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16/9/11

Ha muerto Walter Bonatti

"La montaña no es como los hombres. La montaña es sincera"

Se ha ido uno de los grandes del alpinismo. De todas las historias épicas de los pioneros de las montañas, la de Bonatti es la más triste, o la más indignante, según se mire.

Esta vez, sin embargo, el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. A mis lectores interesados en montañismo les dejo este enlace (con video incluido donde se ve cómo escalaba este tío), y recomiendo fervientemente éste resumen de su vida y de la polémica que la marcó.

Descanse en paz.

15/6/10

La lucha femenina por los 14 ochomiles

Durante los últimos meses ha sido noticia en el mundo del montañismo hispano la lucha que venían manteniendo la española Edurne Pasaban y la coreana Oh Eun Sun por ser la primera mujer que corona los 14 ochomiles, lucha que parece haber ganado la coreana con su reciente ascenso al Annapurna, a pesar de las dudas que existen sobre si de verdad llegó en su momento a la cima del Kachenjunga o realmente no llegó a coronar.

Mis amigos montañeros han seguido la competición con mucho interés, incluso con patriotismo, poniendo en duda el éxito de Miss Oh con mayor pasión si cabe de lo que ya lo hace el entorno de Edurne y algunos medios de comunicación, sobre todo españoles. Causa risa la manera de dar la noticia de La Sexta al día siguiente de la cumbre de Miss Oh, tratando de desprestigiar a la coreana porque “lleva un equipo de más de 20 colaboradores que le hacen el trabajo” y “todo el despliegue de la televisión coreana”… como si Edurne no llevara con ella a un grupo de élite del montañismo español y todo el respaldo de TVE a través de su programa Al Filo de lo Imposible.

Mi interés como montañero por la “carrera” ha sido escaso: la verdad es que me importa muy poco si es Edurne, Miss Oh o paquita la del barrio la primera que conquista los 14 ochomiles. Creo que todo esto no es más que una lucha de patrocinadores, de la que las televisiones respectivas sacan partido tratando de vender espectáculo. No tengo ninguna objeción a eso, siempre que la lucha sea razonablemente leal y no asistamos a ningún episodio bochornoso. Seguro que hay una audiencia importante que disfruta con el espectáculo. Puedo entender también el interés de las protagonistas, pues además de “pasar a la historia” es una manera de conseguir patrocinadores para el futuro y de conseguir fama e ingresos a base de libros, documentales y conferencias… algo nada despreciable para un mundillo, el del alpinismo profesional, que permite a muy pocos ganarse la vida con desahogo.

Por lo que no paso, sin embargo, es porque las protagonistas que se han metido en esta carrera (o que han sido arrastradas por otros) me digan que para ellas ser la primera no es tan importante, y que no van a la caza del record, y que lo más importante es la belleza de la montaña, y las experiencias compartidas, y bla, bla, bla… Reconocer sin tapujos que ésta actividad tiene mucho de marketing no le resta mérito a unas ascensiones que siguen siendo muy comprometidas, a pesar de todo.

Por eso creo que tan exagerada es la presencia continua de Edurne en programas y medios de comunicación y su presentación como heroína de nuestro tiempo, como injusto es el intento de desprestigiar sus logros como si tales ascensiones fueran paseos por el campo.

A este respecto, suelo seguir con gusto e interés las crónicas que Óscar Gogorza dedica al mundo del alpinismo en el diario El País. Sin embargo, su insistencia en la búsqueda de la pureza en el montañismo le está llevando a ser injusto con Edurne y su equipo y dar una cierta sensación de “manía persecutoria” a todos los que seguimos sus crónicas.

Está bien informar al público general de que existe otro alpinismo, el auténticamente “de élite”, llevado a cabo por personas que buscan la innovación en la manera de ascender una montaña, abriendo nuevas vías no trilladas, generalmente buscando la dificultad técnica y el compromiso, y en cualquier caso tratando de dar un carácter de aventura a una actividad que en parte la estaba perdiendo en los últimos tiempos. Es cierto que esta gente no suele salir en los medios de masas, y que muchos de ellos se las ven y se las desean para ganarse la vida… pero al fin y al cabo, éste es el camino que han elegido. Su presencia en el mundo alpinístico está sobradamente reconocida por el mundillo, y que les reconozcan más o menos entre el público general posiblemente no les importa demasiado. Todo ello no le resta mérito, ni dificultad, ni compromiso, a una actividad como la de Edurne: es cierto que juega en otra liga (algo que ella nunca ha negado), pero también es cierto que estamos hablando de ascender ochomiles, una actividad comprometida incluso si la ascensión se realiza por las vías normales y con generosos equipos humanos y técnicos. Me parece injusto insinuar que lo que hace Edurne es “pasear por la montaña”.

Una vez dejada clara mi posición sobre Edurne, volvamos al tema ése de “ser el primero…”. En mi manera de entender el montañismo el concepto de “ser el primero” tiene poca cabida. Desde luego, ser el primero en ascender una montaña tiene el mérito de enfrentarse a lo desconocido, el componente de “exploración” y de “aventura”… algo que tuvo mucha importancia en el pasado y algo menos ahora, aunque sólo sea porque quedan pocas montañas sin ascender. Pero ser el primero en ascender a 14 ochomiles, o a los 300 tresmiles de los Pirineos, o ser el primero en repetir x veces el Everest, o en ascender a la pata coja tal montaña... en fin, este tipo de cosas, carecen por completo de interés para mi.

Esto no responde a una ingenua búsqueda del purismo, sino a algo más egoísta: ¿qué se puede aprender de este tipo de actividad? ¿Qué lecciones puede sacar un joven montañero, alguien que empieza, de todo ello? En mi opinión, muy poco…

Por otra parte, mis referentes en el mundo del montañismo, como por ejemplo Gaston Rebufat, casi nunca fueron los primeros… Este legendario guía de los Alpes, que formó parte de la primera expedición al Annapurna (cuya cima finalmente hollaron sus compañeros de expedición Hezog y Lachenal), nos deja en sus memorias una lección conmovedora de renuncia a la cima en aras de la amistad, cuando sus compañeros vuelven de la cima seriamente tocados y él y Terray, medio ciegos y con congelaciones, deciden cargarlos a la espalda (en las laderas del Annapurna y con material de los años 50!!!!) y tratar de ponerlos a salvo. Os dejo con sus palabras:

“Mientras abandonamos las dos pequeñas tiendas del campo V para tratar de alcanzar los campamentos inferiores, me parece que durante estos momentos Terray y yo somos los encargados de una misión que corresponde a lo que más me gusta de mi trabajo como guía: disfrutar de la renuncia en nombre de la amistad y negociar con la tempestad para poner a salvo a los compañeros. La noticia de su victoria no debe morir aquí, resulta importante que los propios Herzog y Lachenal la anuncien directamente; si no, poco importaría todo”.

De gente como Rebufat, como Troillet, se puede aprender. Que a la montaña se va a vivir, y no a morir, y que el reto está en buscar disfrutar haciendo lo que te gusta. Muy poco he podido aprender “de los primeros”, salvo de Edmund Hillary. Particularmente de Reinhold Messner, un ermitaño moderno, huraño y elitista, estrella para la que ser el primero sirvió para escribir libros que reflejan su carácter solitario y su filosofía de vida tan particular… escasos de interés, en mi modesta opinión, para cualquier montañero novato deseoso de aprender.

¿Qué nos puede enseñar Edurne, o Juanito Oiarzabal, o Miss Oh, a pesar de sus múltiples conferencias? Muy poco. Todo lo contrario que Iñaki Ochoa, o que Horia Colibasanu, o que los sherpas Dawa y Sonam… o tantos otros cuya actuación en la montaña sí puede servir de inspiración para un joven montañero.

4/5/10

La muerte de Tolo Calafat en el Annapurna

Es la primera vez, creo, que voy a escribir de montañismo en el blog, lo cual no deja de resultar curioso, pues es un tema que me apasiona y al que dedico parte de mi ocio. La razón es la trágica muerte del alpinista Tolo Calafat en el Annapurna, en unas circunstancias que no se diferencian demasiado de otros casos anteriores, pero que sin embargo, por obra y gracia de las poco medidas declaraciones de Juanito Oiarzábal acusando al equipo de la coreana Oh Eun Sun de falta de solidaridad, han dado lugar a una batalla dialéctica en el mundo del montañismo de élite que no está siendo precisamente edificante. Me gustaría hacer algún comentario sobre esta polémica.

En éste enlace está la noticia, y en éste y éste detalles de la polémica posterior, para los más interesados en el tema.

Ante todo hay que decir algo que cualquier montañero que haya estado en situaciones de dificultad sabe bien: no se puede juzgar a la ligera, desde el sofá y viendo el telediario, las decisiones que en circunstancias adversas tiene que tomar un montañero. La montaña, sobre todo en invierno, y sobre todo a mucha altitud, es un terreno hostil, que puede jugar malas pasadas. Una situación de dificultad, por ejemplo sufrir un accidente, o simplemente presenciarlo, o perderse en la niebla cuando se acerca la noche y el agotamiento llega, o verse enriscado en un precipicio del que no se sabe cómo salir, etc., es una situación de estrés en la que cualquier persona puede tener dificultades para tomar las decisiones correctas. Esto, que es válido para Pirineos, imaginaos lo que puede suponer en el Himalaya, a más de 7.000 m, con las facultades físicas y mentales muy seriamente disminuidas.

Cualquier alpinista que acude al Himalaya a escalar un ochomil sabe, o debe saber, que por encima de 7.000 m un rescate es casi imposible, sobre todo si el tiempo no acompaña (que no suele acompañar…). Uno bastante tiene con tambalearse para abajo buscando el pequeño refugio que son los campos de altura, como para pensar en bajar a cuestas a un compañero. En el mejor de los casos, se le puede esperar. O, después de descansar e hidratarse durante unas horas, si las congelaciones y el estado físico y mental general no lo impiden, tratar de subir a ayudar al que se ha quedado atrás. Pero para esto hay que estar muy seguro, para no terminar lamentando dos muertes en lugar de una. Y, en cualquier caso, las decisiones que atañen a la propia vida son de uno mismo y de nadie más.

Por eso me llenan de estupor las declaraciones altisonantes de Juanito Oiarzábal, poco menos que acusando a los sherpas de la expedición de Miss Oh de no haber querido ayudar “ni siquiera ofreciéndoles 6.000 € a cada uno”, y acusando a la propia Miss Oh de no ponerse firme con ellos. ¿Cómo es posible que exijas a unos sherpas que hagan lo que tú mismo no te has considerado capaz de hacer? Entiendo que se lo pidas, entiendo tu frustración ante la negativa… pero no entiendo que les exijas que se jueguen la vida, ponerle precio a dicha vida y luego acusarles de no haber aceptado ni por ésas… gesto, éste último, que les honra: me hubiera dejado una mala sensación si hubieran aceptado ir a por Tolo, por dinero.
Hay quien dice que las declaraciones de Juanito fueron en caliente, motivados por la tensión del momento, pero no es así: Juanito se ratificó posteriormente en varias entrevistas. Un tipo de su experiencia no puede ser tan bocazas: debe saber la repercusión mediática que iban a tener sus palabras, la polémica que iban a provocar, y las dudas que iban a sembrar, una vez más, sobre la ética, y por tanto sobre los logros, de Miss Oh y su equipo.

Nada hay en la actitud de los sherpas de Miss Oh que me parezca reprochable. Mucho más me lo parece, si se confirma, el hecho de que la expedición coreana vaya retirando las cuerdas en los pasos clave de la ascensión, durante su bajada, cuando saben que hay otras expediciones arriba que tienen que bajar por el mismo sitio. Es costumbre en el Himalaya no retirar las cuerdas que has colocado, o que han colocado otros, pues suelen servir para el paso de varias expediciones más. Obligar al equipo español a perder tiempo y profundizar su agotamiento bajando a pelo un corredor que creían equipado pudo suponer un antes y un después en la vida de Tolo. Pero eso nunca lo sabremos, pues muchas otras circunstancias confluyeron en el drama: una cima demasiado tardía, una posible mala medición de las propias fuerzas, un bloqueo mental posterior, etc.

No es de extrañar que después de todo esto, otros montañeros e himalayistas de renombre hayan afeado a Juanito su actitud. A partir de aquí se ha desatado una pequeña batalla en la que salen a la luz viejas rencillas y se ponen en cuestión los méritos de unos y de otros.

Todo esto es bastante lamentable, pero no hay que olvidar que entre los alpinistas de élite el ego suele ser casi tan grande como las montañas que escalan. Las polémicas sobre qué pudo hacerse mal y “qué hubiera hecho yo si hubiera estado allí” son habituales, los debates acalorados… y cuando no se quedan dentro del “mundillo”, sino que trascienden a los medios de comunicación la cosa empieza a degenerar.

Creo, sin embargo, que los aficionados a la montaña debemos quitarle importancia a todo esto. Podemos opinar (todos podemos opinar, eso que quede claro) con respeto hacia los que realizan una actividad bella como pocas y en la que lo ponen todo en juego, hasta la propia vida, sabiendo bien lo que se hacen. Podemos opinar teniendo en cuenta las condiciones en un ochomil, tan dramáticamente adversas que no se pueden juzgar las decisiones de los que están allí con la vara de medir de los que estamos aquí. Carlos Pauner y Juanito Oiarzábal posiblemente hicieron mucho, quedándose en el Campo 4 en sus condiciones, para tratar de ayudar y organizar el rescate. Quedémonos además con otros gestos de auténtica grandeza en la montaña, como el del rumano Horia Colibasanu, que trató de subir a por Tolo a pesar de sus malas condiciones físicas, como ya había hecho el año pasado con Iñaki Ochoa. Y sobre todo con los de los sherpas Sonam y Dawa. Éste último, después de haber coronado con Carlos, Juanito y Tolo, y haber bajado al campo 4 tan machacado como ellos, aún tuvo la fuerza interior de subir de nuevo a buscar (infructuosamente) a Tolo con un saco de dormir y una botella de oxígeno, en medio de la ventisca… Eso es, literalmente, jugarse la vida, y nadie se acuerda después de esta gente, de estos auténticos superhombres que son los pobladores del Himalaya. Para contribuir a su recuerdo, os copio aquí (de la web http://www.barrabes.com/) la dedicatoria reciente del propio Carlos Pauner, que no tiene desperdicio:

DAWA, EL HEROE ANÓNIMO , por Carlos Pauner

"Ya estamos en Kathmandú, a punto de dejar este país de montañas. Tras los terribles días pasados, hemos conseguido recuperarnos y descansar antes de iniciar la vuelta a nuestro hogar. Atrás han quedado todos los tristes acontecimientos pasados y los cuerpos se recuperan poco a poco de la tremenda paliza que supone ascender a una montaña como el Annapurna. Gracias a nuestra aseguradora FIATC, las incipientes congelaciones y la ceguera no han ido a mayores y su ayuda en nuestra rápida evacuación ha cobrado suma importancia. Nuestra confianza en vosotros crece día a día. Gracias amigos.
En este momento de reflexión y agradecimientos, no podía dejar pasar por alto a una persona fundamental en toda esta aventura. El Sherpa Dawa, así como su compañero Sonam. Ambos dos han trabajado para nosotros en esta difícil expedición, ayudándonos en el duro trabajo en la montaña. No obstante, su trabajo ha ido mucho mas allá de lo cotidiano en esta extraordinaria vivencia. Cuando Tolo quedó inmovilizado a 7.600 m, pedimos ayuda a Sherpas cercanos del equipo coreano y nos dijeron que estaban muy cansados del ascenso a la cumbre y que no podían hacer nada. Estaban en su derecho y me parece totalmente razonable. Poco más que decir. Sonam se había quedado con Tolo toda la noche e intentó traerlo hacia abajo, hacia la vida, pero Tolo ya no caminó más. El decidió, lógicamente, salvar la vida y bajó por la mañana al campo 4. Juanito, Horia y yo, venidos de la cumbre, no teníamos ninguna posibilidad de llegar hasta arriba, sin un descanso suficiente. Hablé con Dawa, este fuerte Sherpa de casi 50 años. Era nuestro último cartucho allá arriba y la verdad es que no lo dudó. Llevando oxígeno, comida, medicinas y un saco, salio para arriba al encuentro de Tolo, con fe y decisión. Yo se lo sugerí y el aceptó, eso fue todo. Dejó la seguridad del campo 4 y salió hacia la zona de la muerte, no para trabajar, sino para buscar a un amigo, Tolo y devolverlo a la vida.

Cuando volvió tras más de 11 horas de ascenso, sin que el blanco manto de la nieve caída le hubiera delatado ningún signo de vida, Dawa tenía lágrimas en los ojos. No lo he encontrado, no he podido, dijo... Mis lágrimas eran por los dos, puesto que había perdido a un gran amigo y casi había visto desaparecer a otro. Dawa hizo un sacrificio extraordinario, no por dinero, no por gloria, no por fama. Lo hizo tan sólo porque comprendió que era el único que lo podía hacer y sabía que la vida de su compañero, que no de su jefe, estaba en juego. Cuando los hombres están tan cercanos al límite entre la vida y la muerte, aparece lo mejor y lo peor de ellos. Los vínculos entre nosotros se estrechan y los lazos laborales se difuminan, dejando paso a sentimientos humanos y viscerales. Nunca me he alegrado tanto de poder abrazar a un Sherpa noble y poderoso, de decirle que estoy orgulloso de ser su amigo y que puede contar conmigo, al igual que él nos entregó su valía. Gracias Dawa, gracias por tu esfuerzo, gracias por ayudarnos y espero que nosotros podamos hacer lo mismo contigo. Si alguien merece un premio, una ayuda, desde luego, es este héroe anónimo de 50 años, cuyo único modo de vida es subir montanas, arriesgar la vida por un salario y que creo que debería ya descansar tranquilo en su pequeño pueblo. Ojala podamos hacer algo por él."


Ha muerto un montañero, otro más, en una montaña cuyo ratio de muertos en relación al número de ascensiones es del 38%. No será el último. Dejémosle descansar en paz.