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29/4/10
Carta de amor a la verdadera izquierda
Por motivos personales hace mucho que no escribo nada. Tampoco tenía idea de hacerlo hoy pero uno, tranquilote de por sí, a veces pierde la paciencia y al final le hacen hablar mal. Así que les pido excusen el lenguaje de esta entrada. Entrada que no es en realidad más que una respuesta a Popota, un genuino representante de la verdadera izquierda. Pero izquierda de la buena, oigan, no esa de vendidos al capitalismo y nazionalistas españoles que pulula por aquí. Sin más preámbulo la copio aquí, ligeramente editada:
"Gracias por esta nueva perla de demagogia, Popota. Como la economía española, sigues cayendo en barrena y sin perspectivas de tocar fondo. El partido de ayer ha debido hacer mucho daño.
Es obvio que los contratos laborales han de estar protegidos y supervisados por la ley, pero en aquellos aspectos (igualdad, condiciones laborales, cumplimiento de las cláusulas) que atañen al ámbito legal. La intervención judicial en aspectos organizativos de las empresas es un lastre que obliga a optar al empresario SIEMPRE, aunque haya otras posibilidades, por el pago de 45 días al año para casi cualquier despido. ¿Por qué? Por el mismo motivo por el que en españa no se utiliza el procedimiento judicial para solventar numerosos incumplimientos en otros ámbitos (impagos, de cláusula, etc.) si no es imprescindible: por la lentitud e ineficiencia de la justicia española (¡en juicios te veas, aunque los ganes! maldicen los gitanos)
A mí me gustaría saber qué alternativas ofrecéis vosotros, los predicadores de la verdadera izquierda, esa que llega al poder y lo primero que hace es poner a su hermano al frente de una embajada de broma. Alternativas para superar una situación desastrosa que lo es ya desde hace 35 años. No es un invento de Aznar, o del Borbón, o del GAL, o del Tribunal Constitucional, o de cualquiera de vuestros sospechosos habituales..
Porque en realidad es muy sencillo. Tampoco hace falta ser muy listo para comparar el histórico de las tasas de desempleo de los países de la UE y comprobar que mantenemos un diferencial abultado, constante, que se dispara en las recesiones para luego tardar diez años en recuperar cifras inimaginables para nuestros vecinos (porque las actuales no son inimaginables, son grotescas). En román paladino: nuestro mercado laboral apesta. No funciona. Y eso significa que su regulación apesta y no funciona. Nada nuevo, por cierto, porque cuando casi todos los contratos eran indefinidos y con elevados costes de despido aún funcionaba peor ¿O ninguno de vosotros se acuerda de la recesión, acompañada de inflación galopante y paro desbocado, de finales de los 70' y principios de los 80'? ¿Habéis olvidado los famosos 800.000 puestos de trabajo? ¿Acaso creéis que las medidas de flexibilización (incompletas) realizadas bajo los gobiernos de González se hicieron porque le gustaba pelearse con la UGT? No, se hicieron porque no quedaba más remedio, como no quedó más remedio que hacer una reconversión industrial enfrentándose a los de siempre: los sindicatos y la verdadera izquierda. Una flexibilización que, como la llevada a cabo por Aznar, dio sus frutos: reducir la tasa de paro, al menos en las etapas de crecimiento, a costa de crear una dualidad que aún sufrimos. Y esto porque en vez de tomar decisiones valientes se chapucearon mil parches que acabarían sufriendo los que menos peso político tienen: los jóvenes.
Me hace gracia vuestra indignación de tertulia de bar, la soberbia con la que pontificáis desde la ignorancia y la seguridad de ser "los buenos", aquellos que se enfrentan a los malvados explotadores con sombrero de copa y puro que para sentarse utilizan obreros en vez de sillones. Lo mejor de todo es que estáis defendiendo una estructura de corte fascista, heredada directamente del franquismo y diseñada para tener a la clase trabajadora engordando en el pesebre, que así no cornea. Algo que se ha logrado divinamente, por cierto: aquí nadie sale a la calle a no ser que le toquen lo suyo o pierda su equipo de fúrbo. Y después de mí, el diluvio.
Lo que vuelve a demostrar que no sabéis muy bien de qué estáis hablando. Un estado social y de derecho no debería dejar en manos de particulares aspectos de protección social básica. Porque eso es la indemnización por despido: cargar el peso de la protección al desempleado sobre la empresa, que está encantada de transferir ese coste a los salarios (¿o es que creéis, almas cándidas, que lo restan de los beneficios?) o evitarlo echando a la calle temporales. Y además así la administración no tiene que cumplir con su deber, es decir, crear un organismo que ofrezca el apoyo necesario a los parados. O sea, prestaciones por desempleo y reinserción laboral efectiva. Como un país civilizado, vamos.
Porque todos sabemos que eso de flexibilizar el mercado manteniendo la seguridad del trabajador es un invento raro que algunos vendidos se han sacado de la chistera. Países tercermundistas como Dinamarca, Austria u Holanda las han aplicado con un resultado desastroso: tasas de desempleo actuales que rozan el 7,5% en el primer caso, el 5% en el segundo y el 3,9% en el tercero, sueldos elevados, carrera laboral continuada aunque cambies de empresa, bajo paro juvenil y femenino, etc. De hecho, les va tan mal que emigran masivamente a España porque saben que aquí encontrarán trabajo fácilmente y en magníficas condiciones. Sin saber que todo se lo debemos a los desvelos de los verdaderos izquierdistas. A personas que, como Popota, están siempre prestas a acusar a los borbones, a los nazionalistas españoles y a los capitalistas de sombrero de copa de todo lo que vaya mal."
26/4/10
¿Muchos parques eólicos reducen la variabilidad de la energía vertida a la red?
Hablábamos en la anterior entrada sobre la necesidad de disponer de fuentes de respaldo para las energías renovables, debido a que éstas son variables e impredecibles.
Nota al margen nº 1: No todas lo son, por cierto: las mareas son poco variables y nada impredecibles.
Pero la que nos importa a estos efectos es la eólica, que aúna las características de una fuerte variabilidad e impredictibilidad con una elevada implantación en España (y otros países) que aumentan considerablemente sus posibilidades de afectar negativamente a la red.
Pues bien, uno de los argumentos que los partidarios de la eólica están esgrimiendo mucho últimamente para defenderse de tal acusación es el siguiente: cuando tienes una sola instalación eólica, o varias muy cercanas entre ellas, está claro que estarán afectadas por los caprichos del viento reinante en la región donde estén ubicadas. Habrá que prever una potencia equivalente de respaldo que no sufra esta variabilidad y que además pueda arrancar y conectarse a la red con facilidad, típicamente una o varias centrales de gas.
Nota al margen nº 2: La centrales que más rápidamente pueden arrancar y parar son las hidráulicas, pero habrá pocos casos en que se pueda considerar a la hidráulica como energía de respaldo de la eólica: para ello tendrían que ser centrales de bombeo (que te permitan revertir la situación una vez pasada la emergencia) y desde luego haber suficiente capacidad para acometer esta tarea, tanto en número de instalaciones como en volumen embalsado, lo cual nos lleva a si ha sido o no un año hídrico bueno… es decir, volvemos a la variabilidad e impredictibilidad.
Sin embargo (sigue argumentando el avispado defensor de la eólica), si tú tienes varios parques eólicos suficientemente distantes, el viento en esas zonas no variará al mismo tiempo… puede que cuando el viento se reduzca en una zona, en la otra no lo haga, o incluso aumente. Según vas añadiendo parques eólicos al sistema, sobre todo si son distantes y en zonas con vientos “desacoplados” entre ellos, irás reduciendo la variabilidad de la energía vertida a la red, pues unas instalaciones se compensarán con las otras. Éste es el argumento defendido en éste artículo aparecido recientemente en The Green Grok, una página de la Universidad de Duke dedicada a la sostenibilidad.
La idea es simple: es como si tuvieras un conjunto de aparatos que generaran una señal según un movimiento ondulatorio, cada uno el suyo. Si mezclas todas las señales sin un patrón predeterminado, es decir, más o menos al azar, será muy difícil que los picos y los valles de las todas las ondas coincidan entre sí en el tiempo y se refuercen: con algunos sí ocurrirá, pero con otros coincidirán los picos con los valles y en la mayoría de los casos todo tipo de situaciones intermedias, que darán como resultado más probable una onda mucho más suavizada que las originales, con lo que habremos reducido la variabilidad.
Por desgracia, la realidad no es tan simple. Muchos países con potencia eólica no son tan extensos como para tener zonas de vientos “independientes”. Y, en cualquier caso, la variabilidad del viento es tan grande que incluso la suma de varios parques eólicos apenas la reducen. Una muestra la podéis ver para Irlanda y para Inglaterra en el Capítulo 26 del libro que el profesor de Cambridge David JC MacKay ha dedicado a la sostenibilidad energética. Lo podéis también ver en la figura que os estracto. En ella se aprecia la necesidad de la red eléctrica de afrontar caídas de potencia repentina así como períodos de calma de varios días, incluso sumando el efecto de varios parques eólicos.
En palabras de MacKay:
“Figure shows the summed output of the wind fleet of the Republic of
Ireland from April 2006 to April 2007. Clearly wind is intermittent, even if
we add up lots of turbines covering a whole country. The UK is a bit larger
than Ireland, but the same problem holds there too. Between October 2006
and February 2007 there were 17 days when the output from Britain’s 1632
windmills was less than 10% of their capacity. During that period there
were five days when output was less than 5%.”
Por lo tanto, podemos concluir que la reducción de variabilidad no es tanta como se supone y dependerá de cada país o región (en EEUU, y para parques eólicos off-shore distanciados entre sí, puede ser superior al caso de U.K., como el artículo de The Green Grok apunta).
Una idea simple, brillante… y arriesgada
La tesis que voy a defender es que, incluso si se demuestra que la variabilidad promedio del conjunto de parques eólicos de un país o región se reduce durante el año, no podemos prescindir de todas formas de una potencia de respaldo suficiente, salvo que queramos incrementar de modo dramático el riesgo para el sistema.
La razón fundamental es que el gestor técnico del sistema eléctrico no puede ejecutar la compensación entre unos parques y otros a voluntad. Es decir, sigue dependiendo de los caprichos del viento, por más que éstos se compensen unos con otros en las diferentes zonas. Esto significa que, aunque en promedio anual la variabilidad se reduzca y los parques eólicos se vayan compensando, el gestor de la red no puede funcionar en base a valores promedio: existe una probabilidad no nula (ni siquiera muy pequeña, en mi opinión) de que coincidan los valles de dichos parques una o varias veces al año, simplemente por azar. En ése caso, la caída de potencia sería más brusca todavía que en el caso de un solo parque, y sin potencia suficiente de respaldo y/o fuertes interconexiones a la red de otros países la red podría colapsar.
Por eso la interconexión de muchos parques lejanos, deseable porque suavizan la curva de aportación de potencia a la red, nos puede dar una falsa sensación de seguridad: las caídas de potencia serán mucho menos probables, pero tendrán un impacto mayor cuando se produzcan. La potencia de respaldo sigue siendo necesaria, además de fuertes interconexiones a la red transnacional (este punto es esencial en España, poco conectada al exterior).
Eso, y avanzar hacia sistemas de almacenamiento de energía que absorban estas fluctuaciones. Eso, para otra entrada…
Nota al margen nº 1: No todas lo son, por cierto: las mareas son poco variables y nada impredecibles.
Pero la que nos importa a estos efectos es la eólica, que aúna las características de una fuerte variabilidad e impredictibilidad con una elevada implantación en España (y otros países) que aumentan considerablemente sus posibilidades de afectar negativamente a la red.
Pues bien, uno de los argumentos que los partidarios de la eólica están esgrimiendo mucho últimamente para defenderse de tal acusación es el siguiente: cuando tienes una sola instalación eólica, o varias muy cercanas entre ellas, está claro que estarán afectadas por los caprichos del viento reinante en la región donde estén ubicadas. Habrá que prever una potencia equivalente de respaldo que no sufra esta variabilidad y que además pueda arrancar y conectarse a la red con facilidad, típicamente una o varias centrales de gas.
Nota al margen nº 2: La centrales que más rápidamente pueden arrancar y parar son las hidráulicas, pero habrá pocos casos en que se pueda considerar a la hidráulica como energía de respaldo de la eólica: para ello tendrían que ser centrales de bombeo (que te permitan revertir la situación una vez pasada la emergencia) y desde luego haber suficiente capacidad para acometer esta tarea, tanto en número de instalaciones como en volumen embalsado, lo cual nos lleva a si ha sido o no un año hídrico bueno… es decir, volvemos a la variabilidad e impredictibilidad.
Sin embargo (sigue argumentando el avispado defensor de la eólica), si tú tienes varios parques eólicos suficientemente distantes, el viento en esas zonas no variará al mismo tiempo… puede que cuando el viento se reduzca en una zona, en la otra no lo haga, o incluso aumente. Según vas añadiendo parques eólicos al sistema, sobre todo si son distantes y en zonas con vientos “desacoplados” entre ellos, irás reduciendo la variabilidad de la energía vertida a la red, pues unas instalaciones se compensarán con las otras. Éste es el argumento defendido en éste artículo aparecido recientemente en The Green Grok, una página de la Universidad de Duke dedicada a la sostenibilidad.
La idea es simple: es como si tuvieras un conjunto de aparatos que generaran una señal según un movimiento ondulatorio, cada uno el suyo. Si mezclas todas las señales sin un patrón predeterminado, es decir, más o menos al azar, será muy difícil que los picos y los valles de las todas las ondas coincidan entre sí en el tiempo y se refuercen: con algunos sí ocurrirá, pero con otros coincidirán los picos con los valles y en la mayoría de los casos todo tipo de situaciones intermedias, que darán como resultado más probable una onda mucho más suavizada que las originales, con lo que habremos reducido la variabilidad.
Por desgracia, la realidad no es tan simple. Muchos países con potencia eólica no son tan extensos como para tener zonas de vientos “independientes”. Y, en cualquier caso, la variabilidad del viento es tan grande que incluso la suma de varios parques eólicos apenas la reducen. Una muestra la podéis ver para Irlanda y para Inglaterra en el Capítulo 26 del libro que el profesor de Cambridge David JC MacKay ha dedicado a la sostenibilidad energética. Lo podéis también ver en la figura que os estracto. En ella se aprecia la necesidad de la red eléctrica de afrontar caídas de potencia repentina así como períodos de calma de varios días, incluso sumando el efecto de varios parques eólicos.
En palabras de MacKay:
“Figure shows the summed output of the wind fleet of the Republic of
Ireland from April 2006 to April 2007. Clearly wind is intermittent, even if
we add up lots of turbines covering a whole country. The UK is a bit larger
than Ireland, but the same problem holds there too. Between October 2006
and February 2007 there were 17 days when the output from Britain’s 1632
windmills was less than 10% of their capacity. During that period there
were five days when output was less than 5%.”
Por lo tanto, podemos concluir que la reducción de variabilidad no es tanta como se supone y dependerá de cada país o región (en EEUU, y para parques eólicos off-shore distanciados entre sí, puede ser superior al caso de U.K., como el artículo de The Green Grok apunta).
Una idea simple, brillante… y arriesgada
La tesis que voy a defender es que, incluso si se demuestra que la variabilidad promedio del conjunto de parques eólicos de un país o región se reduce durante el año, no podemos prescindir de todas formas de una potencia de respaldo suficiente, salvo que queramos incrementar de modo dramático el riesgo para el sistema.
La razón fundamental es que el gestor técnico del sistema eléctrico no puede ejecutar la compensación entre unos parques y otros a voluntad. Es decir, sigue dependiendo de los caprichos del viento, por más que éstos se compensen unos con otros en las diferentes zonas. Esto significa que, aunque en promedio anual la variabilidad se reduzca y los parques eólicos se vayan compensando, el gestor de la red no puede funcionar en base a valores promedio: existe una probabilidad no nula (ni siquiera muy pequeña, en mi opinión) de que coincidan los valles de dichos parques una o varias veces al año, simplemente por azar. En ése caso, la caída de potencia sería más brusca todavía que en el caso de un solo parque, y sin potencia suficiente de respaldo y/o fuertes interconexiones a la red de otros países la red podría colapsar.
Por eso la interconexión de muchos parques lejanos, deseable porque suavizan la curva de aportación de potencia a la red, nos puede dar una falsa sensación de seguridad: las caídas de potencia serán mucho menos probables, pero tendrán un impacto mayor cuando se produzcan. La potencia de respaldo sigue siendo necesaria, además de fuertes interconexiones a la red transnacional (este punto es esencial en España, poco conectada al exterior).
Eso, y avanzar hacia sistemas de almacenamiento de energía que absorban estas fluctuaciones. Eso, para otra entrada…
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Energía,
Energías Renovables
20/4/10
Sobre las energías renovables y el gas...
El lunes 19 de Abril aparecieron en prensa dos artículos que parecen haber sido escritos por sus autores para tirárselos mutuamente a la cabeza.
Uno es de José María González Vélez, Presidente de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), en El Economista. El otro es de Antoni Peris, Presidente de la Asociación Española del Gas (SEDIGAS), en Cinco Días.
Ambos son interesantes de leer (venga, hacedlo, son cortitos...), pues dicen un par de cosas que hay que tener en cuenta, y que además son verdad, en el debate energético actual. Pero lo acompañan con varias omisiones importantes que sesgan la información hacia los intereses que representan, y lanzan alguna afirmación discutible. Veámoslo.
El presidente de APPA apunta una idea importante que el presidente de SEDIGAS omite por completo en su crítica a las subvenciones de las renovables: “las primas de las renovables existen porque las fósiles no pueden incorporar sus costes externos”. Por “costes externos” quiere decir “externalidades negativas”, como por ejemplo las emisiones contaminantes. Esto es cierto, si bien hay una manera de incorporar, al menos en parte, dichas externalidades, como es la de valorar el coste de emisiones de CO2 a un determinado precio (también hay metodologías para valorar otros efluentes), y sumárselo al coste de generación de las fósiles.
Esto es lo que hace José Luis Ferreira en esta entrada y en ésta otra, donde además se aborda la importante cuestión de qué cuantía debería tener la subvención, a la que yo añadiría dos cuestiones más: cuál debería ser su objetivo y hasta cuándo mantenerla. En mi opinión, las subvenciones están justificadas cuando queremos ayudar a que se incorporen al mercado unas tecnologías que, por estar en el estado inicial de su desarrollo, no pueden competir en costes, pero que tienen otras ventajas para el consumidor o para la sociedad en su conjunto, como la reducción de externalidades negativas, la disminución de la dependencia energética y de las importaciones, etc. La fijación de su cuantía es difícil, pero debería seguirse su evolución para asegurar que en todo momento las ventajas obtenidas superan los costes. Además, deberían tener un plazo, no ser permanentes.
Sobre estos dos últimos puntos podemos razonar lo que ha pasado con la eólica y la solar fotovoltaica. La primera ha experimentado importantes mejoras en los últimos años que han permitido la construcción de aerogeneradores cada vez más grandes e ir mejorando en costes. Sin embargo, la solar se puede decir que apenas ha mejorado gran cosa en su rendimiento y en su coste, por lo menos no lo suficiente como para permitir su implantación a gran escala. Aquí hace falta un gran salto tecnológico, y la manera de conseguirlo es empleando el dinero en I+D+i, y no subvencionando instalaciones de dudosa utilidad. Esto se puede generalizar a toda tecnología que se encuentre en estado muy incipiente o que haya demostrado desde hace tiempo estar estancada en eficiencia: subvencionar la instalación no sirve para mucho, lo que hay que hacer es promocionar la I+D. Si encima la subvención es exageradamente alta, fomentaremos que el objetivo sea única y exclusivamente cazar la subvención... lo cual favorece los fraudes, hasta los más chuscos.
Un ejemplo similar en el que parece que vamos por el mal camino es el coche eléctrico: la clave está en las baterías, y éstas necesitan aún de mucha I+D para hacer que el producto sea competitivo: subvencionar la compra, como pretende hacer éste y otros gobiernos, me parece que es tirar el dinero.
Volviendo al escrito del Presidente de APPA, junto a la de cal viene la de arena: minimiza de manera flagrante la necesidad de energía de respaldo para las fuentes renovables, que sin embargo el presidente de SEDIGAS explica bien: la alta variabilidad y baja predictibilidad de las energías renovables requiere de otras fuentes de respaldo, que sí sean fiables y predecibles, y que además puedan arrancar y parar con rapidez y facilidad, y sin un coste prohibitivo. Y ahí las centrales de Ciclo Combinado de gas no tienen rival.
Obviamente, si por el hecho de disfrutar de las ventajas de las fuentes renovables nos vemos obligados a duplicar su potencia instalando otras fuentes de respaldo, se deberá retribuir la infraestructura instalada y que está infrautilizada, y esto es un coste que habría que incorporar a la generación renovable y que sin embargo nunca se tiene en cuenta.
A continuación el Presidente de APPA nos presenta unos datos macroeconómicos extraídos de un estudio de la consultora Deloitte (contratado por la propia APPA, ejem…), que “demuestran” la cantidad de millones de euros que aportan las renovables a la sociedad, los puestos de trabajo que generan y cómo esto compensa con creces las subvenciones recibidas.
No voy a poner en duda esos números, de hecho la cifra de importaciones evitadas y de emisiones de CO2 evitadas me parecen hechos incuestionables, pero el resto de las conclusiones me valen sólo en parte: se refieren a cuestiones que toda actividad industrial aporta en mayor o menor medida, por lo que hubiera sido más honesto comparar las aportaciones de ambos (renovables y fósiles) en todos esos puntos, no sólo de una de las partes. Particularmente, creo que acudir a ciertas comparaciones sólo puede enfangar el debate en nuestra actual coyuntura: hay que huir de la batalla por los puestos de trabajo… ése no debe ser el criterio para optar por una u otra fuente de energía, y sí su coste, su seguridad de suministro, su capacidad de cobertura de la demanda, su reducción de la dependencia externa y sus emisiones contaminantes. Concretamente éste último punto, muy minimizado por el presidente de SEDIGAS, cada vez será más importante. En este sentido sí se podrá hacer cierta la afirmación del presidente de APPA de que “si las fósiles internalizaran todos sus costes, las renovables competirían con ventaja en el mercado”: hoy por hoy tal afirmación parece aún dudosa (ver el ejercicio anterior de José Luis Ferreira), pero a medio plazo, según la Tm de CO2 cueste cada vez más, las renovables sí podrían competir en costes de igual a igual, o incluso con ventaja, con las fósiles…
Esto me permite enlazar con uno de los puntos más discutibles, en los que ambos se contradicen: ¿qué energía es más cara?, y ambos aportan datos que parecen respaldar sus tesis: el presidente de SEDIGAS remarca la pérdida de competitividad en el precio de la electricidad que supuestamente ha sufrido España, según datos del Eurostat sobre la tarifa eléctrica, que él atribuye en exclusiva a las subvenciones a las renovables. Esto desde luego puede ser un motivo, pero la cosa requeriría de un análisis de causas más profundo, pues podrían confluir otras variables.
Por su parte, el estudio de Deloitte citado por la APPA afirma, y este punto sí que es interesante y sí que merecería ser refrendado por algún organismo de control independiente (¿alguien ha citado a la Comisión Nacional de la Energía?), que las renovables han ahorrado al sistema 5.000 Mill € en el precio de generación por permitir fijar precios más bajos en el pool eléctrico. Lo que me parece cuestionable de ése punto es que, lógicamente, si las renovables entran al pool con preferencia y a precio cero, tirarán hacia abajo los precios del pool, pero eso es una clara distorsión del mercado porque oculta el verdadero coste, que pagamos los consumidores con las subvenciones (aparte de generar incertidumbre y joder sobremanera al resto de generadores, claro).
A modo de reflexión final, este tipo de debates tan sesgados me parecen desalentadores: no contribuyen nada a clarificar un debate tan necesario como el energético, si cada parte oculta la mitad de la verdad o directamente juega con las cifras.
Uno es de José María González Vélez, Presidente de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), en El Economista. El otro es de Antoni Peris, Presidente de la Asociación Española del Gas (SEDIGAS), en Cinco Días.
Ambos son interesantes de leer (venga, hacedlo, son cortitos...), pues dicen un par de cosas que hay que tener en cuenta, y que además son verdad, en el debate energético actual. Pero lo acompañan con varias omisiones importantes que sesgan la información hacia los intereses que representan, y lanzan alguna afirmación discutible. Veámoslo.
El presidente de APPA apunta una idea importante que el presidente de SEDIGAS omite por completo en su crítica a las subvenciones de las renovables: “las primas de las renovables existen porque las fósiles no pueden incorporar sus costes externos”. Por “costes externos” quiere decir “externalidades negativas”, como por ejemplo las emisiones contaminantes. Esto es cierto, si bien hay una manera de incorporar, al menos en parte, dichas externalidades, como es la de valorar el coste de emisiones de CO2 a un determinado precio (también hay metodologías para valorar otros efluentes), y sumárselo al coste de generación de las fósiles.
Esto es lo que hace José Luis Ferreira en esta entrada y en ésta otra, donde además se aborda la importante cuestión de qué cuantía debería tener la subvención, a la que yo añadiría dos cuestiones más: cuál debería ser su objetivo y hasta cuándo mantenerla. En mi opinión, las subvenciones están justificadas cuando queremos ayudar a que se incorporen al mercado unas tecnologías que, por estar en el estado inicial de su desarrollo, no pueden competir en costes, pero que tienen otras ventajas para el consumidor o para la sociedad en su conjunto, como la reducción de externalidades negativas, la disminución de la dependencia energética y de las importaciones, etc. La fijación de su cuantía es difícil, pero debería seguirse su evolución para asegurar que en todo momento las ventajas obtenidas superan los costes. Además, deberían tener un plazo, no ser permanentes.
Sobre estos dos últimos puntos podemos razonar lo que ha pasado con la eólica y la solar fotovoltaica. La primera ha experimentado importantes mejoras en los últimos años que han permitido la construcción de aerogeneradores cada vez más grandes e ir mejorando en costes. Sin embargo, la solar se puede decir que apenas ha mejorado gran cosa en su rendimiento y en su coste, por lo menos no lo suficiente como para permitir su implantación a gran escala. Aquí hace falta un gran salto tecnológico, y la manera de conseguirlo es empleando el dinero en I+D+i, y no subvencionando instalaciones de dudosa utilidad. Esto se puede generalizar a toda tecnología que se encuentre en estado muy incipiente o que haya demostrado desde hace tiempo estar estancada en eficiencia: subvencionar la instalación no sirve para mucho, lo que hay que hacer es promocionar la I+D. Si encima la subvención es exageradamente alta, fomentaremos que el objetivo sea única y exclusivamente cazar la subvención... lo cual favorece los fraudes, hasta los más chuscos.
Un ejemplo similar en el que parece que vamos por el mal camino es el coche eléctrico: la clave está en las baterías, y éstas necesitan aún de mucha I+D para hacer que el producto sea competitivo: subvencionar la compra, como pretende hacer éste y otros gobiernos, me parece que es tirar el dinero.
Volviendo al escrito del Presidente de APPA, junto a la de cal viene la de arena: minimiza de manera flagrante la necesidad de energía de respaldo para las fuentes renovables, que sin embargo el presidente de SEDIGAS explica bien: la alta variabilidad y baja predictibilidad de las energías renovables requiere de otras fuentes de respaldo, que sí sean fiables y predecibles, y que además puedan arrancar y parar con rapidez y facilidad, y sin un coste prohibitivo. Y ahí las centrales de Ciclo Combinado de gas no tienen rival.
Obviamente, si por el hecho de disfrutar de las ventajas de las fuentes renovables nos vemos obligados a duplicar su potencia instalando otras fuentes de respaldo, se deberá retribuir la infraestructura instalada y que está infrautilizada, y esto es un coste que habría que incorporar a la generación renovable y que sin embargo nunca se tiene en cuenta.
A continuación el Presidente de APPA nos presenta unos datos macroeconómicos extraídos de un estudio de la consultora Deloitte (contratado por la propia APPA, ejem…), que “demuestran” la cantidad de millones de euros que aportan las renovables a la sociedad, los puestos de trabajo que generan y cómo esto compensa con creces las subvenciones recibidas.
No voy a poner en duda esos números, de hecho la cifra de importaciones evitadas y de emisiones de CO2 evitadas me parecen hechos incuestionables, pero el resto de las conclusiones me valen sólo en parte: se refieren a cuestiones que toda actividad industrial aporta en mayor o menor medida, por lo que hubiera sido más honesto comparar las aportaciones de ambos (renovables y fósiles) en todos esos puntos, no sólo de una de las partes. Particularmente, creo que acudir a ciertas comparaciones sólo puede enfangar el debate en nuestra actual coyuntura: hay que huir de la batalla por los puestos de trabajo… ése no debe ser el criterio para optar por una u otra fuente de energía, y sí su coste, su seguridad de suministro, su capacidad de cobertura de la demanda, su reducción de la dependencia externa y sus emisiones contaminantes. Concretamente éste último punto, muy minimizado por el presidente de SEDIGAS, cada vez será más importante. En este sentido sí se podrá hacer cierta la afirmación del presidente de APPA de que “si las fósiles internalizaran todos sus costes, las renovables competirían con ventaja en el mercado”: hoy por hoy tal afirmación parece aún dudosa (ver el ejercicio anterior de José Luis Ferreira), pero a medio plazo, según la Tm de CO2 cueste cada vez más, las renovables sí podrían competir en costes de igual a igual, o incluso con ventaja, con las fósiles…
Esto me permite enlazar con uno de los puntos más discutibles, en los que ambos se contradicen: ¿qué energía es más cara?, y ambos aportan datos que parecen respaldar sus tesis: el presidente de SEDIGAS remarca la pérdida de competitividad en el precio de la electricidad que supuestamente ha sufrido España, según datos del Eurostat sobre la tarifa eléctrica, que él atribuye en exclusiva a las subvenciones a las renovables. Esto desde luego puede ser un motivo, pero la cosa requeriría de un análisis de causas más profundo, pues podrían confluir otras variables.
Por su parte, el estudio de Deloitte citado por la APPA afirma, y este punto sí que es interesante y sí que merecería ser refrendado por algún organismo de control independiente (¿alguien ha citado a la Comisión Nacional de la Energía?), que las renovables han ahorrado al sistema 5.000 Mill € en el precio de generación por permitir fijar precios más bajos en el pool eléctrico. Lo que me parece cuestionable de ése punto es que, lógicamente, si las renovables entran al pool con preferencia y a precio cero, tirarán hacia abajo los precios del pool, pero eso es una clara distorsión del mercado porque oculta el verdadero coste, que pagamos los consumidores con las subvenciones (aparte de generar incertidumbre y joder sobremanera al resto de generadores, claro).
A modo de reflexión final, este tipo de debates tan sesgados me parecen desalentadores: no contribuyen nada a clarificar un debate tan necesario como el energético, si cada parte oculta la mitad de la verdad o directamente juega con las cifras.
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Comentario de textos,
En este país,
Energía,
Energías Renovables,
Gas Natural
16/4/10
La subida del IVA: el efecto real y el efecto psicológico
(para más opiniones sobre el iva visita nuestra "web temática")
Para intentar remontar todo el ruido mediático y el debate partidista que atonta nuestros sentidos desde hace semanas, me gustaría dejar establecidas cuatro ideas básicas sobre la subida del IVA:
¿Es regresivo? Sí. ¿Es de derechas? Los impuestos no son ni de izquierdas ni de derechas: son una herramienta del Estado que debe ser usada con inteligencia, y según el uso que se les dé es como se tienen que juzgar.
Pero no hay que despreciar las ventajas de una fácil y rápida implementación de cualquier impuesto, sobre todo cuando se tiene prisa, cuestión que abordaremos en el siguiente apartado.
De momento, veamos qué podemos decir sobre la posible elección de otros impuestos:
¿Por qué no subir los impuestos al capital (básicamente, el impuesto de sociedades?
En este momento, no parece que sea una buena idea: ésta es una crisis de consumo, pero también de inversión (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Con una tasa de paro rozando lo absurdo, lo que no podemos hacer es implementar ningún mecanismo que desincentive la inversión.
¿Por qué no aumentar los impuestos a las rentas del trabajo (cotizaciones, IRPF…)?
Buena pregunta. Y difícil de responder. Hay quien piensa que incluso deben rebajarse porque incrementarían los incentivos a trabajar y aumentarían la renta disponible de las familias. No olvidemos además que ya se han aumentado, al eliminar la deducción de los 400€.
Centrándome en el IRPF:
¿Por qué no aumentar los impuestos especiales (básicamente tabaco e hidrocarburos)?
Sí, ¿por qué no? De hecho, considero una buena idea subirlos, y si me permitís hacer de futurólogo por un momento, los veremos subir a no mucho tardar. Pero cuidado: son también impuestos al consumo. Y mucho cuidado: una subida de los hidrocarburos puede impactar en la competitividad de la economía. ¿Por qué subirlos, entonces? El motivo no es sólo recaudatorio, que también, sino que supone un incentivo a la introducción de medidas de eficiencia energética, a la introducción de nuevas energías más sostenibles y a la reducción de la dependencia energética externa… en resumen, un incentivo hacia uno de los aspectos más importantes del llamado “cambio de modelo productivo”.
Por otra parte, que este impacto sea significativo o no, dependerá de cuáles son las causas fundamentales de la actual contracción del consumo de los hogares o, dicho de otro modo, de cuánto influye el precio de las cosas en la decisión de compra de los consumidores en la actual coyuntura.
En este punto es importante recordar la cuantía de la subida prevista, que es limitada:
Los bienes no duraderos, en gran parte, no van a cambiar su tipo o lo van a subir 1 punto. El CONSUMIDOR TIPO A parece razonable suponer que no va a cambiar sus hábitos de consumo de este tipo de bienes que impactan tan limitadamente en su poder adquisitivo. Al CONSUMIDOR TIPO B, por el contrario, le suponen un mayor % de sus ingresos, y hay que prever mayor impacto. Sin embargo, parece razonable suponer que este tipo de consumidor ya tendrá muy ajustado su consumo en cuestiones de ocio, ropa, etc., al mínimo imprescindible por necesidad (recordar que la comida no varía su tipo), por lo que es de esperar poco descenso adicional de su consumo de bienes no duraderos.
En cuanto a los bienes duraderos, en gran medida quedan fuera de las posibilidades de consumo del CONSUMIDOR TIPO B, con o sin subida del IVA. Sí podrían modificar, por el contrario, los hábitos de consumo del CONSUMIDOR TIPO A, que sí hace uso de ellos, pues erosiona en parte sus ingresos. Es aquí donde debemos esperar, en mi opinión, los mayores impactos (descensos de consumo). Sin embargo, hay que tener en cuenta la cuantía de la subida y relacionarla con el momento en el que estamos. ¿Qué quiero decir con esto?: que el resultado de una negociación de compra-venta de una vivienda, así como los descensos en el precio que muchos vendedores están obligados a hacer últimamente, suponen cantidades hasta 5 veces mayores que la subida del IVA, para una vivienda media. Asimismo, las diferencias de precios entre concesionarios y entre los distintos modelos de coche que uno valora antes de decidirse, suponen en la actual coyuntura al menos 4 veces más que la subida del IVA. No digamos ya las diferencias de precio entre marcas de electrodomésticos y cacharrillos electrónicos.
Con todo ello no quiero decir que la subida no impactará en absoluto en el consumo de este tipo de consumidor: lo que quiero decir es que no creo que lo haga de modo significativo. Entre otras cosas, porque sin subida alguna del IVA, el consumo de bienes duraderos ha caído a unas tasas impensables de conseguir con cualquier impuesto, por lo que los motivos últimos son otros, y no parece que esta modesta subida del IVA vaya a modificar grandemente estos motivos.
Cualquier variación en alguna de ésas variables (estabilidad laboral, acceso al crédito, mercado de vivienda) tiene un peso, en el bolsillo del consumidor, que es muy superior al de la subida del IVA propuesta. Y genera mucha más incertidumbre y miedo al futuro. Y, dicho sea de paso, nos indica también sobre qué variables es necesario iniciar reformas estructurales de calado: mercado laboral, reforma financiera…
Este efecto psicológico me temo que es inevitable, y sus consecuencias en el consumo desconocidas. Tiene, como vemos, dos facetas en la mente del ciudadano:
Para intentar remontar todo el ruido mediático y el debate partidista que atonta nuestros sentidos desde hace semanas, me gustaría dejar establecidas cuatro ideas básicas sobre la subida del IVA:
- La subida del IVA, como la modificación de cualquier otro impuesto, no es ni mala ni buena per se: es una herramienta para conseguir un objetivo, y suele conllevar efectos colaterales que hay que vigilar. Su bondad o maldad, por lo tanto, depende del momento, del objetivo, de la cuantía… y, en último término, del resultado. Huyamos, por lo tanto, de consideraciones abstractas a priori, y analicemos el aquí y el ahora.
- La mayoría de economías avanzadas, y España no es excepción, se han sometido a fuertes programas de estímulo fiscal para evitar el colapso económico, que están deteriorando gravemente su balance de ingresos y gastos. Sólo es cuestión de tiempo que se trate de revertir esta situación aumentando los ingresos, reduciendo los gastos, o ambos. Llamo la atención del lector sobre este endiablado problema: que los Estados aumenten ingresos (impuestos) y reduzcan gastos (retiren estímulos) puede provocar contracción en una economía aún acobardada y titubeante… y sin embargo, es inevitable hacerlo.
- La subida del IVA, por sí sola, no es la solución. Esto es obvio (salvo para algunos). Deberá acompañarse de otras medidas tarde o temprano, quizá de la subida de otros impuestos, y también de la reducción del gasto. Esto, sin embargo, no la invalida como medida: simplemente nos remite de nuevo a la cuestión de por qué el IVA, y por qué ahora.
- ...y quizá lo más importante: obviamente, la subida del IVA perjudicará el consumo. La cuestión es si mucho o poco, y si las ventajas que se esperan de la medida superan los riesgos asociados a ella.
I.- ¿Por qué el IVA…?
En mi opinión, la razón fundamental es que es fácil de recaudar. Así de claro. Hay quien lo llama “el impuesto indoloro”, pues al estar distribuido en muchas pequeñas compras lo pagamos todos casi sin darnos cuenta (esto no es así si la compra es de una casa o de un coche, claro…). También porque España tiene margen de subida, si nos comparamos con nuestros vecinos.¿Es regresivo? Sí. ¿Es de derechas? Los impuestos no son ni de izquierdas ni de derechas: son una herramienta del Estado que debe ser usada con inteligencia, y según el uso que se les dé es como se tienen que juzgar.
Pero no hay que despreciar las ventajas de una fácil y rápida implementación de cualquier impuesto, sobre todo cuando se tiene prisa, cuestión que abordaremos en el siguiente apartado.
De momento, veamos qué podemos decir sobre la posible elección de otros impuestos:
¿Por qué no subir los impuestos al capital (básicamente, el impuesto de sociedades?
En este momento, no parece que sea una buena idea: ésta es una crisis de consumo, pero también de inversión (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Con una tasa de paro rozando lo absurdo, lo que no podemos hacer es implementar ningún mecanismo que desincentive la inversión.
¿Por qué no aumentar los impuestos a las rentas del trabajo (cotizaciones, IRPF…)?
Buena pregunta. Y difícil de responder. Hay quien piensa que incluso deben rebajarse porque incrementarían los incentivos a trabajar y aumentarían la renta disponible de las familias. No olvidemos además que ya se han aumentado, al eliminar la deducción de los 400€.
Centrándome en el IRPF:
- A los grupos más desfavorecidos (rentas bajas) o más golpeados por la crisis (jóvenes, parados…) les impactaría de forma mínima (la mayoría estarán en el tramo exento o próximos al mínimo exento, o reciben el subsidio de desempleo si están en paro). No obstante, habría que analizar la posible subida de los mínimos exentos para asegurar que efectivamente no se impacta en estos grupos.
- El grupo de rentas altas tiene el problema de suponer un porcentaje relativamente bajo de la recaudación, por lo que no solucionarían el problema por sí solos.
- … lo que nos deja a la siempre vapuleada “extensa clase media”, para la que la medida es más directa y dolorosa que la subida del IVA… esto hace la medida claramente impopular para cualquier político.
¿Por qué no aumentar los impuestos especiales (básicamente tabaco e hidrocarburos)?
Sí, ¿por qué no? De hecho, considero una buena idea subirlos, y si me permitís hacer de futurólogo por un momento, los veremos subir a no mucho tardar. Pero cuidado: son también impuestos al consumo. Y mucho cuidado: una subida de los hidrocarburos puede impactar en la competitividad de la economía. ¿Por qué subirlos, entonces? El motivo no es sólo recaudatorio, que también, sino que supone un incentivo a la introducción de medidas de eficiencia energética, a la introducción de nuevas energías más sostenibles y a la reducción de la dependencia energética externa… en resumen, un incentivo hacia uno de los aspectos más importantes del llamado “cambio de modelo productivo”.
II.- ¿… y por qué ahora?
Es, junto a la cuantía de la subida, el dilema más importante. ¿Habría que haber esperado hasta consolidar algo más la recuperación, antes de ponerla en riesgo? Respuesta: no lo sé. Doctores tiene la Iglesia, y el Ministerio de Economía tiene alguno también. Mi opinión: el Gobierno no tiene tiempo. La recuperación se prevé anémica, y la necesidad de dar una imagen internacional de seriedad, de que se está haciendo algo y de que se está dispuesto a adoptar medidas impopulares ha estallado hace pocas semanas. Es urgente trasladar ese mensaje a los mercados, y también lo es empezar a recaudar. El Gobierno debe de haber razonado que si tiene que adoptar medidas que generen inflación (como la que nos ocupa), mejor hacerlo ahora, con la tasa de inflación por los suelos.III.- ¿Cómo puede afectar la subida del IVA al consumo?
Llegamos a la cuestión esencial. Como dije al principio, es impensable que un impuesto que incrementará los precios de los bienes consumidos no vaya a tener un impacto negativo, grande o pequeño, sobre las cantidades consumidas.Por otra parte, que este impacto sea significativo o no, dependerá de cuáles son las causas fundamentales de la actual contracción del consumo de los hogares o, dicho de otro modo, de cuánto influye el precio de las cosas en la decisión de compra de los consumidores en la actual coyuntura.
En este punto es importante recordar la cuantía de la subida prevista, que es limitada:
- Tipo “normal”: sube del 16 al 18%
- Tipo “reducido” (turismo, transporte, bienes culturales, vivienda…): sube del 7 al 8%
- Tipo “superreducido” (alimentación, medicamentos…): se mantiene en el 4%
- CONSUMIDOR TIPO A: hogares o personas con estabilidad laboral, ingresos medios y, en general, sin grandes problemas de liquidez ni de acceso al crédito (con el matiz de que ahora el acceso al crédito se ha endurecido para casi todo el mundo…). Este es un grupo muy heterogéneo de “clases medias”.
- CONSUMIDOR TIPO B: hogares o personas de bajos ingresos y/o baja estabilidad laboral. En este grupo incluiríamos las rentas bajas, los jóvenes mileuristas, los que van alternando contratos-basura temporales, los parados, los pensionistas… en general, gente con problemas de liquidez y de acceso al crédito.
- En cuanto a los bienes, basta diferenciar los DURADEROS (casa, coche, electrodomésticos…) y los NO DURADEROS (ropa, comida, ocio...)
Los bienes no duraderos, en gran parte, no van a cambiar su tipo o lo van a subir 1 punto. El CONSUMIDOR TIPO A parece razonable suponer que no va a cambiar sus hábitos de consumo de este tipo de bienes que impactan tan limitadamente en su poder adquisitivo. Al CONSUMIDOR TIPO B, por el contrario, le suponen un mayor % de sus ingresos, y hay que prever mayor impacto. Sin embargo, parece razonable suponer que este tipo de consumidor ya tendrá muy ajustado su consumo en cuestiones de ocio, ropa, etc., al mínimo imprescindible por necesidad (recordar que la comida no varía su tipo), por lo que es de esperar poco descenso adicional de su consumo de bienes no duraderos.
En cuanto a los bienes duraderos, en gran medida quedan fuera de las posibilidades de consumo del CONSUMIDOR TIPO B, con o sin subida del IVA. Sí podrían modificar, por el contrario, los hábitos de consumo del CONSUMIDOR TIPO A, que sí hace uso de ellos, pues erosiona en parte sus ingresos. Es aquí donde debemos esperar, en mi opinión, los mayores impactos (descensos de consumo). Sin embargo, hay que tener en cuenta la cuantía de la subida y relacionarla con el momento en el que estamos. ¿Qué quiero decir con esto?: que el resultado de una negociación de compra-venta de una vivienda, así como los descensos en el precio que muchos vendedores están obligados a hacer últimamente, suponen cantidades hasta 5 veces mayores que la subida del IVA, para una vivienda media. Asimismo, las diferencias de precios entre concesionarios y entre los distintos modelos de coche que uno valora antes de decidirse, suponen en la actual coyuntura al menos 4 veces más que la subida del IVA. No digamos ya las diferencias de precio entre marcas de electrodomésticos y cacharrillos electrónicos.
Con todo ello no quiero decir que la subida no impactará en absoluto en el consumo de este tipo de consumidor: lo que quiero decir es que no creo que lo haga de modo significativo. Entre otras cosas, porque sin subida alguna del IVA, el consumo de bienes duraderos ha caído a unas tasas impensables de conseguir con cualquier impuesto, por lo que los motivos últimos son otros, y no parece que esta modesta subida del IVA vaya a modificar grandemente estos motivos.
IV.- A modo de conclusión…
No parece, por lo tanto, que la variable “precio” tenga mucha influencia en este preciso momento. La decisión de compra parece más influida por cómo valoran los consumidores sus expectativas de ingresos futuros: la incertidumbre y el miedo (a quedarse sin empleo, a un largo estancamiento de ingresos, o a no encontrar empleo de forma rápida quien lo haya perdido) parecen ser la causa de la actual contracción del consumo. También el endurecimiento de las condiciones para obtener un crédito, y la pérdida de valor de la vivienda propia.Cualquier variación en alguna de ésas variables (estabilidad laboral, acceso al crédito, mercado de vivienda) tiene un peso, en el bolsillo del consumidor, que es muy superior al de la subida del IVA propuesta. Y genera mucha más incertidumbre y miedo al futuro. Y, dicho sea de paso, nos indica también sobre qué variables es necesario iniciar reformas estructurales de calado: mercado laboral, reforma financiera…
V.- Para finalizar: dos propuestas a contracorriente
Nuestro razonamiento nos ha llevado a concluir que el impacto de la subida del IVA en los precios no parece que vaya a suponer un impacto real en el consumo. Sin embargo, hay un “efecto psicológico” indudable, alentado por el debate mediático y la demagogia partidista: algo así como “todo va a peor”, “voy a ser más pobre” o “nadie sabe lo que hay que hacer en realidad”, “siempre pagamos los mismos”, “los que causaron la crisis se van de rositas”...Este efecto psicológico me temo que es inevitable, y sus consecuencias en el consumo desconocidas. Tiene, como vemos, dos facetas en la mente del ciudadano:
- Una sensación de descontento al aumentar el precio de las cosas, aunque la subida sea limitada…
- Una sensación de enfado al percibir el consumidor que es él, y sólo él, el que tiene que pagar el precio de la crisis. Crisis que los bancos y grandes instituciones financieras ayudaron a generar, y a las que los gobiernos no parecen tener el coraje de meterles mano como se merecen.
- Puesto que la recaudación esperada con la subida del IVA prevista es insuficiente, y puesto que el impacto psicológico de una medida así es en cualquier caso inevitable… ¿ES SUFICIENTE LA CUANTÍA DE LA SUBIDA? ¿NO DEBERÍA EL GOBIERNO APROVECHAR Y SUBIRLO UN POCO MÁS?
- Puesto que es importante dar una imagen de equidad a la hora de soportar las cargas de la salida de la crisis, y también por otras ventajas intrínsecas de la medida, propongo que el gobierno fomente en los foros internacionales en los que participa el ESTABLECIMIENTO DE UNA “TASA TOBIN” A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS. Más complicada de implementar, desde luego, y que debe ser consensuada entre muchos países…, pero digna, en mi opinión, de ser analizada seriamente.
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15/4/10
Debate blogosférico: lasubidadeliva.com
Recientemente, los humildes opinadores que hacemos este blog fuimos invitados por Jorge Galindo a participar en un blog paralelo que estaba promoviendo, llamado lasubidadeliva.com.
En él, algunos de los blogueros que más me gusta citar y consultar, y algunos que no conocía pero no por ello menos interesantes, opinaremos sobre la próxima subida del IVA que se nos avecina, desde distintas perspectivas y enfoques casi siempre no académicos (aunque alguna incursión académica también habrá, para poner un poco de seriedad en la cosa...)
Os invito a todos a participar en este interesante experimento blogosférico con vuestros comentarios y aportaciones. Saldrá un artículo por semana aproximadamente (el mío ya está colgado allí y en breve lo colgaré aquí).
Ya nos iréis diciendo qué os parece.
En él, algunos de los blogueros que más me gusta citar y consultar, y algunos que no conocía pero no por ello menos interesantes, opinaremos sobre la próxima subida del IVA que se nos avecina, desde distintas perspectivas y enfoques casi siempre no académicos (aunque alguna incursión académica también habrá, para poner un poco de seriedad en la cosa...)
Os invito a todos a participar en este interesante experimento blogosférico con vuestros comentarios y aportaciones. Saldrá un artículo por semana aproximadamente (el mío ya está colgado allí y en breve lo colgaré aquí).
Ya nos iréis diciendo qué os parece.
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22/3/10
La homeopatía en acción
Lo de la cerveza homeopática me ha llegado al alma...
PD: Gracias a Demócrito, que por cierto anda por Londres buscándose la vida, por el enlace...
PD: Gracias a Demócrito, que por cierto anda por Londres buscándose la vida, por el enlace...
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Pseudociencia
11/3/10
Este es un mundo acientífico...
Puede resultar paradójica tal afirmación, cuando no ha habido otra época en la historia en la que la ciencia tenga tanta importancia para el bienestar de los seres humanos y goce de un prestigio tan acorde a dicha posición.
Y sin embargo (y hay quien piensa que precisamente por esa preeminencia de la ciencia) la pseudociencia, la superstición y la superchería proliferan por doquier. No sé si más o menos que antes: debería ser menos. Sin embargo, en una época dominada por la ciencia, este hecho llama mucho más la atención.
Aunque le venía dando vueltas desde hace tiempo (al fin y al cabo hay obras ya clásicas sobre el tema, como el excelente “El mundo y sus demonios” de Carl Sagan), lo que me ha decidido a escribir sobre el tema son las reacciones airadas de algunos comentaristas de mi anterior entrada sobre Niño Becerra y sus predicciones apocalípticas. Y también las que recibieron cambiosocialya y Eduardo Robredo o José Luis Ferreira en sus blogs respectivos.
Aunque en este post hablaré algo de pseudociencias, lo que me interesa resaltar de verdad es hasta qué punto mucha gente “normal”, usualmente sensata y a menudo con formación, es capaz de creer en las cosas más extrañas. Hasta qué punto está alejado del discurso de la gente de la calle el método científico y lo que implica como modo de pensamiento: el sano escepticismo, la reflexión crítica ante lo que oímos y leemos, el cuestionamiento de todo aquello que no venga respaldado por el contraste empírico y un mínimo análisis lógico de los hechos.
También los programas de Iker Jiménez alcanzan las importantes cuotas de audiencia que suelen acompañar a otros programas de la “telebasura”. Sin embargo, los programadores de la SER y CUATRO han decidido tragarse los escrúpulos y dar todo el respaldo a su nueva estrella, que cada vez tiene más tiempo de programación y en mejores horarios. Hasta los lectores del diario El País hemos visto horrorizados como se repartían DVD’s con los programas del inefable Iker con el periódico, al que sus responsables parecen arrastrar cada vez más a la mediocridad.
Que un programa como el de Iker Jiménez tenga audiencia no es extraño: como programa de entretenimiento, está bien hecho, y a eso hay que sumarle el interés de la gente por los temas “paranormales”. Lo que a mi me preocupa es que tal programa, que se aprovecha de la credulidad, de la ingenuidad, y desde luego de la irracionalidad de muchas personas, que explota las zonas más tontorronas de nuestra psique, y que defiende la pseudociencia y la superchería, se programe cada vez más y encima reciba premios de colegas periodistas. No me vale que algunos de esos premios sean “a la innovación” o “al entretenimiento”: el programa defiende un modo de ver el mundo que sí que hace, a mi modo de ver, un daño auténtico a la labor de maestros y educadores a la hora de formar ciudadanos pensantes (no como otros “peligros” que se suelen citar, como los videojuegos, las películas de tiros y los juegos de rol…)
Como he dicho, no quiero hablar tanto de las típicas pseudociencias como de la actitud de mucha gente que podemos considerar “normal”, que incluso no suele creer en pseudociencias, algunos de ellos considerados gente de “gran cultura” y que gozan de una formación nada despreciable.
Por supuesto, a muchos lectores igual no les parecerán extrañas estas creencias irracionales, lo cual no hace sino confirmar mis temores. Veamos algunos ejemplos:
Dicho sea de paso éste fenómeno se ha multiplicado, y además es muy visible, en internet y en el mundo de los blogs.
“Pensar como un científico” implica, para empezar, tener una cierta idea de lo que significa el método científico, para lo que sirve y para lo que no sirve. No se trata de aplicar el método científico literalmente a nuestra vida cotidiana: esto no sólo no es necesario en la mayoría de las situaciones, sino que tampoco sería posible. Pero lo que sí nos servirá en nuestra vida cotidiana es saber que el hombre tiene un método para describir el mundo en el que vive, un método para acercarse a “la verdad” (sin entrar en disquisiciones filosóficas sobre la palabra), que supone, de momento, un considerable éxito, y que exige, por lo menos, el razonamiento lógico, el contraste de las hipótesis con la realidad, la replicabilidad de los experimentos y de los resultados, la coherencia entre la explicación que le damos a un fenómeno y lo que ya se sabe de otros fenómenos relacionados con él, etc.
Someter una creencia, o la explicación que recibimos de alguien sobre un determinado fenómeno, o una determinada información periodística… a una reflexión en la que examinemos someramente si la cosa tiene pinta de haber pasado por los filtros que comento en el párrafo anterior, es un ejercicio mental imprescindible para cualquiera que no desee ser engañado o sometido a los designios, a veces nada inocentes, del interlocutor. Posiblemente esto no basta, pero es lo mínimo exigible. Y sin olvidar, además, algo de lo que ya nos alertaba Carl Sagan:
Este ejercicio mental no es sencillo. Para empezar, no es algo que nos salga de modo natural: el razonamiento lógico, el pensamiento científico y crítico exige un esfuerzo deliberado, pues nuestra tendencia natural es más bien a buscar explicaciones fáciles y rápidas a los fenómenos, ya que es lo que nuestro cerebro necesitó en su momento para hacernos reaccionar rápido y probablemente salvar así nuestra vida. También poseemos una tendencia a la narración: a aprender de otros escuchando sus historias, y a contarnos historias a nosotros mismos. Ya hablé en el apartado anterior del gusto por la “narración a la luz de la hoguera” y a moverse junto a la masa, buscando la seguridad de la manada. Como ya expresó poéticamente Lord Dunsany:
Necesitamos un manto de seguridad, un agarradero mental para caminar por un mundo, a menudo incomprensible, sin tambalearnos. Sin embargo, desde la llegada de la ciencia moderna, al menos el mundo natural es un poco menos oscuro, un poco menos aterrador: desde luego no lo sabemos todo, y con cada nuevo conocimiento surgen unas pocas respuestas y miles de nuevas preguntas. Pero al menos sabemos que tenemos un arma con el que enfrentarnos a él e ir desentrañando poco a poco sus misterios.
A pesar de ello, muchísima gente no es capaz de vivir sin disponer de algunas “certezas” consoladoras que le permitan enfrentarse al mundo con una batería de “respuestas”: poco importa si estas respuestas, estas certezas, apenas explican nada o son incoherentes entre ellas o literalmente son absurdas.
Esto es lo que ofrece la religión y sus diversas cosmogonías, las creencias más diversas en dioses y demonios, pero también la creencia en que la posición de los astros influye en nuestras vidas, la creencia en el destino, en la vida eterna y en todo tipo de artificios y explicaciones extrañas de fenómenos, cuya función principal es evitar a nuestra mente tener que enfrentarse a la incertidumbre, a la constatación del importante papel que el azar y la contingencia tiene en nuestras vidas, a la posible carencia de un “sentido” en nuestra existencia…
Como para tantas otras cosas, la educación que uno recibe, ya desde niño, es fundamental. Sobre todo que los maestros inculquen a los niños el gusto por las matemáticas y les inciten a experimentar y descubrir por sí mismos. Esto es una carencia tradicional de las escuelas, al menos en el mundo occidental: no es concebible que una persona “culta” y “educada” sepa mucho de literatura, de historia, de arte y de filosofía (siendo como son conocimientos necesarios) y sea a la vez un analfabeto matemático.
Pero si la educación es muy importante, la práctica cotidiana de nuestras personas-modelo es mucho más importante: de nada servirá que las instituciones educativas fomenten el pensamiento científico si después observamos comportamientos anticientíficos e irracionales en nuestros padres, en nuestros profesores, en el médico que nos atiende, el periódico que leemos… incluso en el blog al que estamos enganchados.
No sé cuál es la respuesta correcta a la pregunta de este párrafo. Pero puedo contar mi experiencia personal. Lo que generó en mi un gusto por la ciencia, desde pequeño, fueron programas de TV como “Los Sabios": un concurso basado en preguntas sobre algún tema científico o técnico durante el cual se emitía un pequeño reportaje de dibujos animados, sencillo y entretenido para cualquiera, donde se explicaban conceptos como la electricidad, el magnetismo, el teléfono, la radio, la hidrostática… Y cómo no, la serie de divulgación “Cosmos”, con su puntito especulativo y la narración sugerente de Carl Sagan. Luego, ya en la adolescencia, la revista Muy Interesante hizo su contribución en el paso hacia lecturas de divulgación más serias y rigurosas: Asimov, Carl Sagan, John Gribbin, Richard Feynman… El propio Einstein defendía la importancia de las obras de divulgación científica a la hora de despertar el interés y la fascinación por la ciencia, no sólo de los jóvenes científicos, sino de cualquier espíritu medianamente inquieto.
Hoy en día en las distintas cadenas de TV, más numerosas que entonces, ¿se puede ver algo parecido?: la programación dedicada a la ciencia es un desierto, salvo honrosas excepciones, aunque claramente para adultos, como el programa “Redes” de Eduard Punset.
Una de las opiniones más extendidas entre los aversos a la ciencia es que el razonamiento científico es mecánico y frío, no deja sitio para los sentimientos y las pasiones, quita belleza y romanticismo al mundo y de alguna manera nos deshumaniza.
Puedo entender que alguien dijera que renunciar a la religión, el arte, la moral u otras manifestaciones culturales, las historias y los mitos, la especulación social o existencial… nos deshumaniza. Pero no hay nada en el método científico (tan limitado, en realidad) y en la práctica de la ciencia que imponga como condición la renuncia a unos valores que sencillamente están en otro plano. Condición que sería en cualquier caso imposible dada nuestra naturaleza humana. Para desmontar esta falacia, así como algunas otras referidas a la ciencia, de forma brillante y profunda, recomiendo la lectura del siguiente miniensayo de Jesús Zamora Bonilla: “El Neopositivismo es un Humanismo”
Quien piense que nuestro mundo, visto a través de las gafas que proporciona la ciencia, no es apasionante, es que no se ha parado a pensarlo detenidamente. Y si no, decidme:
Pero me temo que los que utilizamos este mecanismo de pensamiento seguimos siendo “los bichos raros”… mientras esto sea así, este será un mundo acientífico.
Referencias:
“El mundo y sus demonios”. Carl Sagan
“El hombre anumérico”. John Allen Paulos
“El placer de descubrir”. Richard Feynman
Y sin embargo (y hay quien piensa que precisamente por esa preeminencia de la ciencia) la pseudociencia, la superstición y la superchería proliferan por doquier. No sé si más o menos que antes: debería ser menos. Sin embargo, en una época dominada por la ciencia, este hecho llama mucho más la atención.
Aunque le venía dando vueltas desde hace tiempo (al fin y al cabo hay obras ya clásicas sobre el tema, como el excelente “El mundo y sus demonios” de Carl Sagan), lo que me ha decidido a escribir sobre el tema son las reacciones airadas de algunos comentaristas de mi anterior entrada sobre Niño Becerra y sus predicciones apocalípticas. Y también las que recibieron cambiosocialya y Eduardo Robredo o José Luis Ferreira en sus blogs respectivos.
Aunque en este post hablaré algo de pseudociencias, lo que me interesa resaltar de verdad es hasta qué punto mucha gente “normal”, usualmente sensata y a menudo con formación, es capaz de creer en las cosas más extrañas. Hasta qué punto está alejado del discurso de la gente de la calle el método científico y lo que implica como modo de pensamiento: el sano escepticismo, la reflexión crítica ante lo que oímos y leemos, el cuestionamiento de todo aquello que no venga respaldado por el contraste empírico y un mínimo análisis lógico de los hechos.
Las pseudociencias y el auge de programas como los de Iker Jiménez
Cuando yo era niño, el que nos hablaba desde la tele de OVNIs y de fantasmas era Jiménez del Oso. Era gracioso este programa, que rompió records de audiencia para la época, dado el aspecto fantasmagórico del presentador, acentuado por su pinta de profesor chiflado y su peculiar forma de narrar. De aquéllos tiempos románticos hemos pasado a la dura competencia televisiva y radiofónica por las audiencias: y aquí aparece el pequeño aprendiz de brujo que es Iker Jiménez, con el lamentable respaldo mediático del Grupo PRISA. También los programas de Iker Jiménez alcanzan las importantes cuotas de audiencia que suelen acompañar a otros programas de la “telebasura”. Sin embargo, los programadores de la SER y CUATRO han decidido tragarse los escrúpulos y dar todo el respaldo a su nueva estrella, que cada vez tiene más tiempo de programación y en mejores horarios. Hasta los lectores del diario El País hemos visto horrorizados como se repartían DVD’s con los programas del inefable Iker con el periódico, al que sus responsables parecen arrastrar cada vez más a la mediocridad.
Que un programa como el de Iker Jiménez tenga audiencia no es extraño: como programa de entretenimiento, está bien hecho, y a eso hay que sumarle el interés de la gente por los temas “paranormales”. Lo que a mi me preocupa es que tal programa, que se aprovecha de la credulidad, de la ingenuidad, y desde luego de la irracionalidad de muchas personas, que explota las zonas más tontorronas de nuestra psique, y que defiende la pseudociencia y la superchería, se programe cada vez más y encima reciba premios de colegas periodistas. No me vale que algunos de esos premios sean “a la innovación” o “al entretenimiento”: el programa defiende un modo de ver el mundo que sí que hace, a mi modo de ver, un daño auténtico a la labor de maestros y educadores a la hora de formar ciudadanos pensantes (no como otros “peligros” que se suelen citar, como los videojuegos, las películas de tiros y los juegos de rol…)
Como he dicho, no quiero hablar tanto de las típicas pseudociencias como de la actitud de mucha gente que podemos considerar “normal”, que incluso no suele creer en pseudociencias, algunos de ellos considerados gente de “gran cultura” y que gozan de una formación nada despreciable.
Por supuesto, a muchos lectores igual no les parecerán extrañas estas creencias irracionales, lo cual no hace sino confirmar mis temores. Veamos algunos ejemplos:
- Hay gente que se niega a alojarse en una habitación de hotel que lleve el número 13. De hecho, muchos hoteles del mundo se saltan dicha cifra en la numeración de sus habitaciones.
- Mucha gente está convencida de que los sueños tienen un significado, que es una forma en la que “alguien” les envía mensajes que deben interpretar cuidadosamente (o pagar a alguien para que los interprete por ellos) por la influencia que pudieran tener en sus vidas.
- Hay gente que cree sinceramente que tiene algún tipo de conexión mental con alguno de sus parientes. Normalmente este curioso mecanismo sale a la luz cuando ocurre alguna desgracia en la familia, que afirman “percibir” antes de que se produzca: intuir una llamada telefónica, o soñar con la desgracia. Algunos también dicen hablar con su abuela muerta hace años (esto no me parece tan raro… lo raro es que la abuela les conteste).
- Muchísima gente considera que ciertos encuentros fortuitos no son por casualidad, que hay un sentido profundo y desconocido cuando confluyen en su vida una serie de hechos que son improbables.
- Hay gente, mucha gente, que asegura que está más que probado que los días de luna llena nacen más bebés. Esto se lo oiréis decir incluso a muchas enfermeras (no me extrañaría que también a algún médico). No importa que haya numerosos estudios que no hayan encontrado ninguna relación entre fases de la luna y nacimientos: incluso (me cuentan que) algunos hospitales refuerzan los turnos de las maternidades que coinciden con días de luna llena.
- Hay gente que cree que sólo es cuestión de tiempo que ganen un gran premio jugando a la lotería / quiniela / bonoloto / ONCE / etc. Porque “ellos se lo merecen”, porque “nunca les ha sonreído la suerte y a ellos ya les toca”. O que apuestan al mismo número, porque “en algún momento tiene que salir”. También hay gente, muy formada y muy culta, que si les das a elegir entre dos números de lotería como el 00001 y, digamos, el 73418, nunca optarían por el primero.
- Hay gente que piensa que viajar en avión es muy peligroso. Sin embargo, cogen su coche y se lanzan alegremente a la carretera todos los fines de semana, algunos incluso sin abrocharse el cinturón de seguridad.
- Hay gente que piensa que las posibilidades de sufrir un ataque terrorista son muy altas. Y que las posibilidades de ser contagiado de SIDA por dar la mano o compartir habitación o baño con un contagiado también son muy altas. Sin embargo, oímos a menudo que el Cambio Climático es algo que se han inventado un grupo de científicos, y también que “el Darwin ése” estaba chalado cuando “dijo que el hombre venía del mono”.
- Etc.
Posibles explicaciones de la tendencia a la pseudociencia y a la irracionalidad
No todos los ejemplos anteriores son de la misma naturaleza, y el sesgo cognitivo que implican no responde a las mismas causas. Examinemos someramente algunas de las causas de la tendencia a la irracionalidad, al pensamiento acientífico y a la pseudociencia:- Problemas para calcular o al menos estimar probabilidades, y en general en el manejo de los números y las magnitudes. Este es un problema esencialmente de formación, pero no sólo de formación, pues conozco gente muy capaz de manejar los números con rigurosidad en el trabajo y algunos aspectos de su vida, y sin embargo no se libran de un comportamiento bastante irracional por ejemplo con la lotería y las apuestas, o estimando los riesgos.
- Tendencia creciente a descubrir coincidencias e improbabilidades, llevando a la gente a postular conexiones, relaciones y fuerzas donde sólo hay coincidencias… sobre todo en una sociedad cada vez más interconectada en un mundo de complejidad creciente. Este fenómeno se encuadraría también en la dificultad de manejar la probabilidad y entender el importante papel que el azar juega en nuestras vidas.
- Gusto por lo raro. Las rarezas llaman más la atención que lo considerado normal. Una vez más, aquí los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad. La atención a gente como Niño Becerra, o los reportajes sobre prácticas médicas no ortodoxas (homeopatía, curanderismo variado…) reflejan este hecho. En palabras del matemático John Allen Paulos:
“esta predilección de los medios de comunicación de masas por los reportajes espectacularmente dramáticos favorece, de un modo directo, a los extremismos políticos e incluso a la pseudociencia. Como los políticos y científicos marginales son generalmente más fascinantes que los de la línea principal, atraen una porción desproporcionada de la publicidad, con lo que parecen más importantes y representativos de lo que son en realidad”
Dicho sea de paso éste fenómeno se ha multiplicado, y además es muy visible, en internet y en el mundo de los blogs.
- Cierto gusto por el “romanticismo” y la emoción del “relato frente a la hoguera”: agitar los fantasmas del miedo a lo desconocido.
- Sentido crítico muy poco desarrollado. Poco cuestionamiento de lo que hemos aprendido de nuestros padres o de lo que todo el mundo cree. En definitiva, una tendencia muy arraigada a “moverse con la manada”, que ofrece más seguridad.
¿Es necesario tener formación científica para pensar como un científico?
“Hacer ciencia” no está al alcance de todo el mundo, pues conlleva unas considerables dotes de disciplina mental, una importante formación y también unas capacidades que no todos tenemos. Sin embargo, “pensar como un científico”, al menos hasta cierto punto, creo que está al alcance de cualquiera. “Pensar como un científico” implica, para empezar, tener una cierta idea de lo que significa el método científico, para lo que sirve y para lo que no sirve. No se trata de aplicar el método científico literalmente a nuestra vida cotidiana: esto no sólo no es necesario en la mayoría de las situaciones, sino que tampoco sería posible. Pero lo que sí nos servirá en nuestra vida cotidiana es saber que el hombre tiene un método para describir el mundo en el que vive, un método para acercarse a “la verdad” (sin entrar en disquisiciones filosóficas sobre la palabra), que supone, de momento, un considerable éxito, y que exige, por lo menos, el razonamiento lógico, el contraste de las hipótesis con la realidad, la replicabilidad de los experimentos y de los resultados, la coherencia entre la explicación que le damos a un fenómeno y lo que ya se sabe de otros fenómenos relacionados con él, etc.
Someter una creencia, o la explicación que recibimos de alguien sobre un determinado fenómeno, o una determinada información periodística… a una reflexión en la que examinemos someramente si la cosa tiene pinta de haber pasado por los filtros que comento en el párrafo anterior, es un ejercicio mental imprescindible para cualquiera que no desee ser engañado o sometido a los designios, a veces nada inocentes, del interlocutor. Posiblemente esto no basta, pero es lo mínimo exigible. Y sin olvidar, además, algo de lo que ya nos alertaba Carl Sagan:
“Para afirmaciones extraordinarias se requieren evidencias extraordinarias”
“El hombre es una cosa muy pequeña, y la noche es grande y llena de prodigios.”
A pesar de ello, muchísima gente no es capaz de vivir sin disponer de algunas “certezas” consoladoras que le permitan enfrentarse al mundo con una batería de “respuestas”: poco importa si estas respuestas, estas certezas, apenas explican nada o son incoherentes entre ellas o literalmente son absurdas.
Esto es lo que ofrece la religión y sus diversas cosmogonías, las creencias más diversas en dioses y demonios, pero también la creencia en que la posición de los astros influye en nuestras vidas, la creencia en el destino, en la vida eterna y en todo tipo de artificios y explicaciones extrañas de fenómenos, cuya función principal es evitar a nuestra mente tener que enfrentarse a la incertidumbre, a la constatación del importante papel que el azar y la contingencia tiene en nuestras vidas, a la posible carencia de un “sentido” en nuestra existencia…
“Examinad fragmentos de pseudociencia y encontraréis un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre!¡Inseguridad!”
Isaac Asimov
¿Hay algún remedio para el pensamiento acientífico?
Pero si la educación es muy importante, la práctica cotidiana de nuestras personas-modelo es mucho más importante: de nada servirá que las instituciones educativas fomenten el pensamiento científico si después observamos comportamientos anticientíficos e irracionales en nuestros padres, en nuestros profesores, en el médico que nos atiende, el periódico que leemos… incluso en el blog al que estamos enganchados.
No sé cuál es la respuesta correcta a la pregunta de este párrafo. Pero puedo contar mi experiencia personal. Lo que generó en mi un gusto por la ciencia, desde pequeño, fueron programas de TV como “Los Sabios": un concurso basado en preguntas sobre algún tema científico o técnico durante el cual se emitía un pequeño reportaje de dibujos animados, sencillo y entretenido para cualquiera, donde se explicaban conceptos como la electricidad, el magnetismo, el teléfono, la radio, la hidrostática… Y cómo no, la serie de divulgación “Cosmos”, con su puntito especulativo y la narración sugerente de Carl Sagan. Luego, ya en la adolescencia, la revista Muy Interesante hizo su contribución en el paso hacia lecturas de divulgación más serias y rigurosas: Asimov, Carl Sagan, John Gribbin, Richard Feynman… El propio Einstein defendía la importancia de las obras de divulgación científica a la hora de despertar el interés y la fascinación por la ciencia, no sólo de los jóvenes científicos, sino de cualquier espíritu medianamente inquieto.
Hoy en día en las distintas cadenas de TV, más numerosas que entonces, ¿se puede ver algo parecido?: la programación dedicada a la ciencia es un desierto, salvo honrosas excepciones, aunque claramente para adultos, como el programa “Redes” de Eduard Punset.
¿Es el mundo menos apasionante sin fantasmas, telepatía, posesiones diabólicas y sueños premonitorios…?
Puedo entender que alguien dijera que renunciar a la religión, el arte, la moral u otras manifestaciones culturales, las historias y los mitos, la especulación social o existencial… nos deshumaniza. Pero no hay nada en el método científico (tan limitado, en realidad) y en la práctica de la ciencia que imponga como condición la renuncia a unos valores que sencillamente están en otro plano. Condición que sería en cualquier caso imposible dada nuestra naturaleza humana. Para desmontar esta falacia, así como algunas otras referidas a la ciencia, de forma brillante y profunda, recomiendo la lectura del siguiente miniensayo de Jesús Zamora Bonilla: “El Neopositivismo es un Humanismo”
Quien piense que nuestro mundo, visto a través de las gafas que proporciona la ciencia, no es apasionante, es que no se ha parado a pensarlo detenidamente. Y si no, decidme:
- ¿No es apasionante describir el movimiento de los planetas con un puñado de reglas matemáticas sencillas y ser capaces con ellas (y un poco de ingeniería) de poner un hombre en la Luna?
- ¿No es fascinante haber descubierto y dominado la energía del núcleo atómico, y haberla puesto al servicio de nuestras necesidades de forma eficiente y segura?
- Nuestros antepasados ya sabían navegar en contra del viento con la ayuda de un trapo, pero hasta que entendimos de verdad el efecto-vela no desarrollamos la navegación y la aeronáutica hasta los niveles que disfrutamos ahora…
- ¿No es fascinante descubrir que los árboles disponen de estructuras pretensadas en sus troncos para resistir la fuerza del viento, mucho antes de que los constructores de puentes descubrieran las ventajas de pretensar el hormigón para aumentar la resistencia?
- Y hablando de puentes, ¿no es dramático descubrir por qué uno que no tenga suficiente resistencia a la torsión puede ser derribado de forma espectacular por una ligera brisa persistente? ¿Y por qué un muro se viene abajo si le fallan los cimientos mientras que un puente de arcos no lo hace?
- ¿No es fascinante haber roto la “ilusión determinista” del mundo con la llegada de la Mecánica Cuántica y los Sistemas Caóticos? ¿Cómo es posible que una partícula subatómica lanzada contra dos rendijas sea capaz de pasar por las dos a la vez? ¿Por qué no somos capaces de predecir el comportamiento de un sistema caótico a medio plazo (meteorología) y sin embargo sí descubrimos comportamientos predecibles a muy largo plazo (climatología)?
- ¿Cómo es que la geometría fractal puede aplicarse para modelizar el comportamiento sísmico de una región, las crecidas del Nilo y también el comportamiento de la Bolsa…?
- ¿No es apasionante entender la verdadera influencia de la Luna sobre nuestro mundo, que no es en el nacimiento de los niños, sino en las mareas? Algo tan difícil de explicar y de entender, a pesar de ser un resultado de las leyes de gravitación de Newton, como por qué hay 4 mareas al día en la Tierra, y de tanta belleza estética en muchos lugares y tanta importancia práctica para los habitantes de las costas…
Pero me temo que los que utilizamos este mecanismo de pensamiento seguimos siendo “los bichos raros”… mientras esto sea así, este será un mundo acientífico.
Referencias:
“El mundo y sus demonios”. Carl Sagan
“El hombre anumérico”. John Allen Paulos
“El placer de descubrir”. Richard Feynman
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