22/2/12

Por el "contrato único" en España

Los amigos de Politikon lanzan una campaña de petición de firmas para que el Gobierno incorpore a su chapucera reforma laboral un elemento que creo que es esencial si queremos que el mercado laboral español abandone su disfuncionalidad, y se acabe con esa dualidad que tanto parece gustar a los sindicatos (porque sobreprotege a su clientela principal) y también a la CEOE (porque permite a los empresarios de baja estofa que tanto abundan en España disponer de un ejército de esclavos fácilmente prescindibles).

Os invito a que os informéis en éste enlace. Yo ya he plantado mi firma.

16/11/11

Collares cuánticos

El mundo está lleno de idiotas redomados, de pobres ignorantes y de estafadores cutres.

Cuando se unen una baja cultura científica y una regulación laxa, hasta los más patéticos estafadores (incluido algún farmacéutico) pueden llenarse los bolsillos a costa de los idiotas redomados (que se lo merecen) y de los ignorantes (pobres, éstos...):

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Denunciado/enganoso/collar/cuantico/elpepusoc/20111116elpepusoc_8/Tes

9/10/11

El amor lo es todo

No lo puedo evitar, me encanta este tío...


16/9/11

Ha muerto Walter Bonatti

"La montaña no es como los hombres. La montaña es sincera"

Se ha ido uno de los grandes del alpinismo. De todas las historias épicas de los pioneros de las montañas, la de Bonatti es la más triste, o la más indignante, según se mire.

Esta vez, sin embargo, el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. A mis lectores interesados en montañismo les dejo este enlace (con video incluido donde se ve cómo escalaba este tío), y recomiendo fervientemente éste resumen de su vida y de la polémica que la marcó.

Descanse en paz.

2/9/11

La insoportable levedad de las voces de la izquierda

El gran oráculo ha vuelto de vacaciones, y ha hablado: (video Gabilondo)

Para un tipo que “aporta una mirada propia llena de serenidad y sentido común”, según afirma la presentación de su video blog, es notable el recurso al lenguaje de máximos que utiliza últimamente: nada menos que la “derrota de la democracia”, y la consagración de “un modelo de sociedad que expulsa a los pensamientos más progresistas o de izquierdas a favor de los pensamientos neoliberales”.

No debe sorprendernos. Desde el estallido de la crisis algunos venimos asistiendo con pesadumbre (y con enfado) al establecimiento de una especie de “posición oficial” de las izquierdas de éste país que yo identifico con la vuelta a los eslóganes vacíos de contenido, la idealización de la “democracia real” y asamblearia, la consagración de un hombre de paja (“los mercados”) como enemigo a batir y, en definitiva, una reivindicación de las utopías y de los Mundos de Yupi frente al análisis riguroso de los hechos y de los mecanismos disponibles para hacerles frente.

Se ponen de moda y se saludan con alborozo los panfletos revolucionarios de ancianitos bienintencionados, como el “Indignaos” del francés Stephane Hessel que se copian y amplían en España (ver “Reacciona”), pero durante muchos meses algunos ya estaban preparando el terreno desde publicaciones “intelectuales” que no se han enterado de que Mayo del 68 ya pasó. Personas con supuesto prestigio y con llegada a los medios (aunque ellos se quejen de que se les silencia) como Vicenç Navarro, la mayoría de los tertulianos de la SER, muchos columnistas de El País y casi todos los de Público, mantienen desde hace tiempo un discurso parecido, según el cual estaríamos embarcados en un proceso de desmantelamiento del Estado de Bienestar y de los “derechos adquiridos” por los ciudadanos, a cargo de “los mercados” y el “neoliberalismo” y poco menos que dirigido desde Europa y organismos internacionales como el FMI.

Dejemos claro antes de nada que, desde una posición de izquierdas, hay motivos más que sobrados para indignarse con la situación política y económica, y muchas dinámicas están ocurriendo que requieren de una vigilancia atenta: muchos de los agentes que agravaron la crisis no han recibido el castigo que se merecen, las normas regulatorias y de gobernanza económica y financiera que se prometió reforzar parecen estancadas o avanzar con cuentagotas, la Unión Europea reacciona ante los sobresaltos económicos con improvisación y demagogia, con un sálvese quien pueda y a defender cada uno sus propios intereses… Europa está en una encrucijada y sus gobernantes no parecen estar a la altura. ¿Y qué decir de España? Sus gobernantes tampoco están a la altura, ni lo estarán los que vendrán el 20-N (ya han demostrado sobradamente su mediocridad), lo que es más grave aún por los problemas particulares que arrastra España desde hace tiempo: un mercado de trabajo dual e insolidario que condena a la precariedad a una generación, un tejido productivo excesivamente basado en la especulación inmobiliaria y en el turismo de bajo nivel, absurdas regulaciones y trabas para la competencia y la creación de empresas, un modelo energético kafkiano, un modelo educativo en caída libre y sometido a los indecentes caprichos de cada nuevo gobierno, una alarmante falta de consenso sobre los temas estratégicos de Estado entre los partidos políticos (salvo el terrorismo) y todo ello con un Estado de Bienestar raquítico en comparación con los mejores, que no sólo hay que sostener sino que debería ser ampliado.

Y mientras tanto, la izquierda discutiendo la calidad de la democracia, el ataque a “nuestros derechos”, la llegada del “neoliberalismo” y otras variantes del sexo de los ángeles.

Lo descorazonador que tiene asistir a este posicionamiento de las voces progresistas, para los que consideramos que la izquierda tiene mucho que decir, es el temor de una deriva hacia la irrelevancia. A lo Izquierda Unida, vamos.

Es lamentable que la izquierda guste tanto de los posicionamientos previos en abstracto sobre cualquier tema, y por los grandes debates ideológicos y filosóficos sobre la democracia, el sometimiento de la política al poder económico y la defensa de ése “derecho inalienable” llamado Estado del Bienestar. Pero resulta que el Estado del Bienestar no es un derecho fundamental de las personas, ni un estado natural, ni un ente abstracto que una vez conseguido es mejor no tocar para no desmantelarlo: es un conjunto de mecanismos que hemos ido implementando porque creemos que es mejor para los individuos que conforman una sociedad, y que no es gratis: hay que alimentarlo, sostenerlo y permitir su disfrute a las futuras generaciones.

Y el Estado de Bienestar está sin duda en crisis, y conservarlo requiere imaginación, coraje y mecanismos para cambiar la dinámica de hechos que lo están poniendo en riesgo… defenderlo no consiste en querer mantenerlo en formol como si no pasara nada. Paradójicamente esta izquierda, al cuestionar sin más cualquier intervención sobre los pilares del Estado del Bienestar (subsidio de paro, mercado de trabajo, pensiones…) se ha convertido en una “izquierda conservadora”, incapaz de articular un discurso de cambio hacia la sostenibilidad.

Precisamente cuando la socialdemocracia y las posiciones progresistas deberían tener más que nunca un peso relevante en el debate político reivindicando sus conquistas y reinventando la manera de sostenerlas, frente a una derecha sin escrúpulos, fracasada e hipócrita, resulta que los representantes de la izquierda se cierran al análisis riguroso de los hechos y de sus posibles soluciones, prefieren la utopía al pragmatismo, y hacer demagogia con la indignación popular para regodearse en un discurso apocalíptico en lugar de empezar a preparar el discurso del futuro.

La fraseología del estilo “esto no es una verdadera democracia”, “los mercados han dominado a la política”, “el que quiera tocar las pensiones es un peligroso neoliberal” y, en general, ésa especie de “estás conmigo o contra mí”… sólo son una desesperante pérdida de tiempo que escamotea el verdadero debate: qué mecanismos podemos implementar que nos permitan una salida de la crisis lo más rápida posible, que refuercen nuestra economía ante crisis futuras, y que garanticen la sostenibilidad del Estado de Bienestar. Y en este, el verdadero debate, hay mucho que hacer y mucho que decir: porque es cierto que no todas las respuestas están claras. Es cierto que la derecha, más que posible ganadora de las próximas elecciones, tratará de arrimar el ascua a su sardina y aprovechará para implementar por la fuerza recortes y políticas insolidarias (ver Cospedal en Castilla la Mancha) bajo la mirada indignada y ofendida, pero inútil, de todos estos voceros de la izquierda que están permitiendo a la derecha dominar el espectro político, cuando debería estar escondida en su cubil para esconder sus vergüenzas, aquellas que allanaron el camino al estallido de la crisis.

La derecha ocupa el espacio político porque la izquierda se lo está permitiendo, por su propio abandono de dicho espacio hacia posiciones irrelevantes y necias de supuesta defensa del desfavorecido. Pero el desfavorecido no necesita discursos paternales ni llamadas filosóficas a regenerar la democracia, necesita que salgamos de la crisis y se le ofrezcan soluciones que mejoren su calidad de vida, y si la izquierda no plantea soluciones factibles, ahí aparece la derecha reivindicándose como única solución, repitiendo el discurso falaz del “gestor eficaz” que sabe lo que hay que hacer, frente a la “ideologizada izquierda”. Que nadie se lleve a engaño: no hay más que oír las propuestas económicas de Rajoy y Montoro para reconocer su vacuidad y constatar que no han entendido nada, y sólo hace falta leerse algún documento de la Fundación FAES para saber hasta qué punto la ideología puede convertir en absurdo el análisis económico.

Frente a ellos, otra izquierda es posible, y es más necesaria que nunca. ¿Dónde se esconde?

24/8/11

Dominus vobiscum

Nos ha visitado El Representante de Dios en la Tierra y, como no podía ser de otro modo (¿o sí?) todas las televisiones, incluso las que no tienen por costumbre comulgar, han hecho un seguimiento concienzudo de las andanzas de sus huestes.

Conocido por mi ateismo y feroz anticlericalismo, ha sorprendido entre mis allegados mi indiferencia ante tan empalagosa ensalada de sotanas.

Quizá sea el período vacacional, quizá sea que me hago viejo, pero hay ciertas batallas (dialécticas) que me da ya soberana pereza emprender. Al fin y al cabo, las discusiones con los catoliquillos de turno ya las tenía con 16 años, cuando yo mismo había abandonado de motu propio la ideología cristiana en que, de un modo más bien laxo, como siguiendo la costumbre establecida, me habían educado mis padres…

Al fin y al cabo, es a esa edad, entre los 14 y los 16 años, cuando uno empieza a tomar algunas decisiones propias, a hacer ciertas elecciones: de sus amigos, de sus aficiones y de sus vicios, de sus lecturas, de aquello en lo que quiere creer o lo que prefiere rechazar. Es, en cierto modo, cuando uno empieza a convertirse en el hombre que será, para bien o para mal. Es cuando se empieza a descubrir que existe un mundo mucho más grande y más complejo que lo que te explica desde el púlpito un tipo con sotana que del mundo parece saber muy poco, y que lo reduce a un lugar pequeñito y cerrado, no muy agradable (un valle de lágrimas) donde hay que regirse por cuatro reglas sencillas (¿o eran 10?) que te aseguran un lugar en otro mundo del que tampoco sabe nada. Es la edad a la que empiezas a dudar de todo y de todos, cuando empiezas a pedir explicaciones que no sean meros eslóganes ni liturgias vacías de contenido, y descubres que hay una cosa llamada ciencia que no tiene respuestas para todo, pero que las pocas respuestas que da permiten explicar a un nivel razonable cómo funciona el mundo. Y que admite la incertidumbre. Sí, que se puede vivir con incertidumbre, si uno tiene la necesaria fortaleza de espíritu (¿he dicho espíritu?... quería decir “la necesaria presencia de ánimo”) como para no necesitar el consuelo permanente de un hipotético paraíso de eterna felicidad.

En esto ocurre como la afición a la Ciencia Ficción: si de adolescente no descubres sus encantos, que duran para siempre, es muy difícil que en la edad adulta uno se acerque a ese tipo de lecturas. Pues con la religión igual: si de adolescente no has abandonado su influencia, bajo el convencimiento de su vacuidad, ya es muy difícil que de adulto la abandones (en todo caso la sustituirás por otra ideología, posiblemente tras una decepción, posiblemente tan vacía como la anterior, y la abrazarás de la misma forma entusiasta e irracional). Por lo tanto, ¿para qué discutir con católicos convencidos? ¿Para qué comentar sus andanzas? Es, además de aburrido, una soberana pérdida de tiempo…

Todo lo más, la visión de los “groupies” de Ratzinger siempre me ha deprimido un poco… es como que uno pierde un poco más de confianza en la racionalidad de la especie. Ver a chicos jóvenes, miles de ellos, gritar azorados al líder de la tribu, verlos reunirse con el propósito de… ¿con qué propósito, por cierto?... con el único propósito de reunirse, por lo que parece… que lo único que tienen que ofrecer al mundo que heredarán es una letanía de mensajes sin sentido cuando no un puñado de ideas socialmente rechazables… qué queréis que os diga, me resulta deprimente.

Por suerte, en esto pasa como en Internet: se concentra mucho friki y parece que tienen mucha influencia, pero luego, cuando se dispersan, su influencia se diluye como azucarillo en boca de rocín. No así la de los jefes de la banda (y vuelvo a las sotanas), que han mostrado una notable capacidad para mantener su influencia y capacidad de amedrentamiento, si no sobre la sociedad civil a la que aspiran a someter, sí sobre los políticos y gran parte del capital, que corren azorados a arrodillarse y a besar los decrépitos anillos, bien sea como miembros activos de las segregaciones más retrógradas de la secta principal (Opus, Legionarios de Cristo, Kikos… sobre todo entre los miembros del PP), o por mantener la cercanía al poder y la influencia que aún ejerce la jerarquía católica en España, o como mero residuo de una educación cristiana… en cualquier caso, gran mérito de la Iglesia de Roma, que de vez en cuando gusta de darse estos baños de masas a lo Madonna o Bruce Springsteen: para demostrarse a sí mismos, y mostrar al mundo, que a pesar de que su época de gloria ya pasó, aún son capaces de llenar estadios.

PD: no os perdáis este reportaje sobre los kikos (eso sí, no apto para estómagos sensibles...)

25/5/11

Cuántos "Luis Ángel Rojos" necesita España...


"Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede decir dónde acaba su influencia"
Henry Brooks Adams

Ha muerto Luis Ángel Rojo.

Ahora que andamos debatiendo sobre la mediocridad de los representantes de la cosa pública, es buen momento para poner a este hombre como ejemplo palpable de lo que España necesita en sus instituciones: brillantez, conocimiento, sabiduría y coraje para ir contra corriente.

No soy el más adecuado para escribir un obituario sobre él, pues no soy de la profesión. Los hay muy buenos, repasando sus aportaciones, en la prensa y en Nada es Gratis, por ejemplo.

Pero como llegué a sentir respeto y admiración por él simplemente conociendo desde fuera sus acciones, su actitud y lo que ha representado para el país, a modo de homenaje recordaré éste post que escribí sobre él al comienzo de la crisis.

Descanse en paz.