25/9/09

Curso de ética periodística

- Te estoy diciendo que no, que es de mal gusto y además casi ilegal -
- Sólo un chascarrillo, prometo no ser borde -
- Un chascarrillo, dice ¿Te crees gracioso? Demasiado tienen con lo suyo.
- ¿Qué es lo suyo? ¿Que su estilista esté a sueldo de Jiménez Losantos?-
- Que te calles. No he dicho nada. Olvídalo -
- No entiendo por qué no puedo meterme con las hijas del presidente. Bien que te ríes cuando me meto con Anasagasti.-
- Pero es que el peinado de Anasagasti es el Mal, no tiene comparación. -
- Quizá las peine el peluquero de Anasagasti, mira tú -
- Que no. Además son menores -
- ¿Qué pasa? ¿No nos podemos meter con las niñas? ¿Aunque no lo parezcan?
- No, no podemos -
- Pues de la niña de "El exorcista" dijiste que se parecía a Leire Pajín -
- Joder, cállate que nos van a oir. -
- Podríamos simular un juego de preguntas y respuestas: por un euro, películas o series que podrían protagonizar las hijas del presidente... "El Jovencito Frankenstein", "Hellraiser", "El señor de los anillos", "King Kong", "Mal gusto", "El diablo viste de pena", "La famila Adams", "Padre de familia"...-
- No colaría. Muy obvio. Además no me gusta el gore.-
- Vale, no digo nada. Aunque ahora empiezo a comprender algunas decisiones del gobierno. -
- ¿?
- Ahora entiendo el nombramiento de Bibiana Aído. Para ZP debe ser la hija guapa que nunca tendrá.
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Economic professors street boxing session... o "Ensalada de tortas entre universidades americanas"

...En el principio fue la crisis...

...y después de la crisis, algunos empezaron a preguntarse en qué había fallado la Macroeconomía, sus teóricos, sus practicantes y sus seguidores...

Y entonces llegó Krugman y escribió un artículo-resumen en el New York Times, enlazado en mi anterior entrada, donde exponía su postura. Y como Krugman es bastante macarra y siente un especial placer en atizarle a otros miembros de la profesión, la tomó (y con razón) con la Escuela de Chicago y algunos de sus más prominentes miembros... y también con algún prominente departamento de Economía de lo que él llama "freshwater economics" (los "nuevos clásicos" que, al parecer, suelen encontrarse sobre todo en universidades "del interior" como Chicago, Arizona State o Washinton U. in St. Louis... por oposición a la "saltwater economics", algo así como los "keynesianos", al parecer más fáciles de encontrar en universidades regadas por el mar, como Harvard, Princeton, Berkeley, el MIT...)

Como no podía ser de otra forma, la respuesta de estos últimos ha sido furibunda, llamando a Krugman de todo menos bonito, y en lo que es ya un clásico en la historia del quehacer de los economistas, acusándole de lo mismo que él los acusaba a ellos: básicamente de no tener ni pajolera, de no haber estado atento a las investigaciones de los últimos 20 años, etc.

Es mejor que os leais este artículo de Bradford Delong (profesor en Berkeley) donde hace un extracto de algunas respuestas de dichos profesores al artículo de Krugman y las ridiculiza sin piedad: los 7 magníficos.

Como yo siento una mórbida fascinación por estos combates, los estoy siguiendo con cierto detalle... porque, a diferencia de lo que piensa mi amigo Citoyen, creo que encierran mucha más profundidad que una mera pelea retórica entre escuelas económicas, una de las cuales (Chicago School) parece haber perdido el tren de la historia. Vosotros también podéis hacerlo siguiendo los enlaces que el propio Delong va poniendo en su blog, o desde el blog de Greg Mankiw (que de momento se mantiene como espectador...).

Aunque yo estoy con Delong, Krugman, Shiller, etc., lo que me fascina es de qué manera se sacuden entre sí profesores de universidad que se suponen punteros en lo suyo, algunos de ellos premios Nobel... y hasta qué punto difieren en sus conocimientos, y en sus apreciaciones, sobre su materia de estudio. Es preocupante lo que dice Delong en su conclusión:

"The scary thing is the level at which they are wrong: these are all freshman (ok, sophomore) mistakes--yet the seven include two past (and a year ago I would have said three future Nobel laureates in Economics).

If this doesn't frighten you, you aren't paying attention..."


(Fleshman= alumno de primer año; Sophomore= alumno de 2º año)


Pero para mi, lo más preocupante lo describe bien uno de los comentaristas del blog:

"As an economic outsider reading blogs from all sides of the political spectrum and trying to make sense of the economic events of recent years, it is almost impossible to make sense of the magnitude of disagreement in your field. Is it really possible that economists from top rank departments, some with Nobel prizes, are really making elementary, undergraduate errors? If so, how in the world is this possible? How can disparate groups of top-ranking scholars consider the members of other groups as complete idiots? What does this say about the field as a whole? I cannot recall or imagine something comparable occurring in any physical science.

The spectacle is startling and mesmerizing."



Este tipo de "espectáculo", tan característico de la Economía, muestra hasta qué punto ésta está marcada por la ideología: hasta el punto de marcar diferencias sustanciales en lo que se enseña en las distintas universidades (esto a modo de reflexión para los que gustan del modelo americano de Universidad), hasta el punto de que los economistas de unas universidades no están al tanto de lo que se investiga en otras, si son de "otra escuela", o lo ignoran y lo desprecian.

Esto refuerza mi idea sobre la "falta de un conocimiento establecido", compartido por los economistas y fuera de discusión... o al menos que existe, pero su alcance es muy pequeño.

Seguiremos reflexionando sobre el tema...

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15/9/09

Réquiem por (algunas ideas de...) Paul Samuelson


¿Por qué me resulta tan decepcionante este artículo de Paul Samuelson?
¿Por qué me causa tanta zozobra?

Quizá porque, a diferencia de lo que hace Krugman en este otro, donde da cuenta del desastroso estado de la Macroeconomía en este 2009, el año post-debacle, y apunta tímidamente dónde pueden estar los problemas de la visión económica al uso... Samuelson se siente en la necesidad de echar balones fuera y morir matando.

Y no asumir ninguna responsabilidad en la construcción intelectual de dicho armazón económico al uso. Sólo se permite este escueto párrafo, un tanto confuso entre el resto de ataques del artículo:

"Puede que yo y otros compañeros del MIT de Chicago, de Wharton, Penn y otras universidades, lo pasemos mal cuando nos enfrentemos a san Pedro en las puertas del cielo."

¿Cómo se puede despachar un asunto tan espinoso, tan en boga, y en realidad tan apasionante, como es la utilización de fórmulas y modelos matemáticos que "mágicamente" ponen precio y proporcionan un valor medible al riesgo de los derivados financieros y las carteras de valores, con esta frase:
"(...)directores generales desde Nueva York hasta California. Ninguno de ellos entendió nunca nada de las fórmulas de Black, Scholes y Merton para valorar activos."

O sea, que como él mismo dijo de Alan Greenspan, y como criticamos desde este blog, todo se debe a la avaricia de los banqueros y los gestores de Wall Street...

Qué decepción, señor Samuelson. Claro, que tiene que ser muy duro admitir en la vejez que quizá, sólo quizá, parte de lo construido durante una vida (y bien regado con premios y con prestigio), pueda tener menos enjundia de la que uno creía. Que detrás de tanta "ciencia" había mucho de apariencia.

¿No hubiera sido el momento de reconocer, como Krugman esboza en su artículo, que a lo mejor hay que repensar la disciplina y dotarla de nuevos enfoques y nuevas herramientas? ¿Que el "sueño matemático" se ha acabado, hasta cierto punto?¿Que la Economía no es, ni puede ser, ni tiene por qué ser, como la Física?

ACTUALIZACIÓN1: ¿Adaptar los modelos a la realidad o la realidad a los modelos? Un poco más sobre el tema, aquí...

ACTUALIZACIÓN 2: Y con más profundidad, este grandioso artículo de Eichengreen... merece la pena leerlo entero.

ACTUALIZACIÓN 3: La aportación de Robert Shiller, aunque ésta la esperaba... al fin y al cabo, es uno de los pocos economistas que puede reivindicarse en las actuales circunstancias...
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12/8/09

Muertes mediáticas

Aunque seguramente hay motivos mucho más importantes para indignarse con los medios de comunicación, no lo puedo evitar... me fastidia el tratamiento que se suele dar, principalmente en la TV, a ciertos eventos que no dejan de ser meramente anecdóticos. Me refiero en este caso a la muerte de Dani Jarque, el capitán del Español.

Sí, es cierto que toda muerte es una tragedia, sobre todo si es inesperada... pero es una tragedia principalmente para la familia y los amigos. Sí, es cierto que nos parece aún más trágico cuando la persona es joven... pero mueren tantos jóvenes a diario, en accidentes de tráfico y por otros motivos... Sí, es cierto que el fenómeno de la "muerte súbita" de los deportistas llama mucho la atención, pero según un cardiólogo al que preguntaron recientemente en la radio, en EEUU mueren al año casi 200.000 personas de "muerte súbita" (es decir, de fallos cardiacos de origen desconocido), deportistas y no deportistas, y no parece que el fenómeno afecte más a unos grupos poblacionales que a otros, o más a unas actividades que a otras...

Por lo tanto, ¿tiene sentido todo el circo mediático que se ha montado, y que se montó cuando lo de Antonio Puerta? ¿Tiene la noticia relevancia suficiente como para ser apertura de telediarios generalistas y para un seguimiento puntual de más de una semana de cada acto de homenaje, de pedir opinión a todos los deportistas que se pongan delante de un micrófono, etc?

Ya sé que estamos hablando de FÚTBOL, esa gran droga nacional que todo lo invade. Desde hace tiempo, los periódicos de información general cada vez dedican más páginas a tratar cualquier aspecto, por irrelevante y anecdótico que sea, del mundo del fútbol y de los futbolistas. Eso sí, contado todo con un tono y un lenguaje de lo más solemne y trascendente, imitando cada vez más el estilo As/Marca/Sport/MundoDeportivo y demás basurilla cotilleo-deportiva.
Lo cual tiene su parte de contribución, no me cabe duda, en la pérdida de calidad que de un tiempo a esta parte se da en la prensa autoconsiderada "de referencia" (estoy pensando en "El País", en este momento).

Al final, la exagerada cobertura de los medios de un evento cualquiera termina arrastrando al común de los mortales: hasta mi madre, totalmente ajena al mundo del fútbol, me comenta compungida la noticia, arrastrada por la visión continuada de los sentidos homenajes, los aficionados llorosos y el alcalde de turno nombrando al pobre chico Hijo Predilecto, con nombre de calle incluida... no faltarán las Medallas de Oro del Mérito Deportivo,etc...

Ocurrió recientemente otro caso aún más flagrante, como fue la muerte de un chico cogido por un toro en una de las fiestas patrias más estúpidas y cerriles: los Sanfermines. Claro, como de un tiempo a esta parte TVE, Prisa y casi el resto de grupos mediáticos han decidido que los Sanfermines son un evento de "interés nacional", y les otorgan una cobertura que me deja pasmado... pues claro, en caso de muerte, hay que dar carnaza al populacho.
Pero lo peor fueron las reacciones posteriores a la muerte del muchacho: todos los días el tema en la televisión, loas a la valentía del individuo, comparándolo poco menos que con un héroe clásico... el colmo de la soplapollez fue leer a Sánchez Dragó algo como esto:
"El mozo [...] estaba a punto de convertirse en hombre. Ahora es un príncipe de Roma: ha muerto como morían allí los héroes, en plena juventud. Su cadáver es como la fiesta de la novela de Hemingway que así se llama: hermoso, hermosísimo, viva moneda que nunca se volverá a repetir"

En fin, aparte de las mamarrachadas de Sánchez Dragó, si los medios de comunicación pretenden que mi corazón se encoja doloso y me sume a una especie de acto de homenaje nacional por la muerte de un chico que, básicamente, murió HACIENDO UNA GILIPOLLEZ, van dados. El único mérito del pobre muchacho fue que murió, haciendo el gilipollas, pero él solito consigo mismo, cosa que es de agradecer cuando tanto descerebrado decide matarse a los mandos de un automóvil y se lleva a más de uno por delante.

En fin, será mucho pedir que los medios de comunicación no nos hagan comulgar con ruedas de molino.

2/7/09

¿Saben Economía los economistas?

Haría mal el lector, sobre todo el lector perteneciente a la profesión económica (de entre los miles que nos leen a Demócrito y a mi…) en considerar esta pregunta como una (mera) provocación.

La pregunta pretende ser retórica, puesto que el que escribe estas líneas está convencido de que si alguien sabe economía, son los economistas, o al menos algunos de ellos.

El drama es que, lamentablemente, la pregunta no es retórica, o al menos no para gran parte de la profesión, a juzgar por lo que nos cuenta Citoyen en esta entrada, y lo que se extrae de la nota de Paul Krugman que en ella se enlaza.

Lo podemos resumir en una frase: “la profesión tiene un problema” (la profesión económica, se entiende). Y es un problema muy gordo.

Es cierto que la profesión es vilipendiada por propios y extraños que a menudo no conocen lo más elemental de sus fundamentos, pero yo sobrevolaría ese punto sin darle más importancia que la que tiene (es lógico que todo el mundo opine de economía, puesto que trata de temas muy cercanos al bienestar de la gente: dinero, salarios, paro, inflación, etc).

El auténtico problema, en mi opinión, viene de dentro. Porque si, como se afirma, un gran número de economistas no entienden los modelos en los que se basa su disciplina, entonces se está cuestionando los fundamentos mismos de la profesión: ¿qué confianza podemos tener, no ya en las opiniones, sino incluso en los trabajos de los propios economistas?

Como el anterior párrafo suena un poco radical, conviene aclarar algo: mi objetivo con esta entrada no es añadir un ataque más a la profesión económica: mi propia postura al respecto ha ido mejorando a medida que conozco un poco más del mundillo, desde posiciones bastante escépticas y críticas hasta otras mucho más matizadas. Mi objetivo es sencillamente añadir alguna reflexión a cuál puede ser el problema que hace a la profesión económica tan controvertida, bajo la tesis de que tiene que haber algo bastante profundo en el asunto.

Seamos sensatos: es obvio que un gran número de economistas sí entiende los modelos económicos. Por lo tanto, aquí puede haber un doble problema:

a) Un problema de “divulgación”, en el sentido de saber explicar al gran público los fundamentos de la disciplina, siguiendo la tradición de la divulgación científica por ejemplo en Física o Biología.

b) Un problema de “enseñanza académica”, que va más allá de la mera confección de los programas académicos.

Un caso personal a modo de ilustración

Os voy a contar mi caso personal: en la Escuela de Industriales de la UPM hay un curso de Economía en 3º de carrera (del plan de 6 años que yo estudié). Para un alumno al que se le supone cierta pericia matemática, que ha pasado ya por las abstracciones del Álgebra, se ha enfrentado al Cálculo Infinitesimal y las Ecuaciones Diferenciales y con un par de cursos con asignaturas de Física y de Química en la chepa… comprender las sutilezas de esos modelitos aparentemente simples que el profe de Economía pintaba en la pizarra, con dos sencillas curvas que se cortan… bueno, debería ser fácil, ¿no? Pues no. Para mi sorpresa y disgusto, me vi bastante incapaz de entender a la primera cada par de curvas que el profesor explicaba en la pizarra. Bien, esto puede ser un problema mío, bien sabe dios y el diablo que no soy el tipo más listo ni de mi barrio… pero no lo creo, mirad, no me creo tan especial ni como para detentar en exclusiva la bandera de la estulticia… estoy seguro de que allí en la Escuela la podíamos levantar muchos, y también en las Facultades de Economía, claro.

Lo cierto es que cada par de curvas que se me pintaban (oferta, demanda, precios, tasas de interés…) encerraban detrás toda una serie de asunciones y suposiciones que para mi no eran nada obvias, y que me obligaban a pensar y a intentar ver exactamente qué demonios quería decir esa curva… porque siempre tuve la impresión de que las curvas eran una manera gráfica y simple de explicar un teoría establecida a priori, y cuyos fundamentos son los que yo quería conocer, y desde luego las curvas no me los explicaban.

Supongo que parte del problema es no estar familiarizado con los métodos de las ciencias sociales. O mejor, estar demasiado familiarizado con las ciencias empíricas: para mí, una curva que describe el comportamiento de “algo” tiene una ley, una ecuación, detrás, y uno puede reflexionar sobre el “sentido físico” de esa ecuación, utilizar la intuición para entender cómo la ecuación describe un determinado aspecto de la realidad (esto del sentido físico valió hasta que llegué a la mecánica cuántica, claro, donde la visión intuitiva sirve para poco… pero eso es otra historia, que contaremos en otro lugar).

Pues bien, nunca logré discernir con claridad “el sentido físico” de lo que allí se me contaba. ¿Es un problema de cómo se explica la Economía? Sí, sin ninguna duda esto es parte del problema. También me pasó con asignaturas como la Electrotecnia, no os creáis… siempre he tenido dificultades para aprehender asignaturas en las que te enseñan un conjunto de técnicas de resolución de problemas y casos-tipo, pero en las que no era capaz de ver los fundamentos.

Pero aquí la cuestión clave no soy yo, sino que seguramente yo no soy el único con este “problema”: ¿es descabellado pensar que muchos estudiantes de Economía aprenden las técnicas, manejan la parafernalia matemática, conocen los modelos… sin de verdad entender en profundidad lo que éstos representan?

El problema, entonces, es que la mayoría sabrán tanta Economía como yo Electrotecnia.

Las matemáticas: ¿la herramienta es el problema?


Las matemáticas son sólo una herramienta, y es una herramienta poderosa. Es como el sable láser de los caballeros Jedi: su manejo además no está al alcance de todo el mundo, por lo que se convierte en símbolo de prestigio.

Nota friki al margen, su prestigio está bien ganado como medio de representar la realidad física, y dicho prestigio trasciende el de su mera utilización por la ciencia: es un prestigio social.

Es bien conocida la costumbre de muchos magufos, chamanes, buscadores de ovnis y de fantasmas, echadores de cartas, cienciólogos, astrólogos, parapsicólogos y demás charlatanes, de rodearse de parafernalia con apariencia matemática pero sin sentido, con el fin de dar una apariencia de profundidad y verosimilitud a su actividad.

Pero no estamos aquí para hablar de pseudociencias: el uso de las matemáticas es reivindicado por muchas disciplinas: por sus características intrínsecas, porque forma parte de nuestro propio esquema mental como especie, porque no conocemos otro modo más preciso, coherente y explotable de modelizar la realidad… y también porque da prestigio a la actividad, por qué no decirlo, muchas disciplinas tratan de incorporar la matemática a su metodología, incluidas las ciencias sociales. Y la Economía es la que más éxito ha obtenido en el empeño. Tanto, que puede morir de éxito.

¿Qué quiero decir con esto? Una vez que Samuelson estableció las bases matemáticas de la Economía, y de algún modo estableció al mismo tiempo la base de los programas académicos clásicos de enseñanza de la Economía, es obvio que los economistas están obligados a saber manejarse con las matemáticas. Ningún problema con esto, siempre que no se olvide que conocer la herramienta no es conocer la disciplina: saber manejar el yunque y la maza es condición necesaria, pero no suficiente, para hacer buenas espadas. Es necesario ver más allá de las curvas y las ecuaciones, y entender (y cuestionar, si ha lugar) lo que se te está enseñando. Aprehender lo que es “conocimiento establecido” en Economía. Porque si no, el riesgo que se corre es que los modelos sean patrimonio exclusivo de cuatro académicos que los entienden, y el resto de la profesión simplemente maneje una parafernalia cada vez más enrevesada y en la que es cada vez más difícil discernir su capacidad para representar la realidad. El riesgo es que todos estos trabajos queden en simples divertimentos académicos. O peor aún, que una vez obtenida “la gran ecuación” que aparentemente nos resuelve el problema, todos a usarla indiscriminadamente sin cuestionarse sus fundamentos, lo cual puede conducir al desastre.

En resumen, para mi no debería existir ningún problema con la herramienta matemática, siempre que quede claro que es sólo una herramienta (que puede ser utilizada para cualquier cosa, que puede ser utilizada bien o mal, y que por tanto no es por sí sola garantía de nada). Y que el prestigio no lo puede dar el cómo usas la herramienta, sino el resultado último de tu trabajo, sea cual sea la herramienta.

Si la herramienta no es el problema, ¿cuál es el problema?

Aquí, voy a hacer una CONJETURA.

Para mi, el problema puede estar en el “conocimiento establecido” por la Economía. ¿Cuál es el verdadero conocimiento establecido? Aquél que conocen y comparten todos los economistas, aquél que está fuera de la discusión, aquél en el que la profesión se asienta para poder avanzar, para adentrarse en nuevas líneas de investigación necesariamente más especulativas…

Por “conocimiento establecido” no hablo de una verdad absoluta e inamovible, puesto que esta noción es incompatible con cualquier ciencia. Para la ciencia, todo conocimiento está en permanente revisión, si queréis, en “permanente estado transitorio”, sujeto a la revisión por pares y a que nuevos experimentos puedan derribarlo, matizarlo o confirmarlo (por n-ésima vez en un ciclo sin fin).

Pero mirad, en Física, por ejemplo, se da un proceso que yo no veo en Economía: cada avance, cada nuevo descubrimiento, cada modelo que sustituye a uno anterior… se basa en el anterior y lo complementa… cuando el modelo anterior es “conocimiento establecido”, el nuevo modelo raramente lo invalida, en el sentido de descartarlo por incorrecto (aunque los más puristas dirán que sí)… generalmente lo que hace es complementar con nuevos conocimientos aquello a lo que el modelo anterior no llegaba, permaneciendo el modelo anterior como válido para casos simplificados, a menudo suficiente para la mayoría de casos y aplicaciones (ejemplo: la mecánica newtoniana queda sustituida por la relativista, mucho más general y mejor descriptora de la realidad… sin embargo, la newtoniana sigue siendo suficiente buena para la mayoría de aplicaciones de la vida diaria. No es concebible una “escuela newtoniana” en lucha a lo largo del tiempo con una “escuela relativista”).

¿Por qué en Economía este proceso no se da? Como decía un amigo mío: “la Economía es la única disciplina en que alguien es capaz de recibir el Nobel por un trabajo en que se defiende una cosa, y años después alguien puede recibir otro Nobel por un trabajo en que se defiende la contraria”.
Cuando los fundamentos de la disciplina económica son cuestionados desde dentro, cuando persisten distintas “escuelas económicas” enfrentadas, cuando los economistas no se ponen de acuerdo sobre cuestiones básicas, cuando se duda de que los economistas entiendan sus propios modelos… lo primero que se me ocurre es que no hay un conocimiento establecido.

Disclaimer:

Bien, yo no creo realmente que NO EXISTA en absoluto un conocimiento establecido en Economía. Lo que creo, con muchas dudas y sujeto a la refutación de quien me quiera iluminar (recordad que esto es sólo una conjetura), es que:

1) O bien el conocimiento establecido debe de ser muy limitado, de corto alcance, mucho más limitado de lo que piensan la mayoría de los economistas (incluso los que entienden los modelos).

2) O bien este conocimiento existe pero se enseña muy mal en las facultades, que si lo pensáis nos lleva casi necesariamente al primer punto, después de un par de generaciones.

Esta es una conjetura muy osada, para ser planteada desde fuera de la profesión. Insisto: esto es sólo un blog, se trata de debatir: que nadie vea aquí un ataque a la Economía per se. Únicamente pretendo buscar una explicación para un conjunto de problemas relativos a la disciplina, a los que también se refiere Citoyen en su entrada, y es la explicación que yo le doy. Sólo pretendo que alguien quiera recoger el guante: no ya darme a mi un curso acelerado de “conocimientos establecidos” por la Economía (aunque no estaría mal, je, je), sino de dar una hipótesis alternativa que explique mejor que la mía los problemas antes referidos.

Finalizaré con varios ejemplos:

a) En el recientemente célebre “Manifiesto de los 100”, en que 100 economistas académicos hacían recomendaciones al gobierno español para salir de la crisis, y que he leído con interés y con cuyas tesis estoy en general bastante de acuerdo, uno puede encontrar algunas propuestas (eso sí, no muchas) de algunos de los ponentes que son contradictorias entre sí. O un economista que recomienda bajar IRPF y subir cotizaciones a la SS mientras que otro colega, varias páginas más adelante, recomienda precisamente lo contrario. A esto, que puede ser más o menos explicable, se suma de repente el “Manifiesto de los 700”, en que otros tantos economistas, supongo que igual de “académicos”, tratan de rebatir, a veces de forma furibunda, las propuestas de sus colegas.

b) La teoría clásica del comercio internacional viene a afirmar que éste beneficia siempre a los países que intercambian productos, independientemente de su nivel de desarrollo y productividad, pues cada uno crecerá en base a su ventaja comparativa relativa. Yo mismo he utilizado este argumento en mi anterior entrada sobre el modelo productivo. Sin embargo, se pueden encontrar trabajos, basados en evidencias empíricas (por ejemplo en países latinoamericanos) que cuestionan este modelo, y que afirman que países con una gran diferencia en su nivel de desarrollo y su acceso a la tecnología, la mera ventaja comparativa no servirá para garantizar su crecimiento, e incluso el proceso comercial puede incrementar aún más la distancia con los países más desarrollados.

....

Hay un problema con el conocimiento establecido. Es sólo una conjetura, que es difícil de confirmar para mi desde fuera de la profesión, pero es la mejor explicación que le encuentro a lo que ocurre con la profesión. Y, creedme, quiero estar equivocado.

Vuelvo a la Física: cada nuevo modelo avanza y sustituye al anterior, y en cada momento está razonablemente claro lo que es conocimiento establecido. Newton describió el proceso en una frase: “…si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes…

¿Dónde están los gigantes, en Economía?

ACTUALIZACIÓN: Un poco más sobre este tema, en el debate entre Citoyen y Alberto Garzón...

ACTUALIZACIÓN 2: Respuesta de Citoyen, aquí.

19/6/09

Un buen artículo sobre la cuestión nuclear

Al hilo del debate sobre la energía nuclear que estamos teniendo en Materias Grises, os enlazo uno de los pocos artículos periodísticos que he leído últimamente que sí merece la pena leer. Es éste.

Creo que utiliza el tono que se debe utilizar, y desmonta algunas falacias que están utilizando últimamente los unos y los otros. No es perfecto, tiene algunos párrafos controvertidos que se podrían discutir, pero en lo esencial, es correcto. Leedlo, por favor.

Ah, que queréis que me moje y apunte algún punto que se le podría discutir al autor... joder, cómo sois. Vamos allá...

Se trata del siguiente párrafo, donde el autor trata de desmontar la idea de que cerrar Garoña subiría la luz:

"- Cerrar Garoña subiría la luz. El sector nuclear ha lanzado la idea de que si se cierra Garoña la luz subiría alrededor del 10%. La idea no tiene padre reconocido -salvo "fuentes del sector"- pero ha calado y retumba por el dial. Cada kilovatio que produce Garoña lo cobra al precio de la tecnología más cara que esté funcionando en ese momento.
Red Eléctrica calcula cuánta electricidad va a necesitar cada media hora. Las eléctricas ofertan y primero entran al sistema las más baratas, como la nuclear y la hidráulica. Las renovables entran siempre por ley y finalmente se completa con gas o con carbón, cuyo precio depende de los mercados internacionales. Al final cada una de las plantas en marcha cobra el precio más alto. Garoña cobra al precio del gas natural. Si se cerrara, sería sustituida por una central de gas, así que el precio de la luz apenas se movería."


El autor hace una descripción esencialmente correcta de cómo funciona el pool eléctrico y cómo se forman los precios del mercado libre (está también el mercado regulado, esto es, a tarifa) en España. Su argumentación, por lo tanto, es buena y parece irrebatible. Sin embargo, falla en la conclusión. ¿Por qué?
Efectivamente, el Operador del Mercado Eléctrico, OMEL (no Red Eléctrica, como dice el autor) va casando la oferta y la demanda de electricidad a lo largo del día: cada media hora, recibe oferta de las distintas centrales para cubrir la demanda existente. Hasta cubrir una determinada demanda, OMEL va aceptando ofertas de centrales progresivamente más caras, como es lógico, y cuando la ha cubierto, cierra la subasta recibiendo TODOS el precio ofertado por el último ofertante, que es el más caro y que suele ser, efectivamente, el del gas (aunque esto depende mucho del precio del crudo y del gas), siempre que no entren centrales de fuel, de las que quedan pocas. Sin embargo, lo que el autor olvida, es que si yo tengo que cubrir la demanda de energía que aportaban los "desaparecidos" 466 MW de Garoña, tengo que dejar entrar a la subasta a centrales progresivamente más caras, hasta cubrir esa demanda. Es de esperar, por lo tanto, que si yo voy eliminando centrales de las más baratas y/o de las que entran antes a subastar, y las tengo que sustituir por centrales de las que entran las últimas, el precio final del Mwh se encarezca. Cuánto, ya es otra cuestión.

Esto me sirve además para desmontar el argumento, generalmente utilizado por algunos defensores de las energías renovables, de que el coste de la energía en España es igual si lo genera una nuclear que una renovable o una de carbón...

Decir una cosa así es confundir "coste" y "precio".

Bueno, además de eso, hay algún otro punto discutible en el artículo, pero insisto una vez más: aunque hay algunos puntos matizables, no dice nada que sea esencialmente incorrecto.

8/6/09

SOBRE EL CAMBIO DE MODELO PRODUCTIVO (1ª PARTE). Algunos conceptos básicos: “ventajas comparativas”, “productividad” y “sectores de alto valor añadido

A raíz de la entrada de Egócrata hablando de la “ventaja comparativa”, y de la continuación de Citoyen comentando la idea de la diversificación del modelo productivo de un país, me parece relevante profundizar en un par de ideas al respecto. No pretendo con ello hacer una réplica a ninguno de los dos, pues estoy básicamente de acuerdo con ellos, sino que quiero aprovechar para hablar de varios temas que hace tiempo que me rondan por la cabez…ota.

El enfoque que le da Citoyen al problema de la diversificación es recordarnos que el modelo de especialización del trabajo ha dado resultados espectaculares porque incrementa la eficiencia y permite aprovechar economías de escala. Un país que se especialice en aquello en lo que tiene ventaja comparativa es una gran idea, dice, pero supone asumir un riesgo sobre todo a largo plazo, ante cambios imprevisibles en el mercado. Para gestionar este riesgo, Citoyen propone asegurar ese riesgo de dos maneras: mediante transferencias entre Estados y mediante transferencias hechas a través de los mercados de capital.

Citoyen se ha remontado a unas alturas a las que yo no llego (no es una crítica, es por eso que me gusta leerle, entre otras cosas, je, je…). Aparte de que tengo mis reservas con eso de aplicar el Taylorismo a todo un país (un país entero nunca se especializa en una sola cosa, ni en dos, ni en tres…pero me lo tomaré como una metáfora)…aparte, digo, está el hecho de que se me escapan por completo las sutilezas de tales mecanismos que presenta Citoyen. No obstante lo cual, no los descarto como mecanismos de gestión del riesgo que puedan ser adicionales a otros más pegados a la “economía real”, que son lo que me gustaría comentar en esta, y sobre todo en la siguiente, entrada.

Ahora que llevamos varios meses hablando en blogs y comentarios diversos sobre cambiar el modelo productivo, abandonar sectores de poco valor añadido como la construcción, sobre la necesidad o no de una política industrial, etc., me gustaría desbarrar un poco sobre varios conceptos que están en la boca de todo el mundo: ventajas comparativas, productividad, sectores de alto valor añadido, diversificación. Así que vamos allá, querido lector…

Dos conceptos peligrosos: “competitividad internacional” y “productividad”

Cuando oímos y leemos a cualquiera sobre lo que debe hacer España para salir de la crisis, todos vienen a decir algo así como que debemos aumentar nuestra productividad para ser más competitivos, porque si no otros países se nos comerán por los pies… y cambiar el modelo productivo hacia sectores de más valor añadido que el ladrillo y el turismo de sol y playa, como medio infalible para reducir el paro y competir en la economía internacional en la 1ª división, y bla, bla, bla…

Se manejan aquí dos conceptos que califico de “peligrosos” porque tenemos una fuerte tendencia a simplificarlos: su significado es engañosamente sencillo, se prestan a dar mensajes potentes, aparentemente comprensibles por todo el mundo, y por lo tanto se prestan a que políticos y “expertos” hagan demagogia con ellos, cuando no una mera exhibición de ignorancia. Sin embargo, las sutilezas de ambos requieren de un análisis más profundo. Este análisis, del que hablaré a continuación, no es mío, claro, sino de economistas como Krugman, Solow, Ricardo… (pues aunque me meta mucho con los economistas, me gusta leer a los buenos). Simplemente apuntaré un par de ideas que he creído entender de sus escritos.

La competitividad internacional: la idea de que los países compiten entre ellos por un trozo del pastel del comercio internacional, y que si uno se queda retrasado se verá lastrado en sus niveles de vida, verá incrementar su paro y poco más o menos se verá conducido irremediablemente a la ruina… es, sencillamente, falsa. El comercio internacional no es un juego de suma cero: dos países con intercambios comerciales se verán mutuamente beneficiados de dicho comercio, independientemente de que uno sea muy productivo y otro muy poco, uno compita por la vía de los bajos salarios y otro por la vía de las ganancias de productividad.
Esto de la competitividad está en boca de todo el mundo, y se relaciona habitualmente con el concepto de “ventaja comparativa”, por eso lo he traído a colación… pero normalmente se malinterpreta. Desde David Ricardo, se sabe que un país siempre encontrará una gama de bienes en los que tenga “ventaja comparativa”, y podrá comerciar ventajosamente con ellos, aunque no tenga bienes en que se dé una “ventaja absoluta”.

Seamos claros: es inteligente que un país trate de explotar aquel sector en que tiene una ventaja comparativa, no digamos ya si la tiene por razones naturales o climáticas (by the face, vamos): España tiene sol, pueblos encantadores y muchas playas. Pero esto también lo tienen otros países… sin embargo, España ha sabido posicionarse como destino turístico de primer nivel en todo el mundo: la oferta hotelera es mucha, variada y de muy buena calidad, las playas están limpias y llenas de servicios, la gastronomía se está explotando con inteligencia en casi todas las provincias, etc., etc. Esto es una apuesta inteligente independientemente de que sea un sector de “bajo valor añadido”, y sería estúpido no trabajarlo.
(Lo que no sería inteligente es “especializarse” absolutamente en este sector. Volvemos a lo de no poner todos los huevos en la misma cesta)

Profundicemos un poco en la idea tan repetida últimamente de apostar por sectores “estratégicos” y de “alto valor añadido” para poder “competir”. Normalmente, además, se reclama que esta apuesta sea dirigida desde el gobierno en forma de política industrial. Mis objeciones son dos:

1º.- Los sectores de mayor valor añadido no son los que se piensa habitualmente.

Hay una tendencia casi general a referirse al sector de la alta tecnología y a ponerlo como ejemplo de sector de elevado valor añadido. Esto en general no es más que un prejuicio del imaginario colectivo. Lo lógico es que los sectores con mayor valor añadido por trabajador sean los muy intensivos en capital. No es el caso de los microchips ni de los componentes aeronáuticos, sectores usualmente considerados de alta tecnología. Os adjunto una tabla que, aunque referida a EEUU y un poco antigua, creo que ilustra de sobra esto que digo (Paul Krugman. Foreign Affairs. marzo-abril 1994):







Resulta que los sectores de mayor valor añadido son las industrias pesadas tradicionales. Algo en lo que probablemente nadie está pensando cuando reclaman una reorientación de la política industrial.

2º.- Conocer cuáles son o van a ser los “sectores estratégicos” es complicado. Esto tiene un elevado riesgo de metedura de pata, de orientar mal la política y desperdiciar tiempo y recursos.

Me apoyaré simplemente en una cita de Krugman en el número de julio-agosto de 1994 en Foreign Affairs:

“A lo largo de los últimos diez años un gran programa internacional de investigación ha explorado las posibilidades de las políticas comerciales estratégicas. De él se desprenden dos grandes conclusiones. Primera, la designación de las industrias que deberían recibir ayuda estratégica o la forma y niveles apropiados de ayuda son muy difíciles de determinar. Segunda, aunque la política comercial estratégica tuviese éxito, las ganancias derivadas de la misma es probable que sean muy modestas.”

La productividad: es un concepto misterioso, no en su definición formal (=output por hora trabajada), pero sí en qué mecanismos la hacen crecer, sobre todo a nivel de todo un país.

Kantor tiene una entrada fantástica en la que compara la “productividad” con la “constante cosmológica”, como un factor de ajuste de las ecuaciones del que en realidad lo desconocemos todo. En realidad fue un famoso trabajo de Solow para el gobierno de los EE.UU. el que introdujo el término “productividad” como “la medida de nuestra ignorancia”, pues servía para explicar el crecimiento de la economía cuando no se recurre a movilización de los factores (capital, trabajo, recursos naturales…)… pinchad el enlace, que Kantor lo explica mejor que yo.

El caso es que se terminó definiendo de forma vaga como “la mejora en la utilización de los recursos y los procesos de trabajo”, esto es, usar mejor el pico y la pala: con una cadencia más rítmica, con palas para zurdos y palas para diestros, con palas de diseño más ligero y efectivo, con especialistas en picar y especialistas en dar paletadas… en fin, toda una gama de posibilidades para que se obtenga un mayor resultado de un mismo volumen de factores.

A nivel individual de una empresa o de una actividad productiva, el tema de la mejora de los procesos de trabajo es el área de actividad de la ingeniería industrial (en su acepción anglosajona) o ingeniería de organización (en sentido español). Estudio de “métodos y tiempos”, se le llamaba tradicionalmente, aunque ahora ha evolucionado a temas con mucho más glamour. Casualmente, es a lo que me dedico…

El problema, una vez más, es aplicar estas “mejoras de procesos” al conjunto de las actividades productivas de un país entero. Aquí sí que empezamos a pisar terreno resbaladizo.
Si ya es difícil, y os aseguro que lo es en muchas ocasiones, encontrar en una empresa individual o en un área de la empresa la manera de mejorar la productividad de sus trabajadores, no digamos ya si intentamos mejorar la productividad de todo un país.

¿Merece la pena, entonces, buscar mejoras en la productividad?

Las mejoras de productividad, a persar de lo dicho, son como las meigas: existir, existen. Y tienen una propiedad fundamental: aunque no sepamos muy bien cómo manejar esto de la productividad, la teoría económica nos dice que la tasa de crecimiento de la productividad de un país está directamente relacionada con la tasa de crecimiento en el nivel de ingresos de sus trabajadores, y por tanto, con la mejora de su nivel de vida.

Pero cuidado, pues este resultado puede tardar años en verse reflejado en este nivel de vida. A corto plazo, incrementos de productividad como los asociados por ejemplo a una mayor mecanización y automatización de una industria pueden reducir el nivel de empleo en esa industria, y a largo plazo reducir el peso de esa industria como “empleador” en el conjunto del país (aunque esto último ya tendría poca importancia, pues la mejora ya se habría trasladado al resto de la economía).
Por lo tanto, podemos observar que esto de los incrementos de productividad tiene muchas sutilezas.

Volvamos a las meigas… como las mejoras de productividad, nadie sabe cómo aprehenderlas. Las mejoras de productividad tienen que ver con la innovación, con la mejora tecnológica… pero en el sentido amplio en que los economistas usan el término, que no es (sólo) lo que normalmente se entiende por I+D, sino algo a veces mucho más sutil, relacionado con el cómo se hacen las cosas. Y lograr mejoras en este “cómo” a veces alcanza la categoría de arte, pues a menudo tiene que ver con algo tan cualitativo como las relaciones organizativas, el management de equipos, los procesos de planificación del trabajo… y a menudo sólo se consiguen estas mejoras si logras la motivación y el compromiso de todos los empleados, no sólo la cadena de mando sino hasta el último operario.

Lo repito de nuevo: a nivel de una empresa individual, existen profesionales, o bien de la plantilla de la empresa (como yo mismo) o bien consultores externos, que se dedican a tratar de mejorar la productividad de las distintas áreas y departamentos. El problema puede abordarse con toda una gama de métodos, desde los más simples (casi “a ojo”) como los más sofisticados (6-sigma, investigación operativa…)… y pueden dar resultados espectaculares (filosofías Just in Time, Lean Manufacturing, y un larguísimo etc…), resultados dudosos, o ser simplemente retórica de consultor.

Cuando tratamos de aplicar todo esto al conjunto de un país, y no digamos ya dirigirlo desde un ministerio, ya podemos imaginar la dificultad de la empresa, y lo dudoso de sus resultados. Al final, estas mejoras de productividad, si se consiguen, serán por agregación de las pequeñas o grandes mejoras en la productividad de cada una de las pequeñas y grandes empresas que operan en dicho país. Esto, se puede medir en términos agregados (mediante una “cte. cosmológica”, je, je), pero es muy difícil saber qué teclas tocar y de qué modo para que dicha constante deje de serlo y empiece a crecer de forma sostenida.

¿Entonces… cómo resolvemos este rompecabezas?

Una vez llegados a este punto, podemos retomar las preguntas interesantes:
- ¿Es bueno que un país se especialice en un sector en el que tiene ventaja comparativa?

- ¿Se pueden crear desde el gobierno “ventajas comparativas”?¿Merece la pena impulsar estas políticas?

- ¿Cómo puede una “política industrial” apostar por los sectores adecuados?¿Debe haber “política industrial”, al menos en el sentido descrito?

- ¿Es buena la “diversificación”? ¿Cómo puede un país impulsar la diversificación? ¿Cómo aseguramos que no haya una excesiva dispersión de recursos?

…bueno, amable (y paciente) lector, para indagar en las respuestas, ¡tendrás que comprar el próximo capítulo!