes sesgos, como la herencia genética, etc. En fin, si este estudio no entra directamente en la categoría de MALO, es porque leemos (era de esperar) que está patrocinado por el sector del pan español, lo cual lo sitúa directamente en el apartado de FEO.
  • EL MALO: de éste, que debería ser el feo a juzgar por la foto del interfecto, realmente desconozco los detalles de su trayectoria científica. Quizá Terapeuta pueda ofrecernos algo de luz. Pero si tenemos que juzgar sólo por lo que afirma en la entrevista, lo voy a catalogar de MALO porque las afirmaciones que lanza el tipo, basadas en experiencias personales cuando no directamente en "testimonios", rayan directamente en el chamanismo.
En conclusión: nos quedamos con el primer estudio. Habrá quien diga que para saber que las pulseras power-balance no funcionan no hacía falta un estudio tan cuidadoso. Ya lo sé!!: es sobradamente conocido que las únicas pulseras con efecto en el estado de ánimo (de una parte de la población), y que mejoran la función sexual (de ambas partes de la población) SON LAS PULSERAS DE DIAMANTES. Y esto es empirismo puro: prueba y verás. ;)

17/2/10

Una de magufos

A estas alturas debería estar claro que la capacidad de predicción de la Economía es muy limitada, de hecho es uno de los puntos débiles de la disciplina, uno de los asuntos en los que más se tiene que trabajar para mejorar.


Esto lo reconoce cualquier economista serio, que suele manifestar una prudencia considerable cuando de su discurso se puede desprender algún tipo de predicción para el futuro: me gustaría citar elogiosamente a este respecto, el blog “Nada es gratis”, de FEDEA, cuyos redactores suelen, en general, poner muchas comillas y “disclaimers” cuando en alguna entrada se atreven a hacer una predicción.

Por eso no puedo dejar de lamentar la publicación ayer en El País de éste artículo de Santiago Niño Becerra, no sólo por el contenido del artículo, reflejo de los particulares métodos de hacer “futurología” del autor, sino por la constatación de la cada vez menos exigente selección de artículos y colaboradores de la “prensa de referencia”.

En la situación de crisis extraordinaria que estamos viviendo, que para la mayoría de los ciudadanos es sinónimo de desconcierto e incertidumbre por el futuro, cuando no de angustia en caso de estar en paro o con sus finanzas seriamente dañadas, lo mínimo que se le debe exigir a los columnistas que tratan los temas económicos es un mínimo de rigor. Y si ellos no lo tienen (ya sé que es mucho pedir), al menos deberían tener ese rigor los medios que nos informan y que se consideran serios, como El País. Hubiera entendido que la tribuna de Niño Becerra apareciera en la sección de “Gente”, como una curiosidad, pero no en la sección de Economía o en la de Opinión de un periódico que se precie.

Porque Niño Becerra, además de economista, al parecer es astrólogo, y ya se sabe que cuando uno puede extraer sus “conclusiones económicas” de una carta astral, para qué va a perder el tiempo en farragosos y complicados análisis económicos.

Fijáos que aquí lo importante no es lo que Niño Becerra dice en el artículo: algunas de las cosas que dice tienen sentido, y del mismo modo podría acertar en alguna de sus predicciones: no es ésa la cuestión. La cuestión es que esto es un asunto serio, la situación no es para tomársela a broma, y no se trata de hacer como los rappeles de turno, que aseguran una semana antes de la lotería de Navidad que ellos tienen el número ganador… luego, si aciertan (no se ha dado el caso) se cubren de gloria, y si no, ¿quién se acuerda de ellos?. Todo el artículo de Niño Becerra destila el mismo tipo de futurología.

Sólo me queda preguntarme a qué coño dedican su tiempo los responsables de selección artículos de opinión de El País. Porque el artículo de Niño Becerra sólo puede ser catalogado en un apartado: el de la irrelevancia informativa.

Actualización 1: Aquí, una entrada de José Luis Ferreira en el mismo sentido.

29/1/10

Energía para el transporte: el romanticismo del Hidrógeno

Uno de los grandes problemas para conseguir una eventual sustitución de los combustibles fósiles (o al menos una significativa reducción de su uso) por otras fuentes de energía que emitan menos gases de efecto invernadero (GHG), es el TRANSPORTE (el otro gran problema sería el uso del carbón y del gas tanto para la generación eléctrica como para calentarnos cuando hace frío).

¿Por qué el del transporte es un gran problema? Por dos motivos:

 • El 34% de la energía primaria que se produce en el mundo es petróleo. La mitad de él se dedica al transporte (Fuente: 2008 Key World Energy Statistics. IEA)

 • A diferencia de la generación de calor y, sobre todo, de la generación de electricidad, que tienen posibles sustitutos, para el transporte no existen hoy por hoy sustitutos económicamente viables a gran escala, ni siquiera a mediana… (bueno, vale… ni siquiera a pequeña).

 Ahora que parece que muchos gobiernos están dando nuevos impulsos al vehículo eléctrico, conviene recordar que la electricidad que lo impulsa puede ser generada de dos formas:

 • Baterías recargables (que a su vez toman de la red una electricidad que habrá que generar con el adecuado mix de fuentes…)

 • Pila de combustible (o pila de hidrógeno), que no necesita ser recargada.

 A su vez, el hidrógeno (H2) podría utilizarse directamente como carburante, quemándose en el motor, aunque este medio de utilizarlo no es muy inteligente (estoy oxidando una cosa que ya estaba oxidada en su origen y en la que me gasté ingentes cantidades de energía en desoxidar…) y no creo que nadie lo proponga en serio.

 Hablemos un poco del hidrógeno, que tuvo una época dorada hace unos años (sobre todo entre los gurús del “cambio de paradigma energético” y los medios de comunicación) y anda ahora un poco de capa caída. Os enlazo un artículo en Project Syndicate de Peter Hoffman, que es uno de estos gurús del hidrógeno.

 El artículo es muy interesante y lo voy a comentar, porque lo considero un ejemplo paradigmático de cómo se puede, sin decir grandes falsedades, manipular al lector para hacerle creer que la situación es de una determinada manera (en este caso positiva para el futuro desarrollo de las Pilas de H2) y no como realmente es.

 Hoffman afirma…

 • “Al igual que el gas natural, el hidrógeno se puede utilizar como un combustible para autos haciéndole modificaciones al motor”

 Lo dice así, sin más, como si fuera algo que se pudiera hacer de la noche a la mañana. La verdad es que, a diferencia del gas natural, cuya tecnología de GNC (la C es de “comprimido”) está más que probada y es usada desde hace tiempo en países como Argentina o India, las modificaciones que hay que hacerle al motor, y no sólo al motor, para almacenar y quemar hidrógeno distan mucho de ser irrelevantes, por motivos que entenderéis después de leer esta entrada. Pero sobre todo, y como dije antes, quemar H2 en un motor es lo más estúpido que se puede hacer con él salvo que sea en un cohete espacial.

 Sigamos…

 • “los fabricantes piensan que las celdas de combustible son la mejor fuente de energía para el transporte, la más eficiente, silenciosa y limpia”

 No parece que los planes a medio plazo de los principales fabricantes respalden esta idea, ya que parece que apuestan más por las baterías recargables.

 Pero la afirmación más falaz es la de que la celda de combustible es la fuente de energía más eficiente para impulsar un vehículo. La celda en sí es más eficiente que un motor de combustión interna porque convierte energía química en eléctrica directamente, sin las limitaciones del Ciclo de Carnot. Pero resulta que el H2 no es una fuente de energía primaria, y por lo tanto hay que producirlo… y la producción de hidrógeno es un proceso carísimo… en el que además se consume mucha energía.

 Como ejemplo, por Madrid hace tiempo que circulan varios prototipos de autobuses de la EMT que emplean H2 (Proyecto CUTE)… pues resulta que los autobuses requieren entre un 80% y un 200% más energía que su hermanito con motor diesel (Fuente: http://www.withoutthehotair.com/. David JC MacKay)

 Avancemos un poco más…

 • “Hoy, este tipo de vehículos están hechos a mano y son costosos -por lo general, cuestan aproximadamente un millón de dólares cada uno […] Pero los costos bajarán una vez que se implemente una producción en serie: Toyota […] espera que los costos de las celdas de combustible, el corazón de la transmisión, se reduzcan hasta el 90%.”

 Caramba… aún aceptando los optimistas planes de Toyota, ¿vosotros pagaríais $100.000 por un coche que además arrastra otro tipo de problemillas?

 Atentos ahora, que ésta es de traca:

 • “un kilogramo de hidrógeno tiene más o menos el mismo contenido de energía que un galón de gasolina. Como las celdas de combustible son casi el doble de eficientes que los motores de combustión interna, el costo efectivo por unidad de distancia sería aproximadamente la mitad de eso.”

 Esto sí que me cabrea: un intento deliberado de confundir al común de los lectores aprovechando su ignorancia o su distracción. Resulta que un galón de gasolina (aprox. 4 litros) lo transportas cómodamente en un pequeño bidón de plástico. ¿Alguien se ha parado a pensar lo que supone transportar “1 kg de H2”????

 Resulta que el H2 es el gas más ligero que existe: su densidad es bajísima. Tanto es así, que almacenarlo en cantidad suficiente sólo nos deja dos opciones, ambas muy costosas y con “efectos secundarios”:

 • Comprimirlo.- Incluso comprimido a la nada despreciable cifra de 700 bar, la energía por unidad de volumen del H2 es sólo un 22% de la de la gasolina. Este sí es un dato relevante para poder comparar, y no el que da Hoffman.

 • Licuarlo.- Nada, una bagatela: para ello sólo tenemos que lograr enfriarlo, y mantenerlo… ¡a -253ºC!!!

 … o lo que se hace en realidad, que es una combinación de ambas, sobre todo la compresión.

 Volvamos al ejemplo de los autobuses de H2 de Madrid, que han sido un éxito mediático y también entre los conductores (son cómodos de conducir) y los viajeros (son muy silenciosos). Lo que el público no sabe y los medios no se ocupan es de la opinión del consorcio de empresas que participó en el piloto (Air Liquide, Repsol y Gas Natural).

 Yo os las resumo (de un informe de una de las compañías):

 “Durante todo el tiempo que estuvo en operación la planta de producción de H2 sólo se logró aproximadamente el 10% de la producción estimada inicialmente. Las numerosas averías de múltiples componentes, errores de diseño, así como la constante necesidad de revisar el sistema de control dejó en evidencia que aún quedaba mucho camino por recorrer en el desarrollo de esta tecnología.”

 “los costes de mantenimiento de las pilas de combustible así como la escasa autonomía de los autobuses, son clara evidencia de que también en este ámbito hay que evolucionar más.”

 Para finalizar con el repaso al escrito de Hoffman, el último párrafo:

 • “La revolución del hidrógeno ya comenzó, pero con un fusible de combustión lenta. El hidrógeno no es la única arma en la lucha contra el calentamiento global, pero es un elemento esencial -en el sentido más realista del término”

 En mi modesta opinión, y por el conjunto de motivos expuestos, si hay un elemento que precisamente no es “esencial” en la lucha contra el calentamiento global, ése es el hidrógeno.

 ¿Cuáles son mis principales objeciones al hidrógeno? ¿Por qué creo que dista mucho de ser “la revolución que ya comenzó”?:

 La tecnología del hidrógeno tiene importantes desafíos que están muy lejos, lejísimos, de tener una respuesta adecuada: 
  • El almacenamiento del propio H2 en cantidades suficientes, debido a su extrema volatilidad y bajo contenido en energía por unidad de volumen.
  • El desarrollo de las pilas de combustible, que enfrentan sus propios desafíos: durabilidad, coste, densidad energética y arranque en frío.
  • El desarrollo de una infraestructura de suministro.
  • Fuentes de producción de H2 económicas: hasta 2020-2030, se estima que las más económicas serán las que se usan ahora en la industria, que son el Reformado de gas natural y la Gasificación de carbón… todas ellas son emisoras de CO2, por lo que no resuelven el problema que queríamos resolver.
  • Su desarrollo está fuertemente condicionado al desarrollo de las baterías enchufables: si en éstas, que también son caras de momento y con poca autonomía, se logran avances que parecen mucho más próximos que en las pilas de H2, ésta última tecnología se caerá.

 Esos sueños románticos…

 Apostar por el hidrógeno responde al viejo sueño de utilizar el agua, tan abundante y barata, como combustible: ¿quién no ha soñado, desde Julio Verne, con algo así?. Pero resulta que el agua ya está quemada, por lo que quemarla otra vez se me antoja como una mala idea…

 El hidrógeno no es una fuente de energía, es sólo una manera de transportarla, y como medio para transportar energía, es ineficiente y con una infinidad de problemas prácticos. El vehículo de hidrógeno consume muchísima energía, y requeriría por lo tanto de la disponibilidad de grandes cantidades de energía limpia, que en sí mismo es otro desafío que tenemos que afrontar de forma independiente.

 Como dice MacKay, ¡necesitamos soluciones que consuman MENOS energía, y no que consuman MÁS!!

 De este tipo de sueños románticos tenemos otros ejemplos:

 • Vivir de la energía del Sol: el problema es que tendríamos que cubrir el mundo de paneles solares y cultivos energéticos… no quedaría sitio para casi nada más.

 • Crear una estrella dentro de un recipiente (algunos lo llaman “fusión nuclear”): el problema es que llevamos décadas buscando el recipiente…

 No seré yo quien se niegue a que estos sueños se sigan intentando. Incluso creo que el vehículo de hidrógeno puede cubrir algún nicho (transporte en grandes distancias, almacenamiento temporal de energía…). Pero desgraciadamente nuestro problema energético y ambiental es más acuciante: ahora es el momento de no dispersar esfuerzos en sueños lejanos, y concentrar la materia gris y los dineros en lograr soluciones que aporten desde YA.

30/9/09

Algunas notas epistemológicas: Nassim Taleb, la economía académica y el advenimiento de las crisis…

I.- Un posicionamiento de partida: nuestro entorno social es complejo, sometido a una incertidumbre fundamental que no es fácil de modelizar.

Mis dos recientes entradas sobre el estado de la Macroeconomía (más bien, enlaces a otros blogs que hablan sobre el tema), así como alguno de los comentarios recibidos, me han decidido a meterme de cabeza en un charco y escribir unas líneas sobre epistemología de la ciencia económica (si bien mi pensamiento sobre el tema está “on going” desde hace un tiempo…). Como no me considero especialmente dotado para ello, usaré varias ideas de un libro que me ha servido de lectura de verano, “El Cisne Negro”, de Nassim N. Taleb, del que hago en esta entrada una pequeña revisión muy personal, describiendo lo que me gusta y lo que no me gusta de las ideas que contiene.

Dadas las actuales circunstancias (debacle económica más o menos repentina), el libro se ha puesto muy de moda, ya que trata precisamente de dichos acontecimientos sociales inesperados (=cisnes negros).

Es una lectura que he podido disfrutar y padecer… Disfrutar, porque presenta varias ideas interesantes, que han demostrado su pertinencia después de la actual crisis, y que particularmente me interesan mucho. Padecer, porque el libro es excesivamente largo y repetitivo, el estilo del autor es confuso en el fondo y antipático en las formas, y porque las batallas personales del autor así como algunas conclusiones un tanto excesivas de su “filosofía” me llevaron al enfado en algunos momentos. Para leer una reseña muy buena del libro, podéis pinchar éste enlace .

Nassim Taleb trabajó de “quant” especializado en derivados para varias firmas punteras de Wall Street. En el crack bursátil de 1987, vio como muchos compañeros arruinaban a sus clientes y perdían su trabajo, mientras él, utilizando sus particulares métodos, se enriquecía lo suficiente como para retirarse y dedicarse a escribir libros y explicar su filosofía.

Ante todo hay que decir que el libro es un libelo . No tengo nada en contra, pero a un libelo se le debe exigir que sea breve. Este libro no lo es. Taleb mezcla sus teorías con ataques furibundos a varios grupos:

• La economía académica. Particularmente la aplicación de modelos matemáticos para describir la realidad, que él particulariza en los trabajos de Samuelson, Friedman, Arrow, Debreu…
• El banco sueco que concede los Nobel de Economía, que Taleb aboga por suprimir.
• Los padres del análisis cuantitativo en finanzas (Markowitz, Merton, Scholes…)
• Los estadísticos.
• … y algún otro que se me olvida, siempre ligado a algún tipo de establishment.

Y son ataques destemplados, a menudo ad-hominem. Uno tiene que hacer un esfuerzo para esquivar la ensalada de palos y entresacar las ideas de Taleb, que yo resumo a continuación:

1) Vivimos en dos mundos diferentes:
En uno de ellos (Mediocristán, en la terminología de Taleb), las relaciones son lineales (vamos, que funciona la regla de tres simple…), se puede extrapolar y predecir, los fenómenos quedan bien descritos por la curva de la campana (de Gauss), son de aplicación modelos matemáticos y estadísticos convencionales, funciona el “azar de casino”, esto es, son de aplicación las leyes conocidas de la probabilidad, no ocurren acontecimientos imprevistos y/o catastróficos…
En el otro (Extremistán), no aplica la linealidad, los fenómenos no responden a la campana de Gauss, es un mundo complejo, caótico, supone un nivel o capa de incertidumbre adicional a las conocidas leyes del azar, es impredecible por definición, y por tanto propenso a cisnes negros (=acontecimientos de probabilidad imposible de calcular, aunque se les supone muy improbables, pero de impacto trascendental).

2) Existe un grave riesgo de aplicar las leyes del primero al segundo de los mundos, particularmente en el mundillo de la bolsa y las finanzas.

3) El objeto de estudio de las ciencias sociales está en Extremistán. La Economía (y en menor medida la Sociología) se han empeñado en creer que el objeto de su estudio está en Mediocristán.

4) Esto no se hace sólo por error o desconocimiento, sino que a menudo es deliberado (Taleb culpa de ello a los economistas académicos y al comité Nobel), y no sólo produce una disciplina cuya acumulación de conocimiento es irrelevante, sino que a menudo conduce a la catástrofe.

Estos puntos le hacen a Taleb simpatizar con corrientes económicas fuera de la ortodoxia, como los post-keynesianos (Paul Davidson, Hyman Minsky... aunque Taleb cita a algún otro) o la economía austríaca de Hayek. Ya comentaré en el apartado IV de mi escrito lo chusco que esto me parece…

En la última parte del libro, Taleb nos introduce, aunque muy por encima, la “aleatoriedad mandelbrotiana” (por el matemático Benôit Mandelbrot, creador de los “objetos fractales”) como el mecanismo adecuado para entender y tratar ese “segundo nivel de incertidumbre” no tratable mediante las leyes habituales de la probabilidad. Esta es la parte en mi opinión que presenta un mayor recorrido y sobre la que merece la pena indagar un poco más (hoy por hoy sigue siendo un campo abierto de investigación matemática), pero aquí Taleb decepciona, porque no profundiza en la aplicación de los objetos fractales a la incertidumbre y a las finanzas y apenas ofrece nociones muy superficiales de por dónde pueden ir los tiros.

II.- Influencia del trabajo de Kanehman y Tversky

En definitiva, Taleb se autodefine como un empirista-escéptico, y nos alerta sobre la excesiva tendencia humana a teorizar, a la narración, a buscar causas en todos los fenómenos (particularmente después de que hayan ocurrido, aunque no pudieran ser previstos), a la excesiva confianza en la información histórica (series temporales de datos, pero también en la Historia con mayúsculas), a la tendencia a crear modelos mentales (y plasmarlos en modelos matemáticos…), y la dificultad que tenemos, probablemente favorecida por la selección natural, a mensurar las probabilidades de los fenómenos (somos mejores “haciendo cosas” que “comprendiendo nuestro entorno”).

En esto se basa en los trabajos pioneros de Kanehman y Tversky sobre el comportamiento humano y la toma de decisiones en entornos complejos, que llevó al primero a recibir un Nobel de Economía a pesar de ser psicólogo, debido a que pusieron los cimientos de la llamada “economía del comportamiento” que, primero fue ignorada por los economistas, luego empezó a atraer a algunos (ver, por ejemplo, el éxito del libro “Animal Spirits” de Akerlof y Shiller sobre las burbujas) y que después de la actual crisis ha recibido un buen espaldarazo.

Como empirista-escéptico, Taleb aboga en las ciencias sociales por el empirismo puro y duro y la metodología de prueba y error, en contra de un cuerpo de conocimientos consensuado y mantenido por un mainstream académico. Pone el ejemplo de la medicina medieval, donde la “medicina oficial” mataba mucho más que las propias enfermedades, y donde los únicos que salvaban vidas eran al parecer un pequeño grupo de médicos empiristas, que aplicaban a sus pacientes sólo los métodos que habían comprobado que funcionaban.

III.- Sympathy for the devil…

Cualquiera que haya leído mis anteriores entradas sobre economía, o los debates con Citoyen, sabrá que defiendo la idea de que la economía y el resto de ciencias sociales tienen muy difícil la aplicación del método científico en toda su extensión y, en los casos en que sí pueden aplicarlo, a menudo lo hacen sin el suficiente rigor, tomando atajos o, en lo que se refiere al uso de las matemáticas, tomando la modelización matemática como garantía de “cientificidad”.

Por lo tanto, es lógico que sienta simpatía por muchas de las ideas de Taleb, y considere esencialmente acertados muchos de los aspectos que defiende, por ejemplo:

• La existencia de “Extremistán”, un mundo que no se rige por las meras reglas de la probabilidad, un mundo complejo, incierto y a menudo impredecible.

• La dudosa utilización que el mainstream macroeconómico hace de los modelos teóricos, perfectamente construidos formalmente, pero que fallan en las premisas de partida y, por lo tanto, de dudosa utilidad práctica (se guían por criterios de belleza formal y no por criterios de utilidad). Entresaco un pasaje de este enlace (donde se describe duramente el proceso de construcción del establishment económico), que resume esta postura:

“The presuppositions could be as implausible as the economist wished, the “hard core” was invulnerable to criticism, and no realism was required, as long as the modeling was sophisticated.”

• Lo engañosa y peligrosa que puede ser la falsa seguridad en el manejo de la incertidumbre, la ilusión de control sobre los riesgos.

• Esa especie de obsesión de la Economía, que yo achaco a un cierto complejo de inferioridad, de diferenciarse del resto de ciencias sociales y parecerse a las ciencias duras, como la Física, eligiendo para ello exclusivamente el camino de la matematización, en lo que a menudo no resulta más que en una “apariencia de ciencia”. Os adjunto unos pasajes de una profunda entrevista a Bill Janeway, economista y director de una firma de inversión de Wall Street, que son muy ilustrativos:

"The IRA: But doesn't this certainty about the ability of science and mathematics to reveal truth go back to WWII and the Whiz Kids of McNamara's Pentagon? Then we see the emergence of physics as the real leader of 20th Century scientific research. Finally, in the latter decades of the century physics is applied to finance.
Janeway: Yes, but here is the problem. Real scientists tend to be much more skeptical about their data and their models, and thus tend to be critical empiricists. We can blame the crisis on failed physicists; they had all of the math but none of the instincts of good scientists that would enable them to be good physicists."


• El agudo y profundo rechazo, tanto psicológico como social, que las personas sentimos a decir “no lo sé”.

• La tendencia humana a sobrestimar las probabilidades de ciertos acontecimientos, como los ataques terroristas, un accidente de avión, ganar a la lotería… mientras que subestimamos insensatamente otros que tienen más probabilidades de suceder (aunque no es posible calcular dicha probabilidad), como un crack bursátil, que el gestor de nuestra cartera de valores la pifie, que nos quedemos sin trabajo o que el precio de nuestra vivienda se desplome.

• Que el mundo de la bolsa y las finanzas es un campo de juego donde se ponen especialmente de manifiesto todos estos problemas, con resultados a menudo catastróficos.

IV.- … ma non troppo

A pesar de lo anterior, hay puntos en mi opinión en los que Taleb se pasa de frenada, mezcla churras con merinas y se enreda en una ensalada mental o, si él no la tiene, te la termina provocando a ti.

No voy ni a mencionar algunas insinuaciones de Taleb en las que pretende extender su filosofía a las ciencias naturales, aunque lo hace con la boca pequeña, porque creo que ahí saca los pies del tiesto. Lo que sí está claro es su convencimiento de que la única manera de adquirir conocimiento en las ciencias sociales es mediante el empirismo escéptico, el método prueba-error y la aplicación práctica de únicamente “lo que funciona”.

El empirismo-escéptico probablemente es una buena guía de actuación para un quant de Wall-Street, pero a mi me parece una especie de aceptación de la derrota sobre el conocimiento, una renuncia a intentar lograr un conocimiento superior sobre cualquier disciplina, cosa a la que (yo al menos) no quiero renunciar tampoco en lo que respecta a las ciencias sociales.

Puede que en el estado de conocimientos de la medicina medieval el método de prueba y error funcionara, o puede que el auténtico estado de conocimiento actual de la Economía sea equivalente al de la medicina medieval (al menos Taleb así lo piensa), pero desde luego la medicina no ha alcanzado el nivel que tiene ahora exclusivamente con dicho método: la guía de una buena teoría sigue siendo necesaria para afianzar el conocimiento, y en cualquier caso, creo que forma parte de nuestros procesos mentales la tendencia a teorizar y a tratar de entender el mundo a través de modelos y paradigmas. Como los propios Kanehman y Tverski descubrieron en sus experimentos, lo difícil es lo contrario, es decir, hay que hacer un esfuerzo para no teorizar, no buscar una causa y una estructura en cada acontecimiento observado.

No sé si tiene sentido discutir si esto es bueno, o malo como piensa Taleb: sencillamente es así como funciona nuestro cerebro. Una vez más, para mi la clave es el contraste empírico: es el verdadero filtro para cualquier teoría o modelo, y todas aquellas disciplinas que no disponen de un laboratorio y que tienen difícil el contraste empírico de sus modelos, no por ello deben renunciar a que la realidad, y sólo la realidad, es el verdadero juez del conocimiento que pretenden atesorar. Una vez en este punto, uno debe ser honesto y reconocer los límites de dicho conocimiento.

Uno de los puntos que se le pueden criticar a Taleb es la sensación que transmite de que los métodos estadísticos son erróneos per se. Ciertamente la Estadística se presta a la manipulación falaz de los datos y a la extracción de conclusiones sin fundamento, pero esto no es culpa de la Estadística ni de sus técnicas, sino de los que la aplican con desconocimiento (periodistas, políticos…) o con malas intenciones (políticos, economistas…)

Lo mismo se podría decir de la matematización: no es lo mismo los que inician el camino y elaboran las herramientas básicas que los que posteriormente (mal) aplican y extienden dicho paradigma. Por eso se podría considerar excesivo el “yo acuso” de Taleb hacia Samuelson, Arrow, Debreu, etc. como responsables de la deriva que nos ha llevado al actual colapso. Sobre este punto, no obstante, recurro otra vez a Bill Janeway, pues mi opinión es muy parecida a la suya:

"Janeway: Samuelson laid down a fundamental philosophical principle, namely that we have to apply to economics what is known as the ergodic principle from the natural sciences, which is the notion that the underlying processes are stationary, the results, the observables they generate arrive stochastically, seemingly randomly, but the distribution is stable over time. Without that principle, we cannot do "positive economics." Now, interestingly, Milton Friedman, the other philosophical father of financial economics, came together with Samuelson on this principle applied to the "real world." Friedman, in his essay on positive economics, says basically that we all know that the assumptions we are making are not true. This is not how people really are, perfectly rational, etc., etc. But Friedman proposed the "as if" principle, namely that we should do our work "as if" they were, as if people were rational.
[…]
The IRA: So we can blame the entire mess on Milton Friedman? Did he and Samuelson, two of the most towering figures in the economics profession, open the door to the biggest financial disaster in the history of the market economies?
Janeway: No, but those who followed their work clearly took it too far in terms of practical applications. We will see mathematical models applied to cases where we have inefficient markets, where we posit that people are reasonably rational, that they try to make good decision with inadequate data or incomplete models. I think that most people are rational or try to be, and that accordingly we should treat them as generally rational because they are doing the best that they can. And therefore, they will actually behave in ways that are described by people like John Maynard Keynes and Ben Graham.
[…]
Janeway: One of the great thinkers and great men of the last half of the 20th Century who, like Samuelson, is still alive, is Ken Arrow. The Arrow-Debreu general equilibrium mathematical construction was one of the precursors to the current mess. If only we had hung it up on the wall and contemplated it as an aesthetic object, and never led people down this terrible path towards trying to make it operational. This notion that "if" markets were complete and efficient; "if" we had the infinite array of contingent securities so that we could at one point in time hedge every possible event, we'd have complete closure, everything would close.
The IRA: It's called absolute zero in physics, the end of molecular motion. It implies the end of days and, thus, is hopefully only a theoretical possibility. That's why my partner Dennis Santiago and I prefer Minsky and scientific notions like entropy to describe market behavior.
Janeway: Exactly. Reaching general equilibrium implies that we have extracted ourselves from historical time and that we are frozen in stasis. We had done one trade that was good forever. And remember that the math is beautiful. The practical effect is catastrophic. And that is the catastrophe you are talking about. Because as we build layer upon layer of derivatives, what we were doing was pursuing Ken Arrow's challenge. These are not bad people, they have simply been chasing the impossible dream of completing the market and, going back to MacKenzie, chasing the legitimatory goal of making the world a more efficient place."


El último punto que me gustaría criticar del pensamiento de Taleb es su simpatía por escuelas económicas fuera del mainstream académico como el post-keynesianismo y la economía austríaca, sin importarle al parecer que no tengan mucho que ver la una con la otra. Parece que a Taleb le basta con que sean corrientes alternativas al pensamiento económico establecido y de algún modo estén enfrentadas al establishment y marginadas por éste, que acepten la complejidad del mundo y rechacen en mayor o menor medida la modelización matemática.

Particularmente, si hay algo opuesto al empirismo-escéptico que propugna Taleb es la escuela austríaca, basada en la “praxeología”, que es una especie de misticismo que se deriva de cuatro axiomas o principios originarios que se pueden aplicar a cualquier cosa (como el horóscopo) y que es, por lo tanto, una disciplina narrativa por excelencia. Se la puede tachar de ser una fe, una religión, una ideología… pero desde luego ni es empirista ni es escéptica: representa precisamente la “platonificación” a la que tanto se opone Taleb.

V.- Una nueva esperanza…

Llega el momento de preguntarnos: ¿y, entonces?, ¿cuál es la alternativa?

Me voy a permitir citar unas palabras de mi compañero de blog, Demócrito:

“En realidad la disyuntiva es sencilla: o existen pautas de conducta humana condicionadas por antecedentes cognoscibles o no. En el primer caso, es viable y necesaria la aplicación del método científico, por difícil, aproximativa y limitada que sea. Si no es así, entonces los fenómenos sociales son incognoscibles y no es posible afirmar nada sobre ellos, todo se reduciría a juicios de valor. […] ¿Cuál es la alternativa?"

Krugman y otros daban algunas claves de por dónde pueden ir los tiros en la futura macroeconomía, aunque, como hemos visto en los enlaces de mi anterior entrada se dista mucho de un consenso.

Quien haya tenido la paciencia de leerme hasta aquí, creo que se merece que esboce al menos qué es lo que yo creo:

• Abandonar la “ilusión cientificista” de la Economía basada en modelos matemáticos “platónicos”, alejados de la realidad. Esto no implica renunciar a las matemáticas como herramienta, pero como dice Krugman, “as our servant, not our master”

• Ser muy consciente de las limitaciones de los modelos, y de lo restrictivo de sus hipótesis de partida. Particularmente en su aplicación directa a los casos reales. En palabras de Feynman, “hacer todo el trabajo” del método científico, sin atajos, particularmente ser más riguroso con la “revisión por pares” y, en la medida de lo posible, el contraste empírico. [Digresión: recordar que una disciplina como la Mecánica Cuántica, que es extraña, anti-intuitiva y está basada en postulados, funciona como teoría porque cumple con el proceso:

Axiomática (postulados) → estructura algebraica (hubo que inventar las matemáticas) → contraste empírico... (si no cumple, se vuelve al primer paso y se cambian los postulados).

• Mayor disposición a modificar / descartar los modelos cuando éstos no son útiles (criterio de utilidad). Des-ideologizar la Economía: curiosamente, la elevada tecnificación y recurso a las matemáticas no ha servido para ello, lo que demuestra que la herramienta no es garantía de nada.

• Mayor humildad entre los economistas y mayor permeabilidad a otras ramas del conocimiento (a veces parece que los economistas sólo leen a economistas y que sólo se citan entre ellos de forma circular).

• Necesidad de incorporar a los modelos elementos de complejidad e imperfección (“animal spirits”, economía del comportamiento…)

• Más y mejores estudios empíricos: a menudo los estudios empíricos en ciencias sociales, que involucran mucha manipulación estadística, se prestan a sacar conclusiones precipitadas o falaces: hoy por hoy no gozan de mucho prestigio. Tan mala ciencia es el exceso de racionalismo como el mal empirismo.

• ¿…? (aquí el lector puede incluir sus propias reflexiones, que serán bien recibidas en comentarios)

No quiero terminar esta extensa nota sin recordar de nuevo que lo que más me interesa investigar en todo esto (a un nivel amateur, divulgativo…) son las ideas del matemático Benôit Mandelbrot y de qué manera pueden cuestionar la actual formulación de la Economía. Prometo leer sobre ello y venir aquí a comentarlo.

Para los auténticamente masokas, dejo un par de enlaces de gente importante donde también hablan del tema de mi escrito (son divulgativos, no temáis):

Daniel Cloud: “Capitalismo Científico”
Dany Rodrik: “Que los escépticos de las finanzas tomen el control”
Robert Skidelsky: “La traición de los economistas”
Robert Skidelsky: “Risky risk Management”

ACTUALIZACIÓN 1: Una interesante discusión sobre el Value at Risk y la seducción de los modelos.
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15/9/09

Réquiem por (algunas ideas de...) Paul Samuelson


¿Por qué me resulta tan decepcionante este artículo de Paul Samuelson?
¿Por qué me causa tanta zozobra?

Quizá porque, a diferencia de lo que hace Krugman en este otro, donde da cuenta del desastroso estado de la Macroeconomía en este 2009, el año post-debacle, y apunta tímidamente dónde pueden estar los problemas de la visión económica al uso... Samuelson se siente en la necesidad de echar balones fuera y morir matando.

Y no asumir ninguna responsabilidad en la construcción intelectual de dicho armazón económico al uso. Sólo se permite este escueto párrafo, un tanto confuso entre el resto de ataques del artículo:

"Puede que yo y otros compañeros del MIT de Chicago, de Wharton, Penn y otras universidades, lo pasemos mal cuando nos enfrentemos a san Pedro en las puertas del cielo."

¿Cómo se puede despachar un asunto tan espinoso, tan en boga, y en realidad tan apasionante, como es la utilización de fórmulas y modelos matemáticos que "mágicamente" ponen precio y proporcionan un valor medible al riesgo de los derivados financieros y las carteras de valores, con esta frase:
"(...)directores generales desde Nueva York hasta California. Ninguno de ellos entendió nunca nada de las fórmulas de Black, Scholes y Merton para valorar activos."

O sea, que como él mismo dijo de Alan Greenspan, y como criticamos desde este blog, todo se debe a la avaricia de los banqueros y los gestores de Wall Street...

Qué decepción, señor Samuelson. Claro, que tiene que ser muy duro admitir en la vejez que quizá, sólo quizá, parte de lo construido durante una vida (y bien regado con premios y con prestigio), pueda tener menos enjundia de la que uno creía. Que detrás de tanta "ciencia" había mucho de apariencia.

¿No hubiera sido el momento de reconocer, como Krugman esboza en su artículo, que a lo mejor hay que repensar la disciplina y dotarla de nuevos enfoques y nuevas herramientas? ¿Que el "sueño matemático" se ha acabado, hasta cierto punto?¿Que la Economía no es, ni puede ser, ni tiene por qué ser, como la Física?

ACTUALIZACIÓN1: ¿Adaptar los modelos a la realidad o la realidad a los modelos? Un poco más sobre el tema, aquí...

ACTUALIZACIÓN 2: Y con más profundidad, este grandioso artículo de Eichengreen... merece la pena leerlo entero.

ACTUALIZACIÓN 3: La aportación de Robert Shiller, aunque ésta la esperaba... al fin y al cabo, es uno de los pocos economistas que puede reivindicarse en las actuales circunstancias...
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2/7/09

¿Saben Economía los economistas?

Haría mal el lector, sobre todo el lector perteneciente a la profesión económica (de entre los miles que nos leen a Demócrito y a mi…) en considerar esta pregunta como una (mera) provocación.

La pregunta pretende ser retórica, puesto que el que escribe estas líneas está convencido de que si alguien sabe economía, son los economistas, o al menos algunos de ellos.

El drama es que, lamentablemente, la pregunta no es retórica, o al menos no para gran parte de la profesión, a juzgar por lo que nos cuenta Citoyen en esta entrada, y lo que se extrae de la nota de Paul Krugman que en ella se enlaza.

Lo podemos resumir en una frase: “la profesión tiene un problema” (la profesión económica, se entiende). Y es un problema muy gordo.

Es cierto que la profesión es vilipendiada por propios y extraños que a menudo no conocen lo más elemental de sus fundamentos, pero yo sobrevolaría ese punto sin darle más importancia que la que tiene (es lógico que todo el mundo opine de economía, puesto que trata de temas muy cercanos al bienestar de la gente: dinero, salarios, paro, inflación, etc).

El auténtico problema, en mi opinión, viene de dentro. Porque si, como se afirma, un gran número de economistas no entienden los modelos en los que se basa su disciplina, entonces se está cuestionando los fundamentos mismos de la profesión: ¿qué confianza podemos tener, no ya en las opiniones, sino incluso en los trabajos de los propios economistas?

Como el anterior párrafo suena un poco radical, conviene aclarar algo: mi objetivo con esta entrada no es añadir un ataque más a la profesión económica: mi propia postura al respecto ha ido mejorando a medida que conozco un poco más del mundillo, desde posiciones bastante escépticas y críticas hasta otras mucho más matizadas. Mi objetivo es sencillamente añadir alguna reflexión a cuál puede ser el problema que hace a la profesión económica tan controvertida, bajo la tesis de que tiene que haber algo bastante profundo en el asunto.

Seamos sensatos: es obvio que un gran número de economistas sí entiende los modelos económicos. Por lo tanto, aquí puede haber un doble problema:

a) Un problema de “divulgación”, en el sentido de saber explicar al gran público los fundamentos de la disciplina, siguiendo la tradición de la divulgación científica por ejemplo en Física o Biología.

b) Un problema de “enseñanza académica”, que va más allá de la mera confección de los programas académicos.

Un caso personal a modo de ilustración

Os voy a contar mi caso personal: en la Escuela de Industriales de la UPM hay un curso de Economía en 3º de carrera (del plan de 6 años que yo estudié). Para un alumno al que se le supone cierta pericia matemática, que ha pasado ya por las abstracciones del Álgebra, se ha enfrentado al Cálculo Infinitesimal y las Ecuaciones Diferenciales y con un par de cursos con asignaturas de Física y de Química en la chepa… comprender las sutilezas de esos modelitos aparentemente simples que el profe de Economía pintaba en la pizarra, con dos sencillas curvas que se cortan… bueno, debería ser fácil, ¿no? Pues no. Para mi sorpresa y disgusto, me vi bastante incapaz de entender a la primera cada par de curvas que el profesor explicaba en la pizarra. Bien, esto puede ser un problema mío, bien sabe dios y el diablo que no soy el tipo más listo ni de mi barrio… pero no lo creo, mirad, no me creo tan especial ni como para detentar en exclusiva la bandera de la estulticia… estoy seguro de que allí en la Escuela la podíamos levantar muchos, y también en las Facultades de Economía, claro.

Lo cierto es que cada par de curvas que se me pintaban (oferta, demanda, precios, tasas de interés…) encerraban detrás toda una serie de asunciones y suposiciones que para mi no eran nada obvias, y que me obligaban a pensar y a intentar ver exactamente qué demonios quería decir esa curva… porque siempre tuve la impresión de que las curvas eran una manera gráfica y simple de explicar un teoría establecida a priori, y cuyos fundamentos son los que yo quería conocer, y desde luego las curvas no me los explicaban.

Supongo que parte del problema es no estar familiarizado con los métodos de las ciencias sociales. O mejor, estar demasiado familiarizado con las ciencias empíricas: para mí, una curva que describe el comportamiento de “algo” tiene una ley, una ecuación, detrás, y uno puede reflexionar sobre el “sentido físico” de esa ecuación, utilizar la intuición para entender cómo la ecuación describe un determinado aspecto de la realidad (esto del sentido físico valió hasta que llegué a la mecánica cuántica, claro, donde la visión intuitiva sirve para poco… pero eso es otra historia, que contaremos en otro lugar).

Pues bien, nunca logré discernir con claridad “el sentido físico” de lo que allí se me contaba. ¿Es un problema de cómo se explica la Economía? Sí, sin ninguna duda esto es parte del problema. También me pasó con asignaturas como la Electrotecnia, no os creáis… siempre he tenido dificultades para aprehender asignaturas en las que te enseñan un conjunto de técnicas de resolución de problemas y casos-tipo, pero en las que no era capaz de ver los fundamentos.

Pero aquí la cuestión clave no soy yo, sino que seguramente yo no soy el único con este “problema”: ¿es descabellado pensar que muchos estudiantes de Economía aprenden las técnicas, manejan la parafernalia matemática, conocen los modelos… sin de verdad entender en profundidad lo que éstos representan?

El problema, entonces, es que la mayoría sabrán tanta Economía como yo Electrotecnia.

Las matemáticas: ¿la herramienta es el problema?


Las matemáticas son sólo una herramienta, y es una herramienta poderosa. Es como el sable láser de los caballeros Jedi: su manejo además no está al alcance de todo el mundo, por lo que se convierte en símbolo de prestigio.

Nota friki al margen, su prestigio está bien ganado como medio de representar la realidad física, y dicho prestigio trasciende el de su mera utilización por la ciencia: es un prestigio social.

Es bien conocida la costumbre de muchos magufos, chamanes, buscadores de ovnis y de fantasmas, echadores de cartas, cienciólogos, astrólogos, parapsicólogos y demás charlatanes, de rodearse de parafernalia con apariencia matemática pero sin sentido, con el fin de dar una apariencia de profundidad y verosimilitud a su actividad.

Pero no estamos aquí para hablar de pseudociencias: el uso de las matemáticas es reivindicado por muchas disciplinas: por sus características intrínsecas, porque forma parte de nuestro propio esquema mental como especie, porque no conocemos otro modo más preciso, coherente y explotable de modelizar la realidad… y también porque da prestigio a la actividad, por qué no decirlo, muchas disciplinas tratan de incorporar la matemática a su metodología, incluidas las ciencias sociales. Y la Economía es la que más éxito ha obtenido en el empeño. Tanto, que puede morir de éxito.

¿Qué quiero decir con esto? Una vez que Samuelson estableció las bases matemáticas de la Economía, y de algún modo estableció al mismo tiempo la base de los programas académicos clásicos de enseñanza de la Economía, es obvio que los economistas están obligados a saber manejarse con las matemáticas. Ningún problema con esto, siempre que no se olvide que conocer la herramienta no es conocer la disciplina: saber manejar el yunque y la maza es condición necesaria, pero no suficiente, para hacer buenas espadas. Es necesario ver más allá de las curvas y las ecuaciones, y entender (y cuestionar, si ha lugar) lo que se te está enseñando. Aprehender lo que es “conocimiento establecido” en Economía. Porque si no, el riesgo que se corre es que los modelos sean patrimonio exclusivo de cuatro académicos que los entienden, y el resto de la profesión simplemente maneje una parafernalia cada vez más enrevesada y en la que es cada vez más difícil discernir su capacidad para representar la realidad. El riesgo es que todos estos trabajos queden en simples divertimentos académicos. O peor aún, que una vez obtenida “la gran ecuación” que aparentemente nos resuelve el problema, todos a usarla indiscriminadamente sin cuestionarse sus fundamentos, lo cual puede conducir al desastre.

En resumen, para mi no debería existir ningún problema con la herramienta matemática, siempre que quede claro que es sólo una herramienta (que puede ser utilizada para cualquier cosa, que puede ser utilizada bien o mal, y que por tanto no es por sí sola garantía de nada). Y que el prestigio no lo puede dar el cómo usas la herramienta, sino el resultado último de tu trabajo, sea cual sea la herramienta.

Si la herramienta no es el problema, ¿cuál es el problema?

Aquí, voy a hacer una CONJETURA.

Para mi, el problema puede estar en el “conocimiento establecido” por la Economía. ¿Cuál es el verdadero conocimiento establecido? Aquél que conocen y comparten todos los economistas, aquél que está fuera de la discusión, aquél en el que la profesión se asienta para poder avanzar, para adentrarse en nuevas líneas de investigación necesariamente más especulativas…

Por “conocimiento establecido” no hablo de una verdad absoluta e inamovible, puesto que esta noción es incompatible con cualquier ciencia. Para la ciencia, todo conocimiento está en permanente revisión, si queréis, en “permanente estado transitorio”, sujeto a la revisión por pares y a que nuevos experimentos puedan derribarlo, matizarlo o confirmarlo (por n-ésima vez en un ciclo sin fin).

Pero mirad, en Física, por ejemplo, se da un proceso que yo no veo en Economía: cada avance, cada nuevo descubrimiento, cada modelo que sustituye a uno anterior… se basa en el anterior y lo complementa… cuando el modelo anterior es “conocimiento establecido”, el nuevo modelo raramente lo invalida, en el sentido de descartarlo por incorrecto (aunque los más puristas dirán que sí)… generalmente lo que hace es complementar con nuevos conocimientos aquello a lo que el modelo anterior no llegaba, permaneciendo el modelo anterior como válido para casos simplificados, a menudo suficiente para la mayoría de casos y aplicaciones (ejemplo: la mecánica newtoniana queda sustituida por la relativista, mucho más general y mejor descriptora de la realidad… sin embargo, la newtoniana sigue siendo suficiente buena para la mayoría de aplicaciones de la vida diaria. No es concebible una “escuela newtoniana” en lucha a lo largo del tiempo con una “escuela relativista”).

¿Por qué en Economía este proceso no se da? Como decía un amigo mío: “la Economía es la única disciplina en que alguien es capaz de recibir el Nobel por un trabajo en que se defiende una cosa, y años después alguien puede recibir otro Nobel por un trabajo en que se defiende la contraria”.
Cuando los fundamentos de la disciplina económica son cuestionados desde dentro, cuando persisten distintas “escuelas económicas” enfrentadas, cuando los economistas no se ponen de acuerdo sobre cuestiones básicas, cuando se duda de que los economistas entiendan sus propios modelos… lo primero que se me ocurre es que no hay un conocimiento establecido.

Disclaimer:

Bien, yo no creo realmente que NO EXISTA en absoluto un conocimiento establecido en Economía. Lo que creo, con muchas dudas y sujeto a la refutación de quien me quiera iluminar (recordad que esto es sólo una conjetura), es que:

1) O bien el conocimiento establecido debe de ser muy limitado, de corto alcance, mucho más limitado de lo que piensan la mayoría de los economistas (incluso los que entienden los modelos).

2) O bien este conocimiento existe pero se enseña muy mal en las facultades, que si lo pensáis nos lleva casi necesariamente al primer punto, después de un par de generaciones.

Esta es una conjetura muy osada, para ser planteada desde fuera de la profesión. Insisto: esto es sólo un blog, se trata de debatir: que nadie vea aquí un ataque a la Economía per se. Únicamente pretendo buscar una explicación para un conjunto de problemas relativos a la disciplina, a los que también se refiere Citoyen en su entrada, y es la explicación que yo le doy. Sólo pretendo que alguien quiera recoger el guante: no ya darme a mi un curso acelerado de “conocimientos establecidos” por la Economía (aunque no estaría mal, je, je), sino de dar una hipótesis alternativa que explique mejor que la mía los problemas antes referidos.

Finalizaré con varios ejemplos:

a) En el recientemente célebre “Manifiesto de los 100”, en que 100 economistas académicos hacían recomendaciones al gobierno español para salir de la crisis, y que he leído con interés y con cuyas tesis estoy en general bastante de acuerdo, uno puede encontrar algunas propuestas (eso sí, no muchas) de algunos de los ponentes que son contradictorias entre sí. O un economista que recomienda bajar IRPF y subir cotizaciones a la SS mientras que otro colega, varias páginas más adelante, recomienda precisamente lo contrario. A esto, que puede ser más o menos explicable, se suma de repente el “Manifiesto de los 700”, en que otros tantos economistas, supongo que igual de “académicos”, tratan de rebatir, a veces de forma furibunda, las propuestas de sus colegas.

b) La teoría clásica del comercio internacional viene a afirmar que éste beneficia siempre a los países que intercambian productos, independientemente de su nivel de desarrollo y productividad, pues cada uno crecerá en base a su ventaja comparativa relativa. Yo mismo he utilizado este argumento en mi anterior entrada sobre el modelo productivo. Sin embargo, se pueden encontrar trabajos, basados en evidencias empíricas (por ejemplo en países latinoamericanos) que cuestionan este modelo, y que afirman que países con una gran diferencia en su nivel de desarrollo y su acceso a la tecnología, la mera ventaja comparativa no servirá para garantizar su crecimiento, e incluso el proceso comercial puede incrementar aún más la distancia con los países más desarrollados.

....

Hay un problema con el conocimiento establecido. Es sólo una conjetura, que es difícil de confirmar para mi desde fuera de la profesión, pero es la mejor explicación que le encuentro a lo que ocurre con la profesión. Y, creedme, quiero estar equivocado.

Vuelvo a la Física: cada nuevo modelo avanza y sustituye al anterior, y en cada momento está razonablemente claro lo que es conocimiento establecido. Newton describió el proceso en una frase: “…si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes…”

¿Dónde están los gigantes, en Economía?

ACTUALIZACIÓN: Un poco más sobre este tema, en el debate entre Citoyen y Alberto Garzón...

ACTUALIZACIÓN 2: Respuesta de Citoyen, aquí.

27/5/09

Sobre el ranking de universidades españolas

(No, no voy a hablar de Bolonia)


Voy a hablar del n-ésimo estudio que se ha publicado sobre la calidad de las universidades, con su correspondiente ranking, y en este caso sólo referido a universidades españolas (eso sí, tanto públicas como privadas). El estudio lo ha realizado el Instituto de Análisis Industrial y Financiero de la U. Complutense de Madrid.
Tan sólo hace un mes, la Fundación Conocimiento y Desarrollo realizó otro estudio en que se valoraba esencialmente lo mismo (calidad de la investigación y calidad docente).

Ni que decir tiene que la publicación de estos estudios tiene un morbo indudable, pues todo el mundo acude al ranking lo primero de todo, a ver cómo está su universidad (en la que estudió, en la que trabaja...) respecto a las demás. Tan sólo después de escandalizarse por la posición que el estudio le otorga a su universidad se acude a conocer los criterios de valoración, generalmente para denostarlos y terminar despreciando el estudio... Esta es la actuación habitual de los rectores cuando salen mal parados, je, je...


Lo cierto es que si uno compara la posición de, digamos, la U. Autónoma de Madrid, en "investigación", que es la que aparece como 1ª en el segundo estudio, resulta que en el primero aparece en 4ª posición. Y si nos vamos a la U. de Lleida, que es la 1ª en "calidad docente" para el segundo estudio, en el primero aparece como 8ª!. Y eso que ambos estudios están midiendo parámetros aparentemente similares...!!


¿Cuál es el problema?


Lo anterior ilustra claramente el problema de estos estudios: que si consultas 10, aparecen 10 rankings diferentes, y algunos de ellos se parecen entre sí como un huevo a una castaña. Esto, claramente, puede hacerles perder credibilidad, sobre todo si, como dice uno de los autores del primero que he enlazado, se pretende "que sirvan de orientación al futuro alumno".


En realidad, que aparezcan estas diferencias entra dentro de la lógica según la cual se hacen estos estudios, pues los factores evaluados suelen ser muy diferentes. Incluso cuando se evalúan, como en estos dos casos, factores parecidos, el peso y la importancia que los autores dan a unos y otros son muy distintos... el resultado de esta subjetividad no puede ser otro que el que algunas universidades aparezcan artificialmente perjudicadas, con el añadido de que en cada estudio serán universidades distintas las que aparezcan perjudicadas.

La primera crítica importante que se me ocurre es que una Universidad es un agregado de Escuelas y Facultades que poco tienen que ver unas con las otras. Por lo tanto, el estudio comparativo debería haberse hecho entre Facultades. Los autores reconocen este punto, pero aducen que no existen datos para comparar entre facultades. Bien, pues es hora de que la Conferencia de Rectores trabaje para elaborar y poner estos datos a disposición. A pesar de ello, los autores no han renunciado a comparar universidades completas, lo cual no deja de ser una comparación de churras con merinas. Porque ya me diréis qué tiene que ver una universidad politécnica con otra que enseñe principalmente letras. Desde luego que ambas pueden tener buena o mala calidad, pero ¿pueden ser medidas con los mismos parámetros? Ni los alumnos, ni la sociedad, buscan lo mismo y necesitan lo mismo de una universidad politécnica que forma ingenieros que de una universidad que forme filólogos. Y los parámetros de calidad no pueden ser los mismos. Luego volveré sobre este punto.


Por otro lado, y como los autores no son tontos, intentan soslayar este punto eligiendo parámetros lo más generales y objetivos posible, y que además sean medibles, claro. Esto tiene el problema, como creo que es el caso, de que al final no estés comparando nada realmente relevante, es decir, que los parámetros elegidos no sean verdaderamente representativos de la calidad de la universidad. También volveré sobre este punto.


Algunas paradojas del presente estudio


No conozco los detalles técnicos de elaboración del estudio, porque por alguna razón el pdf de El País no se descarga correctamente. Pero, en cualquier caso, hay dos aspectos que llaman la atención de un solo vistazo:

  • El hecho de redondear a 100 al primero de la lista (U. Navarra) y comparar al resto contra él, produce un efecto visual de enorme diferencia de "calidad" entre dicha universidad y todas las demás. Buscado o no este efecto, está claro que semejante diferencia de calidad no puede ser real, e induce a error.

  • Por el contrario, en el resto de universidades de la lista, las diferencias numéricas de calidad son bajísimas: entre la U. Córdoba que puntúa 62, y la U. Zaragoza, que puntúa 52 (siempre sobre 100) hay que bajar 17 posiciones. O visto de otro modo, entre la U. Zaragoza, que está en la posición 18, y la U. Cádiz, posición 34, apenas hay 5 puntos de "diferencia de calidad" entre ellas. En definitiva, el estudio no parece discriminar lo suficiente entre universidades.

Se puede aducir que el ranking numérico final es una media de dos factores, "Calidad docente" y "Calidad investigadora", en los que sí se aprecian mayores diferencias. Es cierto.

Pero aún en estos factores, podemos encontrar paradojas. Examinemos algunas de ellas:

Calidad docente

El factor "Calidad docente" mide parámetros como "recursos humanos", "medios informáticos", "libros por alumno", "rendimiento académico", "resultado de doctorados"...

Uno se pregunta si realmente estos parámetros (que como dije anteriormente está claro que se eligen porque son generales, objetivos y medibles), son unos buenos indicadores de la calidad docente. Particularmente pienso (aunque sé que se me discutirá este punto) que los medios informáticos tienen poca relación con la calidad docente, y en cualquier caso, podrían tener importancia en algunas facultades (escuelas técnicas, por ej.) pero mucho menos en otras, dependiendo de la titulación. No digamos ya, la dotación de libros de sus bibliotecas: posiblemente es mucho más relevante para las facultades de humanidades, de ciencias sociales o, en general, para las que basan gran parte de la formación del alumno en una buena selección de lecturas, que, por ej, para las ingenierías. Desde luego, uno no elige una escuela de ingeniería ni aquí ni en ninguna parte del mundo, por el número de libros de su biblioteca.

Para quien quiera discutir mi opinión en este punto, le pido que tenga en cuenta lo siguiente: una universidad que quiera aumentar de un año a otro artificialmente su posición en este ranking, lo podría hacer mediante una compra masiva de libros y de ordenadores... sin que tal cosa hubiera modificado lo más mínimo su calidad docente. Esto debería hacernos descartar tales parámetros como factor de medición, o al menos darles un peso muy minoritario.

Examinemos ahora eso del "rendimiento académico". Este parámetro es muy controvertido, pues perjudica claramente a las universidades politécnicas, que son las que tradicionalmente "destacan" por las bajas notas de sus alumnos y por un elevado abandono, siendo, paradójicamente, las que reciben a los alumnos con notas más brillantes del bachillerato. Se puede discutir, y yo lo discuto porque lo conozco bien, si tiene sentido el elevado número de suspensos que otorgan las escuelas técnicas, si esto responde a una alta exigencia o meramente a un factor "elitista" que tienen muchos profesores (que vendría a responder a la idea de "cuanto peor, mejor", cuanto más cueste aprobar, más prestigio para la escuela). Pero lo que es indiscutible, es que la "dureza" de los estudios, la dificultad intrínseca de la carrera, debe ser puesta en equivalencia de alguna manera en la comparación, pues de otro modo el parámetro "rendimiento académico" perjudicará claramente a las politécnicas, y así se puede ver en el presente ranking.

Calidad investigadora

Este factor mide parámetros como "nº tesis", "nº patentes", "proyectos de I+D", "recursos financieros por investigador"...

Estos factores sí parecen ser una medida más o menos representativa de la calidad investigadora de la universidad... pero sólo aparentemente. Primero, porque el nº de tesis puede ser muy alto, pero la naturaleza y la calidad de dichas tesis puede ser muy discutible. Quizá se tendría que medir dicha calidad buscando referencias internacionales, citas en otros estudios o en publicaciones relevantes, etc.

El nº de patentes es indudablemente un buen indicador y, de hecho, uno de los que más nos diferencia de las mejores universidades anglosajonas.

Sobre los "proyectos de I+D" tengo más dudas, pues se presta a la manipulación... habrá que ver qué considera cada universidad como proyecto de i+d, particularmente las de letras...

Sin entrar en la polémica de si es "mejor" o "más útil" investigar sobre "una nueva fuente de energía" que sobre "la evolución del idioma vascongado en tiempo de los romanos", lo que está claro es que un mayor número de tesis y proyectos del 2º tipo no debería otorgar a la universidad necesariamente una mayor calidad investigadora que a la que hace tesis y proyectos del 1er tipo, aunque sean menos... sencillamente, hay comparaciones que no tienen sentido.

Mi principal problema con el factor "investigación", de todas formas, es que su aportación a la calidad de la universidad no debe hacerse a expensas del alumno. Es decir, considero imprescindible que una buena universidad investigue, colabore con la empresa privada, transfiera conocimientos a la sociedad y se mantenga al día de lo que se hace en el mundo, pero esto no debe hacerse a costa de robarle dedicación al alumno. Si esta actividad, por muy importante que sea, no redunda en una ventaja educativa para el alumno, entonces esa universidad no puede estar en una buena posición en el ranking... esa universidad ha pasado a ser otra cosa, ha pasado a ser un "centro de investigación".

Este tipo de cuestiones, que sí son relevantes, quedan totalmente ocultos en la mayoría de los estudios, y desde luego en el que estamos examinando.

¿Cómo debería hacerse un benchmarking como éste?

Como podéis adivinar, la respuesta no es nada fácil. Además, si yo supiera la respuesta, cobraría por ella, que para eso soy consultor... Aportaré, eso sí, un par de ideas.

Un benchmark como éste no debiera diferir demasiado de cualquier otro que se haga, por ej., en la empresa privada, sobre cualquier aspecto en que te deseas comparar con tu competencia, con tu sector, con los mejores de tu campo... Y, como en la empresa privada (que es la que conozco), obtener un estudio de benckmarking verdaderamente relevante y útil para la mejora es muy difícil: estudios de este tipo existen muchos, pero la mayoría son meras comparaciones simplificadas de algunos aspectos, que no siguen una metodología rigurosa y que son utilizados obscenamente por los consultores para mostrar lo que el cliente quiere ver en ellos. Porque esto es lo fácil, lo rápido, y además da réditos, pues el cliente suele ser poco exigente, cuando debería ser el principal interesado en que el estudio fuera riguroso.

En el caso de un benchmark entre universidades la dificultad es mucho mayor: comienza en la propia definición de "calidad universitaria", que debe ser de algún modo consensuada entre todos los participantes, y también entre los grupos interesados (principalmente alumnos). Esto no es fácil, pero si no exigimos este primer paso, cualquier nuevo estudio comparativo será lo que son ahora: meras anécdotas sólo aptas para chascarrillos.

El siguiente paso, muy relacionado con el anterior, sería elegir parámetros de medición verdaderamente relevantes a la hora de medir la calidad. No sólo factores generales que sean fáciles de medir, sino que sean significativos. Para ello pueden usarse referencias internacionales, ver lo que convierte a las mejores universidades del mundo en lo que son, y tratar de medirlo en las nuestras. Esto también debe ser aceptado por los participantes.

Una vez que estemos de acuerdo en qué parámetros son significativos para medir la calidad, habría que introducir un concepto bien presente en la industria en todo benchmark que se precie: la homogeneización: necesitamos un mecanismo que permita hacer comparaciones, no comparar churras con merinas, como decía antes. ¿Cómo resuelve la industria esta dificultad?. De dos maneras:

  • los peer groups: "grupo de pares". La comparación sólo puede hacerse dentro de un grupo homogéneo. En el caso de las universidades, la comparación debería hacerse por facultades, que es un peer group claro. Pero en caso de empeñarse en comparar universidades completas, ha de compararse dentro de grupos homogéneos, por ej: todas las universidades politécnicas, el conjunto de facultades de ciencias de las universidades que dispongan de ellas, idem de humanidades, etc (esta última clasificación admite más posibilidades y, por lo tanto, más discusión).
  • los factores de puesta en equivalencia: adicional a la comparación dentro de tu grupo de pares, suele ser necesario introducir algún factor de homogeneización a los parámetros seleccionados, que de algún modo "iguale" la relevancia que tienen estos parámetros para unas y otras universidades. Si la comparación se hace "por facultades" este factor de puesta en equivalencia puede no ser necesario, pero si, como hace el estudio referido, la comparación es entre universidades completas y además no se usan peer groups, un factor de puesta en equivalencia es imprescindible. Y desde luego, no se me ocurre ninguno sencillo así, a vuela pluma. Pero debe introducirse un factor que "obvie" por ej, el hecho de que los estudios en una politécnica son más exigentes que en otras.

Públicas y privadas

Como habéis podido ver, el estudio compara indistintamente universidades públicas y privadas, lo cual me parece bien. Me llama la atención el comentario de la profesora de la Autónoma Carmen Pérez en el artículo enlazado, que se opone a ofrecer rankings conjuntos de centros públicos y privados porque "ofrecen productos diferentes, un profesor de la privada dedica más horas a las clases que uno de la pública, y menos a la investigación". Bien, ¿y?. ¿Qué es eso de que ofrecen productos diferentes? Afirmaciones como ésta me dejan patidifuso. A esta señora se le ve el plumero, y está reconociendo que la actividad investigadora y la docente no tienen nada que ver, y que una se hace a expensas de la otra. Pues bien, insisto en el tema: esto es intolerable. La actividad investigadora debe ir en beneficio, entre otros, del alumnado, y si no es así, la universidad debe ser penalizada en el ranking, sea pública o privada.

Por último: ¿sirven para algo estos estudios?

Como he defendido en este post, con la deficiente metodología que utilizan, estos estudios sirven básicamente para meterlos en un cajón. A los responsables de realizarlos se les debe exigir que se lo curren un poco más si quieren de verdad cumplir los objetivos: mejorar la universidad y ayudar al alumno a elegir. De momento, se tienen que conformar con una efímera aparición en la sección de educación de los periódicos.

Hasta que llegue ése momento, yo si fuera rector de una de estas universidades (algo harto difícil), sí trataría de sacar de este estudio la mejor información posible que me ayude a mejorar mi universidad: por ejemplo, las universidades politécnicas, que me han servido de ejemplo en mi exposición, pueden descartar la comparación con otras, pero pueden compararse entre sí, y preguntarse por qué la de Valencia y la de Cataluña aparecen por encima de la de Madrid, y entender si es por alguna razón de peso o sólo un tema asociado a la metodología seguida.

Y para finalizar, no olvidemos las propias conclusiones de los autores del estudio, que no sé si se basan en su propio estudio o no, pero sabemos que reflejan parte de los importantes problemas a corregir en la universidad española:

  • Poca exigencia en el control de calidad de los centros
  • Prevalencia de los intereses del profesorado frente a las necesidades de la sociedad o de la propia universidad
  • Falta de autocrítica
  • Universidades a la cola de las listas de calidad internacionales
  • Procesos de selección de docentes e investigadores poco transparentes
  • Valoración endogámica y poco seria de los trabajos académicos propios.