2/7/09

¿Saben Economía los economistas?

Haría mal el lector, sobre todo el lector perteneciente a la profesión económica (de entre los miles que nos leen a Demócrito y a mi…) en considerar esta pregunta como una (mera) provocación.

La pregunta pretende ser retórica, puesto que el que escribe estas líneas está convencido de que si alguien sabe economía, son los economistas, o al menos algunos de ellos.

El drama es que, lamentablemente, la pregunta no es retórica, o al menos no para gran parte de la profesión, a juzgar por lo que nos cuenta Citoyen en esta entrada, y lo que se extrae de la nota de Paul Krugman que en ella se enlaza.

Lo podemos resumir en una frase: “la profesión tiene un problema” (la profesión económica, se entiende). Y es un problema muy gordo.

Es cierto que la profesión es vilipendiada por propios y extraños que a menudo no conocen lo más elemental de sus fundamentos, pero yo sobrevolaría ese punto sin darle más importancia que la que tiene (es lógico que todo el mundo opine de economía, puesto que trata de temas muy cercanos al bienestar de la gente: dinero, salarios, paro, inflación, etc).

El auténtico problema, en mi opinión, viene de dentro. Porque si, como se afirma, un gran número de economistas no entienden los modelos en los que se basa su disciplina, entonces se está cuestionando los fundamentos mismos de la profesión: ¿qué confianza podemos tener, no ya en las opiniones, sino incluso en los trabajos de los propios economistas?

Como el anterior párrafo suena un poco radical, conviene aclarar algo: mi objetivo con esta entrada no es añadir un ataque más a la profesión económica: mi propia postura al respecto ha ido mejorando a medida que conozco un poco más del mundillo, desde posiciones bastante escépticas y críticas hasta otras mucho más matizadas. Mi objetivo es sencillamente añadir alguna reflexión a cuál puede ser el problema que hace a la profesión económica tan controvertida, bajo la tesis de que tiene que haber algo bastante profundo en el asunto.

Seamos sensatos: es obvio que un gran número de economistas sí entiende los modelos económicos. Por lo tanto, aquí puede haber un doble problema:

a) Un problema de “divulgación”, en el sentido de saber explicar al gran público los fundamentos de la disciplina, siguiendo la tradición de la divulgación científica por ejemplo en Física o Biología.

b) Un problema de “enseñanza académica”, que va más allá de la mera confección de los programas académicos.

Un caso personal a modo de ilustración

Os voy a contar mi caso personal: en la Escuela de Industriales de la UPM hay un curso de Economía en 3º de carrera (del plan de 6 años que yo estudié). Para un alumno al que se le supone cierta pericia matemática, que ha pasado ya por las abstracciones del Álgebra, se ha enfrentado al Cálculo Infinitesimal y las Ecuaciones Diferenciales y con un par de cursos con asignaturas de Física y de Química en la chepa… comprender las sutilezas de esos modelitos aparentemente simples que el profe de Economía pintaba en la pizarra, con dos sencillas curvas que se cortan… bueno, debería ser fácil, ¿no? Pues no. Para mi sorpresa y disgusto, me vi bastante incapaz de entender a la primera cada par de curvas que el profesor explicaba en la pizarra. Bien, esto puede ser un problema mío, bien sabe dios y el diablo que no soy el tipo más listo ni de mi barrio… pero no lo creo, mirad, no me creo tan especial ni como para detentar en exclusiva la bandera de la estulticia… estoy seguro de que allí en la Escuela la podíamos levantar muchos, y también en las Facultades de Economía, claro.

Lo cierto es que cada par de curvas que se me pintaban (oferta, demanda, precios, tasas de interés…) encerraban detrás toda una serie de asunciones y suposiciones que para mi no eran nada obvias, y que me obligaban a pensar y a intentar ver exactamente qué demonios quería decir esa curva… porque siempre tuve la impresión de que las curvas eran una manera gráfica y simple de explicar un teoría establecida a priori, y cuyos fundamentos son los que yo quería conocer, y desde luego las curvas no me los explicaban.

Supongo que parte del problema es no estar familiarizado con los métodos de las ciencias sociales. O mejor, estar demasiado familiarizado con las ciencias empíricas: para mí, una curva que describe el comportamiento de “algo” tiene una ley, una ecuación, detrás, y uno puede reflexionar sobre el “sentido físico” de esa ecuación, utilizar la intuición para entender cómo la ecuación describe un determinado aspecto de la realidad (esto del sentido físico valió hasta que llegué a la mecánica cuántica, claro, donde la visión intuitiva sirve para poco… pero eso es otra historia, que contaremos en otro lugar).

Pues bien, nunca logré discernir con claridad “el sentido físico” de lo que allí se me contaba. ¿Es un problema de cómo se explica la Economía? Sí, sin ninguna duda esto es parte del problema. También me pasó con asignaturas como la Electrotecnia, no os creáis… siempre he tenido dificultades para aprehender asignaturas en las que te enseñan un conjunto de técnicas de resolución de problemas y casos-tipo, pero en las que no era capaz de ver los fundamentos.

Pero aquí la cuestión clave no soy yo, sino que seguramente yo no soy el único con este “problema”: ¿es descabellado pensar que muchos estudiantes de Economía aprenden las técnicas, manejan la parafernalia matemática, conocen los modelos… sin de verdad entender en profundidad lo que éstos representan?

El problema, entonces, es que la mayoría sabrán tanta Economía como yo Electrotecnia.

Las matemáticas: ¿la herramienta es el problema?


Las matemáticas son sólo una herramienta, y es una herramienta poderosa. Es como el sable láser de los caballeros Jedi: su manejo además no está al alcance de todo el mundo, por lo que se convierte en símbolo de prestigio.

Nota friki al margen, su prestigio está bien ganado como medio de representar la realidad física, y dicho prestigio trasciende el de su mera utilización por la ciencia: es un prestigio social.

Es bien conocida la costumbre de muchos magufos, chamanes, buscadores de ovnis y de fantasmas, echadores de cartas, cienciólogos, astrólogos, parapsicólogos y demás charlatanes, de rodearse de parafernalia con apariencia matemática pero sin sentido, con el fin de dar una apariencia de profundidad y verosimilitud a su actividad.

Pero no estamos aquí para hablar de pseudociencias: el uso de las matemáticas es reivindicado por muchas disciplinas: por sus características intrínsecas, porque forma parte de nuestro propio esquema mental como especie, porque no conocemos otro modo más preciso, coherente y explotable de modelizar la realidad… y también porque da prestigio a la actividad, por qué no decirlo, muchas disciplinas tratan de incorporar la matemática a su metodología, incluidas las ciencias sociales. Y la Economía es la que más éxito ha obtenido en el empeño. Tanto, que puede morir de éxito.

¿Qué quiero decir con esto? Una vez que Samuelson estableció las bases matemáticas de la Economía, y de algún modo estableció al mismo tiempo la base de los programas académicos clásicos de enseñanza de la Economía, es obvio que los economistas están obligados a saber manejarse con las matemáticas. Ningún problema con esto, siempre que no se olvide que conocer la herramienta no es conocer la disciplina: saber manejar el yunque y la maza es condición necesaria, pero no suficiente, para hacer buenas espadas. Es necesario ver más allá de las curvas y las ecuaciones, y entender (y cuestionar, si ha lugar) lo que se te está enseñando. Aprehender lo que es “conocimiento establecido” en Economía. Porque si no, el riesgo que se corre es que los modelos sean patrimonio exclusivo de cuatro académicos que los entienden, y el resto de la profesión simplemente maneje una parafernalia cada vez más enrevesada y en la que es cada vez más difícil discernir su capacidad para representar la realidad. El riesgo es que todos estos trabajos queden en simples divertimentos académicos. O peor aún, que una vez obtenida “la gran ecuación” que aparentemente nos resuelve el problema, todos a usarla indiscriminadamente sin cuestionarse sus fundamentos, lo cual puede conducir al desastre.

En resumen, para mi no debería existir ningún problema con la herramienta matemática, siempre que quede claro que es sólo una herramienta (que puede ser utilizada para cualquier cosa, que puede ser utilizada bien o mal, y que por tanto no es por sí sola garantía de nada). Y que el prestigio no lo puede dar el cómo usas la herramienta, sino el resultado último de tu trabajo, sea cual sea la herramienta.

Si la herramienta no es el problema, ¿cuál es el problema?

Aquí, voy a hacer una CONJETURA.

Para mi, el problema puede estar en el “conocimiento establecido” por la Economía. ¿Cuál es el verdadero conocimiento establecido? Aquél que conocen y comparten todos los economistas, aquél que está fuera de la discusión, aquél en el que la profesión se asienta para poder avanzar, para adentrarse en nuevas líneas de investigación necesariamente más especulativas…

Por “conocimiento establecido” no hablo de una verdad absoluta e inamovible, puesto que esta noción es incompatible con cualquier ciencia. Para la ciencia, todo conocimiento está en permanente revisión, si queréis, en “permanente estado transitorio”, sujeto a la revisión por pares y a que nuevos experimentos puedan derribarlo, matizarlo o confirmarlo (por n-ésima vez en un ciclo sin fin).

Pero mirad, en Física, por ejemplo, se da un proceso que yo no veo en Economía: cada avance, cada nuevo descubrimiento, cada modelo que sustituye a uno anterior… se basa en el anterior y lo complementa… cuando el modelo anterior es “conocimiento establecido”, el nuevo modelo raramente lo invalida, en el sentido de descartarlo por incorrecto (aunque los más puristas dirán que sí)… generalmente lo que hace es complementar con nuevos conocimientos aquello a lo que el modelo anterior no llegaba, permaneciendo el modelo anterior como válido para casos simplificados, a menudo suficiente para la mayoría de casos y aplicaciones (ejemplo: la mecánica newtoniana queda sustituida por la relativista, mucho más general y mejor descriptora de la realidad… sin embargo, la newtoniana sigue siendo suficiente buena para la mayoría de aplicaciones de la vida diaria. No es concebible una “escuela newtoniana” en lucha a lo largo del tiempo con una “escuela relativista”).

¿Por qué en Economía este proceso no se da? Como decía un amigo mío: “la Economía es la única disciplina en que alguien es capaz de recibir el Nobel por un trabajo en que se defiende una cosa, y años después alguien puede recibir otro Nobel por un trabajo en que se defiende la contraria”.
Cuando los fundamentos de la disciplina económica son cuestionados desde dentro, cuando persisten distintas “escuelas económicas” enfrentadas, cuando los economistas no se ponen de acuerdo sobre cuestiones básicas, cuando se duda de que los economistas entiendan sus propios modelos… lo primero que se me ocurre es que no hay un conocimiento establecido.

Disclaimer:

Bien, yo no creo realmente que NO EXISTA en absoluto un conocimiento establecido en Economía. Lo que creo, con muchas dudas y sujeto a la refutación de quien me quiera iluminar (recordad que esto es sólo una conjetura), es que:

1) O bien el conocimiento establecido debe de ser muy limitado, de corto alcance, mucho más limitado de lo que piensan la mayoría de los economistas (incluso los que entienden los modelos).

2) O bien este conocimiento existe pero se enseña muy mal en las facultades, que si lo pensáis nos lleva casi necesariamente al primer punto, después de un par de generaciones.

Esta es una conjetura muy osada, para ser planteada desde fuera de la profesión. Insisto: esto es sólo un blog, se trata de debatir: que nadie vea aquí un ataque a la Economía per se. Únicamente pretendo buscar una explicación para un conjunto de problemas relativos a la disciplina, a los que también se refiere Citoyen en su entrada, y es la explicación que yo le doy. Sólo pretendo que alguien quiera recoger el guante: no ya darme a mi un curso acelerado de “conocimientos establecidos” por la Economía (aunque no estaría mal, je, je), sino de dar una hipótesis alternativa que explique mejor que la mía los problemas antes referidos.

Finalizaré con varios ejemplos:

a) En el recientemente célebre “Manifiesto de los 100”, en que 100 economistas académicos hacían recomendaciones al gobierno español para salir de la crisis, y que he leído con interés y con cuyas tesis estoy en general bastante de acuerdo, uno puede encontrar algunas propuestas (eso sí, no muchas) de algunos de los ponentes que son contradictorias entre sí. O un economista que recomienda bajar IRPF y subir cotizaciones a la SS mientras que otro colega, varias páginas más adelante, recomienda precisamente lo contrario. A esto, que puede ser más o menos explicable, se suma de repente el “Manifiesto de los 700”, en que otros tantos economistas, supongo que igual de “académicos”, tratan de rebatir, a veces de forma furibunda, las propuestas de sus colegas.

b) La teoría clásica del comercio internacional viene a afirmar que éste beneficia siempre a los países que intercambian productos, independientemente de su nivel de desarrollo y productividad, pues cada uno crecerá en base a su ventaja comparativa relativa. Yo mismo he utilizado este argumento en mi anterior entrada sobre el modelo productivo. Sin embargo, se pueden encontrar trabajos, basados en evidencias empíricas (por ejemplo en países latinoamericanos) que cuestionan este modelo, y que afirman que países con una gran diferencia en su nivel de desarrollo y su acceso a la tecnología, la mera ventaja comparativa no servirá para garantizar su crecimiento, e incluso el proceso comercial puede incrementar aún más la distancia con los países más desarrollados.

....

Hay un problema con el conocimiento establecido. Es sólo una conjetura, que es difícil de confirmar para mi desde fuera de la profesión, pero es la mejor explicación que le encuentro a lo que ocurre con la profesión. Y, creedme, quiero estar equivocado.

Vuelvo a la Física: cada nuevo modelo avanza y sustituye al anterior, y en cada momento está razonablemente claro lo que es conocimiento establecido. Newton describió el proceso en una frase: “…si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes…

¿Dónde están los gigantes, en Economía?

ACTUALIZACIÓN: Un poco más sobre este tema, en el debate entre Citoyen y Alberto Garzón...

ACTUALIZACIÓN 2: Respuesta de Citoyen, aquí.

19/6/09

Un buen artículo sobre la cuestión nuclear

Al hilo del debate sobre la energía nuclear que estamos teniendo en Materias Grises, os enlazo uno de los pocos artículos periodísticos que he leído últimamente que sí merece la pena leer. Es éste.

Creo que utiliza el tono que se debe utilizar, y desmonta algunas falacias que están utilizando últimamente los unos y los otros. No es perfecto, tiene algunos párrafos controvertidos que se podrían discutir, pero en lo esencial, es correcto. Leedlo, por favor.

Ah, que queréis que me moje y apunte algún punto que se le podría discutir al autor... joder, cómo sois. Vamos allá...

Se trata del siguiente párrafo, donde el autor trata de desmontar la idea de que cerrar Garoña subiría la luz:

"- Cerrar Garoña subiría la luz. El sector nuclear ha lanzado la idea de que si se cierra Garoña la luz subiría alrededor del 10%. La idea no tiene padre reconocido -salvo "fuentes del sector"- pero ha calado y retumba por el dial. Cada kilovatio que produce Garoña lo cobra al precio de la tecnología más cara que esté funcionando en ese momento.
Red Eléctrica calcula cuánta electricidad va a necesitar cada media hora. Las eléctricas ofertan y primero entran al sistema las más baratas, como la nuclear y la hidráulica. Las renovables entran siempre por ley y finalmente se completa con gas o con carbón, cuyo precio depende de los mercados internacionales. Al final cada una de las plantas en marcha cobra el precio más alto. Garoña cobra al precio del gas natural. Si se cerrara, sería sustituida por una central de gas, así que el precio de la luz apenas se movería."


El autor hace una descripción esencialmente correcta de cómo funciona el pool eléctrico y cómo se forman los precios del mercado libre (está también el mercado regulado, esto es, a tarifa) en España. Su argumentación, por lo tanto, es buena y parece irrebatible. Sin embargo, falla en la conclusión. ¿Por qué?
Efectivamente, el Operador del Mercado Eléctrico, OMEL (no Red Eléctrica, como dice el autor) va casando la oferta y la demanda de electricidad a lo largo del día: cada media hora, recibe oferta de las distintas centrales para cubrir la demanda existente. Hasta cubrir una determinada demanda, OMEL va aceptando ofertas de centrales progresivamente más caras, como es lógico, y cuando la ha cubierto, cierra la subasta recibiendo TODOS el precio ofertado por el último ofertante, que es el más caro y que suele ser, efectivamente, el del gas (aunque esto depende mucho del precio del crudo y del gas), siempre que no entren centrales de fuel, de las que quedan pocas. Sin embargo, lo que el autor olvida, es que si yo tengo que cubrir la demanda de energía que aportaban los "desaparecidos" 466 MW de Garoña, tengo que dejar entrar a la subasta a centrales progresivamente más caras, hasta cubrir esa demanda. Es de esperar, por lo tanto, que si yo voy eliminando centrales de las más baratas y/o de las que entran antes a subastar, y las tengo que sustituir por centrales de las que entran las últimas, el precio final del Mwh se encarezca. Cuánto, ya es otra cuestión.

Esto me sirve además para desmontar el argumento, generalmente utilizado por algunos defensores de las energías renovables, de que el coste de la energía en España es igual si lo genera una nuclear que una renovable o una de carbón...

Decir una cosa así es confundir "coste" y "precio".

Bueno, además de eso, hay algún otro punto discutible en el artículo, pero insisto una vez más: aunque hay algunos puntos matizables, no dice nada que sea esencialmente incorrecto.

8/6/09

SOBRE EL CAMBIO DE MODELO PRODUCTIVO (1ª PARTE). Algunos conceptos básicos: “ventajas comparativas”, “productividad” y “sectores de alto valor añadido

A raíz de la entrada de Egócrata hablando de la “ventaja comparativa”, y de la continuación de Citoyen comentando la idea de la diversificación del modelo productivo de un país, me parece relevante profundizar en un par de ideas al respecto. No pretendo con ello hacer una réplica a ninguno de los dos, pues estoy básicamente de acuerdo con ellos, sino que quiero aprovechar para hablar de varios temas que hace tiempo que me rondan por la cabez…ota.

El enfoque que le da Citoyen al problema de la diversificación es recordarnos que el modelo de especialización del trabajo ha dado resultados espectaculares porque incrementa la eficiencia y permite aprovechar economías de escala. Un país que se especialice en aquello en lo que tiene ventaja comparativa es una gran idea, dice, pero supone asumir un riesgo sobre todo a largo plazo, ante cambios imprevisibles en el mercado. Para gestionar este riesgo, Citoyen propone asegurar ese riesgo de dos maneras: mediante transferencias entre Estados y mediante transferencias hechas a través de los mercados de capital.

Citoyen se ha remontado a unas alturas a las que yo no llego (no es una crítica, es por eso que me gusta leerle, entre otras cosas, je, je…). Aparte de que tengo mis reservas con eso de aplicar el Taylorismo a todo un país (un país entero nunca se especializa en una sola cosa, ni en dos, ni en tres…pero me lo tomaré como una metáfora)…aparte, digo, está el hecho de que se me escapan por completo las sutilezas de tales mecanismos que presenta Citoyen. No obstante lo cual, no los descarto como mecanismos de gestión del riesgo que puedan ser adicionales a otros más pegados a la “economía real”, que son lo que me gustaría comentar en esta, y sobre todo en la siguiente, entrada.

Ahora que llevamos varios meses hablando en blogs y comentarios diversos sobre cambiar el modelo productivo, abandonar sectores de poco valor añadido como la construcción, sobre la necesidad o no de una política industrial, etc., me gustaría desbarrar un poco sobre varios conceptos que están en la boca de todo el mundo: ventajas comparativas, productividad, sectores de alto valor añadido, diversificación. Así que vamos allá, querido lector…

Dos conceptos peligrosos: “competitividad internacional” y “productividad”

Cuando oímos y leemos a cualquiera sobre lo que debe hacer España para salir de la crisis, todos vienen a decir algo así como que debemos aumentar nuestra productividad para ser más competitivos, porque si no otros países se nos comerán por los pies… y cambiar el modelo productivo hacia sectores de más valor añadido que el ladrillo y el turismo de sol y playa, como medio infalible para reducir el paro y competir en la economía internacional en la 1ª división, y bla, bla, bla…

Se manejan aquí dos conceptos que califico de “peligrosos” porque tenemos una fuerte tendencia a simplificarlos: su significado es engañosamente sencillo, se prestan a dar mensajes potentes, aparentemente comprensibles por todo el mundo, y por lo tanto se prestan a que políticos y “expertos” hagan demagogia con ellos, cuando no una mera exhibición de ignorancia. Sin embargo, las sutilezas de ambos requieren de un análisis más profundo. Este análisis, del que hablaré a continuación, no es mío, claro, sino de economistas como Krugman, Solow, Ricardo… (pues aunque me meta mucho con los economistas, me gusta leer a los buenos). Simplemente apuntaré un par de ideas que he creído entender de sus escritos.

La competitividad internacional: la idea de que los países compiten entre ellos por un trozo del pastel del comercio internacional, y que si uno se queda retrasado se verá lastrado en sus niveles de vida, verá incrementar su paro y poco más o menos se verá conducido irremediablemente a la ruina… es, sencillamente, falsa. El comercio internacional no es un juego de suma cero: dos países con intercambios comerciales se verán mutuamente beneficiados de dicho comercio, independientemente de que uno sea muy productivo y otro muy poco, uno compita por la vía de los bajos salarios y otro por la vía de las ganancias de productividad.
Esto de la competitividad está en boca de todo el mundo, y se relaciona habitualmente con el concepto de “ventaja comparativa”, por eso lo he traído a colación… pero normalmente se malinterpreta. Desde David Ricardo, se sabe que un país siempre encontrará una gama de bienes en los que tenga “ventaja comparativa”, y podrá comerciar ventajosamente con ellos, aunque no tenga bienes en que se dé una “ventaja absoluta”.

Seamos claros: es inteligente que un país trate de explotar aquel sector en que tiene una ventaja comparativa, no digamos ya si la tiene por razones naturales o climáticas (by the face, vamos): España tiene sol, pueblos encantadores y muchas playas. Pero esto también lo tienen otros países… sin embargo, España ha sabido posicionarse como destino turístico de primer nivel en todo el mundo: la oferta hotelera es mucha, variada y de muy buena calidad, las playas están limpias y llenas de servicios, la gastronomía se está explotando con inteligencia en casi todas las provincias, etc., etc. Esto es una apuesta inteligente independientemente de que sea un sector de “bajo valor añadido”, y sería estúpido no trabajarlo.
(Lo que no sería inteligente es “especializarse” absolutamente en este sector. Volvemos a lo de no poner todos los huevos en la misma cesta)

Profundicemos un poco en la idea tan repetida últimamente de apostar por sectores “estratégicos” y de “alto valor añadido” para poder “competir”. Normalmente, además, se reclama que esta apuesta sea dirigida desde el gobierno en forma de política industrial. Mis objeciones son dos:

1º.- Los sectores de mayor valor añadido no son los que se piensa habitualmente.

Hay una tendencia casi general a referirse al sector de la alta tecnología y a ponerlo como ejemplo de sector de elevado valor añadido. Esto en general no es más que un prejuicio del imaginario colectivo. Lo lógico es que los sectores con mayor valor añadido por trabajador sean los muy intensivos en capital. No es el caso de los microchips ni de los componentes aeronáuticos, sectores usualmente considerados de alta tecnología. Os adjunto una tabla que, aunque referida a EEUU y un poco antigua, creo que ilustra de sobra esto que digo (Paul Krugman. Foreign Affairs. marzo-abril 1994):







Resulta que los sectores de mayor valor añadido son las industrias pesadas tradicionales. Algo en lo que probablemente nadie está pensando cuando reclaman una reorientación de la política industrial.

2º.- Conocer cuáles son o van a ser los “sectores estratégicos” es complicado. Esto tiene un elevado riesgo de metedura de pata, de orientar mal la política y desperdiciar tiempo y recursos.

Me apoyaré simplemente en una cita de Krugman en el número de julio-agosto de 1994 en Foreign Affairs:

“A lo largo de los últimos diez años un gran programa internacional de investigación ha explorado las posibilidades de las políticas comerciales estratégicas. De él se desprenden dos grandes conclusiones. Primera, la designación de las industrias que deberían recibir ayuda estratégica o la forma y niveles apropiados de ayuda son muy difíciles de determinar. Segunda, aunque la política comercial estratégica tuviese éxito, las ganancias derivadas de la misma es probable que sean muy modestas.”

La productividad: es un concepto misterioso, no en su definición formal (=output por hora trabajada), pero sí en qué mecanismos la hacen crecer, sobre todo a nivel de todo un país.

Kantor tiene una entrada fantástica en la que compara la “productividad” con la “constante cosmológica”, como un factor de ajuste de las ecuaciones del que en realidad lo desconocemos todo. En realidad fue un famoso trabajo de Solow para el gobierno de los EE.UU. el que introdujo el término “productividad” como “la medida de nuestra ignorancia”, pues servía para explicar el crecimiento de la economía cuando no se recurre a movilización de los factores (capital, trabajo, recursos naturales…)… pinchad el enlace, que Kantor lo explica mejor que yo.

El caso es que se terminó definiendo de forma vaga como “la mejora en la utilización de los recursos y los procesos de trabajo”, esto es, usar mejor el pico y la pala: con una cadencia más rítmica, con palas para zurdos y palas para diestros, con palas de diseño más ligero y efectivo, con especialistas en picar y especialistas en dar paletadas… en fin, toda una gama de posibilidades para que se obtenga un mayor resultado de un mismo volumen de factores.

A nivel individual de una empresa o de una actividad productiva, el tema de la mejora de los procesos de trabajo es el área de actividad de la ingeniería industrial (en su acepción anglosajona) o ingeniería de organización (en sentido español). Estudio de “métodos y tiempos”, se le llamaba tradicionalmente, aunque ahora ha evolucionado a temas con mucho más glamour. Casualmente, es a lo que me dedico…

El problema, una vez más, es aplicar estas “mejoras de procesos” al conjunto de las actividades productivas de un país entero. Aquí sí que empezamos a pisar terreno resbaladizo.
Si ya es difícil, y os aseguro que lo es en muchas ocasiones, encontrar en una empresa individual o en un área de la empresa la manera de mejorar la productividad de sus trabajadores, no digamos ya si intentamos mejorar la productividad de todo un país.

¿Merece la pena, entonces, buscar mejoras en la productividad?

Las mejoras de productividad, a persar de lo dicho, son como las meigas: existir, existen. Y tienen una propiedad fundamental: aunque no sepamos muy bien cómo manejar esto de la productividad, la teoría económica nos dice que la tasa de crecimiento de la productividad de un país está directamente relacionada con la tasa de crecimiento en el nivel de ingresos de sus trabajadores, y por tanto, con la mejora de su nivel de vida.

Pero cuidado, pues este resultado puede tardar años en verse reflejado en este nivel de vida. A corto plazo, incrementos de productividad como los asociados por ejemplo a una mayor mecanización y automatización de una industria pueden reducir el nivel de empleo en esa industria, y a largo plazo reducir el peso de esa industria como “empleador” en el conjunto del país (aunque esto último ya tendría poca importancia, pues la mejora ya se habría trasladado al resto de la economía).
Por lo tanto, podemos observar que esto de los incrementos de productividad tiene muchas sutilezas.

Volvamos a las meigas… como las mejoras de productividad, nadie sabe cómo aprehenderlas. Las mejoras de productividad tienen que ver con la innovación, con la mejora tecnológica… pero en el sentido amplio en que los economistas usan el término, que no es (sólo) lo que normalmente se entiende por I+D, sino algo a veces mucho más sutil, relacionado con el cómo se hacen las cosas. Y lograr mejoras en este “cómo” a veces alcanza la categoría de arte, pues a menudo tiene que ver con algo tan cualitativo como las relaciones organizativas, el management de equipos, los procesos de planificación del trabajo… y a menudo sólo se consiguen estas mejoras si logras la motivación y el compromiso de todos los empleados, no sólo la cadena de mando sino hasta el último operario.

Lo repito de nuevo: a nivel de una empresa individual, existen profesionales, o bien de la plantilla de la empresa (como yo mismo) o bien consultores externos, que se dedican a tratar de mejorar la productividad de las distintas áreas y departamentos. El problema puede abordarse con toda una gama de métodos, desde los más simples (casi “a ojo”) como los más sofisticados (6-sigma, investigación operativa…)… y pueden dar resultados espectaculares (filosofías Just in Time, Lean Manufacturing, y un larguísimo etc…), resultados dudosos, o ser simplemente retórica de consultor.

Cuando tratamos de aplicar todo esto al conjunto de un país, y no digamos ya dirigirlo desde un ministerio, ya podemos imaginar la dificultad de la empresa, y lo dudoso de sus resultados. Al final, estas mejoras de productividad, si se consiguen, serán por agregación de las pequeñas o grandes mejoras en la productividad de cada una de las pequeñas y grandes empresas que operan en dicho país. Esto, se puede medir en términos agregados (mediante una “cte. cosmológica”, je, je), pero es muy difícil saber qué teclas tocar y de qué modo para que dicha constante deje de serlo y empiece a crecer de forma sostenida.

¿Entonces… cómo resolvemos este rompecabezas?

Una vez llegados a este punto, podemos retomar las preguntas interesantes:
- ¿Es bueno que un país se especialice en un sector en el que tiene ventaja comparativa?

- ¿Se pueden crear desde el gobierno “ventajas comparativas”?¿Merece la pena impulsar estas políticas?

- ¿Cómo puede una “política industrial” apostar por los sectores adecuados?¿Debe haber “política industrial”, al menos en el sentido descrito?

- ¿Es buena la “diversificación”? ¿Cómo puede un país impulsar la diversificación? ¿Cómo aseguramos que no haya una excesiva dispersión de recursos?

…bueno, amable (y paciente) lector, para indagar en las respuestas, ¡tendrás que comprar el próximo capítulo!

27/5/09

Sobre el ranking de universidades españolas

(No, no voy a hablar de Bolonia)


Voy a hablar del n-ésimo estudio que se ha publicado sobre la calidad de las universidades, con su correspondiente ranking, y en este caso sólo referido a universidades españolas (eso sí, tanto públicas como privadas). El estudio lo ha realizado el Instituto de Análisis Industrial y Financiero de la U. Complutense de Madrid.
Tan sólo hace un mes, la Fundación Conocimiento y Desarrollo realizó otro estudio en que se valoraba esencialmente lo mismo (calidad de la investigación y calidad docente).

Ni que decir tiene que la publicación de estos estudios tiene un morbo indudable, pues todo el mundo acude al ranking lo primero de todo, a ver cómo está su universidad (en la que estudió, en la que trabaja...) respecto a las demás. Tan sólo después de escandalizarse por la posición que el estudio le otorga a su universidad se acude a conocer los criterios de valoración, generalmente para denostarlos y terminar despreciando el estudio... Esta es la actuación habitual de los rectores cuando salen mal parados, je, je...


Lo cierto es que si uno compara la posición de, digamos, la U. Autónoma de Madrid, en "investigación", que es la que aparece como 1ª en el segundo estudio, resulta que en el primero aparece en 4ª posición. Y si nos vamos a la U. de Lleida, que es la 1ª en "calidad docente" para el segundo estudio, en el primero aparece como 8ª!. Y eso que ambos estudios están midiendo parámetros aparentemente similares...!!


¿Cuál es el problema?


Lo anterior ilustra claramente el problema de estos estudios: que si consultas 10, aparecen 10 rankings diferentes, y algunos de ellos se parecen entre sí como un huevo a una castaña. Esto, claramente, puede hacerles perder credibilidad, sobre todo si, como dice uno de los autores del primero que he enlazado, se pretende "que sirvan de orientación al futuro alumno".


En realidad, que aparezcan estas diferencias entra dentro de la lógica según la cual se hacen estos estudios, pues los factores evaluados suelen ser muy diferentes. Incluso cuando se evalúan, como en estos dos casos, factores parecidos, el peso y la importancia que los autores dan a unos y otros son muy distintos... el resultado de esta subjetividad no puede ser otro que el que algunas universidades aparezcan artificialmente perjudicadas, con el añadido de que en cada estudio serán universidades distintas las que aparezcan perjudicadas.

La primera crítica importante que se me ocurre es que una Universidad es un agregado de Escuelas y Facultades que poco tienen que ver unas con las otras. Por lo tanto, el estudio comparativo debería haberse hecho entre Facultades. Los autores reconocen este punto, pero aducen que no existen datos para comparar entre facultades. Bien, pues es hora de que la Conferencia de Rectores trabaje para elaborar y poner estos datos a disposición. A pesar de ello, los autores no han renunciado a comparar universidades completas, lo cual no deja de ser una comparación de churras con merinas. Porque ya me diréis qué tiene que ver una universidad politécnica con otra que enseñe principalmente letras. Desde luego que ambas pueden tener buena o mala calidad, pero ¿pueden ser medidas con los mismos parámetros? Ni los alumnos, ni la sociedad, buscan lo mismo y necesitan lo mismo de una universidad politécnica que forma ingenieros que de una universidad que forme filólogos. Y los parámetros de calidad no pueden ser los mismos. Luego volveré sobre este punto.


Por otro lado, y como los autores no son tontos, intentan soslayar este punto eligiendo parámetros lo más generales y objetivos posible, y que además sean medibles, claro. Esto tiene el problema, como creo que es el caso, de que al final no estés comparando nada realmente relevante, es decir, que los parámetros elegidos no sean verdaderamente representativos de la calidad de la universidad. También volveré sobre este punto.


Algunas paradojas del presente estudio


No conozco los detalles técnicos de elaboración del estudio, porque por alguna razón el pdf de El País no se descarga correctamente. Pero, en cualquier caso, hay dos aspectos que llaman la atención de un solo vistazo:

  • El hecho de redondear a 100 al primero de la lista (U. Navarra) y comparar al resto contra él, produce un efecto visual de enorme diferencia de "calidad" entre dicha universidad y todas las demás. Buscado o no este efecto, está claro que semejante diferencia de calidad no puede ser real, e induce a error.

  • Por el contrario, en el resto de universidades de la lista, las diferencias numéricas de calidad son bajísimas: entre la U. Córdoba que puntúa 62, y la U. Zaragoza, que puntúa 52 (siempre sobre 100) hay que bajar 17 posiciones. O visto de otro modo, entre la U. Zaragoza, que está en la posición 18, y la U. Cádiz, posición 34, apenas hay 5 puntos de "diferencia de calidad" entre ellas. En definitiva, el estudio no parece discriminar lo suficiente entre universidades.

Se puede aducir que el ranking numérico final es una media de dos factores, "Calidad docente" y "Calidad investigadora", en los que sí se aprecian mayores diferencias. Es cierto.

Pero aún en estos factores, podemos encontrar paradojas. Examinemos algunas de ellas:

Calidad docente

El factor "Calidad docente" mide parámetros como "recursos humanos", "medios informáticos", "libros por alumno", "rendimiento académico", "resultado de doctorados"...

Uno se pregunta si realmente estos parámetros (que como dije anteriormente está claro que se eligen porque son generales, objetivos y medibles), son unos buenos indicadores de la calidad docente. Particularmente pienso (aunque sé que se me discutirá este punto) que los medios informáticos tienen poca relación con la calidad docente, y en cualquier caso, podrían tener importancia en algunas facultades (escuelas técnicas, por ej.) pero mucho menos en otras, dependiendo de la titulación. No digamos ya, la dotación de libros de sus bibliotecas: posiblemente es mucho más relevante para las facultades de humanidades, de ciencias sociales o, en general, para las que basan gran parte de la formación del alumno en una buena selección de lecturas, que, por ej, para las ingenierías. Desde luego, uno no elige una escuela de ingeniería ni aquí ni en ninguna parte del mundo, por el número de libros de su biblioteca.

Para quien quiera discutir mi opinión en este punto, le pido que tenga en cuenta lo siguiente: una universidad que quiera aumentar de un año a otro artificialmente su posición en este ranking, lo podría hacer mediante una compra masiva de libros y de ordenadores... sin que tal cosa hubiera modificado lo más mínimo su calidad docente. Esto debería hacernos descartar tales parámetros como factor de medición, o al menos darles un peso muy minoritario.

Examinemos ahora eso del "rendimiento académico". Este parámetro es muy controvertido, pues perjudica claramente a las universidades politécnicas, que son las que tradicionalmente "destacan" por las bajas notas de sus alumnos y por un elevado abandono, siendo, paradójicamente, las que reciben a los alumnos con notas más brillantes del bachillerato. Se puede discutir, y yo lo discuto porque lo conozco bien, si tiene sentido el elevado número de suspensos que otorgan las escuelas técnicas, si esto responde a una alta exigencia o meramente a un factor "elitista" que tienen muchos profesores (que vendría a responder a la idea de "cuanto peor, mejor", cuanto más cueste aprobar, más prestigio para la escuela). Pero lo que es indiscutible, es que la "dureza" de los estudios, la dificultad intrínseca de la carrera, debe ser puesta en equivalencia de alguna manera en la comparación, pues de otro modo el parámetro "rendimiento académico" perjudicará claramente a las politécnicas, y así se puede ver en el presente ranking.

Calidad investigadora

Este factor mide parámetros como "nº tesis", "nº patentes", "proyectos de I+D", "recursos financieros por investigador"...

Estos factores sí parecen ser una medida más o menos representativa de la calidad investigadora de la universidad... pero sólo aparentemente. Primero, porque el nº de tesis puede ser muy alto, pero la naturaleza y la calidad de dichas tesis puede ser muy discutible. Quizá se tendría que medir dicha calidad buscando referencias internacionales, citas en otros estudios o en publicaciones relevantes, etc.

El nº de patentes es indudablemente un buen indicador y, de hecho, uno de los que más nos diferencia de las mejores universidades anglosajonas.

Sobre los "proyectos de I+D" tengo más dudas, pues se presta a la manipulación... habrá que ver qué considera cada universidad como proyecto de i+d, particularmente las de letras...

Sin entrar en la polémica de si es "mejor" o "más útil" investigar sobre "una nueva fuente de energía" que sobre "la evolución del idioma vascongado en tiempo de los romanos", lo que está claro es que un mayor número de tesis y proyectos del 2º tipo no debería otorgar a la universidad necesariamente una mayor calidad investigadora que a la que hace tesis y proyectos del 1er tipo, aunque sean menos... sencillamente, hay comparaciones que no tienen sentido.

Mi principal problema con el factor "investigación", de todas formas, es que su aportación a la calidad de la universidad no debe hacerse a expensas del alumno. Es decir, considero imprescindible que una buena universidad investigue, colabore con la empresa privada, transfiera conocimientos a la sociedad y se mantenga al día de lo que se hace en el mundo, pero esto no debe hacerse a costa de robarle dedicación al alumno. Si esta actividad, por muy importante que sea, no redunda en una ventaja educativa para el alumno, entonces esa universidad no puede estar en una buena posición en el ranking... esa universidad ha pasado a ser otra cosa, ha pasado a ser un "centro de investigación".

Este tipo de cuestiones, que sí son relevantes, quedan totalmente ocultos en la mayoría de los estudios, y desde luego en el que estamos examinando.

¿Cómo debería hacerse un benchmarking como éste?

Como podéis adivinar, la respuesta no es nada fácil. Además, si yo supiera la respuesta, cobraría por ella, que para eso soy consultor... Aportaré, eso sí, un par de ideas.

Un benchmark como éste no debiera diferir demasiado de cualquier otro que se haga, por ej., en la empresa privada, sobre cualquier aspecto en que te deseas comparar con tu competencia, con tu sector, con los mejores de tu campo... Y, como en la empresa privada (que es la que conozco), obtener un estudio de benckmarking verdaderamente relevante y útil para la mejora es muy difícil: estudios de este tipo existen muchos, pero la mayoría son meras comparaciones simplificadas de algunos aspectos, que no siguen una metodología rigurosa y que son utilizados obscenamente por los consultores para mostrar lo que el cliente quiere ver en ellos. Porque esto es lo fácil, lo rápido, y además da réditos, pues el cliente suele ser poco exigente, cuando debería ser el principal interesado en que el estudio fuera riguroso.

En el caso de un benchmark entre universidades la dificultad es mucho mayor: comienza en la propia definición de "calidad universitaria", que debe ser de algún modo consensuada entre todos los participantes, y también entre los grupos interesados (principalmente alumnos). Esto no es fácil, pero si no exigimos este primer paso, cualquier nuevo estudio comparativo será lo que son ahora: meras anécdotas sólo aptas para chascarrillos.

El siguiente paso, muy relacionado con el anterior, sería elegir parámetros de medición verdaderamente relevantes a la hora de medir la calidad. No sólo factores generales que sean fáciles de medir, sino que sean significativos. Para ello pueden usarse referencias internacionales, ver lo que convierte a las mejores universidades del mundo en lo que son, y tratar de medirlo en las nuestras. Esto también debe ser aceptado por los participantes.

Una vez que estemos de acuerdo en qué parámetros son significativos para medir la calidad, habría que introducir un concepto bien presente en la industria en todo benchmark que se precie: la homogeneización: necesitamos un mecanismo que permita hacer comparaciones, no comparar churras con merinas, como decía antes. ¿Cómo resuelve la industria esta dificultad?. De dos maneras:

  • los peer groups: "grupo de pares". La comparación sólo puede hacerse dentro de un grupo homogéneo. En el caso de las universidades, la comparación debería hacerse por facultades, que es un peer group claro. Pero en caso de empeñarse en comparar universidades completas, ha de compararse dentro de grupos homogéneos, por ej: todas las universidades politécnicas, el conjunto de facultades de ciencias de las universidades que dispongan de ellas, idem de humanidades, etc (esta última clasificación admite más posibilidades y, por lo tanto, más discusión).
  • los factores de puesta en equivalencia: adicional a la comparación dentro de tu grupo de pares, suele ser necesario introducir algún factor de homogeneización a los parámetros seleccionados, que de algún modo "iguale" la relevancia que tienen estos parámetros para unas y otras universidades. Si la comparación se hace "por facultades" este factor de puesta en equivalencia puede no ser necesario, pero si, como hace el estudio referido, la comparación es entre universidades completas y además no se usan peer groups, un factor de puesta en equivalencia es imprescindible. Y desde luego, no se me ocurre ninguno sencillo así, a vuela pluma. Pero debe introducirse un factor que "obvie" por ej, el hecho de que los estudios en una politécnica son más exigentes que en otras.

Públicas y privadas

Como habéis podido ver, el estudio compara indistintamente universidades públicas y privadas, lo cual me parece bien. Me llama la atención el comentario de la profesora de la Autónoma Carmen Pérez en el artículo enlazado, que se opone a ofrecer rankings conjuntos de centros públicos y privados porque "ofrecen productos diferentes, un profesor de la privada dedica más horas a las clases que uno de la pública, y menos a la investigación". Bien, ¿y?. ¿Qué es eso de que ofrecen productos diferentes? Afirmaciones como ésta me dejan patidifuso. A esta señora se le ve el plumero, y está reconociendo que la actividad investigadora y la docente no tienen nada que ver, y que una se hace a expensas de la otra. Pues bien, insisto en el tema: esto es intolerable. La actividad investigadora debe ir en beneficio, entre otros, del alumnado, y si no es así, la universidad debe ser penalizada en el ranking, sea pública o privada.

Por último: ¿sirven para algo estos estudios?

Como he defendido en este post, con la deficiente metodología que utilizan, estos estudios sirven básicamente para meterlos en un cajón. A los responsables de realizarlos se les debe exigir que se lo curren un poco más si quieren de verdad cumplir los objetivos: mejorar la universidad y ayudar al alumno a elegir. De momento, se tienen que conformar con una efímera aparición en la sección de educación de los periódicos.

Hasta que llegue ése momento, yo si fuera rector de una de estas universidades (algo harto difícil), sí trataría de sacar de este estudio la mejor información posible que me ayude a mejorar mi universidad: por ejemplo, las universidades politécnicas, que me han servido de ejemplo en mi exposición, pueden descartar la comparación con otras, pero pueden compararse entre sí, y preguntarse por qué la de Valencia y la de Cataluña aparecen por encima de la de Madrid, y entender si es por alguna razón de peso o sólo un tema asociado a la metodología seguida.

Y para finalizar, no olvidemos las propias conclusiones de los autores del estudio, que no sé si se basan en su propio estudio o no, pero sabemos que reflejan parte de los importantes problemas a corregir en la universidad española:

  • Poca exigencia en el control de calidad de los centros
  • Prevalencia de los intereses del profesorado frente a las necesidades de la sociedad o de la propia universidad
  • Falta de autocrítica
  • Universidades a la cola de las listas de calidad internacionales
  • Procesos de selección de docentes e investigadores poco transparentes
  • Valoración endogámica y poco seria de los trabajos académicos propios.

14/5/09

CRITERIOS (I)

Introducción:

Uno pasea por la blogosfera con el buen ánimo de aprender de unos y otros. Hace solamente quince años encontrar tantas opiniones y tantos opinantes preparados al alcance de la mano era impensable. Por desgracia, también te encuentras a menudo con vociferantes repetidores de consignas, cuevas vacías que hacen eco de voces que no son suyas. Intuyo ciertas similitudes entre los habladores que componen esta última categoría. A pesar de que entre ellos los hunos griten lo contrario que los hotros, son más las cosas que los unen que las que los separan.

Creo que la característica que los define es que sus criterios a la hora de juzgar ideas, acciones o hechos son siempre dogmáticos. Es decir, que han plantado firmemente sus pies sobre tales o cuales ideales, prejuicios o creencias y se niegan a moverse de ahí, y mucho menos a que les muevan. Cuando lo hacen es para volver al mismo sitio, a ser posible seguidos de una claque entusiasta contratada para el viaje. Algunos claman por su sacrosanta libertad siempre mancillada por el estado expoliador. Otros pelean enfurecidos por su particular nación, oprimida por otra más grande y con bigote o amenazada por otra más pequeña tocada con Txapela o Barretina. Aquéllos exigen justicia, igualdad y el Plus pál salón. Sea el tema que sea, sea quien sea el que lo protagonice, sus consignas siempre son las mismas y la realidad entusiásticamente desatendida.

La postura contraria, la de tener claro desde un principio a dónde quieres llegar pero no el camino que hay que seguir, es incómoda por dos motivos: uno, que exige el esfuerzo de obligarte a conocer el terreno que pisas y de saber adaptar tu ruta a éste, y no al contrario. La otra es que los que están sentados cómodamente en sus principios irrenunciables te tiran piedras desde su agujero, donde no ven nada pero les jode que vengas a traer noticias de fuera.

La ventaja es que es la única que permite adoptar estrategias lo más coherentes posibles con la realidad y que así éstas sirvan de algo. En el siguiente post hablaremos más de ello.
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10/5/09

¿Irracionalismo voluntario o bola de nieve desbocada?

Mi anterior entrada ha sido elogiada por Egócrata (cosa que le agradezco de veras) en un post titulado Irracionalismo voluntario. En él, Egócrata hace una interpretación de una parte muy concreta de mi entrada anterior, que me ha sorprendido un poco, pues a mi no se me había ocurrido considerarlo exactamente de ese modo. La cosa vendría a ser algo así: la actitud de los distintos actores que participaron (participamos) en la burbuja inmobiliaria se podría considerar de irracional "a propósito", a sabiendas, puesto que todos estaban ganando dinero. Y particularmente la del gobierno, de un "optimismo irracional" al proclamar el milagro español desoyendo las señales de alarma, "como una justificación gloriosa del status quo".


Citoyen le discute esta teoría en otra entrada ("Por qué nadie predijo la crisis III: ¿optimismo irracional?"), en la que generaliza el problema al de entender cómo se forman las creencias colectivas, los patrones de comportamiento generales a partir de ciertas actuaciones "descentralizadas". Citoyen nos habla de la formación de opinión como deseo de pertenecia a un grupo así como la confianza otorgada a ciertos referentes... e incluso mecanismos psicológicos o evolutivos como la disonancia cognitiva.


No es mi intención comentar el post de Citoyen, que trata un tema más profundo y general que el caso concreto de la burbuja inmobiliaria española, pero sí me gustaría hacer alguna matización. Aunque estoy de acuerdo parcialmente con alguna de las cosas que dicen ambos, creo que no hace falta ir tan allá para explicar el comportamiento de los agentes en la burbuja inmobiliaria española. Egócrata habla de optimismo irracional y, sí, ciertamente lo hubo entre muchos de los agentes implicados... Citoyen habla de disonancia cognitiva y, sí, muchos se dejaron arrastrar por la corriente generalizada de opinión ("los pisos no bajarán nunca", "nadie va a vender su piso por menos de lo que le costó", y cosas así...)


Mi problema con ambas entradas, sobre todo con la de Citoyen, es que parecen desprender (reconozco que por un sesgo de interpretación mío, no probablemente por la intención de los autores) una idea de "alucinación colectiva"... caricaturizando mucho, es como si todo el mundo, en el período de la burbuja, se hubiera dejado arrastrar por las promesas de luz y redención de una secta mesiánica... que sólo puede acabar en desastre, claro.

Pero no nos engañemos: la mayoría se vieron (nos vimos) arrastrados por los acontecimientos aun siendo hasta cierto punto conscientes de que el castillo de naipes podía derrumbarse en cualquier momento. Por eso yo hablaba de "inevitabilidad" en mi anterior entrada. Este tema sí que me fascina, ya lo he mencionado en algún post anterior sobre la crisis internacional: cómo los que lo vieron venir no pudieron saltar del barco a tiempo.


No creo que haga falta recurrir a muchos mecanismos psicológicos... no es que todo el mundo sufriera una especie de alucinación colectiva que le hiciera inmune a los peligros de quedar entrampado en la burbuja. Eso puede valer para algunos, pero una burbuja como ésta no se explica sólo por la actuación de un grupo demasiado ignorante, o inconsciente, o excesivamente osado con sus inversiones. No todo el mundo era inconsciente de lo que estaba pasando, y de lo que podía pasar. Sencillamente NO PODÍA escapar de esta dinámica: ¿qué incentivos tiene uno para ser el único que abandona una fiesta en la que todo el mundo está ganando (aparentemente... luego volveré sobre esto)?

Lo repito una vez más: el esquema de incentivos era tal que todos, absolutamente todos los agentes, PARECÍAN salir ganando: compradores de pisos, bancos, tasadoras, notarios, promotores, constructoras, empleados de la construcción, gobierno (vía impuestos, reducción del paro y asimilación de mano de obra inmigrante), ayuntamientos (cuyas necesidades no resueltas de financiación, para ofrecer servicios a los ciudadados, más allá de corrupciones evidentes, son bien reales...)

Y, no lo olvidemos, la mayoría de estos agentes ganaron, ya lo creo que ganaron... incluso los eslabones más débiles de la cadena, como luego se vió dramáticamente: trabajadores de la construcción, promotoras e inmobiliarias, particulares que compraron y vendieron cuando el precio aún estaba subiendo... todos ganaron en algún momento del ciclo... para todos ellos, no había ninguna "alucinación": si estás ganando dinero, ¿cómo vas a ser el único "tonto" que abandone la fiesta?

Es como si todos hubiéramos jugado a un juego consistente en dar un soplido a un globo para hincharlo cada vez más, y con cada soplido, uno trincaba dinero. Sí, es cierto que muchos inconscientes soplaban sin tener ni idea de lo que podía pasar... pero otros muchos sabían perfectamente lo que iba a pasar... aún así soplaron, en la esperanza de que no fuera su soplido el que hiciera estallar en globo. Y, la mayoría, teníamos razonables dudas sobre la cosa, pero no nos quedó más remedio que soplar, cruzando los dedos para apartarse de allí antes de que la cosa estallara.

Y a muchos les salió bien: a todos los que se apartaron con sus ganancias antes de que el globo estallara. ¿A quién le salió mal, entonces?: a los últimos que llegaron, a los que les estalló el globo en pleno soplido... ¿y sólo a esos??? No, por desgracia no sólo a esos. Porque el problema de esta metáfora es que muchos agentes, no es que estuvieran ganando dinero directamente, sino que estaban ADQUIRIENDO UNA DEUDA. Y el que no midió bien sus riesgos, que fueron muchos, y no sólo particulares, sino también inmobiliarias y bancos, ahora están entrampados hasta las cejas.

Qué ironía: parte de la alucinación colectiva se materializaba en la frase: "utiliza tus ahorros para comprarte una casa, que eso sí es una gran inversión"... efectivamente, era como una inversión en bolsa, ASÍ DE ARRIESGADA, ASÍ DE VOLÁTIL, y como toda inversión en bolsa, puede subir, puede bajar, y se puede desplomar. Por lo que ahora, muchos "inversores" han perdido dinero... han comprometido sus ahorros de toda la vida en una casa que pronto valdrá la mitad. Y la cosa no irá del todo mal si sólo compraron para vivir en ella y mientras no se queden en paro...

Se me ocurren dos preguntas, para finalizar el comentario.

- Se ha destruido riqueza. ¿Es lícito pedir cuentas a alguien?
Está claro que muchas de estas inversiones, fallidas, no eran inconscientes ni inocentes... muchos de los que han perdido en este juego tendrán que pagar las consecuencias sin más. Esto lo explica mucho mejor que yo Kantor en este post, y Michael Boldrin en este artículo: es imprescindible que los leáis.

¿Y para los trabajadores que quedan en paro y las pequeñas empresas arruinadas, para los que no manejan este tipo de información? ¿Es lícito pedir cuentas a los gobiernos de turno? ¿Podían hacer algo los gobiernos, cuando el paro se estaba reduciendo tanto (incluido el inmigrante) y los indicadores parecían ir tan bien?

- ¿Son suficiente los indicadores y señales de alarma que se utilizan habitualmente?
Citoyen dice en su post que "todo esto ocurrió porque los datos eran ambiguos".
No me parece suficiente justificación. Si los datos eran tan ambiguos, si los indicadores eran tan interpretables... HAY QUE CUESTIONARSE LOS INDICADORES. Y a quien los interpreta. Si no, todo esto volverá a pasar.

Dejemos ambas cuestiones para otro post, o para las aportaciones del simpático lector.

7/5/09

Crisis inmobiliaria y mercado laboral

Esta entrada surgió como comentario a un post de Egócrata, que me salió un poco largo... por tanto, es mejor que leáis primero la entrada de Egócrata, y luego mi respuesta:

Coincido con Roger en la necesidad de reformar el mercado laboral español, pero eso no nos debe hacer caer en excesivas simplificaciones. Cuando dice:
"Y si el ladrillo era tan dominante en España es en parte porque el mercado laboral lo hacía la industria más rentable; temporalidad y subcontratas cuadran mucho con el ladrillo"

...recalcaría lo de "en parte". Una cosa es que cuadre, y otra cosa es que sea la causa fundamental. Hay muchos elementos que confluyeron en el pasado reciente en España para fomentar la burbuja inmobiliaria, a modo de incentivos perversos de todos los participantes, que incluso me lleva a cosiderar la posible "inevitabilidad" de tal burbuja. Sin ánimo de ser exhaustivo, podría citar:

- Fuerte demanda de vivienda en propiedad. No lo olvidemos: el sector creció porque había DEMANDA, propiciada por la emancipación de la generación del baby-boom, por la aversión hispana hacia el alquiler (motivada por un mercado de viviendas en alquiler escaso y poco líquido) e incluso por la llegada de nuevos compradores (inmigrantes).

- Bajos tipos de interés propiciados por elevados flujos de capital internacionales disponibles para invertir.

- Incentivos bancarios basados en el volumen de hipotecas vendidas, relajando irresponsablemente el control del riesgo.

- Empresas de tasación controladas por los bancos y por tanto al servicio de sus intereses y de los clientes a la hora de poner precio a una vivienda.

- Ayuntamientos necesitados de financiación que descubrieron lo fácil que era conseguirla a base de recalificaciones de suelo.

- Administración pública directamente beneficiada mediante impuestos sobre transacciones inmobiliarias (a veces cobrados doblemente).

- Elevadísima tasa de fraude en dichas transacciones (pagos en dinero negro, escrituraciones "imaginativas"...)

- Notarios que sólo cobran y sin ningún papel de control.

Es fácil entender que estos elementos, además, se realimentan unos a otros, por ej: ante la escalada de precios, los propietarios empezaron a comprar pisos no para vivir, sino para especular, lo cual incrementó aún más la demanda, y por tanto los precios...

...y, por supuesto:

- la mano de obra necesitada era mucha y con pocas necesidades de cualificación... ideal para un amplio sector de la población española, tradicionalmente en paro, y sobre todo, para la población inmigrante... unido a una tipología de contratación favorable (contratos basura, temporalidad...ahí le doy a Egócrata toda la razón).

Todo esto, no lo olvidemos, redujo las cifras de paro hasta niveles desconocidos en este país, por lo que los gobiernos de turno tampoco tenían incentivos a poner coto a la situación, prefirieron sacar pecho, hablar del "milagro español" y de la próxima consecución del sueño del pleno empleo.

Con todo ello quiero decir que la estructura del mercado laboral es un elemento más que participó en el drama, pero ni mucho menos el principal... ¿alguien se atreve a afirmar que con otra estructura de contratación no hubiera existido burbuja?. Yo no lo creo, sinceramente...

Por lo tanto, propuestas como por ejemplo las actuales de la CEOE me parecen oportunistas y simplistas. Eso no quiere decir que el mercado laboral español no deba cambiarse, principalmente para eliminar la dualidad (70% de "apoltronados"-30% de "parias"), es más, ME PARECE FUNDAMENTAL PARA SALIR MEJOR DE LA CRISIS Y PARA ENFRENTAR MEJOR LA PRÓXIMA.


Pero me gustaría enfatizar, sin que sirva de precedente, el papel de las empresas en todo esto y, a riesgo de generalizar demasiado, el papel del empresariado español:

- La empresa española no cree en la I+D. Son contadas las que hacen algo al respecto. La participación privada en I+D+i es ridícula.

- Las iniciativas empresariales conducentes a aumentar la productividad (mejorar sus procesos, su tecnología, su capital humano) brillan por su ausencia... es más fácil pedir ayudas al gobierno... y exigir el despido libre, como si eso les fuera a asegurar su futuro.

- La participación privada en mejora de infraestructuras, en proyectos de investigación con universidades... es escasa.

- Normalmente, la empresa española es cortoplacista: cuando Sala i Martín dice que sus alumnos americanos de Columbia quieren crear empresas y los españoles de la Pompeu Fabra trabajar en La Caixa, se le podría responder con otra caricatura: el empresario americano quiere crear una empresa que le sobreviva, una marca que crezca y evolucione... el empresario español quiere hacerse rico pronto, vender (o quebrar) la empresa y salir corriendo...

Por lo tanto: son muchos los palos que hay que tocar para mejorar la situación de la economía española... el mercado laboral es uno de ellos, la política energética y de infraestructuras es otro, agilizar la administración (creación de empresas, judicatura...)... por no hablar de la EDUCACIÓN y el infame trato a los investigadores... pero también el sector empresarial privado tiene que hacer su propia reconversión... principalmente mental.