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16/11/11

Collares cuánticos

El mundo está lleno de idiotas redomados, de pobres ignorantes y de estafadores cutres.

Cuando se unen una baja cultura científica y una regulación laxa, hasta los más patéticos estafadores (incluido algún farmacéutico) pueden llenarse los bolsillos a costa de los idiotas redomados (que se lo merecen) y de los ignorantes (pobres, éstos...):

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Denunciado/enganoso/collar/cuantico/elpepusoc/20111116elpepusoc_8/Tes

10/11/10

Otra de (los mismos) magufos...

Al pitoniso parece que se le han desalineado un poco los astros, según descubre ahora un redactor de El País.

Era algo que por aquí ya alertábamos que... ejem, quizás, sólo quizás, podría llegar a pasar... es lo que tienen las bolas de cristal, que se mueven, se caen, se enturbian, te deslumbran... vamos, que nunca se puede fiar uno de esas pequeñas cabroncitas...

En fin, menos mal que la cuenta corriente sigue bien, a base de libros, conferencias y presencia radiofónica abundante... esto da para comprar otras bolas y continuar con el negocio.

19/8/10

Tabla periódica de las magufadas

Sabiendo lo importante que es en ciencia ordenar y clasificar, os adjunto la "tabla periódica" de las magufadas, desde las más tradicionales a las new age, para saber de un solo vistazo cuando alguien te está soltando bulos o gilipolleces:



Propongo que se equipe con una de éstas a cada niño en la escuela, completándola con discusiones críticas y distendidas en clase sobre cada uno de los "elementos", incluidas las religiones. Es más barato (y posiblemente más efectivo) que equiparles con un ordenador.

18/5/10

Tres estudios científicos: el bueno, el feo y el malo

Siguiendo con mi manía personal de reflexionar sobre la buena o mala aplicación del método científico, y sobre todo de lo que nos ofrecen los medios de comunicación a ese respecto, me encuentro hoy con tres llamativas noticias en El País que merece la pena comentar, para descargar un poco la tensión que en los últimos días Zapatero, los malvados especuladores y la (merecida) victoria del Barça en la Liga han dejado en el ambiente:
La primera cita un estudio de la Univ. Politécnica de Madrid encaminado a comprobar si la pulserita de los famo-tontos y de los tontos a secas, mejora o no mejora el equilibrio. Decir, en defensa del honrado cuerpo de ingenieros que se forman en dicha santa casa (entre los que me cuento), que el estudio lo realiza una tal Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, desconocida para mi hasta el momento, pero al parecer con bastante tiempo libre, como su propio nombre deja entrever...

La segunda noticia cita un estudio de una catedrática de Nutrición de la Univ. Complutense de Madrid.

La tercera no se refiere a un estudio concreto, sino a una entrevista con Thomas Verny, "psiquiatra de bebés y embarazos" (sic) en la que suelta esa perla y alguna otra similar, basándose en "sus experiencias".

Os voy a explicar por qué, a pesar de la apariencia un tanto frívola de las tres noticias (y por extensión de los estudios a los que hacen referencia), la primera me parece BUENA, la segunda FEA y la tercera MALA. Por supuesto, esta es mi opinión personal basada en los datos que se ofrecen en el desarrollo de la noticia, no conozco en detalle los estudios concretos, por lo que podría meter la pata en algún punto (esto lo digo por las posibles querellas, más que nada...)

  • EL BUENO: Resulta que el estudio sobre la pulserita de marras parece cumplir con los pasos necesarios para sacar alguna conclusión relevante en este tipo de estudio: sistema de "doble ciego" (ni los voluntarios ni los experimentadores saben qué pulsera lleva holograma y cuál no, para no influir en los resultados), las pruebas de equilibrio están normalizadas, se utilizan instrumentos para objetivar lo que se entiende por "equilibrio", se hace un estudio estadístico final... y se concluye que "no hay evidencia de efecto en el equilibrio". Sin más. No se cuestiona si la pulsera incrementa la erección, o refuerza la autoestima, o te hace sentir más guapo, etc. Eso, lógicamente, requeriría un estudio ad-hoc similar al anterior.
  • EL FEO: el segundo estudio concluye que "los niños que consumen más pan tienen menos sobrepeso y obesidad y mejores parámetros sanguíneos y de otros nutrientes." En el detalle de la noticia comprobamos que se toma una muestra de niños, y se relaciona su estado inicial con su ingesta de pan. Luego se hace una hipótesis teórica: si aumentamos la cantidad de pan en la dieta, los parámetros físicos mejorarán. A continuación se le aumenta una cantidad de pan a la dieta de una parte de la muestra, y se vuelven a analizar sus parámetros físicos para comprobar la validez de la hipótesis. Se encuentra que los parámetros han mejorado,y se llega a la conclusión de que el motivo es el pan. Pregunta para el lector: ¿soy el único que encuentra varios defectos en esta metodología? Insisto en que no tengo los detalles del estudio, pero sólo con lo que se deduce de la noticia, deberíamos concluir que éste no cumple adecuadamente el método científico: se hace una afirmación y se prepara un experimento para ver si dicha afirmación se cumple... pero no parece tenerse en cuenta el resto de posibilidades, como que el pan no sea el único factor, que la correlación pueda ser espúrea... ¿se ha comprobado si la afirmación también se cumple si aumentas la ingesta, pongamos por caso, de fresas silvestres en la dieta? Y si es así, cuál es el efecto relevante, el del pan o el de las fresas? ¿Se dice algo sobre la cantidad de pan a partir de la cual podemos esperar una mejora de los parámetros? ¿Se ha controlado la muestra por otros factores que pudieran introducir fuertes sesgos, como la herencia genética, etc. En fin, si este estudio no entra directamente en la categoría de MALO, es porque leemos (era de esperar) que está patrocinado por el sector del pan español, lo cual lo sitúa directamente en el apartado de FEO.
  • EL MALO: de éste, que debería ser el feo a juzgar por la foto del interfecto, realmente desconozco los detalles de su trayectoria científica. Quizá Terapeuta pueda ofrecernos algo de luz. Pero si tenemos que juzgar sólo por lo que afirma en la entrevista, lo voy a catalogar de MALO porque las afirmaciones que lanza el tipo, basadas en experiencias personales cuando no directamente en "testimonios", rayan directamente en el chamanismo.
En conclusión: nos quedamos con el primer estudio. Habrá quien diga que para saber que las pulseras power-balance no funcionan no hacía falta un estudio tan cuidadoso. Ya lo sé!!: es sobradamente conocido que las únicas pulseras con efecto en el estado de ánimo (de una parte de la población), y que mejoran la función sexual (de ambas partes de la población) SON LAS PULSERAS DE DIAMANTES. Y esto es empirismo puro: prueba y verás. ;)

22/3/10

La homeopatía en acción

Lo de la cerveza homeopática me ha llegado al alma...



PD: Gracias a Demócrito, que por cierto anda por Londres buscándose la vida, por el enlace...

11/3/10

Este es un mundo acientífico...

Puede resultar paradójica tal afirmación, cuando no ha habido otra época en la historia en la que la ciencia tenga tanta importancia para el bienestar de los seres humanos y goce de un prestigio tan acorde a dicha posición.

Y sin embargo (y hay quien piensa que precisamente por esa preeminencia de la ciencia) la pseudociencia, la superstición y la superchería proliferan por doquier. No sé si más o menos que antes: debería ser menos. Sin embargo, en una época dominada por la ciencia, este hecho llama mucho más la atención.

Aunque le venía dando vueltas desde hace tiempo (al fin y al cabo hay obras ya clásicas sobre el tema, como el excelente “El mundo y sus demonios” de Carl Sagan), lo que me ha decidido a escribir sobre el tema son las reacciones airadas de algunos comentaristas de mi anterior entrada sobre Niño Becerra y sus predicciones apocalípticas. Y también las que recibieron cambiosocialya y Eduardo Robredo o José Luis Ferreira en sus blogs respectivos.

Aunque en este post hablaré algo de pseudociencias, lo que me interesa resaltar de verdad es hasta qué punto mucha gente “normal”, usualmente sensata y a menudo con formación, es capaz de creer en las cosas más extrañas. Hasta qué punto está alejado del discurso de la gente de la calle el método científico y lo que implica como modo de pensamiento: el sano escepticismo, la reflexión crítica ante lo que oímos y leemos, el cuestionamiento de todo aquello que no venga respaldado por el contraste empírico y un mínimo análisis lógico de los hechos.

Las pseudociencias y el auge de programas como los de Iker Jiménez
Cuando yo era niño, el que nos hablaba desde la tele de OVNIs y de fantasmas era Jiménez del Oso. Era gracioso este programa, que rompió records de audiencia para la época, dado el aspecto fantasmagórico del presentador, acentuado por su pinta de profesor chiflado y su peculiar forma de narrar. De aquéllos tiempos románticos hemos pasado a la dura competencia televisiva y radiofónica por las audiencias: y aquí aparece el pequeño aprendiz de brujo que es Iker Jiménez, con el lamentable respaldo mediático del Grupo PRISA.

También los programas de Iker Jiménez alcanzan las importantes cuotas de audiencia que suelen acompañar a otros programas de la “telebasura”. Sin embargo, los programadores de la SER y CUATRO han decidido tragarse los escrúpulos y dar todo el respaldo a su nueva estrella, que cada vez tiene más tiempo de programación y en mejores horarios. Hasta los lectores del diario El País hemos visto horrorizados como se repartían DVD’s con los programas del inefable Iker con el periódico, al que sus responsables parecen arrastrar cada vez más a la mediocridad.

Que un programa como el de Iker Jiménez tenga audiencia no es extraño: como programa de entretenimiento, está bien hecho, y a eso hay que sumarle el interés de la gente por los temas “paranormales”. Lo que a mi me preocupa es que tal programa, que se aprovecha de la credulidad, de la ingenuidad, y desde luego de la irracionalidad de muchas personas, que explota las zonas más tontorronas de nuestra psique, y que defiende la pseudociencia y la superchería, se programe cada vez más y encima reciba premios de colegas periodistas. No me vale que algunos de esos premios sean “a la innovación” o “al entretenimiento”: el programa defiende un modo de ver el mundo que sí que hace, a mi modo de ver, un daño auténtico a la labor de maestros y educadores a la hora de formar ciudadanos pensantes (no como otros “peligros” que se suelen citar, como los videojuegos, las películas de tiros y los juegos de rol…)

Las creencias extrañas de la vida cotidiana…

Como he dicho, no quiero hablar tanto de las típicas pseudociencias como de la actitud de mucha gente que podemos considerar “normal”, que incluso no suele creer en pseudociencias, algunos de ellos considerados gente de “gran cultura” y que gozan de una formación nada despreciable.

Por supuesto, a muchos lectores igual no les parecerán extrañas estas creencias irracionales, lo cual no hace sino confirmar mis temores. Veamos algunos ejemplos:
  • Hay gente que se niega a alojarse en una habitación de hotel que lleve el número 13. De hecho, muchos hoteles del mundo se saltan dicha cifra en la numeración de sus habitaciones.
  • Mucha gente está convencida de que los sueños tienen un significado, que es una forma en la que “alguien” les envía mensajes que deben interpretar cuidadosamente (o pagar a alguien para que los interprete por ellos) por la influencia que pudieran tener en sus vidas.
  • Hay gente que cree sinceramente que tiene algún tipo de conexión mental con alguno de sus parientes. Normalmente este curioso mecanismo sale a la luz cuando ocurre alguna desgracia en la familia, que afirman “percibir” antes de que se produzca: intuir una llamada telefónica, o soñar con la desgracia. Algunos también dicen hablar con su abuela muerta hace años (esto no me parece tan raro… lo raro es que la abuela les conteste).
  • Muchísima gente considera que ciertos encuentros fortuitos no son por casualidad, que hay un sentido profundo y desconocido cuando confluyen en su vida una serie de hechos que son improbables.
  • Hay gente, mucha gente, que asegura que está más que probado que los días de luna llena nacen más bebés. Esto se lo oiréis decir incluso a muchas enfermeras (no me extrañaría que también a algún médico). No importa que haya numerosos estudios que no hayan encontrado ninguna relación entre fases de la luna y nacimientos: incluso (me cuentan que) algunos hospitales refuerzan los turnos de las maternidades que coinciden con días de luna llena.
  • Hay gente que cree que sólo es cuestión de tiempo que ganen un gran premio jugando a la lotería / quiniela / bonoloto / ONCE / etc. Porque “ellos se lo merecen”, porque “nunca les ha sonreído la suerte y a ellos ya les toca”. O que apuestan al mismo número, porque “en algún momento tiene que salir”. También hay gente, muy formada y muy culta, que si les das a elegir entre dos números de lotería como el 00001 y, digamos, el 73418, nunca optarían por el primero.
  • Hay gente que piensa que viajar en avión es muy peligroso. Sin embargo, cogen su coche y se lanzan alegremente a la carretera todos los fines de semana, algunos incluso sin abrocharse el cinturón de seguridad.
  • Hay gente que piensa que las posibilidades de sufrir un ataque terrorista son muy altas. Y que las posibilidades de ser contagiado de SIDA por dar la mano o compartir habitación o baño con un contagiado también son muy altas. Sin embargo, oímos a menudo que el Cambio Climático es algo que se han inventado un grupo de científicos, y también que “el Darwin ése” estaba chalado cuando “dijo que el hombre venía del mono”.
  • Etc.
Posibles explicaciones de la tendencia a la pseudociencia y a la irracionalidad
No todos los ejemplos anteriores son de la misma naturaleza, y el sesgo cognitivo que implican no responde a las mismas causas. Examinemos someramente algunas de las causas de la tendencia a la irracionalidad, al pensamiento acientífico y a la pseudociencia:
  • Problemas para calcular o al menos estimar probabilidades, y en general en el manejo de los números y las magnitudes. Este es un problema esencialmente de formación, pero no sólo de formación, pues conozco gente muy capaz de manejar los números con rigurosidad en el trabajo y algunos aspectos de su vida, y sin embargo no se libran de un comportamiento bastante irracional por ejemplo con la lotería y las apuestas, o estimando los riesgos.
Sobre esta cuestión, los medios de comunicación suelen tener un comportamiento nefasto, ya que son capaces de cometer las peores tropelías imaginables con los números, como José Luis Ferreira nos hace notar a menudo.
  • Tendencia creciente a descubrir coincidencias e improbabilidades, llevando a la gente a postular conexiones, relaciones y fuerzas donde sólo hay coincidencias… sobre todo en una sociedad cada vez más interconectada en un mundo de complejidad creciente. Este fenómeno se encuadraría también en la dificultad de manejar la probabilidad y entender el importante papel que el azar juega en nuestras vidas.
  • Gusto por lo raro. Las rarezas llaman más la atención que lo considerado normal. Una vez más, aquí los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad. La atención a gente como Niño Becerra, o los reportajes sobre prácticas médicas no ortodoxas (homeopatía, curanderismo variado…) reflejan este hecho. En palabras del matemático John Allen Paulos:
“esta predilección de los medios de comunicación de masas por los reportajes espectacularmente dramáticos favorece, de un modo directo, a los extremismos políticos e incluso a la pseudociencia. Como los políticos y científicos marginales son generalmente más fascinantes que los de la línea principal, atraen una porción desproporcionada de la publicidad, con lo que parecen más importantes y representativos de lo que son en realidad”

Dicho sea de paso éste fenómeno se ha multiplicado, y además es muy visible, en internet y en el mundo de los blogs.
  • Cierto gusto por el “romanticismo” y la emoción del “relato frente a la hoguera”: agitar los fantasmas del miedo a lo desconocido.
  • Sentido crítico muy poco desarrollado. Poco cuestionamiento de lo que hemos aprendido de nuestros padres o de lo que todo el mundo cree. En definitiva, una tendencia muy arraigada a “moverse con la manada”, que ofrece más seguridad.
Sobre estos dos últimos puntos, que me parecen muy importantes, hablaré más detenidamente en el siguiente apartado.

¿Es necesario tener formación científica para pensar como un científico?
“Hacer ciencia” no está al alcance de todo el mundo, pues conlleva unas considerables dotes de disciplina mental, una importante formación y también unas capacidades que no todos tenemos. Sin embargo, “pensar como un científico”, al menos hasta cierto punto, creo que está al alcance de cualquiera.

“Pensar como un científico” implica, para empezar, tener una cierta idea de lo que significa el método científico, para lo que sirve y para lo que no sirve. No se trata de aplicar el método científico literalmente a nuestra vida cotidiana: esto no sólo no es necesario en la mayoría de las situaciones, sino que tampoco sería posible. Pero lo que sí nos servirá en nuestra vida cotidiana es saber que el hombre tiene un método para describir el mundo en el que vive, un método para acercarse a “la verdad” (sin entrar en disquisiciones filosóficas sobre la palabra), que supone, de momento, un considerable éxito, y que exige, por lo menos, el razonamiento lógico, el contraste de las hipótesis con la realidad, la replicabilidad de los experimentos y de los resultados, la coherencia entre la explicación que le damos a un fenómeno y lo que ya se sabe de otros fenómenos relacionados con él, etc.

Someter una creencia, o la explicación que recibimos de alguien sobre un determinado fenómeno, o una determinada información periodística… a una reflexión en la que examinemos someramente si la cosa tiene pinta de haber pasado por los filtros que comento en el párrafo anterior, es un ejercicio mental imprescindible para cualquiera que no desee ser engañado o sometido a los designios, a veces nada inocentes, del interlocutor. Posiblemente esto no basta, pero es lo mínimo exigible. Y sin olvidar, además, algo de lo que ya nos alertaba Carl Sagan:

“Para afirmaciones extraordinarias se requieren evidencias extraordinarias”

Este ejercicio mental no es sencillo. Para empezar, no es algo que nos salga de modo natural: el razonamiento lógico, el pensamiento científico y crítico exige un esfuerzo deliberado, pues nuestra tendencia natural es más bien a buscar explicaciones fáciles y rápidas a los fenómenos, ya que es lo que nuestro cerebro necesitó en su momento para hacernos reaccionar rápido y probablemente salvar así nuestra vida. También poseemos una tendencia a la narración: a aprender de otros escuchando sus historias, y a contarnos historias a nosotros mismos. Ya hablé en el apartado anterior del gusto por la “narración a la luz de la hoguera” y a moverse junto a la masa, buscando la seguridad de la manada. Como ya expresó poéticamente Lord Dunsany:

“El hombre es una cosa muy pequeña, y la noche es grande y llena de prodigios.”

Necesitamos un manto de seguridad, un agarradero mental para caminar por un mundo, a menudo incomprensible, sin tambalearnos. Sin embargo, desde la llegada de la ciencia moderna, al menos el mundo natural es un poco menos oscuro, un poco menos aterrador: desde luego no lo sabemos todo, y con cada nuevo conocimiento surgen unas pocas respuestas y miles de nuevas preguntas. Pero al menos sabemos que tenemos un arma con el que enfrentarnos a él e ir desentrañando poco a poco sus misterios.

A pesar de ello, muchísima gente no es capaz de vivir sin disponer de algunas “certezas” consoladoras que le permitan enfrentarse al mundo con una batería de “respuestas”: poco importa si estas respuestas, estas certezas, apenas explican nada o son incoherentes entre ellas o literalmente son absurdas.

Esto es lo que ofrece la religión y sus diversas cosmogonías, las creencias más diversas en dioses y demonios, pero también la creencia en que la posición de los astros influye en nuestras vidas, la creencia en el destino, en la vida eterna y en todo tipo de artificios y explicaciones extrañas de fenómenos, cuya función principal es evitar a nuestra mente tener que enfrentarse a la incertidumbre, a la constatación del importante papel que el azar y la contingencia tiene en nuestras vidas, a la posible carencia de un “sentido” en nuestra existencia…

“Examinad fragmentos de pseudociencia y encontraréis un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre!¡Inseguridad!”
Isaac Asimov

¿Hay algún remedio para el pensamiento acientífico?

Como para tantas otras cosas, la educación que uno recibe, ya desde niño, es fundamental. Sobre todo que los maestros inculquen a los niños el gusto por las matemáticas y les inciten a experimentar y descubrir por sí mismos. Esto es una carencia tradicional de las escuelas, al menos en el mundo occidental: no es concebible que una persona “culta” y “educada” sepa mucho de literatura, de historia, de arte y de filosofía (siendo como son conocimientos necesarios) y sea a la vez un analfabeto matemático.

Pero si la educación es muy importante, la práctica cotidiana de nuestras personas-modelo es mucho más importante: de nada servirá que las instituciones educativas fomenten el pensamiento científico si después observamos comportamientos anticientíficos e irracionales en nuestros padres, en nuestros profesores, en el médico que nos atiende, el periódico que leemos… incluso en el blog al que estamos enganchados.

No sé cuál es la respuesta correcta a la pregunta de este párrafo. Pero puedo contar mi experiencia personal. Lo que generó en mi un gusto por la ciencia, desde pequeño, fueron programas de TV como “Los Sabios": un concurso basado en preguntas sobre algún tema científico o técnico durante el cual se emitía un pequeño reportaje de dibujos animados, sencillo y entretenido para cualquiera, donde se explicaban conceptos como la electricidad, el magnetismo, el teléfono, la radio, la hidrostática… Y cómo no, la serie de divulgación “Cosmos”, con su puntito especulativo y la narración sugerente de Carl Sagan. Luego, ya en la adolescencia, la revista Muy Interesante hizo su contribución en el paso hacia lecturas de divulgación más serias y rigurosas: Asimov, Carl Sagan, John Gribbin, Richard Feynman… El propio Einstein defendía la importancia de las obras de divulgación científica a la hora de despertar el interés y la fascinación por la ciencia, no sólo de los jóvenes científicos, sino de cualquier espíritu medianamente inquieto.

Hoy en día en las distintas cadenas de TV, más numerosas que entonces, ¿se puede ver algo parecido?: la programación dedicada a la ciencia es un desierto, salvo honrosas excepciones, aunque claramente para adultos, como el programa “Redes” de Eduard Punset.

¿Es el mundo menos apasionante sin fantasmas, telepatía, posesiones diabólicas y sueños premonitorios…?

Una de las opiniones más extendidas entre los aversos a la ciencia es que el razonamiento científico es mecánico y frío, no deja sitio para los sentimientos y las pasiones, quita belleza y romanticismo al mundo y de alguna manera nos deshumaniza.

Puedo entender que alguien dijera que renunciar a la religión, el arte, la moral u otras manifestaciones culturales, las historias y los mitos, la especulación social o existencial… nos deshumaniza. Pero no hay nada en el método científico (tan limitado, en realidad) y en la práctica de la ciencia que imponga como condición la renuncia a unos valores que sencillamente están en otro plano. Condición que sería en cualquier caso imposible dada nuestra naturaleza humana. Para desmontar esta falacia, así como algunas otras referidas a la ciencia, de forma brillante y profunda, recomiendo la lectura del siguiente miniensayo de Jesús Zamora Bonilla: “El Neopositivismo es un Humanismo”

Quien piense que nuestro mundo, visto a través de las gafas que proporciona la ciencia, no es apasionante, es que no se ha parado a pensarlo detenidamente. Y si no, decidme:
  • ¿No es apasionante describir el movimiento de los planetas con un puñado de reglas matemáticas sencillas y ser capaces con ellas (y un poco de ingeniería) de poner un hombre en la Luna?
  • ¿No es fascinante haber descubierto y dominado la energía del núcleo atómico, y haberla puesto al servicio de nuestras necesidades de forma eficiente y segura?
  • Nuestros antepasados ya sabían navegar en contra del viento con la ayuda de un trapo, pero hasta que entendimos de verdad el efecto-vela no desarrollamos la navegación y la aeronáutica hasta los niveles que disfrutamos ahora…
  • ¿No es fascinante descubrir que los árboles disponen de estructuras pretensadas en sus troncos para resistir la fuerza del viento, mucho antes de que los constructores de puentes descubrieran las ventajas de pretensar el hormigón para aumentar la resistencia?
  • Y hablando de puentes, ¿no es dramático descubrir por qué uno que no tenga suficiente resistencia a la torsión puede ser derribado de forma espectacular por una ligera brisa persistente? ¿Y por qué un muro se viene abajo si le fallan los cimientos mientras que un puente de arcos no lo hace?
  • ¿No es fascinante haber roto la “ilusión determinista” del mundo con la llegada de la Mecánica Cuántica y los Sistemas Caóticos? ¿Cómo es posible que una partícula subatómica lanzada contra dos rendijas sea capaz de pasar por las dos a la vez? ¿Por qué no somos capaces de predecir el comportamiento de un sistema caótico a medio plazo (meteorología) y sin embargo sí descubrimos comportamientos predecibles a muy largo plazo (climatología)?
  • ¿Cómo es que la geometría fractal puede aplicarse para modelizar el comportamiento sísmico de una región, las crecidas del Nilo y también el comportamiento de la Bolsa…?
  • ¿No es apasionante entender la verdadera influencia de la Luna sobre nuestro mundo, que no es en el nacimiento de los niños, sino en las mareas? Algo tan difícil de explicar y de entender, a pesar de ser un resultado de las leyes de gravitación de Newton, como por qué hay 4 mareas al día en la Tierra, y de tanta belleza estética en muchos lugares y tanta importancia práctica para los habitantes de las costas…
Sé que me dejo muchos temas: la nanotecnología, los superconductores, los ecosistemas, la vida y la evolución… Con todos estos “misterios” a nuestro alrededor, ¿quién necesita fantasmas, horóscopos y demonios?

Pero me temo que los que utilizamos este mecanismo de pensamiento seguimos siendo “los bichos raros”… mientras esto sea así, este será un mundo acientífico.

Referencias:
“El mundo y sus demonios”. Carl Sagan
“El hombre anumérico”. John Allen Paulos
“El placer de descubrir”. Richard Feynman

17/2/10

Una de magufos

A estas alturas debería estar claro que la capacidad de predicción de la Economía es muy limitada, de hecho es uno de los puntos débiles de la disciplina, uno de los asuntos en los que más se tiene que trabajar para mejorar.


Esto lo reconoce cualquier economista serio, que suele manifestar una prudencia considerable cuando de su discurso se puede desprender algún tipo de predicción para el futuro: me gustaría citar elogiosamente a este respecto, el blog “Nada es gratis”, de FEDEA, cuyos redactores suelen, en general, poner muchas comillas y “disclaimers” cuando en alguna entrada se atreven a hacer una predicción.

Por eso no puedo dejar de lamentar la publicación ayer en El País de éste artículo de Santiago Niño Becerra, no sólo por el contenido del artículo, reflejo de los particulares métodos de hacer “futurología” del autor, sino por la constatación de la cada vez menos exigente selección de artículos y colaboradores de la “prensa de referencia”.

En la situación de crisis extraordinaria que estamos viviendo, que para la mayoría de los ciudadanos es sinónimo de desconcierto e incertidumbre por el futuro, cuando no de angustia en caso de estar en paro o con sus finanzas seriamente dañadas, lo mínimo que se le debe exigir a los columnistas que tratan los temas económicos es un mínimo de rigor. Y si ellos no lo tienen (ya sé que es mucho pedir), al menos deberían tener ese rigor los medios que nos informan y que se consideran serios, como El País. Hubiera entendido que la tribuna de Niño Becerra apareciera en la sección de “Gente”, como una curiosidad, pero no en la sección de Economía o en la de Opinión de un periódico que se precie.

Porque Niño Becerra, además de economista, al parecer es astrólogo, y ya se sabe que cuando uno puede extraer sus “conclusiones económicas” de una carta astral, para qué va a perder el tiempo en farragosos y complicados análisis económicos.

Fijáos que aquí lo importante no es lo que Niño Becerra dice en el artículo: algunas de las cosas que dice tienen sentido, y del mismo modo podría acertar en alguna de sus predicciones: no es ésa la cuestión. La cuestión es que esto es un asunto serio, la situación no es para tomársela a broma, y no se trata de hacer como los rappeles de turno, que aseguran una semana antes de la lotería de Navidad que ellos tienen el número ganador… luego, si aciertan (no se ha dado el caso) se cubren de gloria, y si no, ¿quién se acuerda de ellos?. Todo el artículo de Niño Becerra destila el mismo tipo de futurología.

Sólo me queda preguntarme a qué coño dedican su tiempo los responsables de selección artículos de opinión de El País. Porque el artículo de Niño Becerra sólo puede ser catalogado en un apartado: el de la irrelevancia informativa.

Actualización 1: Aquí, una entrada de José Luis Ferreira en el mismo sentido.

30/9/09

Algunas notas epistemológicas: Nassim Taleb, la economía académica y el advenimiento de las crisis…

I.- Un posicionamiento de partida: nuestro entorno social es complejo, sometido a una incertidumbre fundamental que no es fácil de modelizar.

Mis dos recientes entradas sobre el estado de la Macroeconomía (más bien, enlaces a otros blogs que hablan sobre el tema), así como alguno de los comentarios recibidos, me han decidido a meterme de cabeza en un charco y escribir unas líneas sobre epistemología de la ciencia económica (si bien mi pensamiento sobre el tema está “on going” desde hace un tiempo…). Como no me considero especialmente dotado para ello, usaré varias ideas de un libro que me ha servido de lectura de verano, “El Cisne Negro”, de Nassim N. Taleb, del que hago en esta entrada una pequeña revisión muy personal, describiendo lo que me gusta y lo que no me gusta de las ideas que contiene.

Dadas las actuales circunstancias (debacle económica más o menos repentina), el libro se ha puesto muy de moda, ya que trata precisamente de dichos acontecimientos sociales inesperados (=cisnes negros).

Es una lectura que he podido disfrutar y padecer… Disfrutar, porque presenta varias ideas interesantes, que han demostrado su pertinencia después de la actual crisis, y que particularmente me interesan mucho. Padecer, porque el libro es excesivamente largo y repetitivo, el estilo del autor es confuso en el fondo y antipático en las formas, y porque las batallas personales del autor así como algunas conclusiones un tanto excesivas de su “filosofía” me llevaron al enfado en algunos momentos. Para leer una reseña muy buena del libro, podéis pinchar éste enlace .

Nassim Taleb trabajó de “quant” especializado en derivados para varias firmas punteras de Wall Street. En el crack bursátil de 1987, vio como muchos compañeros arruinaban a sus clientes y perdían su trabajo, mientras él, utilizando sus particulares métodos, se enriquecía lo suficiente como para retirarse y dedicarse a escribir libros y explicar su filosofía.

Ante todo hay que decir que el libro es un libelo . No tengo nada en contra, pero a un libelo se le debe exigir que sea breve. Este libro no lo es. Taleb mezcla sus teorías con ataques furibundos a varios grupos:

• La economía académica. Particularmente la aplicación de modelos matemáticos para describir la realidad, que él particulariza en los trabajos de Samuelson, Friedman, Arrow, Debreu…
• El banco sueco que concede los Nobel de Economía, que Taleb aboga por suprimir.
• Los padres del análisis cuantitativo en finanzas (Markowitz, Merton, Scholes…)
• Los estadísticos.
• … y algún otro que se me olvida, siempre ligado a algún tipo de establishment.

Y son ataques destemplados, a menudo ad-hominem. Uno tiene que hacer un esfuerzo para esquivar la ensalada de palos y entresacar las ideas de Taleb, que yo resumo a continuación:

1) Vivimos en dos mundos diferentes:
En uno de ellos (Mediocristán, en la terminología de Taleb), las relaciones son lineales (vamos, que funciona la regla de tres simple…), se puede extrapolar y predecir, los fenómenos quedan bien descritos por la curva de la campana (de Gauss), son de aplicación modelos matemáticos y estadísticos convencionales, funciona el “azar de casino”, esto es, son de aplicación las leyes conocidas de la probabilidad, no ocurren acontecimientos imprevistos y/o catastróficos…
En el otro (Extremistán), no aplica la linealidad, los fenómenos no responden a la campana de Gauss, es un mundo complejo, caótico, supone un nivel o capa de incertidumbre adicional a las conocidas leyes del azar, es impredecible por definición, y por tanto propenso a cisnes negros (=acontecimientos de probabilidad imposible de calcular, aunque se les supone muy improbables, pero de impacto trascendental).

2) Existe un grave riesgo de aplicar las leyes del primero al segundo de los mundos, particularmente en el mundillo de la bolsa y las finanzas.

3) El objeto de estudio de las ciencias sociales está en Extremistán. La Economía (y en menor medida la Sociología) se han empeñado en creer que el objeto de su estudio está en Mediocristán.

4) Esto no se hace sólo por error o desconocimiento, sino que a menudo es deliberado (Taleb culpa de ello a los economistas académicos y al comité Nobel), y no sólo produce una disciplina cuya acumulación de conocimiento es irrelevante, sino que a menudo conduce a la catástrofe.

Estos puntos le hacen a Taleb simpatizar con corrientes económicas fuera de la ortodoxia, como los post-keynesianos (Paul Davidson, Hyman Minsky... aunque Taleb cita a algún otro) o la economía austríaca de Hayek. Ya comentaré en el apartado IV de mi escrito lo chusco que esto me parece…

En la última parte del libro, Taleb nos introduce, aunque muy por encima, la “aleatoriedad mandelbrotiana” (por el matemático Benôit Mandelbrot, creador de los “objetos fractales”) como el mecanismo adecuado para entender y tratar ese “segundo nivel de incertidumbre” no tratable mediante las leyes habituales de la probabilidad. Esta es la parte en mi opinión que presenta un mayor recorrido y sobre la que merece la pena indagar un poco más (hoy por hoy sigue siendo un campo abierto de investigación matemática), pero aquí Taleb decepciona, porque no profundiza en la aplicación de los objetos fractales a la incertidumbre y a las finanzas y apenas ofrece nociones muy superficiales de por dónde pueden ir los tiros.

II.- Influencia del trabajo de Kanehman y Tversky

En definitiva, Taleb se autodefine como un empirista-escéptico, y nos alerta sobre la excesiva tendencia humana a teorizar, a la narración, a buscar causas en todos los fenómenos (particularmente después de que hayan ocurrido, aunque no pudieran ser previstos), a la excesiva confianza en la información histórica (series temporales de datos, pero también en la Historia con mayúsculas), a la tendencia a crear modelos mentales (y plasmarlos en modelos matemáticos…), y la dificultad que tenemos, probablemente favorecida por la selección natural, a mensurar las probabilidades de los fenómenos (somos mejores “haciendo cosas” que “comprendiendo nuestro entorno”).

En esto se basa en los trabajos pioneros de Kanehman y Tversky sobre el comportamiento humano y la toma de decisiones en entornos complejos, que llevó al primero a recibir un Nobel de Economía a pesar de ser psicólogo, debido a que pusieron los cimientos de la llamada “economía del comportamiento” que, primero fue ignorada por los economistas, luego empezó a atraer a algunos (ver, por ejemplo, el éxito del libro “Animal Spirits” de Akerlof y Shiller sobre las burbujas) y que después de la actual crisis ha recibido un buen espaldarazo.

Como empirista-escéptico, Taleb aboga en las ciencias sociales por el empirismo puro y duro y la metodología de prueba y error, en contra de un cuerpo de conocimientos consensuado y mantenido por un mainstream académico. Pone el ejemplo de la medicina medieval, donde la “medicina oficial” mataba mucho más que las propias enfermedades, y donde los únicos que salvaban vidas eran al parecer un pequeño grupo de médicos empiristas, que aplicaban a sus pacientes sólo los métodos que habían comprobado que funcionaban.

III.- Sympathy for the devil…

Cualquiera que haya leído mis anteriores entradas sobre economía, o los debates con Citoyen, sabrá que defiendo la idea de que la economía y el resto de ciencias sociales tienen muy difícil la aplicación del método científico en toda su extensión y, en los casos en que sí pueden aplicarlo, a menudo lo hacen sin el suficiente rigor, tomando atajos o, en lo que se refiere al uso de las matemáticas, tomando la modelización matemática como garantía de “cientificidad”.

Por lo tanto, es lógico que sienta simpatía por muchas de las ideas de Taleb, y considere esencialmente acertados muchos de los aspectos que defiende, por ejemplo:

• La existencia de “Extremistán”, un mundo que no se rige por las meras reglas de la probabilidad, un mundo complejo, incierto y a menudo impredecible.

• La dudosa utilización que el mainstream macroeconómico hace de los modelos teóricos, perfectamente construidos formalmente, pero que fallan en las premisas de partida y, por lo tanto, de dudosa utilidad práctica (se guían por criterios de belleza formal y no por criterios de utilidad). Entresaco un pasaje de este enlace (donde se describe duramente el proceso de construcción del establishment económico), que resume esta postura:

“The presuppositions could be as implausible as the economist wished, the “hard core” was invulnerable to criticism, and no realism was required, as long as the modeling was sophisticated.”

• Lo engañosa y peligrosa que puede ser la falsa seguridad en el manejo de la incertidumbre, la ilusión de control sobre los riesgos.

• Esa especie de obsesión de la Economía, que yo achaco a un cierto complejo de inferioridad, de diferenciarse del resto de ciencias sociales y parecerse a las ciencias duras, como la Física, eligiendo para ello exclusivamente el camino de la matematización, en lo que a menudo no resulta más que en una “apariencia de ciencia”. Os adjunto unos pasajes de una profunda entrevista a Bill Janeway, economista y director de una firma de inversión de Wall Street, que son muy ilustrativos:

"The IRA: But doesn't this certainty about the ability of science and mathematics to reveal truth go back to WWII and the Whiz Kids of McNamara's Pentagon? Then we see the emergence of physics as the real leader of 20th Century scientific research. Finally, in the latter decades of the century physics is applied to finance.
Janeway: Yes, but here is the problem. Real scientists tend to be much more skeptical about their data and their models, and thus tend to be critical empiricists. We can blame the crisis on failed physicists; they had all of the math but none of the instincts of good scientists that would enable them to be good physicists."


• El agudo y profundo rechazo, tanto psicológico como social, que las personas sentimos a decir “no lo sé”.

• La tendencia humana a sobrestimar las probabilidades de ciertos acontecimientos, como los ataques terroristas, un accidente de avión, ganar a la lotería… mientras que subestimamos insensatamente otros que tienen más probabilidades de suceder (aunque no es posible calcular dicha probabilidad), como un crack bursátil, que el gestor de nuestra cartera de valores la pifie, que nos quedemos sin trabajo o que el precio de nuestra vivienda se desplome.

• Que el mundo de la bolsa y las finanzas es un campo de juego donde se ponen especialmente de manifiesto todos estos problemas, con resultados a menudo catastróficos.

IV.- … ma non troppo

A pesar de lo anterior, hay puntos en mi opinión en los que Taleb se pasa de frenada, mezcla churras con merinas y se enreda en una ensalada mental o, si él no la tiene, te la termina provocando a ti.

No voy ni a mencionar algunas insinuaciones de Taleb en las que pretende extender su filosofía a las ciencias naturales, aunque lo hace con la boca pequeña, porque creo que ahí saca los pies del tiesto. Lo que sí está claro es su convencimiento de que la única manera de adquirir conocimiento en las ciencias sociales es mediante el empirismo escéptico, el método prueba-error y la aplicación práctica de únicamente “lo que funciona”.

El empirismo-escéptico probablemente es una buena guía de actuación para un quant de Wall-Street, pero a mi me parece una especie de aceptación de la derrota sobre el conocimiento, una renuncia a intentar lograr un conocimiento superior sobre cualquier disciplina, cosa a la que (yo al menos) no quiero renunciar tampoco en lo que respecta a las ciencias sociales.

Puede que en el estado de conocimientos de la medicina medieval el método de prueba y error funcionara, o puede que el auténtico estado de conocimiento actual de la Economía sea equivalente al de la medicina medieval (al menos Taleb así lo piensa), pero desde luego la medicina no ha alcanzado el nivel que tiene ahora exclusivamente con dicho método: la guía de una buena teoría sigue siendo necesaria para afianzar el conocimiento, y en cualquier caso, creo que forma parte de nuestros procesos mentales la tendencia a teorizar y a tratar de entender el mundo a través de modelos y paradigmas. Como los propios Kanehman y Tverski descubrieron en sus experimentos, lo difícil es lo contrario, es decir, hay que hacer un esfuerzo para no teorizar, no buscar una causa y una estructura en cada acontecimiento observado.

No sé si tiene sentido discutir si esto es bueno, o malo como piensa Taleb: sencillamente es así como funciona nuestro cerebro. Una vez más, para mi la clave es el contraste empírico: es el verdadero filtro para cualquier teoría o modelo, y todas aquellas disciplinas que no disponen de un laboratorio y que tienen difícil el contraste empírico de sus modelos, no por ello deben renunciar a que la realidad, y sólo la realidad, es el verdadero juez del conocimiento que pretenden atesorar. Una vez en este punto, uno debe ser honesto y reconocer los límites de dicho conocimiento.

Uno de los puntos que se le pueden criticar a Taleb es la sensación que transmite de que los métodos estadísticos son erróneos per se. Ciertamente la Estadística se presta a la manipulación falaz de los datos y a la extracción de conclusiones sin fundamento, pero esto no es culpa de la Estadística ni de sus técnicas, sino de los que la aplican con desconocimiento (periodistas, políticos…) o con malas intenciones (políticos, economistas…)

Lo mismo se podría decir de la matematización: no es lo mismo los que inician el camino y elaboran las herramientas básicas que los que posteriormente (mal) aplican y extienden dicho paradigma. Por eso se podría considerar excesivo el “yo acuso” de Taleb hacia Samuelson, Arrow, Debreu, etc. como responsables de la deriva que nos ha llevado al actual colapso. Sobre este punto, no obstante, recurro otra vez a Bill Janeway, pues mi opinión es muy parecida a la suya:

"Janeway: Samuelson laid down a fundamental philosophical principle, namely that we have to apply to economics what is known as the ergodic principle from the natural sciences, which is the notion that the underlying processes are stationary, the results, the observables they generate arrive stochastically, seemingly randomly, but the distribution is stable over time. Without that principle, we cannot do "positive economics." Now, interestingly, Milton Friedman, the other philosophical father of financial economics, came together with Samuelson on this principle applied to the "real world." Friedman, in his essay on positive economics, says basically that we all know that the assumptions we are making are not true. This is not how people really are, perfectly rational, etc., etc. But Friedman proposed the "as if" principle, namely that we should do our work "as if" they were, as if people were rational.
[…]
The IRA: So we can blame the entire mess on Milton Friedman? Did he and Samuelson, two of the most towering figures in the economics profession, open the door to the biggest financial disaster in the history of the market economies?
Janeway: No, but those who followed their work clearly took it too far in terms of practical applications. We will see mathematical models applied to cases where we have inefficient markets, where we posit that people are reasonably rational, that they try to make good decision with inadequate data or incomplete models. I think that most people are rational or try to be, and that accordingly we should treat them as generally rational because they are doing the best that they can. And therefore, they will actually behave in ways that are described by people like John Maynard Keynes and Ben Graham.
[…]
Janeway: One of the great thinkers and great men of the last half of the 20th Century who, like Samuelson, is still alive, is Ken Arrow. The Arrow-Debreu general equilibrium mathematical construction was one of the precursors to the current mess. If only we had hung it up on the wall and contemplated it as an aesthetic object, and never led people down this terrible path towards trying to make it operational. This notion that "if" markets were complete and efficient; "if" we had the infinite array of contingent securities so that we could at one point in time hedge every possible event, we'd have complete closure, everything would close.
The IRA: It's called absolute zero in physics, the end of molecular motion. It implies the end of days and, thus, is hopefully only a theoretical possibility. That's why my partner Dennis Santiago and I prefer Minsky and scientific notions like entropy to describe market behavior.
Janeway: Exactly. Reaching general equilibrium implies that we have extracted ourselves from historical time and that we are frozen in stasis. We had done one trade that was good forever. And remember that the math is beautiful. The practical effect is catastrophic. And that is the catastrophe you are talking about. Because as we build layer upon layer of derivatives, what we were doing was pursuing Ken Arrow's challenge. These are not bad people, they have simply been chasing the impossible dream of completing the market and, going back to MacKenzie, chasing the legitimatory goal of making the world a more efficient place."


El último punto que me gustaría criticar del pensamiento de Taleb es su simpatía por escuelas económicas fuera del mainstream académico como el post-keynesianismo y la economía austríaca, sin importarle al parecer que no tengan mucho que ver la una con la otra. Parece que a Taleb le basta con que sean corrientes alternativas al pensamiento económico establecido y de algún modo estén enfrentadas al establishment y marginadas por éste, que acepten la complejidad del mundo y rechacen en mayor o menor medida la modelización matemática.

Particularmente, si hay algo opuesto al empirismo-escéptico que propugna Taleb es la escuela austríaca, basada en la “praxeología”, que es una especie de misticismo que se deriva de cuatro axiomas o principios originarios que se pueden aplicar a cualquier cosa (como el horóscopo) y que es, por lo tanto, una disciplina narrativa por excelencia. Se la puede tachar de ser una fe, una religión, una ideología… pero desde luego ni es empirista ni es escéptica: representa precisamente la “platonificación” a la que tanto se opone Taleb.

V.- Una nueva esperanza…

Llega el momento de preguntarnos: ¿y, entonces?, ¿cuál es la alternativa?

Me voy a permitir citar unas palabras de mi compañero de blog, Demócrito:

“En realidad la disyuntiva es sencilla: o existen pautas de conducta humana condicionadas por antecedentes cognoscibles o no. En el primer caso, es viable y necesaria la aplicación del método científico, por difícil, aproximativa y limitada que sea. Si no es así, entonces los fenómenos sociales son incognoscibles y no es posible afirmar nada sobre ellos, todo se reduciría a juicios de valor. […] ¿Cuál es la alternativa?"

Krugman y otros daban algunas claves de por dónde pueden ir los tiros en la futura macroeconomía, aunque, como hemos visto en los enlaces de mi anterior entrada se dista mucho de un consenso.

Quien haya tenido la paciencia de leerme hasta aquí, creo que se merece que esboce al menos qué es lo que yo creo:

• Abandonar la “ilusión cientificista” de la Economía basada en modelos matemáticos “platónicos”, alejados de la realidad. Esto no implica renunciar a las matemáticas como herramienta, pero como dice Krugman, “as our servant, not our master”

• Ser muy consciente de las limitaciones de los modelos, y de lo restrictivo de sus hipótesis de partida. Particularmente en su aplicación directa a los casos reales. En palabras de Feynman, “hacer todo el trabajo” del método científico, sin atajos, particularmente ser más riguroso con la “revisión por pares” y, en la medida de lo posible, el contraste empírico. [Digresión: recordar que una disciplina como la Mecánica Cuántica, que es extraña, anti-intuitiva y está basada en postulados, funciona como teoría porque cumple con el proceso:

Axiomática (postulados) → estructura algebraica (hubo que inventar las matemáticas) → contraste empírico... (si no cumple, se vuelve al primer paso y se cambian los postulados).

• Mayor disposición a modificar / descartar los modelos cuando éstos no son útiles (criterio de utilidad). Des-ideologizar la Economía: curiosamente, la elevada tecnificación y recurso a las matemáticas no ha servido para ello, lo que demuestra que la herramienta no es garantía de nada.

• Mayor humildad entre los economistas y mayor permeabilidad a otras ramas del conocimiento (a veces parece que los economistas sólo leen a economistas y que sólo se citan entre ellos de forma circular).

• Necesidad de incorporar a los modelos elementos de complejidad e imperfección (“animal spirits”, economía del comportamiento…)

• Más y mejores estudios empíricos: a menudo los estudios empíricos en ciencias sociales, que involucran mucha manipulación estadística, se prestan a sacar conclusiones precipitadas o falaces: hoy por hoy no gozan de mucho prestigio. Tan mala ciencia es el exceso de racionalismo como el mal empirismo.

• ¿…? (aquí el lector puede incluir sus propias reflexiones, que serán bien recibidas en comentarios)

No quiero terminar esta extensa nota sin recordar de nuevo que lo que más me interesa investigar en todo esto (a un nivel amateur, divulgativo…) son las ideas del matemático Benôit Mandelbrot y de qué manera pueden cuestionar la actual formulación de la Economía. Prometo leer sobre ello y venir aquí a comentarlo.

Para los auténticamente masokas, dejo un par de enlaces de gente importante donde también hablan del tema de mi escrito (son divulgativos, no temáis):

Daniel Cloud: “Capitalismo Científico”
Dany Rodrik: “Que los escépticos de las finanzas tomen el control”
Robert Skidelsky: “La traición de los economistas”
Robert Skidelsky: “Risky risk Management”

ACTUALIZACIÓN 1: Una interesante discusión sobre el Value at Risk y la seducción de los modelos.
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15/9/09

Réquiem por (algunas ideas de...) Paul Samuelson


¿Por qué me resulta tan decepcionante este artículo de Paul Samuelson?
¿Por qué me causa tanta zozobra?

Quizá porque, a diferencia de lo que hace Krugman en este otro, donde da cuenta del desastroso estado de la Macroeconomía en este 2009, el año post-debacle, y apunta tímidamente dónde pueden estar los problemas de la visión económica al uso... Samuelson se siente en la necesidad de echar balones fuera y morir matando.

Y no asumir ninguna responsabilidad en la construcción intelectual de dicho armazón económico al uso. Sólo se permite este escueto párrafo, un tanto confuso entre el resto de ataques del artículo:

"Puede que yo y otros compañeros del MIT de Chicago, de Wharton, Penn y otras universidades, lo pasemos mal cuando nos enfrentemos a san Pedro en las puertas del cielo."

¿Cómo se puede despachar un asunto tan espinoso, tan en boga, y en realidad tan apasionante, como es la utilización de fórmulas y modelos matemáticos que "mágicamente" ponen precio y proporcionan un valor medible al riesgo de los derivados financieros y las carteras de valores, con esta frase:
"(...)directores generales desde Nueva York hasta California. Ninguno de ellos entendió nunca nada de las fórmulas de Black, Scholes y Merton para valorar activos."

O sea, que como él mismo dijo de Alan Greenspan, y como criticamos desde este blog, todo se debe a la avaricia de los banqueros y los gestores de Wall Street...

Qué decepción, señor Samuelson. Claro, que tiene que ser muy duro admitir en la vejez que quizá, sólo quizá, parte de lo construido durante una vida (y bien regado con premios y con prestigio), pueda tener menos enjundia de la que uno creía. Que detrás de tanta "ciencia" había mucho de apariencia.

¿No hubiera sido el momento de reconocer, como Krugman esboza en su artículo, que a lo mejor hay que repensar la disciplina y dotarla de nuevos enfoques y nuevas herramientas? ¿Que el "sueño matemático" se ha acabado, hasta cierto punto?¿Que la Economía no es, ni puede ser, ni tiene por qué ser, como la Física?

ACTUALIZACIÓN1: ¿Adaptar los modelos a la realidad o la realidad a los modelos? Un poco más sobre el tema, aquí...

ACTUALIZACIÓN 2: Y con más profundidad, este grandioso artículo de Eichengreen... merece la pena leerlo entero.

ACTUALIZACIÓN 3: La aportación de Robert Shiller, aunque ésta la esperaba... al fin y al cabo, es uno de los pocos economistas que puede reivindicarse en las actuales circunstancias...
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9/12/08

El culto a los expertos (I): la pedagogía

Al hilo de dos recientes entradas de Jesús Zamora y Geógrafo Subjetivo comentando el artículo de El País "La estafa de enseñar a enseñar", no me resisto a compartir con vosotros el siguiente texto de Richard Feynman (Premio Nobel de física y lo más parecido para mi a un héroe personal) sobre la ciencia y la educación:

"[...] En la enseñanza en especial ustedes deben distinguir la propia ciencia de las formas o los procedimientos que se suelen utilizar en el desarrollo de la ciencia. [...] Es posible seguir las formas y llamar a eso ciencia, pero es pseudociencia. De esta manera todos sufrimos el tipo de tiranía que hoy se da en las grandes instituciones que han caído bajo la influencia de consejeros pseudocientíficos.
Por ejemplo, tenemos muchos estudios sobre didáctica en los que la gente hace observaciones y se hacen listas y estadísticas, pero esto no se convierte luego en ciencia establecida, en conocimiento establecido. Son simplemente una forma imitativa de la ciencia. Es parecido a lo que sucede con los habitantes de las islas de los Mares del Sur, que construyen aeropuertos, torres de radio, todo ello hecho de madera, esperando así que llegue un gran avión. Incluso construyen aviones de madera de la misma forma que los que ven en los aeropuertos de los extranjeros que viven a su alrededor, pero, de forma extraña, esos aviones no vuelan. El resultado de esta imitación pseudocientífica es producir expertos. [... ] Ustedes, profesores que están realmente enseñando a los niños en el nivel inferior, quizá puedan dudar de los expertos de vez en cuando. Aprendan de la ciencia que ustedes deben dudar de los expertos".
El texto es parte de una conferencia que Feynman dirigió ¡¡en abril de 1966!! a la Asociación Nacional de Profesores de Ciencias, en EEUU. Como en otras ocasiones, Feynman ponía en duda los estudios sobre los métodos de educación ya en esa época. Decía que si tratáramos de averiguar si hay una forma de enseñar, digamos, aritmética, mejor que cualquier otra, descubriríamos que había y sigue habiendo una enorme cantidad de estudios y de estadística, pero todos son inconexos y son mezcla de anécdotas, experimentos no controlados y experimentos muy poco controlados, de modo que hay muy poca información resultante.
En eso y en el culto a los "expertos", parece que no hemos avanzado mucho.