25/10/10

Un baño de realidad... y Richard Dawkins

Hacía mucho tiempo que no cogía el metro de Madrid para ir al trabajo. Hoy he tenido que hacerlo. Y en el corto trayecto de 40 minutos he tenido ocasión de darme un buen baño de humanidad, literalmente, pues en la hora punta de Madrid la humanidad se desparrama por los pasillos, por los andenes y dentro de los trenes, te rodea y te moja y a veces, hasta te ahoga.

No penséis que soy un remilgado: toda mi vida he usado el metro, y soy un gran defensor de este transporte público, servicio imprescindible, esencial y básico en toda gran ciudad. Pero conviene recordar que el metro en horas punta dista mucho de ser ése veloz y confortable medio de transporte que nos quieren vender en los anuncios (sobre todo en ciertas líneas y ciertos tramos) y puede convertirse en una pequeña tortura. Tanto, que mucha gente directamente lo rechaza y prefiere consumir minutos y minutos en el atasco, pero al menos cómodamente sentado, con el climatizador ajustado y escuchando música o la sabiduría que destilan los todólogos mañaneros de su tertulia radiofónica favorita.

El caso es que me disponía a disfrutar el trayecto haciendo eso que te permite el metro y no el coche: leer. Sin embargo, empezaron a ocurrir cosas.

Primero fue un carterista. Unas voces al fondo del vagón me hicieron apartar mi atención del fascinante experimento del doctor Richard Lenski con 45.000 generaciones de bacteria Escherichia Coli en su laboratorio de la Michigan State University, que muestra de manera espectacular, para desconsuelo de los creacionistas, los efectos de la selección natural delante de nuestros ojos y en un cortísimo espacio de tiempo.
Pero en un cortísimo espacio de tiempo y también delante de mis ojos un tipo con aspecto desaliñado se escabullía por el andén a los gritos de “caradura”, “jeta”, “sinvergüenza”… mientras un señor de cierta edad advertía a otro que el susodicho había estado a punto de robarle la cartera, y lo hubiera hecho de no ser por los gritos de alerta de este caballero.

Siempre me da por pensar en estos casos qué hubiera hecho yo si el carterista estuviera actuando a mi lado y yo lo advirtiera. Al fin y al cabo, el tipo tenía muy mala pinta, y podría revolverse con violencia ante un grito de alerta, sobre todo en un espacio cerrado en el que puede sentirse muy acorralado. Y, qué queréis que os diga, yo soy de los que piensan que la cartera de un desconocido, ni siquiera la mía propia, merece un navajazo. Posiblemente lo más inteligente sería dejar que actuara, bajarse con él en la siguiente parada y seguirle discretamente mientras avisas a la policía con el móvil (siempre que en dicha estación hubiera cobertura) o a alguna pareja de seguratas que te encuentres por allí y que no estuvieran ocupados amenazando a algún top-manta.

Sin terminar de resolver esta íntima duda moral que me reconcomía, volví a la lectura del libro de Richard Dawkins, diciéndome a mi mismo con alivio que así sería improbable que pudiera ver a ningún carterista actuando por muy cerca que éste estuviera.

Pero a los pocos minutos ocurrió algo más. Algo tan fascinante (aunque mucho más inexplicable) como el experimento del doctor John Endler con los peces guppies de Venezuela, un experimento que muestra a las claras como la Evolución (sí, esa peligrosa idea de Darwin) ocurre delante de nuestros ojos (ya sé que me repito), a veces a velocidades sorprendentes.

Una señora se levantó para apearse en la siguiente estación, dejando en el asiento el periódico gratuito que había estado leyendo. Uno no sabe si este gesto es una cortesía para que otro viajero pueda tomar el periódico y leerlo a su vez, o bien un ejemplo de la deleznable costumbre hispana de abandonar nuestras basuras en cualquier sitio para que otro las recoja. En cualquier caso, un orondo representante femenino de eso que podríamos llamar con cierta malicia “animal de polígono industrial” se sentó encima del periódico mientras hojeaba bruscamente su propio ejemplar. En el asiento de enfrente, al mismo tiempo, una joven vestida y peinada con el monótono estilo que un estirado observador (yo no, por supuesto) definiría como “típico de las chonis del sur” se dirigía a ella para pedirle si le podía acercar el periódico sobre el que se había sentado. Para pasmo de todos los que íbamos alrededor, la mujer gruesa reaccionó levantando el periódico para no ver la cara de la otra mientras mascullaba un improperio. La joven puso cara de sorpresa y masculló que la tipa debía de estar loca. La cosa no habría pasado de ahí si no fuera porque la primera seguía farfullando cosas ininteligibles, hasta que se oyó un sonoro insulto. En ese momento, la joven se levantó airada y se fue hacia la otra, recriminándole en voz alta el insulto e insultándola a su vez. A partir de aquí se inicia una “conversación” a gritos entre ambas, de lo más absurdo que os podáis imaginar, mientras los otros ocupantes del vagón ejercíamos de testigos mudos, malsanamente fascinados por el grado de violencia verbal que se estaba produciendo sin ningún motivo aparente.

Al final la chica consiguió su periódico y el tono de los improperios de ambas fue bajando hasta detenerse, momento en que todos los demás volvimos a lo que estábamos haciendo, pero con un poco menos de confianza en la racionalidad del género humano.

Para los que estamos convencidos del poder de la razón y de que las palabras sirven para entenderse, es un duro golpe observar comportamientos como éste. Siempre se puede decir que la señora estaba un poco loca, y que la chica era en exceso susceptible y, en fin, ambas un poco verduleras. Pero lamentablemente no es tan sencillo: posiblemente ambas eran gente “normal”, ciudadanas acudiendo a su puesto de trabajo, con cierto interés por las noticias del periódico, etc. Lo único que me dio por pensar, es que los “razonamientos” de los creacionistas, que el libro de Dawkins menciona a menudo, se me antojan un poco menos incomprensibles a la luz del material de desecho que hay dentro de algunos de nuestros cerebros. Y después de esta brillante conclusión, me sumergí de nuevo en la lectura, para buscar en el libro las claves de la Selección Natural que me permitieran entender el estúpido comportamiento de ciertas subespecies del homo-sapiens.

Sí, lo sé: esto es sólo una anécdota, un episodio casual que posiblemente no se repetirá en meses, del que no se pueden sacar conclusiones. Pero mirad, es lunes, comienza una dura semana de trabajo (para los que tenemos la suerte de tenerlo) y no me digáis que no es más entretenido empezarla con un poco de sociología amateur con pinceladas de psicología de barra de bar...

21/10/10

"Siete propuestas al Gobierno sobre energía eléctrica". Discusión

La Fundación de Estudios sobre Energía, vinculada a la UPM, ha enviado al Ministerio de Industria una propuesta de modelo eléctrico para España, dividida en 7 puntos fundamentales, cuyo resumen podéis leer aquí.

Como alguno de los firmantes fue profesor mío, y algún otro fue jefe mío, no puedo resistirme a comentarla, aparte de que trata temas de interés principal para este blog.

Creo no descubrir nada si digo que el modelo eléctrico español es kafkiano. Los sucesivos "no-modelos" y las decisiones poco meditadas de los diferentes gobiernos nos han llevado a una situación en la que la industria paga una energía posiblemente más cara de lo necesario (afectando a su competitividad), los consumidores están desinformados y poco dispuestos a asumir el "coste del bienestar" que supone la electrificación, y las empresas del sector se enfrentan a una inseguridad regulatoria indigna de un país desarrollado.

Los comportamientos que nos han llevado hasta aquí, y que prometen convertir la situación en desastrosa si persisten, los resumo de este modo:

  • Regulación. Cambios continuos de criterio, y a menudo de forma contradictoria, que hacen muy difícil a las empresas valorar sus inversiones. Tomemos como ejemplo la política de subvenciones: al mal endémico de subvencionar las instalaciones masivas de tecnologías que están al comienzo de su curva de aprendizaje (solar fotovoltaica o coche eléctrico en el momento actual) o sin comprobar que cumplen con el objetivo buscado (cogeneración en el pasado), se une el cambio continuo de criterio y la regulación "en base a ocurrencias" (a la que no es ajena la personalidad del actual Ministro de Industria) o para cubrir objetivos políticos de cortísimo alcance, como el reciente decreto del carbón. Añadamos también otro mal español: la ausencia de organismos reguladores con la suficiente influencia, en este caso la CNE, que la podría tener pero no se le permite.
  • Toma de decisiones en base a la ideología... como la moratoria nuclear en su momento, o la negativa a prorrogar la vida útil de las nucleares en contra de los informes de los técnicos... o por amiguismos y luchas de poder, como el caso Enel-Endesa.
  • Problemas económicos no del todo resueltos ni explicados, como los Costes de Transición a la Competencia en el pasado y el déficit de tarifa en el presente, que ningún gobierno quiere afrontar y que terminan pagando los consumidores.
  • Aspectos técnicos que necesitan reformas urgentes, como el funcionamiento del pool eléctrico y la difícil vinculación entre el precio de la electricidad y sus costes.
  • ...Y otros que seguro que me dejo en el tintero, y que reflejan en su conjunto una dramática falta de planificación de largo plazo y de objetivos claros "de país" que trasciendan los 4 años de legislatura.
Así las cosas, vamos con las 7 propuestas (que espero que hayáis leido en el enlace de más arriba): comentaré lo que me parece relevante de verdad, lo que cae en el "buenismo" y alguna que otra carencia importante...

1.- Planificación del mix. Clarísimo, quizá lo más importante para empezar. Y anticipar problemas, algunos ya comentados en este blog, por ejemplo, aquí.

2.- Gestión de la demanda. Se centran en aplanar las puntas, mediante sistemas de almacenamiento como las centrales de bombeo y el vehículo eléctrico. Fundamental, sobre todo lo primero, pues lo segundo es más incierto y a más largo plazo. Pero las centrales de bombeo, que alguien me explique por qué este país no está volcado en construir estas centrales, de tecnología conocida y disponible, por todo el país pero sobre todo asociada a los parques eólicos, en lugar de tirar el dinero en huertos solares. Más centrales de bombeo ya!!!!
Sorprende sin embargo que no se hable de medidas de reducción de la propia demanda (ahorro y eficiencia), que a corto-medio plazo es la "fuente de energía" que tiene mayor potencial...

3.- Asegurar un parque eléctrico con suficiente potencia firme, no sometido a los vaivenes de las necesariamente presentes renovables. De tres modos: almacenamiento mediante centrales de bombeo (otra vez), prolongación de la vida útil de las nucleares y facilidad para posibles proyectos nucleares futuros, y "tecnologías de captura" para las centrales de carbón. En ésto último es donde creo que caen en el buenismo... porque el estado de las tecnologías de captura es preliminar, y las de almacenamiento de CO2 (necesario paso posterior) no digamos... sorprende una apuesta tan clara por una tecnología tan incierta.

4.- Renovables. Asumir que la apuesta por ellas lleva consigo la instalación de suficiente potencia de respaldo, avanzar en medios de almacenamiento (bombeo!!) y que aún así puede no ser suficiente para gestionar la variabilidad (ya hablamos de ello en este post). Por lo tanto, hay que aumentar la capacidad de interconexión internacional.
Un punto importante: no subvencionar implantaciones masivas!!!. Implementar los concursos-subasta para las tecnologías renovables y subvencionar la I+D para reducir sus costes.

5.- Política energética que apueste por la tecnología y apoye el I+D de las empresas (no sólo proyectos públicos), particularmente en estos campos:
- Confinamiento del CO2. Como he dicho antes, es la tecnología más incipiente e incierta.
- Almacenamiento de energía... por ejemplo baterías para coches eléctricos, uno de los pocos puntos donde tocan el tema del transporte, tan importante!.
- Redes inteligentes de transporte y distribución. Y me consta que las eléctricas se están moviendo en estos temas. Un apoyo público a estos proyectos me parece mucho más rentable que las subvenciones fotovoltaicas y al coche eléctrico en que nos movemos en la actualidad.

6.- Repensar el diseño y funcionamiento del mercado eléctrico y su regulación. Muy necesario, ya comentado, sin embargo se tocan en este epígrafe varios puntos que me parecen discutibles: para empezar, el grupo asume desde el principio que se debe buscar la disminución del coste de la energía eléctrica, sin embargo aboga por incluir las externalidades en el coste de la energía de origen fósil... me pregunto si ambos objetivos son reconciliables.
Por otra parte, hablan de "una retribución a la extensión de vida útil de las hidroeléctricas y nucleares que permita que se beneficien las empresas, los consumidores y los contribuyentes". Este punto es importante porque no está claro en qué sentido lo dicen, pero debemos dejar claro el sentido en que se debe decir: las extensiones de vida útil de centrales ya amortizadas, cuyos costes de inversión han sido pagados y garantizados (CTC...) por los consumidores, suponen un sobrebeneficio para las eléctricas si la electricidad se vende al precio del pool. Este sobrebeneficio es una apropiación indebida de recursos del consumidor, y debe ser urgentemente corregida. Las eléctricas deben devolver parte de este sobrebeneficio via reducciones de tarifa, por ejemplo.

7.- Reparto de objetivos entre los Ministerios de Industria (definición de la política energética) y de Ciencia e Innovación (investigación tecnológica en energía). Y, sobre todo, potenciación de la CNE como evaluador del sistema regulatorio y garante de su cumplimiento.

En resumen: una propuesta que toca casi todos los puntos importantes, pero poco novedosa en realidad, salvo por la propuesta de subastas para las tecnologías renovables, y que sorprende por la importancia que da a las tecnologías de captura de CO2, (en mi opinión muy optimistas) y lo poco que habla de medidas de ahorro y eficiencia energética (en mi opinión la mejor "fuente de energía alternativa" de la que disponemos a corto-medio plazo).

6/10/10

La "nueva izquierda" pega con fuerza...

... o "cómo multiplicar por diez el riesgo-país en un solo instante"

30/9/10

La influencia de la cultura en la economía: el recurso a las explicaciones fáciles

De un tiempo a esta parte leo en algunos artículos y escucho en algunas tertulias la vieja cuestión de hasta qué punto los factores culturales influyen en la economía, o más concretamente, en el nivel de desarrollo (la riqueza, en definitiva) de los distintos países.

Dada la crisis económica que vivimos, y los recientes problemas de España y otros países del grupo de los PIGS con su deuda, estas “agudas” reflexiones han proliferado en los medios. Recomiendo fervientemente que leáis este artículo de El País: “La Economía entiende muy poco de dioses”, ya que aunque el tratamiento es un tanto superficial y frívolo, pone sobre la mesa varias cuestiones interesantes y resume las posturas de varios economistas y sociólogos al respecto.

La cuestión es si la religión (y más en general, los aspectos culturales de una sociedad) tienen tanto peso como para condicionar el desarrollo económico de los países. Este tema se ha debatido desde hace tiempo, al menos desde que Max Weber defendiera las supuestas ventajas de la moralidad protestante frente a la católica a la hora de hacer negocios. Otras veces, sin embargo, y un tanto en contradicción con lo anterior, se ha hablado de las ventajas de las religiones “occidentales”, intervencionistas y materialistas, sobre las orientales (budismo, confucionismo…), que más bien empujan al individuo hacia el retiro, la introspección y el rechazo a lo material, deduciendo por ello que los países orientales nunca llegarían a ser potencias económicas y serían siempre avasallados por el empuje de los occidentales.

Mi postura al respecto está clara: no aceptar explicaciones que sirven para explicarlo todo, y por lo tanto, no explican nada. Para empezar, existen muchísimas excepciones a la tesis de que la religión influye en la riqueza de las naciones: las hay ahora, y las ha habido en casi cualquier momento histórico donde se nos ocurra “hacer la foto”. Entre otras cosas, porque el desarrollo económico de casi todos los países ha venido cambiando continuamente desde la Revolución Industrial, si bien de manera desigual y con acelerones y frenazos en según qué momento histórico y en qué lugar geográfico… pero con una tendencia general al crecimiento (con la excepción del África Subsahariana). Pues bien, parafraseando al economista Sala i Martin, “tú no puedes explicar algo que cambia rápidamente mediante factores que o bien no cambian o bien lo hacen muy lentamente” (como son la religión y la cultura). Dicho sea de paso, los términos “cultura” o “factores culturales” son suficientemente vagos como para dar cabida en ellos a cualquier cosa.

Hoy hay muchos países católicos que son más ricos que los protestantes de su entorno. Y las economías de Japón, Hong Kong, Taiwan o Corea del Sur, y cada vez más la de China, desmienten también la tesis de las “religiones orientales”.

¿Por qué razón, entonces, es tan persistente la idea de que la religión y la cultura influyen en la riqueza de las naciones? Muy sencillo: porque es una explicación fácil, muy a mano para los que no quieren hacer el trabajo duro, el trabajo científico… parece que de forma natural lo explica todo, aunque no explique nada, es decir, exactamente igual que las pseudociencias. Es una narrativa fácil de entender por todo el mundo y además alimenta nuestros prejuicios: los irlandeses son vagos y borrachos en comparación con los ingleses; los anglosajones protestantes son industriosos y emprendedores en comparación con los católicos mediterráneos, más dados a la resignación y a la sopa boba; los musulmanes son fanáticos y dados a la traición; los orientales son sumisos y carentes de liderazgo y de creatividad;… y, en fin, los negros son menos inteligentes aunque tienen el miembro más largo…

Tomemos como ejemplo la tesis defendida por del sociólogo Enrique Gil Calvo sobre los países europeos en el artículo enlazado: los tres “grados de bienestar” (nórdico-socialdemócrata, anglosajón-liberal y continental-democristiano), que el ínclito profesor relaciona directamente con la religión (luteranos, calvinistas, católicos), mezclando en la coctelera también el “grado de tolerancia a la corrupción”. No parece importarle mucho meter a los PIGS en el grupo de comportamiento “continental-democristiano” a pesar de que hay alguno no continental (Irlanda) y alguno no católico (Grecia). Lo dicho, todo vale si confirma nuestros prejuicios. Porque cuando a los PIGS les iba bien, (particularmente bien a Irlanda y a España) supongo que era porque sus ciudadanos dejaron de ir a misa.

¿Es posible dar alguna explicación alternativa a la situación de crisis de los PIGS, que no caiga en el “recurso fácil” de la religión y la cultura? Bueno, podemos hacer el intento… por ejemplo, os recomiendo este artículo de Javier Andrés en el blog NeG sobre los desequilibrios globales.

Hay que decir que pensadores a los que respeto más que a Gil Calvo también se apuntan desde hace tiempo a la “tesis de la cultura”. Como ejemplo, leed éste artículo del economista Jeffrey Sachs sobre el crecimiento en la “economía budista” de Buthan, que es, en efecto, una bonita historia. Se pueden encontrar historias de éxito similares (aunque escasas) en otros países que parecen destacarse poco a poco sobre el lúgubre destino de sus vecinos: los primeros que me vienen a la mente son Costa Rica, en Centroamérica, y Botswana, en el África Subsahariana. ¿Qué se puede decir para explicar su éxito? Pues, como diría la gente que se dedica a estudiar la Economía del Desarrollo, el problema es que se puede decir muy poco, o al menos ser muy cauteloso, a la hora de explicar por qué unos países tienen éxito y otros no… hay que observar, tomar datos, relacionar variables, construir un modelo y testarlo. Ya sé que no es fácil. Lo fácil es recurrir a la religión, a la raza, a la cultura negra, a la crueldad del pasado colonial… Pero si somos más cuidadosos, si tenemos en cuenta todos los factores que pueden influir, y que podemos observar incluso en el artículo de Sachs sobre Buthan (aunque él prefiera el budismo como explicación última), veremos cómo surgen del análisis cuestiones relacionadas con el buen gobierno, la apertura del mercado, el aprovechamiento inteligente de tus recursos naturales o de otras ventajas comparativas, la estabilidad institucional, etc… y, en definitiva, una correcta toma de decisiones político-económicas, que trascienden (por suerte) la cultura, la religión y hasta cierto punto, el entorno geográfico que te ha tocado.

Desde luego, la respuesta a la pregunta del por qué de la riqueza de las naciones está lejos de estar clara: es un campo de investigación apasionante de la Economía del Desarrollo. Y como tal campo de investigación, podría ser que finalmente asignara algún papel a los aspectos culturales o religiosos. Mi propia opinión al respecto no es la de despojarles absolutamente de algún papel: pienso que dichos aspectos, en el mejor de los casos, “modulan” la respuesta de una sociedad ante determinadas políticas. Es decir, podrían influir en el grado y facilidad de implantación de determinadas políticas y por lo tanto explicar pequeñas diferencias en la “manera de crecer” de unos países y otros. Pero no hasta el punto de condicionar su éxito o su fracaso. Pero esta es una hipótesis que, como todas, tiene que ser sometida al juicio empírico.

Mientras tanto, huyamos de las explicaciones fáciles sobre cuestiones que distan mucho de estar resueltas.


ACTUALIZACIÓN: Un estudio curioso relacionado con el tema del post lo podéis ver comentado en el blog Neoconomicón: "Democracia pluvial".

27/9/10

Políticos y método científico

Esta llamada de Santiago Lamas (investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa) a los políticos en El País para que usen el método científico en su acción política es tan enternecedoramente ingenua que no me resisto a reproducirla aquí: "Ciencia y Politica: superar el desamor"

... podría haberla escrito hasta yo, je, je...

20/8/10

La formación “humanista” de los ingenieros

Pedro Linares, profesor del ICAI, cuyo blog acostumbro a consultar con frecuencia porque me gustan los mismos temas que a él, por el interés de sus enlaces y, sobre todo, por la sensatez y coherencia de sus opiniones, nos habla de la necesidad de que los universitarios reciban una formación “humanista e integral”, centrándose particularmente en las escuelas de ingenieros.

Cito algunas de sus palabras:
 “hace falta dar valores a nuestros ingenieros para saber lo que deben hacer con su ciencia. Si no, iremos donde hemos ido siempre: a un uso no siempre apropiado de la tecnología”

“Tenemos que evolucionar hacia unas materias mucho más relacionadas y conectadas con su formación: filosofía de la ciencia, ética de la ingeniería, ingeniería para cambiar el mundo, impartidas por profesores que se hayan enfrentado a los problemas éticos y de valores a los que se enfrentarán nuestros ingenieros y que sepan guiarles en estas situaciones, que les enseñen cómo ver toda la tecnología desde esta óptica de valores.”

“Y además, tenemos que complementarlas con otras materias humanistas:
- una asignatura de literatura: yo creo que sólo sabe escribir bien el que ha leído mucho. Si no conseguimos que nuestros ingenieros lean no sabrán escribir, y esto es fundamental en su vida profesional. Las asignaturas “normales” no tienen hueco para esto, bastante tienen con lo suyo…
- talleres de comunicación oral: al menos igual de fundamental, saber comunicar sus ideas y su trabajo, y hacer presentaciones públicas. Igual que antes, se puede practicar en las otras asignaturas, pero es difícil aprenderlo en ellas.
- liderazgo y trabajo en equipo, cualidades cada vez más valoradas en el mundo profesional. Esto puede aprenderse en los trabajos prácticos de las asignaturas “normales”, pero nunca está de más un seminario específico.”

Como ingeniero, formado en mi caso en la ETSII de la UPM, sé que tiene mucha razón en lo que pide, y que la ausencia de una formación “integral” es una carencia importante de nuestras escuelas de ingeniería, a pesar de que muchas de ellas (por ejemplo la ETSII) presume de no haberse rendido a la especialización absoluta y de dar una formación generalista y completa. Pero lo que entienden allí por formación “generalista” consiste básicamente en sumar asignaturas comunes a varias especialidades, pero desde luego falta la formación humanista y, sobre todo, falta dar contexto, otorgar al alumno una visión global de su formación, que sea algo más que una suma más o menos caótica de asignaturas.

Difiero un poco de Pedro Linares en los detalles, posiblemente porque entiendo de otro modo lo que significa una formación “integral. Pedro se centra mucho en su entrada en los “valores” personales del individuo, posiblemente porque da clase en una escuela privada jesuita, que defiende un determinado tipo de valores, los cristianos (o más bien los jesuitas, que no coinciden totalmente con los “valores cristianos” de otras congregaciones) que yo, particularmente, considero del todo punto irrelevantes para el ejercicio de la profesión de ingeniero. Sobre el tema de los valores, mis objeciones son dos:
  1. Creo que los valores y la ética personal del individuo ya están esencialmente formados cuando uno pasa por la universidad. Y, en cualquier caso, una escuela técnica no está para eso. Sí creo, sin embargo, que se debe dar importancia en las escuelas técnicas a asuntos relacionados con el trabajo en equipos grandes, la gestión de proyectos complejos, las relaciones interpersonales en el seno de organizaciones y la resolución de conflictos en el ámbito del trabajo. Cuestiones donde se ponen en juego, no lo voy a negar, los valores del individuo.
  2. Siempre he creído que cuestiones de esta índole se inculcan mejor al alumno predicando con el ejemplo más que con asignaturas concretas. Y aunque una cosa no quita a la otra, creo que en la mayoría de nuestras escuelas técnicas estamos aún en un nivel muy primitivo en cuanto a actuaciones éticas de los profesores para con el alumno como para pensar en una asignatura sobre ética: me estoy refiriendo a la actuación de los profesores durante las clases, en su manera de enseñar la profesión, durante los exámenes o en las revisiones, por ejemplo. Actuaciones despóticas o arbitrarias, temarios caprichosos o que son consecuencia de luchas internas de una cátedra, exámenes con una relación vaga con el temario de la asignatura, correcciones de exámenes draconianas o poco profesionales, falta de respeto al alumno en revisiones. Y sobre todo arbitrariedad: poco respeto a las reglas del juego, que se cambian a capricho. Que nadie me entienda mal: hay muchas excepciones a tales comportamientos, el problema es que no deberían ser excepciones. Tampoco estoy pidiendo que se relaje la exigencia de las escuelas técnicas, sino que dicha exigencia sea sobre los conocimientos y la responsabilidad del alumno, y no mediante palos y trampas al alumno que nada añaden a su formación (salvo desarrollar una paciencia inagotable y reforzar la voluntad de superación, claro).
Volviendo a temas más concretos de la entrada de Pedro Linares, estoy de acuerdo en que es esencial que un ingeniero sepa escribir (aunque también me parece excesivo una asignatura de literatura como tal). Es increíble la cantidad de universitarios españoles, ingenieros o no, que escriben dando patadas al idioma, y a veces de forma directamente ininteligible. Esto incluye a algunos profesores.
Tal desprecio por la escritura y el idioma viene sin duda heredado del bachillerato, y en las escuelas técnicas parece reforzarse la idea de que la manera de escribir no es importante para la profesión del ingeniero. No se dan cuenta del ridículo y la vergüenza ajena que produce ver los escritos de alguna gente que tiene una formación universitaria supuestamente de alto nivel. Y más importante si cabe que saber escribir, y en esto coincido también plenamente con Pedro, es aprender a hacer presentaciones públicas orales de tu trabajo. Aunque en el caso de los ingenieros, al menos en muchas especialidades de mi escuela, es requisito imprescindible presentar el Proyecto de Fin de Carrera ante un tribunal, pero este ejercicio es demasiado escaso y llega demasiado tarde como para que sirva como aprendizaje.

Por lo demás, no sé si Pedro está siendo demasiado ambicioso en su planteamiento. Coincido en que serían deseables asignaturas como “filosofía de la ciencia”, “ética de la ingeniería”, o “ingeniería para cambiar el mundo”, que él cita (aunque de esta última me gustaría saber el contenido, je, je…) Pero no se me ocurre cómo incorporar tantas asignaturas a un horario lectivo ya suficientemente cargado. Lo que yo eché mucho de menos en mi etapa universitaria es lo que comentaba al principio, algo así como una asignatura de “contexto de la ingeniería” o “visión global de la profesión de ingeniero”. Pedro también lo cita en su entrada:

“si no, los conocimientos se les fijarán sin saber interpretarlos, sin saber colocarlos en el marco adecuado.”

No es deseable que el ingeniero no sea plenamente consciente hasta mucho después de acabar la carrera, de la relación entre unos conocimientos y otros y la relación de sus conocimientos con el mundo de la empresa, con la investigación y en general con la sociedad en la que vive. En general se espera que el alumno vaya captando por sí mismo estas interrelaciones, pero insisto en que eso es mucho pedir con un horario lectivo sobrecargado y asignaturas duras de pelar sobre todo los primeros años (algunas fuertemente conceptuales: Álgebra, sobre todo, pero también Ecuaciones Diferenciales, Termodinámica o Geometría Descriptiva). Contribuiría mucho a la formación integral del ingeniero una asignatura en la que se explicara la importancia de estudiar en primer curso los determinantes, las matrices y la teoría espectral, para su aplicación posterior a la Resistencia de Materiales, la Física Nuclear o a mil cosas más. Cuál es la importancia de estudiar Geometría Descriptiva para dotar de visión espacial al ingeniero y entender posteriormente el funcionamiento de mecanismos. También situar la importancia de las ecuaciones diferenciales en cualquier problema dinámico, en particular la termodinámica y la mecánica de fluidos que se estudia más adelante, y a su vez estas dos para conocer los fundamentos de las máquinas térmicas e hidráulicas. Y que el mundo no es siempre lineal (de hecho no lo es casi nunca, aunque para muchos problemas del mundo bastan las aproximaciones lineales), y que los modelos numéricos de simulación por ordenador son útiles para tal cosa pero limitados para tal otra, y qué simplificaciones matemáticas encierran. Y mucho más inglés y técnicas informáticas son deseables, pues son los lenguajes en los que se habla en el mundo.

Otra cosa que se podría hacer es ejercitar, mediante casos prácticos al estilo de las escuelas de negocios, cómo enfrentar determinado tipo de problemas del mundo industrial, al menos cómo enfocarlos, y qué técnicas están al alcance del ingeniero para tratar de resolverlos. Tras más de 10 años de experiencia laboral, puedo afirmar que esto último es infinitamente más importante que muchas asignaturas de la carrera, que se olvidan rápido, y de paso algunos podrían ahorrarse el dinero de pagar un master en el que se enseñan cosas que debieran haberse enseñado en la Escuela.

Lamentablemente, y al menos en lo que se refiere a la universidad pública, no parece que todos estos asuntos estén en la agenda. Cabe preguntarse con preocupación, como ya hizo Nietzsche hace más de 100 años, cuál será el porvenir de nuestras escuelas (técnicas):

“Una sola boca que habla y muchísimos oídos, con un número menor de manos que escriben, tal es el aparato académico exterior, tal es la máquina cultural universitaria puesta en funcionamiento.”
Friedrich Nietzsche. 1872.

19/8/10

Tabla periódica de las magufadas

Sabiendo lo importante que es en ciencia ordenar y clasificar, os adjunto la "tabla periódica" de las magufadas, desde las más tradicionales a las new age, para saber de un solo vistazo cuando alguien te está soltando bulos o gilipolleces:



Propongo que se equipe con una de éstas a cada niño en la escuela, completándola con discusiones críticas y distendidas en clase sobre cada uno de los "elementos", incluidas las religiones. Es más barato (y posiblemente más efectivo) que equiparles con un ordenador.