29/6/10

¿Qué me preocupa de la reforma laboral?

Leyendo lo que se viene escribiendo sobre la reforma laboral, tanto en los medios de comunicación como en muchos blogs que me gusta leer, hay una cosa que me empieza a preocupar: las posturas extremas.

Cuando uno defiende su postura con pasión, está convencido de que es la correcta, y lo hace durante un tiempo prolongado, se busca el blanco y negro y se olvida uno de los grises. Es decir, se tiende a insistir demasiado en los argumentos más inmediatos, llamativos y que refutan al “rival dialéctico”, en detrimento de otros, posiblemente más importantes, pero sujetos a discusión e incertidumbre.

En el proceso de reforma laboral que el gobierno está tramitando, lo anterior se traduce en lo siguiente: para unos, la reforma es la solución a la mayoría de nuestros problemas, no importa tanto su contenido: es necesaria una reforma y punto. Para otros, la reforma es un ataque a los derechos de los trabajadores, una consecuencia del sometimiento de los gobiernos al “imperio de los mercados”.

Llegados a este punto, es necesario recordar lo obvio:
  • La reforma laboral no es una receta para resolver un problema inmediato. No reconocer esto, incluso por sus más acérrimos defensores, y explicarlo bien al ciudadano, conducirá a frustraciones de algunos y a un clima de crispación en el que los otros enarbolarán el “yo ya lo dije” sin posibilidad de ser rebatidos.
La reforma laboral es una medida estructural o, como dirían mi compañero de blog, Demócrito, y Jorge Galindo, forma parte de un proceso, de un proceso social: debe poner las bases para facilitar un funcionamiento más ágil y racional de un mercado de trabajo, el español, que ha demostrado con creces su nivel de surrealismo. Debe acompañar el crecimiento económico cuando éste se produzca, probablemente (ojalá me equivoque) dentro de algunos años, y mientras tanto facilitar la salida de la crisis y que la próxima no tenga efectos tan brutales sobre el empleo.

A este respecto, no ayuda nada argumentar que el mercado laboral español es de los más flexibles según algún indicador que circula por ahí, obviando que lo es de forma agregada porque es tremendamente (e indeseablemente) flexible para un 30% de la población y relativamente rígido para el resto. Tampoco ayuda ver día sí y día no al Gobernador del Banco de España reclamando la reforma: está bien que una figura cualificada que dispone de mucha información ofrezca su opinión sobre el tema, pero tanta insistencia, cansa. Sobre todo porque aún estamos esperando que se ocupe de lo que debería, que es de la reforma financiera y de las Cajas de Ahorro.
  • El pim-pam-pum antisindical (en palabras de José Rodríguez), no debe exacerbarse. Cambiar el statu-quo no es fácil para nadie. Los sindicatos se enfrentan también ellos a un proceso: no se trata sólo de combatir una medida que consideran que daña sus intereses o los de sus representados, o su posición en el diálogo social… se trata de que los sindicatos deben redefinir su papel dentro de la sociedad, deben reinventarse, y eso no es fácil para nadie… además, “al enemigo hay que dejarle una salida”, si piensas que aún puede hacer daño. El hecho de que los sindicatos reciban palos por todas partes y estén cada vez más acorralados creo que no puede traer nada bueno. Yo, sin embargo, confío en que lo consigan y salgan de todo esto manteniendo posturas y actitudes menos ancladas en el pasado y los eslóganes. Confío mucho menos en que lo haga la CEOE: mientras que de los sindicatos se puede decir que han sido razonables en el pasado reciente, la CEOE aún mantiene como presidente a un despreciable mamarracho cuya actuación y actitud debería avergonzar a cualquier empresario de este país.

  • Otro punto que me preocupa de la reforma laboral es que se está olvidando lo importante, y centrando todo el debate, como siempre, en los costes del despido. Y se está olvidando exigir a la contraparte: se pone toda la presión en los sindicatos, y se pide un esfuerzo a los trabajadores... pero se nos está olvidando exigir al empresario que cumpla su parte. ¿Qué van a hacer las empresas para mejorar la productividad? La reforma no puede ser un cheque en blanco para las empresas y que éstas tampoco cambien el statu quo. Medidas para indexar los salarios a la productividad, por ejemplo, las empresas son las que tienen que crear mecanismos para aplicarlas con rigor… Otra medida posible que recuerde al empresario su responsabilidad es la de penalizar a las empresas según su historial de despidos. Seguro que hay otras: ¿qué se puede hacer para fomentar la tan traída y llevada innovación? Y hablo de innovación quitándole todo el glamour y el idealismo al proceso, como bien se argumenta aquí y aquí. Sobre todo estoy pensando en las miríadas de PYMES y autónomos que configuran la mayoría del tejido productivo de este país, para los que todo esto posiblemente suene a chino…
Antes decía que se está olvidando lo más importante que debería tener una reforma laboral. Otros han argumentado en detalle sobre el tema, por ej. aquí, aquí o varias veces aquí. Resumiendo mucho, para mi lo esencial es lo siguiente:
  • Eliminar la dualidad. No puede seguir habiendo un 30% de “parias”, la mayor parte jóvenes que sin estabilidad laboral no pueden tener proyecto de futuro. La multiplicidad de contratos eventuales fomenta el fraude (y no, aumentar el nº de inspectores de trabajo no es la solución), favorece la inversión en ladrillos y chiringuitos de playa y, sobre todo, conforma una especie de “reserva para los malos tiempos” para los empresarios, una bolsa de gente que saben que no tendrán problemas para despedir cuando las cosas se pongan difíciles, y por tanto que no tienen ningún incentivo para convertir en indefinidos e invertir en ellos.
  • Eliminar trabas burocráticas y confusión legal a los procesos de contratación y despido. (Y que los costes no dependan de la decisión de un juez, como argumenta Citoyen en el enlace anterior)
Los dos puntos anteriores se podrían resolver con un contrato único indefinido con indemnización creciente por antigüedad. Esto no lo contempla la actual reforma.
  • Reconfigurar la negociación colectiva. Este es un punto complejo, pero el objetivo debe ser claro: que los salarios no tengan un efecto procíclico: no pueden estar aumentando cuando la situación económica empeora. Como ya argumentaba en otra entrada, la reforma debe evitar que los ajustes de productividad se produzcan masivamente vía incrementos del paro, y debe favorecer en lo posible (no es la única tecla a tocar) el incremento sostenido del “valor generado”. 
  • Flexiseguridad: se nos vuelve a olvidar mirar a los países escandinavos, o dicho de otro modo: proteger al trabajador, no al puesto de trabajo. La protección debe aumentar, pero debe incentivar la búsqueda de empleo. Una idea que me gusta es la de incrementar los años de cobro del subsidio del desempleo, pero en cantidades decrecientes con el tiempo. El objetivo es evitar el paro de larga duración, con sus indeseables efectos sobre la productividad y la moral del parado. Pero mejorar la empleabilidad del trabajador exige algo más que su propio esfuerzo: también exige unos servicios de búsqueda de empleo y de formación y reciclaje del trabajador parado que funcionen y no sean meras oficinas administrativas para tramitar el cobro del subsidio.  
Como a nadie se le escapa, algunos de estos puntos son complejos, requieren un análisis bastante técnico, y en mi opinión es lo que debería estar ocupando las horas de estudio y negociación de nuestros agentes sociales, en lugar de las obviedades y los “derechos inalienables del trabajador”. Estudiar los detalles, acordar los mecanismos, probar y rectificar las políticas… pero con dos o tres objetivos claros.

15/6/10

La lucha femenina por los 14 ochomiles

Durante los últimos meses ha sido noticia en el mundo del montañismo hispano la lucha que venían manteniendo la española Edurne Pasaban y la coreana Oh Eun Sun por ser la primera mujer que corona los 14 ochomiles, lucha que parece haber ganado la coreana con su reciente ascenso al Annapurna, a pesar de las dudas que existen sobre si de verdad llegó en su momento a la cima del Kachenjunga o realmente no llegó a coronar.

Mis amigos montañeros han seguido la competición con mucho interés, incluso con patriotismo, poniendo en duda el éxito de Miss Oh con mayor pasión si cabe de lo que ya lo hace el entorno de Edurne y algunos medios de comunicación, sobre todo españoles. Causa risa la manera de dar la noticia de La Sexta al día siguiente de la cumbre de Miss Oh, tratando de desprestigiar a la coreana porque “lleva un equipo de más de 20 colaboradores que le hacen el trabajo” y “todo el despliegue de la televisión coreana”… como si Edurne no llevara con ella a un grupo de élite del montañismo español y todo el respaldo de TVE a través de su programa Al Filo de lo Imposible.

Mi interés como montañero por la “carrera” ha sido escaso: la verdad es que me importa muy poco si es Edurne, Miss Oh o paquita la del barrio la primera que conquista los 14 ochomiles. Creo que todo esto no es más que una lucha de patrocinadores, de la que las televisiones respectivas sacan partido tratando de vender espectáculo. No tengo ninguna objeción a eso, siempre que la lucha sea razonablemente leal y no asistamos a ningún episodio bochornoso. Seguro que hay una audiencia importante que disfruta con el espectáculo. Puedo entender también el interés de las protagonistas, pues además de “pasar a la historia” es una manera de conseguir patrocinadores para el futuro y de conseguir fama e ingresos a base de libros, documentales y conferencias… algo nada despreciable para un mundillo, el del alpinismo profesional, que permite a muy pocos ganarse la vida con desahogo.

Por lo que no paso, sin embargo, es porque las protagonistas que se han metido en esta carrera (o que han sido arrastradas por otros) me digan que para ellas ser la primera no es tan importante, y que no van a la caza del record, y que lo más importante es la belleza de la montaña, y las experiencias compartidas, y bla, bla, bla… Reconocer sin tapujos que ésta actividad tiene mucho de marketing no le resta mérito a unas ascensiones que siguen siendo muy comprometidas, a pesar de todo.

Por eso creo que tan exagerada es la presencia continua de Edurne en programas y medios de comunicación y su presentación como heroína de nuestro tiempo, como injusto es el intento de desprestigiar sus logros como si tales ascensiones fueran paseos por el campo.

A este respecto, suelo seguir con gusto e interés las crónicas que Óscar Gogorza dedica al mundo del alpinismo en el diario El País. Sin embargo, su insistencia en la búsqueda de la pureza en el montañismo le está llevando a ser injusto con Edurne y su equipo y dar una cierta sensación de “manía persecutoria” a todos los que seguimos sus crónicas.

Está bien informar al público general de que existe otro alpinismo, el auténticamente “de élite”, llevado a cabo por personas que buscan la innovación en la manera de ascender una montaña, abriendo nuevas vías no trilladas, generalmente buscando la dificultad técnica y el compromiso, y en cualquier caso tratando de dar un carácter de aventura a una actividad que en parte la estaba perdiendo en los últimos tiempos. Es cierto que esta gente no suele salir en los medios de masas, y que muchos de ellos se las ven y se las desean para ganarse la vida… pero al fin y al cabo, éste es el camino que han elegido. Su presencia en el mundo alpinístico está sobradamente reconocida por el mundillo, y que les reconozcan más o menos entre el público general posiblemente no les importa demasiado. Todo ello no le resta mérito, ni dificultad, ni compromiso, a una actividad como la de Edurne: es cierto que juega en otra liga (algo que ella nunca ha negado), pero también es cierto que estamos hablando de ascender ochomiles, una actividad comprometida incluso si la ascensión se realiza por las vías normales y con generosos equipos humanos y técnicos. Me parece injusto insinuar que lo que hace Edurne es “pasear por la montaña”.

Una vez dejada clara mi posición sobre Edurne, volvamos al tema ése de “ser el primero…”. En mi manera de entender el montañismo el concepto de “ser el primero” tiene poca cabida. Desde luego, ser el primero en ascender una montaña tiene el mérito de enfrentarse a lo desconocido, el componente de “exploración” y de “aventura”… algo que tuvo mucha importancia en el pasado y algo menos ahora, aunque sólo sea porque quedan pocas montañas sin ascender. Pero ser el primero en ascender a 14 ochomiles, o a los 300 tresmiles de los Pirineos, o ser el primero en repetir x veces el Everest, o en ascender a la pata coja tal montaña... en fin, este tipo de cosas, carecen por completo de interés para mi.

Esto no responde a una ingenua búsqueda del purismo, sino a algo más egoísta: ¿qué se puede aprender de este tipo de actividad? ¿Qué lecciones puede sacar un joven montañero, alguien que empieza, de todo ello? En mi opinión, muy poco…

Por otra parte, mis referentes en el mundo del montañismo, como por ejemplo Gaston Rebufat, casi nunca fueron los primeros… Este legendario guía de los Alpes, que formó parte de la primera expedición al Annapurna (cuya cima finalmente hollaron sus compañeros de expedición Hezog y Lachenal), nos deja en sus memorias una lección conmovedora de renuncia a la cima en aras de la amistad, cuando sus compañeros vuelven de la cima seriamente tocados y él y Terray, medio ciegos y con congelaciones, deciden cargarlos a la espalda (en las laderas del Annapurna y con material de los años 50!!!!) y tratar de ponerlos a salvo. Os dejo con sus palabras:

“Mientras abandonamos las dos pequeñas tiendas del campo V para tratar de alcanzar los campamentos inferiores, me parece que durante estos momentos Terray y yo somos los encargados de una misión que corresponde a lo que más me gusta de mi trabajo como guía: disfrutar de la renuncia en nombre de la amistad y negociar con la tempestad para poner a salvo a los compañeros. La noticia de su victoria no debe morir aquí, resulta importante que los propios Herzog y Lachenal la anuncien directamente; si no, poco importaría todo”.

De gente como Rebufat, como Troillet, se puede aprender. Que a la montaña se va a vivir, y no a morir, y que el reto está en buscar disfrutar haciendo lo que te gusta. Muy poco he podido aprender “de los primeros”, salvo de Edmund Hillary. Particularmente de Reinhold Messner, un ermitaño moderno, huraño y elitista, estrella para la que ser el primero sirvió para escribir libros que reflejan su carácter solitario y su filosofía de vida tan particular… escasos de interés, en mi modesta opinión, para cualquier montañero novato deseoso de aprender.

¿Qué nos puede enseñar Edurne, o Juanito Oiarzabal, o Miss Oh, a pesar de sus múltiples conferencias? Muy poco. Todo lo contrario que Iñaki Ochoa, o que Horia Colibasanu, o que los sherpas Dawa y Sonam… o tantos otros cuya actuación en la montaña sí puede servir de inspiración para un joven montañero.

18/5/10

Tres estudios científicos: el bueno, el feo y el malo

Siguiendo con mi manía personal de reflexionar sobre la buena o mala aplicación del método científico, y sobre todo de lo que nos ofrecen los medios de comunicación a ese respecto, me encuentro hoy con tres llamativas noticias en El País que merece la pena comentar, para descargar un poco la tensión que en los últimos días Zapatero, los malvados especuladores y la (merecida) victoria del Barça en la Liga han dejado en el ambiente:
La primera cita un estudio de la Univ. Politécnica de Madrid encaminado a comprobar si la pulserita de los famo-tontos y de los tontos a secas, mejora o no mejora el equilibrio. Decir, en defensa del honrado cuerpo de ingenieros que se forman en dicha santa casa (entre los que me cuento), que el estudio lo realiza una tal Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, desconocida para mi hasta el momento, pero al parecer con bastante tiempo libre, como su propio nombre deja entrever...

La segunda noticia cita un estudio de una catedrática de Nutrición de la Univ. Complutense de Madrid.

La tercera no se refiere a un estudio concreto, sino a una entrevista con Thomas Verny, "psiquiatra de bebés y embarazos" (sic) en la que suelta esa perla y alguna otra similar, basándose en "sus experiencias".

Os voy a explicar por qué, a pesar de la apariencia un tanto frívola de las tres noticias (y por extensión de los estudios a los que hacen referencia), la primera me parece BUENA, la segunda FEA y la tercera MALA. Por supuesto, esta es mi opinión personal basada en los datos que se ofrecen en el desarrollo de la noticia, no conozco en detalle los estudios concretos, por lo que podría meter la pata en algún punto (esto lo digo por las posibles querellas, más que nada...)

  • EL BUENO: Resulta que el estudio sobre la pulserita de marras parece cumplir con los pasos necesarios para sacar alguna conclusión relevante en este tipo de estudio: sistema de "doble ciego" (ni los voluntarios ni los experimentadores saben qué pulsera lleva holograma y cuál no, para no influir en los resultados), las pruebas de equilibrio están normalizadas, se utilizan instrumentos para objetivar lo que se entiende por "equilibrio", se hace un estudio estadístico final... y se concluye que "no hay evidencia de efecto en el equilibrio". Sin más. No se cuestiona si la pulsera incrementa la erección, o refuerza la autoestima, o te hace sentir más guapo, etc. Eso, lógicamente, requeriría un estudio ad-hoc similar al anterior.
  • EL FEO: el segundo estudio concluye que "los niños que consumen más pan tienen menos sobrepeso y obesidad y mejores parámetros sanguíneos y de otros nutrientes." En el detalle de la noticia comprobamos que se toma una muestra de niños, y se relaciona su estado inicial con su ingesta de pan. Luego se hace una hipótesis teórica: si aumentamos la cantidad de pan en la dieta, los parámetros físicos mejorarán. A continuación se le aumenta una cantidad de pan a la dieta de una parte de la muestra, y se vuelven a analizar sus parámetros físicos para comprobar la validez de la hipótesis. Se encuentra que los parámetros han mejorado,y se llega a la conclusión de que el motivo es el pan. Pregunta para el lector: ¿soy el único que encuentra varios defectos en esta metodología? Insisto en que no tengo los detalles del estudio, pero sólo con lo que se deduce de la noticia, deberíamos concluir que éste no cumple adecuadamente el método científico: se hace una afirmación y se prepara un experimento para ver si dicha afirmación se cumple... pero no parece tenerse en cuenta el resto de posibilidades, como que el pan no sea el único factor, que la correlación pueda ser espúrea... ¿se ha comprobado si la afirmación también se cumple si aumentas la ingesta, pongamos por caso, de fresas silvestres en la dieta? Y si es así, cuál es el efecto relevante, el del pan o el de las fresas? ¿Se dice algo sobre la cantidad de pan a partir de la cual podemos esperar una mejora de los parámetros? ¿Se ha controlado la muestra por otros factores que pudieran introducir fuertes sesgos, como la herencia genética, etc. En fin, si este estudio no entra directamente en la categoría de MALO, es porque leemos (era de esperar) que está patrocinado por el sector del pan español, lo cual lo sitúa directamente en el apartado de FEO.
  • EL MALO: de éste, que debería ser el feo a juzgar por la foto del interfecto, realmente desconozco los detalles de su trayectoria científica. Quizá Terapeuta pueda ofrecernos algo de luz. Pero si tenemos que juzgar sólo por lo que afirma en la entrevista, lo voy a catalogar de MALO porque las afirmaciones que lanza el tipo, basadas en experiencias personales cuando no directamente en "testimonios", rayan directamente en el chamanismo.
En conclusión: nos quedamos con el primer estudio. Habrá quien diga que para saber que las pulseras power-balance no funcionan no hacía falta un estudio tan cuidadoso. Ya lo sé!!: es sobradamente conocido que las únicas pulseras con efecto en el estado de ánimo (de una parte de la población), y que mejoran la función sexual (de ambas partes de la población) SON LAS PULSERAS DE DIAMANTES. Y esto es empirismo puro: prueba y verás. ;)

12/5/10

Momentos de cambio

No sé a vosotros, pero con el vértigo que estamos viviendo desde hace meses, imbuidos en una crisis mundial sin precedentes desde el Crack del 29 y la vorágine de acontecimientos que la acompañan, a mi no se me quita la sensación de estar en un momento histórico trascendente, de ésos de los que se suele decir, en un alarde de empirismo envidiable, que habrá un “antes” y un “después”.

La sensación podría ser exagerada, al fin y al cabo no estamos al borde de una guerra mundial (espero), ni de una revolución burguesa que trae nuevas ideas (¿alguna nueva idea flotando en el ambiente?), ni siquiera de la toma del poder por el proletariado y el sacrificio en plaza pública del Tío Gilito y sus dorados saqueadores (para quien no haya pillado la sutil metáfora = Goldman Sachs).

No obstante lo cual, mi sensación sigue siendo que después de la tempestad, nuestro barco ya no navegará por las mismas aguas. Que este es un momento trascendente, al menos para Occidente, al menos para la UE… y también para España. Veamos por qué.

En mi opinión confluyen varias cuestiones vitales en esta crisis. Sin ánimo de exhaustividad, citaría las que se me vienen a la cabeza:
  • Es una crisis global, afecta en mayor o menor medida a todos los países, incluidos (y muy especialmente) a los países desarrollados.
  • Ha vuelto a poner sobre la mesa cuestiones relacionadas con la competitividad de los países en el comercio mundial. Esta cuestión, cacareada por consultores y gurús desde los años 80 y 90 no había soportado demasiado bien el contraste empírico. En estos momentos, sin embargo, vuelve a estar sobre la mesa la cuestión de si los países occidentales pueden mantener su posición en el comercio mundial frente a China, India, Brasil y otros mediante el “business as usual” o necesitan realizar profundas reformas.
  • Ha destapado las debilidades y las malas prácticas de los sistemas financieros, alzándose voces que exigen una mayor regulación y control que disminuyan el riesgo moral (instituciones demasiado grandes para caer, megarescates públicos sin contrapartida). Sin embargo, los políticos parecen incapaces o reacios a atacar ambos problemas, tanto las debilidades del sistema como las malas prácticas de algunos de sus agentes, que han demostrado que tienen que ser salvados hasta de sí mismos.
  • Ha puesto una presión brutal sobre la UE y el mismo concepto de la unión económica y monetaria, dando la razón a los que alertaron de sus riesgos y regocijando a los que siempre desearon verla fracasar. La UE se encuentra en una disyuntiva crucial: de aquí puede derivarse su declive definitivo o su refundación sobre pilares más sólidos.
  • En los países de la UE, particularmente, la crisis ha puesto en cuestión de manera dramática la sostenibilidad de sus estados del bienestar, sobre los que ya existían dudas fundadas en momentos anteriores a la crisis.
  • Confluye un escenario de inminente crisis energética (no ajena a la propia crisis económica) con varios frentes abiertos a nivel mundial:
    • Dependencia masiva de un petróleo cuya producción está posiblemente en declive y por tanto final del petróleo barato, con su consecuente necesidad de sustitución.
    • Debate mundial sobre el Cambio Climático sin avances significativos desde hace años: a la evidencia masiva de la presión que nuestro modelo económico está poniendo en los ecosistemas y el clima, se le une una gran incertidumbre sobre el impacto que esto puede tener sobre nuestro bienestar y, particularmente, el de las generaciones futuras.
    • Esto genera un debate ético sobre si se debe actuar ahora, y sobre el coste de dicha actuación. Sobre todo si el capital a invertir ahora es retirado de otras iniciativas que se perciben como más urgentes: pobreza, enfermedad, acceso al agua potable… 
  • Crisis de los políticos: dificultad de los partidos y las ideologías tradicionales para renovar el discurso y atraer al ciudadano hacia la participación democrática y responsable (con las limitaciones que el sistema impone, no seamos más ingenuos de lo necesario…) en los problemas de la sociedad. Con la excepción esperanzadora de Obama en EEUU, podríamos citar tanto una “crisis de la izquierda” como una “crisis de la derecha”, a saber:
    • La izquierda es incapaz desde hace tiempo de articular un discurso para los nuevos tiempos (con crisis o sin ella). Una vez asumidos por las democracias occidentales gran parte de los principios defendidos por la izquierda, algunos de ellos imbuidos en los estados del bienestar de muchos países, la izquierda se debate entre sus viejos fantasmas (pasado marxista, ideología rancia ingenuamente anti-liberal, pro-ecologista, etc.) y las nuevas veleidades populistas (Morales, Chávez… cuando no Ahmadineyad entre los particularmente necios). Ved por ejemplo éste artículo (con sus decepcionantes últimos párrafos), o ver destellos de brillantez por aquí, por aquí y algunos de los discursos que se leen por aquí.
    • La derecha, sobre todo el Partido Republicano de EEUU y los que en otros países ven en él su guía y reflejo, muestra una preocupante deriva radical anti-estado, anti-científica e intolerante (ver aquí). Su versión ibérica queda brillantemente retratada aquí.
  • En el caso de España, ha puesto de manifiesto que el “milagro español” no lo era tanto, y que sin profundas reformas que orienten nuestro tejido productivo hacia el crecimiento, nuestros niveles de vida y los de nuestros hijos van a caer muy por debajo de los que veníamos disfrutando. Incluso con dichas reformas, es inevitable un período duro de ajuste y reorganización que no será fácil de gestionar para los políticos y para la gente en general.
Me gustaría sacar un mensaje positivo de todo ello, aunque me cuesta. Tal mensaje sólo puede consistir en la esperanza de que las instituciones que más contribuyen a nuestro bienestar salgan reforzadas de este período de crisis, habiendo aprendido algo para la próxima.

Puntos que serían deseables (y soy consciente de lo patéticamente ingenuo que parezco al escribirlas):
  • Reforma financiera mundial, siquiera parcial o progresiva, pero imprescindible para no volver a las mismas prácticas que precipitaron la crisis.
  • Refundación de la UE, sobre bases más sólidas y flexibles que incluyan gobernanza económica además de monetaria, mayor agilidad en momentos de crisis, incremento de la democratización de las instituciones europeas y pedagogía hacia el ciudadano…
  • Altura de miras de los políticos. Considerar al votante como alguien inteligente, apoyarse en el consejo de los que saben, explicar el por qué de las cosas, la necesidad de las reformas y los riesgos que se corren si no se hacen. Aunque esto parece una condición inasumible para un político, me temo que será la única manera de evitar, o al menos disminuir, las protestas y estallidos sociales que pueden llegar a producirse consecuencia del tremendo ajuste que se nos avecina (quizá inevitable en cualquier caso), y cuyo ejemplo a pequeña escala lo estamos viendo en la crisis griega.
  • Reevaluación de las acciones contra el Cambio Climático, para hacerlas compatibles con la mejora en los niveles de vida de los países más necesitados. Convertir la crisis energética en una oportunidad.
  • Necesidad de un nuevo impulso del movimiento conservador y de una derecha moderna, racional, científica y tolerante… por ejemplo como ésta.
  • Necesidad imperiosa de refundar la izquierda de modo que, sin renunciar a unos valores universales de redistribución, justicia social, igualdad de oportunidades de origen, solidaridad ante el desfavorecido por los caprichos de la naturaleza, por la enfermedad o la exclusión social, etc., adopte una visión pragmática de la política, mucho más basada en el empirismo y la evaluación de políticas, dispuesta a defender los estados del bienestar basándose en políticas capaces de sostenerlos (no en “derechos adquiridos e inalienables”), asumiendo la defensa de la sostenibilidad en sentido amplio y el rechazo indiscutible de los totalitarismos y populismos mal llamados “de izquierdas”. Vamos, una izquierda como ésta.
¿Alguien se atreve a completar el cuadro?

4/5/10

La muerte de Tolo Calafat en el Annapurna

Es la primera vez, creo, que voy a escribir de montañismo en el blog, lo cual no deja de resultar curioso, pues es un tema que me apasiona y al que dedico parte de mi ocio. La razón es la trágica muerte del alpinista Tolo Calafat en el Annapurna, en unas circunstancias que no se diferencian demasiado de otros casos anteriores, pero que sin embargo, por obra y gracia de las poco medidas declaraciones de Juanito Oiarzábal acusando al equipo de la coreana Oh Eun Sun de falta de solidaridad, han dado lugar a una batalla dialéctica en el mundo del montañismo de élite que no está siendo precisamente edificante. Me gustaría hacer algún comentario sobre esta polémica.

En éste enlace está la noticia, y en éste y éste detalles de la polémica posterior, para los más interesados en el tema.

Ante todo hay que decir algo que cualquier montañero que haya estado en situaciones de dificultad sabe bien: no se puede juzgar a la ligera, desde el sofá y viendo el telediario, las decisiones que en circunstancias adversas tiene que tomar un montañero. La montaña, sobre todo en invierno, y sobre todo a mucha altitud, es un terreno hostil, que puede jugar malas pasadas. Una situación de dificultad, por ejemplo sufrir un accidente, o simplemente presenciarlo, o perderse en la niebla cuando se acerca la noche y el agotamiento llega, o verse enriscado en un precipicio del que no se sabe cómo salir, etc., es una situación de estrés en la que cualquier persona puede tener dificultades para tomar las decisiones correctas. Esto, que es válido para Pirineos, imaginaos lo que puede suponer en el Himalaya, a más de 7.000 m, con las facultades físicas y mentales muy seriamente disminuidas.

Cualquier alpinista que acude al Himalaya a escalar un ochomil sabe, o debe saber, que por encima de 7.000 m un rescate es casi imposible, sobre todo si el tiempo no acompaña (que no suele acompañar…). Uno bastante tiene con tambalearse para abajo buscando el pequeño refugio que son los campos de altura, como para pensar en bajar a cuestas a un compañero. En el mejor de los casos, se le puede esperar. O, después de descansar e hidratarse durante unas horas, si las congelaciones y el estado físico y mental general no lo impiden, tratar de subir a ayudar al que se ha quedado atrás. Pero para esto hay que estar muy seguro, para no terminar lamentando dos muertes en lugar de una. Y, en cualquier caso, las decisiones que atañen a la propia vida son de uno mismo y de nadie más.

Por eso me llenan de estupor las declaraciones altisonantes de Juanito Oiarzábal, poco menos que acusando a los sherpas de la expedición de Miss Oh de no haber querido ayudar “ni siquiera ofreciéndoles 6.000 € a cada uno”, y acusando a la propia Miss Oh de no ponerse firme con ellos. ¿Cómo es posible que exijas a unos sherpas que hagan lo que tú mismo no te has considerado capaz de hacer? Entiendo que se lo pidas, entiendo tu frustración ante la negativa… pero no entiendo que les exijas que se jueguen la vida, ponerle precio a dicha vida y luego acusarles de no haber aceptado ni por ésas… gesto, éste último, que les honra: me hubiera dejado una mala sensación si hubieran aceptado ir a por Tolo, por dinero.
Hay quien dice que las declaraciones de Juanito fueron en caliente, motivados por la tensión del momento, pero no es así: Juanito se ratificó posteriormente en varias entrevistas. Un tipo de su experiencia no puede ser tan bocazas: debe saber la repercusión mediática que iban a tener sus palabras, la polémica que iban a provocar, y las dudas que iban a sembrar, una vez más, sobre la ética, y por tanto sobre los logros, de Miss Oh y su equipo.

Nada hay en la actitud de los sherpas de Miss Oh que me parezca reprochable. Mucho más me lo parece, si se confirma, el hecho de que la expedición coreana vaya retirando las cuerdas en los pasos clave de la ascensión, durante su bajada, cuando saben que hay otras expediciones arriba que tienen que bajar por el mismo sitio. Es costumbre en el Himalaya no retirar las cuerdas que has colocado, o que han colocado otros, pues suelen servir para el paso de varias expediciones más. Obligar al equipo español a perder tiempo y profundizar su agotamiento bajando a pelo un corredor que creían equipado pudo suponer un antes y un después en la vida de Tolo. Pero eso nunca lo sabremos, pues muchas otras circunstancias confluyeron en el drama: una cima demasiado tardía, una posible mala medición de las propias fuerzas, un bloqueo mental posterior, etc.

No es de extrañar que después de todo esto, otros montañeros e himalayistas de renombre hayan afeado a Juanito su actitud. A partir de aquí se ha desatado una pequeña batalla en la que salen a la luz viejas rencillas y se ponen en cuestión los méritos de unos y de otros.

Todo esto es bastante lamentable, pero no hay que olvidar que entre los alpinistas de élite el ego suele ser casi tan grande como las montañas que escalan. Las polémicas sobre qué pudo hacerse mal y “qué hubiera hecho yo si hubiera estado allí” son habituales, los debates acalorados… y cuando no se quedan dentro del “mundillo”, sino que trascienden a los medios de comunicación la cosa empieza a degenerar.

Creo, sin embargo, que los aficionados a la montaña debemos quitarle importancia a todo esto. Podemos opinar (todos podemos opinar, eso que quede claro) con respeto hacia los que realizan una actividad bella como pocas y en la que lo ponen todo en juego, hasta la propia vida, sabiendo bien lo que se hacen. Podemos opinar teniendo en cuenta las condiciones en un ochomil, tan dramáticamente adversas que no se pueden juzgar las decisiones de los que están allí con la vara de medir de los que estamos aquí. Carlos Pauner y Juanito Oiarzábal posiblemente hicieron mucho, quedándose en el Campo 4 en sus condiciones, para tratar de ayudar y organizar el rescate. Quedémonos además con otros gestos de auténtica grandeza en la montaña, como el del rumano Horia Colibasanu, que trató de subir a por Tolo a pesar de sus malas condiciones físicas, como ya había hecho el año pasado con Iñaki Ochoa. Y sobre todo con los de los sherpas Sonam y Dawa. Éste último, después de haber coronado con Carlos, Juanito y Tolo, y haber bajado al campo 4 tan machacado como ellos, aún tuvo la fuerza interior de subir de nuevo a buscar (infructuosamente) a Tolo con un saco de dormir y una botella de oxígeno, en medio de la ventisca… Eso es, literalmente, jugarse la vida, y nadie se acuerda después de esta gente, de estos auténticos superhombres que son los pobladores del Himalaya. Para contribuir a su recuerdo, os copio aquí (de la web http://www.barrabes.com/) la dedicatoria reciente del propio Carlos Pauner, que no tiene desperdicio:

DAWA, EL HEROE ANÓNIMO , por Carlos Pauner

"Ya estamos en Kathmandú, a punto de dejar este país de montañas. Tras los terribles días pasados, hemos conseguido recuperarnos y descansar antes de iniciar la vuelta a nuestro hogar. Atrás han quedado todos los tristes acontecimientos pasados y los cuerpos se recuperan poco a poco de la tremenda paliza que supone ascender a una montaña como el Annapurna. Gracias a nuestra aseguradora FIATC, las incipientes congelaciones y la ceguera no han ido a mayores y su ayuda en nuestra rápida evacuación ha cobrado suma importancia. Nuestra confianza en vosotros crece día a día. Gracias amigos.
En este momento de reflexión y agradecimientos, no podía dejar pasar por alto a una persona fundamental en toda esta aventura. El Sherpa Dawa, así como su compañero Sonam. Ambos dos han trabajado para nosotros en esta difícil expedición, ayudándonos en el duro trabajo en la montaña. No obstante, su trabajo ha ido mucho mas allá de lo cotidiano en esta extraordinaria vivencia. Cuando Tolo quedó inmovilizado a 7.600 m, pedimos ayuda a Sherpas cercanos del equipo coreano y nos dijeron que estaban muy cansados del ascenso a la cumbre y que no podían hacer nada. Estaban en su derecho y me parece totalmente razonable. Poco más que decir. Sonam se había quedado con Tolo toda la noche e intentó traerlo hacia abajo, hacia la vida, pero Tolo ya no caminó más. El decidió, lógicamente, salvar la vida y bajó por la mañana al campo 4. Juanito, Horia y yo, venidos de la cumbre, no teníamos ninguna posibilidad de llegar hasta arriba, sin un descanso suficiente. Hablé con Dawa, este fuerte Sherpa de casi 50 años. Era nuestro último cartucho allá arriba y la verdad es que no lo dudó. Llevando oxígeno, comida, medicinas y un saco, salio para arriba al encuentro de Tolo, con fe y decisión. Yo se lo sugerí y el aceptó, eso fue todo. Dejó la seguridad del campo 4 y salió hacia la zona de la muerte, no para trabajar, sino para buscar a un amigo, Tolo y devolverlo a la vida.

Cuando volvió tras más de 11 horas de ascenso, sin que el blanco manto de la nieve caída le hubiera delatado ningún signo de vida, Dawa tenía lágrimas en los ojos. No lo he encontrado, no he podido, dijo... Mis lágrimas eran por los dos, puesto que había perdido a un gran amigo y casi había visto desaparecer a otro. Dawa hizo un sacrificio extraordinario, no por dinero, no por gloria, no por fama. Lo hizo tan sólo porque comprendió que era el único que lo podía hacer y sabía que la vida de su compañero, que no de su jefe, estaba en juego. Cuando los hombres están tan cercanos al límite entre la vida y la muerte, aparece lo mejor y lo peor de ellos. Los vínculos entre nosotros se estrechan y los lazos laborales se difuminan, dejando paso a sentimientos humanos y viscerales. Nunca me he alegrado tanto de poder abrazar a un Sherpa noble y poderoso, de decirle que estoy orgulloso de ser su amigo y que puede contar conmigo, al igual que él nos entregó su valía. Gracias Dawa, gracias por tu esfuerzo, gracias por ayudarnos y espero que nosotros podamos hacer lo mismo contigo. Si alguien merece un premio, una ayuda, desde luego, es este héroe anónimo de 50 años, cuyo único modo de vida es subir montanas, arriesgar la vida por un salario y que creo que debería ya descansar tranquilo en su pequeño pueblo. Ojala podamos hacer algo por él."


Ha muerto un montañero, otro más, en una montaña cuyo ratio de muertos en relación al número de ascensiones es del 38%. No será el último. Dejémosle descansar en paz.

29/4/10

Carta de amor a la verdadera izquierda

                                                                                                                                                                    
Por motivos personales hace mucho que no escribo nada. Tampoco tenía idea de hacerlo hoy pero uno, tranquilote de por sí, a veces pierde la paciencia y al final le hacen hablar mal. Así que les pido excusen el lenguaje de esta entrada. Entrada que no es en realidad más que una respuesta a Popota, un genuino representante de la verdadera izquierda. Pero izquierda de la buena, oigan, no esa de vendidos al capitalismo y nazionalistas españoles que pulula por aquí. Sin más preámbulo la copio aquí, ligeramente editada:

"Gracias por esta nueva perla de demagogia, Popota. Como la economía española, sigues cayendo en barrena y sin perspectivas de tocar fondo. El partido de ayer ha debido hacer mucho daño.

Es obvio que los contratos laborales han de estar protegidos y supervisados por la ley, pero en aquellos aspectos (igualdad, condiciones laborales, cumplimiento de las cláusulas) que atañen al ámbito legal. La intervención judicial en aspectos organizativos de las empresas es un lastre que obliga a optar al empresario SIEMPRE, aunque haya otras posibilidades, por el pago de 45 días al año para casi cualquier despido. ¿Por qué? Por el mismo motivo por el que en españa no se utiliza el procedimiento judicial para solventar numerosos incumplimientos en otros ámbitos (impagos, de cláusula, etc.) si no es imprescindible: por la lentitud e ineficiencia de la justicia española (¡en juicios te veas, aunque los ganes! maldicen los gitanos)

A mí me gustaría saber qué alternativas ofrecéis vosotros, los predicadores de la verdadera izquierda, esa que llega al poder y lo primero que hace es poner a su hermano al frente de una embajada de broma. Alternativas para superar una situación desastrosa que lo es ya desde hace 35 años. No es un invento de Aznar, o del Borbón, o del GAL, o del Tribunal Constitucional, o de cualquiera de vuestros sospechosos habituales..

Porque en realidad es muy sencillo. Tampoco hace falta ser muy listo para comparar el histórico de las tasas de desempleo de los países de la UE y comprobar que mantenemos un diferencial abultado, constante, que se dispara en las recesiones para luego tardar diez años en recuperar cifras inimaginables para nuestros vecinos (porque las actuales no son inimaginables, son grotescas). En román paladino: nuestro mercado laboral apesta. No funciona. Y eso significa que su regulación apesta y no funciona. Nada nuevo, por cierto, porque cuando casi todos los contratos eran indefinidos y con elevados costes de despido aún funcionaba peor ¿O ninguno de vosotros se acuerda de la recesión, acompañada de inflación galopante y paro desbocado, de finales de los 70' y principios de los 80'? ¿Habéis olvidado los famosos 800.000 puestos de trabajo? ¿Acaso creéis que las medidas de flexibilización (incompletas) realizadas bajo los gobiernos de González se hicieron porque le gustaba pelearse con la UGT? No, se hicieron porque no quedaba más remedio, como no quedó más remedio que hacer una reconversión industrial enfrentándose a los de siempre: los sindicatos y la verdadera izquierda. Una flexibilización que, como la llevada a cabo por Aznar, dio sus frutos: reducir la tasa de paro, al menos en las etapas de crecimiento, a costa de crear una dualidad que aún sufrimos. Y esto porque en vez de tomar decisiones valientes se chapucearon mil parches que acabarían sufriendo los que menos peso político tienen: los jóvenes.

Me hace gracia vuestra indignación de tertulia de bar, la soberbia con la que pontificáis desde la ignorancia y la seguridad de ser "los buenos", aquellos que se enfrentan a los malvados explotadores con sombrero de copa y puro que para sentarse utilizan obreros en vez de sillones. Lo mejor de todo es que estáis defendiendo una estructura de corte fascista, heredada directamente del franquismo y diseñada para tener a la clase trabajadora engordando en el pesebre, que así no cornea. Algo que se ha logrado divinamente, por cierto: aquí nadie sale a la calle a no ser que le toquen lo suyo o pierda su equipo de fúrbo. Y después de mí, el diluvio.

Lo que vuelve a demostrar que no sabéis muy bien de qué estáis hablando. Un estado social y de derecho no debería dejar en manos de particulares aspectos de protección social básica. Porque eso es la indemnización por despido: cargar el peso de la protección al desempleado sobre la empresa, que está encantada de transferir ese coste a los salarios (¿o es que creéis, almas cándidas, que lo restan de los beneficios?) o evitarlo echando a la calle temporales. Y además así la administración no tiene que cumplir con su deber, es decir, crear un organismo que ofrezca el apoyo necesario a los parados. O sea, prestaciones por desempleo y reinserción laboral efectiva. Como un país civilizado, vamos.

Porque todos sabemos que eso de flexibilizar el mercado manteniendo la seguridad del trabajador es un invento raro que algunos vendidos se han sacado de la chistera. Países tercermundistas como Dinamarca, Austria u Holanda las han aplicado con un resultado desastroso: tasas de desempleo actuales que rozan el 7,5% en el primer caso, el 5% en el segundo y el 3,9% en el tercero, sueldos elevados, carrera laboral continuada aunque cambies de empresa, bajo paro juvenil y femenino, etc. De hecho, les va tan mal que emigran masivamente a España porque saben que aquí encontrarán trabajo fácilmente y en magníficas condiciones. Sin saber que todo se lo debemos a los desvelos de los verdaderos izquierdistas. A personas que, como Popota, están siempre prestas a acusar a los borbones, a los nazionalistas españoles y a los capitalistas de sombrero de copa de todo lo que vaya mal."

26/4/10

¿Muchos parques eólicos reducen la variabilidad de la energía vertida a la red?

Hablábamos en la anterior entrada sobre la necesidad de disponer de fuentes de respaldo para las energías renovables, debido a que éstas son variables e impredecibles.

Nota al margen nº 1: No todas lo son, por cierto: las mareas son poco variables y nada impredecibles.

Pero la que nos importa a estos efectos es la eólica, que aúna las características de una fuerte variabilidad e impredictibilidad con una elevada implantación en España (y otros países) que aumentan considerablemente sus posibilidades de afectar negativamente a la red.

Pues bien, uno de los argumentos que los partidarios de la eólica están esgrimiendo mucho últimamente para defenderse de tal acusación es el siguiente: cuando tienes una sola instalación eólica, o varias muy cercanas entre ellas, está claro que estarán afectadas por los caprichos del viento reinante en la región donde estén ubicadas. Habrá que prever una potencia equivalente de respaldo que no sufra esta variabilidad y que además pueda arrancar y conectarse a la red con facilidad, típicamente una o varias centrales de gas.

Nota al margen nº 2: La centrales que más rápidamente pueden arrancar y parar son las hidráulicas, pero habrá pocos casos en que se pueda considerar a la hidráulica como energía de respaldo de la eólica: para ello tendrían que ser centrales de bombeo (que te permitan revertir la situación una vez pasada la emergencia) y desde luego haber suficiente capacidad para acometer esta tarea, tanto en número de instalaciones como en volumen embalsado, lo cual nos lleva a si ha sido o no un año hídrico bueno… es decir, volvemos a la variabilidad e impredictibilidad.

Sin embargo (sigue argumentando el avispado defensor de la eólica), si tú tienes varios parques eólicos suficientemente distantes, el viento en esas zonas no variará al mismo tiempo… puede que cuando el viento se reduzca en una zona, en la otra no lo haga, o incluso aumente. Según vas añadiendo parques eólicos al sistema, sobre todo si son distantes y en zonas con vientos “desacoplados” entre ellos, irás reduciendo la variabilidad de la energía vertida a la red, pues unas instalaciones se compensarán con las otras. Éste es el argumento defendido en éste artículo aparecido recientemente en The Green Grok, una página de la Universidad de Duke dedicada a la sostenibilidad.

La idea es simple: es como si tuvieras un conjunto de aparatos que generaran una señal según un movimiento ondulatorio, cada uno el suyo. Si mezclas todas las señales sin un patrón predeterminado, es decir, más o menos al azar, será muy difícil que los picos y los valles de las todas las ondas coincidan entre sí en el tiempo y se refuercen: con algunos sí ocurrirá, pero con otros coincidirán los picos con los valles y en la mayoría de los casos todo tipo de situaciones intermedias, que darán como resultado más probable una onda mucho más suavizada que las originales, con lo que habremos reducido la variabilidad.

Por desgracia, la realidad no es tan simple. Muchos países con potencia eólica no son tan extensos como para tener zonas de vientos “independientes”. Y, en cualquier caso, la variabilidad del viento es tan grande que incluso la suma de varios parques eólicos apenas la reducen. Una muestra la podéis ver para Irlanda y para Inglaterra en el Capítulo 26 del libro que el profesor de Cambridge David JC MacKay ha dedicado a la sostenibilidad energética. Lo podéis también ver en la figura que os estracto. En ella se aprecia la necesidad de la red eléctrica de afrontar caídas de potencia repentina así como períodos de calma de varios días, incluso sumando el efecto de varios parques eólicos.


En palabras de MacKay:
“Figure shows the summed output of the wind fleet of the Republic of
Ireland from April 2006 to April 2007. Clearly wind is intermittent, even if
we add up lots of turbines covering a whole country. The UK is a bit larger
than Ireland, but the same problem holds there too. Between October 2006
and February 2007 there were 17 days when the output from Britain’s 1632
windmills was less than 10% of their capacity. During that period there
were five days when output was less than 5%.”

Por lo tanto, podemos concluir que la reducción de variabilidad no es tanta como se supone y dependerá de cada país o región (en EEUU, y para parques eólicos off-shore distanciados entre sí, puede ser superior al caso de U.K., como el artículo de The Green Grok apunta).

Una idea simple, brillante… y arriesgada

La tesis que voy a defender es que, incluso si se demuestra que la variabilidad promedio del conjunto de parques eólicos de un país o región se reduce durante el año, no podemos prescindir de todas formas de una potencia de respaldo suficiente, salvo que queramos incrementar de modo dramático el riesgo para el sistema.

La razón fundamental es que el gestor técnico del sistema eléctrico no puede ejecutar la compensación entre unos parques y otros a voluntad. Es decir, sigue dependiendo de los caprichos del viento, por más que éstos se compensen unos con otros en las diferentes zonas. Esto significa que, aunque en promedio anual la variabilidad se reduzca y los parques eólicos se vayan compensando, el gestor de la red no puede funcionar en base a valores promedio: existe una probabilidad no nula (ni siquiera muy pequeña, en mi opinión) de que coincidan los valles de dichos parques una o varias veces al año, simplemente por azar. En ése caso, la caída de potencia sería más brusca todavía que en el caso de un solo parque, y sin potencia suficiente de respaldo y/o fuertes interconexiones a la red de otros países la red podría colapsar.

Por eso la interconexión de muchos parques lejanos, deseable porque suavizan la curva de aportación de potencia a la red, nos puede dar una falsa sensación de seguridad: las caídas de potencia serán mucho menos probables, pero tendrán un impacto mayor cuando se produzcan. La potencia de respaldo sigue siendo necesaria, además de fuertes interconexiones a la red transnacional (este punto es esencial en España, poco conectada al exterior).

Eso, y avanzar hacia sistemas de almacenamiento de energía que absorban estas fluctuaciones. Eso, para otra entrada…