20/4/10

Sobre las energías renovables y el gas...

El lunes 19 de Abril aparecieron en prensa dos artículos que parecen haber sido escritos por sus autores para tirárselos mutuamente a la cabeza.

Uno es de José María González Vélez, Presidente de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), en El Economista. El otro es de Antoni Peris, Presidente de la Asociación Española del Gas (SEDIGAS), en Cinco Días.

Ambos son interesantes de leer (venga, hacedlo, son cortitos...), pues dicen un par de cosas que hay que tener en cuenta, y que además son verdad, en el debate energético actual. Pero lo acompañan con varias omisiones importantes que sesgan la información hacia los intereses que representan, y lanzan alguna afirmación discutible. Veámoslo.

El presidente de APPA apunta una idea importante que el presidente de SEDIGAS omite por completo en su crítica a las subvenciones de las renovables: “las primas de las renovables existen porque las fósiles no pueden incorporar sus costes externos”. Por “costes externos” quiere decir “externalidades negativas”, como por ejemplo las emisiones contaminantes. Esto es cierto, si bien hay una manera de incorporar, al menos en parte, dichas externalidades, como es la de valorar el coste de emisiones de CO2 a un determinado precio (también hay metodologías para valorar otros efluentes), y sumárselo al coste de generación de las fósiles.

Esto es lo que hace José Luis Ferreira en esta entrada y en ésta otra, donde además se aborda la importante cuestión de qué cuantía debería tener la subvención, a la que yo añadiría dos cuestiones más: cuál debería ser su objetivo y hasta cuándo mantenerla. En mi opinión, las subvenciones están justificadas cuando queremos ayudar a que se incorporen al mercado unas tecnologías que, por estar en el estado inicial de su desarrollo, no pueden competir en costes, pero que tienen otras ventajas para el consumidor o para la sociedad en su conjunto, como la reducción de externalidades negativas, la disminución de la dependencia energética y de las importaciones, etc. La fijación de su cuantía es difícil, pero debería seguirse su evolución para asegurar que en todo momento las ventajas obtenidas superan los costes. Además, deberían tener un plazo, no ser permanentes.

Sobre estos dos últimos puntos podemos razonar lo que ha pasado con la eólica y la solar fotovoltaica. La primera ha experimentado importantes mejoras en los últimos años que han permitido la construcción de aerogeneradores cada vez más grandes e ir mejorando en costes. Sin embargo, la solar se puede decir que apenas ha mejorado gran cosa en su rendimiento y en su coste, por lo menos no lo suficiente como para permitir su implantación a gran escala. Aquí hace falta un gran salto tecnológico, y la manera de conseguirlo es empleando el dinero en I+D+i, y no subvencionando instalaciones de dudosa utilidad. Esto se puede generalizar a toda tecnología que se encuentre en estado muy incipiente o que haya demostrado desde hace tiempo estar estancada en eficiencia: subvencionar la instalación no sirve para mucho, lo que hay que hacer es promocionar la I+D. Si encima la subvención es exageradamente alta, fomentaremos que el objetivo sea única y exclusivamente cazar la subvención... lo cual favorece los fraudes, hasta los más chuscos.
Un ejemplo similar en el que parece que vamos por el mal camino es el coche eléctrico: la clave está en las baterías, y éstas necesitan aún de mucha I+D para hacer que el producto sea competitivo: subvencionar la compra, como pretende hacer éste y otros gobiernos, me parece que es tirar el dinero.

Volviendo al escrito del Presidente de APPA, junto a la de cal viene la de arena: minimiza de manera flagrante la necesidad de energía de respaldo para las fuentes renovables, que sin embargo el presidente de SEDIGAS explica bien: la alta variabilidad y baja predictibilidad de las energías renovables requiere de otras fuentes de respaldo, que sí sean fiables y predecibles, y que además puedan arrancar y parar con rapidez y facilidad, y sin un coste prohibitivo. Y ahí las centrales de Ciclo Combinado de gas no tienen rival.

Obviamente, si por el hecho de disfrutar de las ventajas de las fuentes renovables nos vemos obligados a duplicar su potencia instalando otras fuentes de respaldo, se deberá retribuir la infraestructura instalada y que está infrautilizada, y esto es un coste que habría que incorporar a la generación renovable y que sin embargo nunca se tiene en cuenta.

A continuación el Presidente de APPA nos presenta unos datos macroeconómicos extraídos de un estudio de la consultora Deloitte (contratado por la propia APPA, ejem…), que “demuestran” la cantidad de millones de euros que aportan las renovables a la sociedad, los puestos de trabajo que generan y cómo esto compensa con creces las subvenciones recibidas.

No voy a poner en duda esos números, de hecho la cifra de importaciones evitadas y de emisiones de CO2 evitadas me parecen hechos incuestionables, pero el resto de las conclusiones me valen sólo en parte: se refieren a cuestiones que toda actividad industrial aporta en mayor o menor medida, por lo que hubiera sido más honesto comparar las aportaciones de ambos (renovables y fósiles) en todos esos puntos, no sólo de una de las partes. Particularmente, creo que acudir a ciertas comparaciones sólo puede enfangar el debate en nuestra actual coyuntura: hay que huir de la batalla por los puestos de trabajo… ése no debe ser el criterio para optar por una u otra fuente de energía, y sí su coste, su seguridad de suministro, su capacidad de cobertura de la demanda, su reducción de la dependencia externa y sus emisiones contaminantes. Concretamente éste último punto, muy minimizado por el presidente de SEDIGAS, cada vez será más importante. En este sentido sí se podrá hacer cierta la afirmación del presidente de APPA de que “si las fósiles internalizaran todos sus costes, las renovables competirían con ventaja en el mercado”: hoy por hoy tal afirmación parece aún dudosa (ver el ejercicio anterior de José Luis Ferreira), pero a medio plazo, según la Tm de CO2 cueste cada vez más, las renovables sí podrían competir en costes de igual a igual, o incluso con ventaja, con las fósiles…

Esto me permite enlazar con uno de los puntos más discutibles, en los que ambos se contradicen: ¿qué energía es más cara?, y ambos aportan datos que parecen respaldar sus tesis: el presidente de SEDIGAS remarca la pérdida de competitividad en el precio de la electricidad que supuestamente ha sufrido España, según datos del Eurostat sobre la tarifa eléctrica, que él atribuye en exclusiva a las subvenciones a las renovables. Esto desde luego puede ser un motivo, pero la cosa requeriría de un análisis de causas más profundo, pues podrían confluir otras variables.

Por su parte, el estudio de Deloitte citado por la APPA afirma, y este punto sí que es interesante y sí que merecería ser refrendado por algún organismo de control independiente (¿alguien ha citado a la Comisión Nacional de la Energía?), que las renovables han ahorrado al sistema 5.000 Mill € en el precio de generación por permitir fijar precios más bajos en el pool eléctrico. Lo que me parece cuestionable de ése punto es que, lógicamente, si las renovables entran al pool con preferencia y a precio cero, tirarán hacia abajo los precios del pool, pero eso es una clara distorsión del mercado porque oculta el verdadero coste, que pagamos los consumidores con las subvenciones (aparte de generar incertidumbre y joder sobremanera al resto de generadores, claro).

A modo de reflexión final, este tipo de debates tan sesgados me parecen desalentadores: no contribuyen nada a clarificar un debate tan necesario como el energético, si cada parte oculta la mitad de la verdad o directamente juega con las cifras.

16/4/10

La subida del IVA: el efecto real y el efecto psicológico

(para más opiniones sobre el iva visita nuestra "web temática")

Para intentar remontar todo el ruido mediático y el debate partidista que atonta nuestros sentidos desde hace semanas, me gustaría dejar establecidas cuatro ideas básicas sobre la subida del IVA:
  1. La subida del IVA, como la modificación de cualquier otro impuesto, no es ni mala ni buena per se: es una herramienta para conseguir un objetivo, y suele conllevar efectos colaterales que hay que vigilar. Su bondad o maldad, por lo tanto, depende del momento, del objetivo, de la cuantía… y, en último término, del resultado. Huyamos, por lo tanto, de consideraciones abstractas a priori, y analicemos el aquí y el ahora.
  2. La mayoría de economías avanzadas, y España no es excepción, se han sometido a fuertes programas de estímulo fiscal para evitar el colapso económico, que están deteriorando gravemente su balance de ingresos y gastos. Sólo es cuestión de tiempo que se trate de revertir esta situación aumentando los ingresos, reduciendo los gastos, o ambos. Llamo la atención del lector sobre este endiablado problema: que los Estados aumenten ingresos (impuestos) y reduzcan gastos (retiren estímulos) puede provocar contracción en una economía aún acobardada y titubeante… y sin embargo, es inevitable hacerlo.
  3. La subida del IVA, por sí sola, no es la solución. Esto es obvio (salvo para algunos). Deberá acompañarse de otras medidas tarde o temprano, quizá de la subida de otros impuestos, y también de la reducción del gasto. Esto, sin embargo, no la invalida como medida: simplemente nos remite de nuevo a la cuestión de por qué el IVA, y por qué ahora.
  4. ...y quizá lo más importante: obviamente, la subida del IVA perjudicará el consumo. La cuestión es si mucho o poco, y si las ventajas que se esperan de la medida superan los riesgos asociados a ella.
En lo que sigue trataré de analizar estas cuestiones, sobre todo las planteadas en los puntos 3º y 4º, con la perspectiva de un “ciudadano de a pie”. Vamos con ello.

I.- ¿Por qué el IVA…?

En mi opinión, la razón fundamental es que es fácil de recaudar. Así de claro. Hay quien lo llama “el impuesto indoloro”, pues al estar distribuido en muchas pequeñas compras lo pagamos todos casi sin darnos cuenta (esto no es así si la compra es de una casa o de un coche, claro…). También porque España tiene margen de subida, si nos comparamos con nuestros vecinos.

¿Es regresivo? Sí. ¿Es de derechas? Los impuestos no son ni de izquierdas ni de derechas: son una herramienta del Estado que debe ser usada con inteligencia, y según el uso que se les dé es como se tienen que juzgar.

Pero no hay que despreciar las ventajas de una fácil y rápida implementación de cualquier impuesto, sobre todo cuando se tiene prisa, cuestión que abordaremos en el siguiente apartado.

De momento, veamos qué podemos decir sobre la posible elección de otros impuestos:

¿Por qué no subir los impuestos al capital (básicamente, el impuesto de sociedades?
En este momento, no parece que sea una buena idea: ésta es una crisis de consumo, pero también de inversión (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Con una tasa de paro rozando lo absurdo, lo que no podemos hacer es implementar ningún mecanismo que desincentive la inversión.

¿Por qué no aumentar los impuestos a las rentas del trabajo (cotizaciones, IRPF…)?
Buena pregunta. Y difícil de responder. Hay quien piensa que incluso deben rebajarse porque incrementarían los incentivos a trabajar y aumentarían la renta disponible de las familias. No olvidemos además que ya se han aumentado, al eliminar la deducción de los 400€.

Centrándome en el IRPF:
  • A los grupos más desfavorecidos (rentas bajas) o más golpeados por la crisis (jóvenes, parados…) les impactaría de forma mínima (la mayoría estarán en el tramo exento o próximos al mínimo exento, o reciben el subsidio de desempleo si están en paro). No obstante, habría que analizar la posible subida de los mínimos exentos para asegurar que efectivamente no se impacta en estos grupos.
  • El grupo de rentas altas tiene el problema de suponer un porcentaje relativamente bajo de la recaudación, por lo que no solucionarían el problema por sí solos.
  • … lo que nos deja a la siempre vapuleada “extensa clase media”, para la que la medida es más directa y dolorosa que la subida del IVA… esto hace la medida claramente impopular para cualquier político.
En cualquier caso, y sin descartar que tenga que adoptarse en el futuro, una eventual subida de este impuesto ha de ser cuidadosamente pensada y diseñada, lo que ya es en sí mismo un problema si lo que buscamos es un impacto rápido en la recaudación.

¿Por qué no aumentar los impuestos especiales (básicamente tabaco e hidrocarburos)?
Sí, ¿por qué no? De hecho, considero una buena idea subirlos, y si me permitís hacer de futurólogo por un momento, los veremos subir a no mucho tardar. Pero cuidado: son también impuestos al consumo. Y mucho cuidado: una subida de los hidrocarburos puede impactar en la competitividad de la economía. ¿Por qué subirlos, entonces? El motivo no es sólo recaudatorio, que también, sino que supone un incentivo a la introducción de medidas de eficiencia energética, a la introducción de nuevas energías más sostenibles y a la reducción de la dependencia energética externa… en resumen, un incentivo hacia uno de los aspectos más importantes del llamado “cambio de modelo productivo”.

II.- ¿… y por qué ahora?

Es, junto a la cuantía de la subida, el dilema más importante. ¿Habría que haber esperado hasta consolidar algo más la recuperación, antes de ponerla en riesgo? Respuesta: no lo sé. Doctores tiene la Iglesia, y el Ministerio de Economía tiene alguno también. Mi opinión: el Gobierno no tiene tiempo. La recuperación se prevé anémica, y la necesidad de dar una imagen internacional de seriedad, de que se está haciendo algo y de que se está dispuesto a adoptar medidas impopulares ha estallado hace pocas semanas. Es urgente trasladar ese mensaje a los mercados, y también lo es empezar a recaudar. El Gobierno debe de haber razonado que si tiene que adoptar medidas que generen inflación (como la que nos ocupa), mejor hacerlo ahora, con la tasa de inflación por los suelos.

III.- ¿Cómo puede afectar la subida del IVA al consumo?

Llegamos a la cuestión esencial. Como dije al principio, es impensable que un impuesto que incrementará los precios de los bienes consumidos no vaya a tener un impacto negativo, grande o pequeño, sobre las cantidades consumidas.

Por otra parte, que este impacto sea significativo o no, dependerá de cuáles son las causas fundamentales de la actual contracción del consumo de los hogares o, dicho de otro modo, de cuánto influye el precio de las cosas en la decisión de compra de los consumidores en la actual coyuntura.

En este punto es importante recordar la cuantía de la subida prevista, que es limitada:
  • Tipo “normal”: sube del 16 al 18%
  • Tipo “reducido” (turismo, transporte, bienes culturales, vivienda…): sube del 7 al 8%
  • Tipo “superreducido” (alimentación, medicamentos…): se mantiene en el 4%
En aras de la simplificación del análisis, puede ser conveniente referirnos a dos grupos de consumidores y dos tipos de bienes consumidos, y analizar la combinación entre ellos:
  • CONSUMIDOR TIPO A: hogares o personas con estabilidad laboral, ingresos medios y, en general, sin grandes problemas de liquidez ni de acceso al crédito (con el matiz de que ahora el acceso al crédito se ha endurecido para casi todo el mundo…). Este es un grupo muy heterogéneo de “clases medias”.
  • CONSUMIDOR TIPO B: hogares o personas de bajos ingresos y/o baja estabilidad laboral. En este grupo incluiríamos las rentas bajas, los jóvenes mileuristas, los que van alternando contratos-basura temporales, los parados, los pensionistas… en general, gente con problemas de liquidez y de acceso al crédito.
  • En cuanto a los bienes, basta diferenciar los DURADEROS (casa, coche, electrodomésticos…) y los NO DURADEROS (ropa, comida, ocio...)
Con ello pretendo cubrir un amplio espectro de la sociedad española. Pues bien, hagamos el experimento mental (los econométricos los hacen otros) de elucubrar el comportamiento de estos grupos ante la subida del IVA.

Los bienes no duraderos, en gran parte, no van a cambiar su tipo o lo van a subir 1 punto. El CONSUMIDOR TIPO A parece razonable suponer que no va a cambiar sus hábitos de consumo de este tipo de bienes que impactan tan limitadamente en su poder adquisitivo. Al CONSUMIDOR TIPO B, por el contrario, le suponen un mayor % de sus ingresos, y hay que prever mayor impacto. Sin embargo, parece razonable suponer que este tipo de consumidor ya tendrá muy ajustado su consumo en cuestiones de ocio, ropa, etc., al mínimo imprescindible por necesidad (recordar que la comida no varía su tipo), por lo que es de esperar poco descenso adicional de su consumo de bienes no duraderos.

En cuanto a los bienes duraderos, en gran medida quedan fuera de las posibilidades de consumo del CONSUMIDOR TIPO B, con o sin subida del IVA. Sí podrían modificar, por el contrario, los hábitos de consumo del CONSUMIDOR TIPO A, que sí hace uso de ellos, pues erosiona en parte sus ingresos. Es aquí donde debemos esperar, en mi opinión, los mayores impactos (descensos de consumo). Sin embargo, hay que tener en cuenta la cuantía de la subida y relacionarla con el momento en el que estamos. ¿Qué quiero decir con esto?: que el resultado de una negociación de compra-venta de una vivienda, así como los descensos en el precio que muchos vendedores están obligados a hacer últimamente, suponen cantidades hasta 5 veces mayores que la subida del IVA, para una vivienda media. Asimismo, las diferencias de precios entre concesionarios y entre los distintos modelos de coche que uno valora antes de decidirse, suponen en la actual coyuntura al menos 4 veces más que la subida del IVA. No digamos ya las diferencias de precio entre marcas de electrodomésticos y cacharrillos electrónicos.

Con todo ello no quiero decir que la subida no impactará en absoluto en el consumo de este tipo de consumidor: lo que quiero decir es que no creo que lo haga de modo significativo. Entre otras cosas, porque sin subida alguna del IVA, el consumo de bienes duraderos ha caído a unas tasas impensables de conseguir con cualquier impuesto, por lo que los motivos últimos son otros, y no parece que esta modesta subida del IVA vaya a modificar grandemente estos motivos.

IV.- A modo de conclusión…

No parece, por lo tanto, que la variable “precio” tenga mucha influencia en este preciso momento. La decisión de compra parece más influida por cómo valoran los consumidores sus expectativas de ingresos futuros: la incertidumbre y el miedo (a quedarse sin empleo, a un largo estancamiento de ingresos, o a no encontrar empleo de forma rápida quien lo haya perdido) parecen ser la causa de la actual contracción del consumo. También el endurecimiento de las condiciones para obtener un crédito, y la pérdida de valor de la vivienda propia.

Cualquier variación en alguna de ésas variables (estabilidad laboral, acceso al crédito, mercado de vivienda) tiene un peso, en el bolsillo del consumidor, que es muy superior al de la subida del IVA propuesta. Y genera mucha más incertidumbre y miedo al futuro. Y, dicho sea de paso, nos indica también sobre qué variables es necesario iniciar reformas estructurales de calado: mercado laboral, reforma financiera…

V.- Para finalizar: dos propuestas a contracorriente

Nuestro razonamiento nos ha llevado a concluir que el impacto de la subida del IVA en los precios no parece que vaya a suponer un impacto real en el consumo. Sin embargo, hay un “efecto psicológico” indudable, alentado por el debate mediático y la demagogia partidista: algo así como “todo va a peor”, “voy a ser más pobre” o “nadie sabe lo que hay que hacer en realidad”, “siempre pagamos los mismos”, “los que causaron la crisis se van de rositas”...

Este efecto psicológico me temo que es inevitable, y sus consecuencias en el consumo desconocidas. Tiene, como vemos, dos facetas en la mente del ciudadano:
  • Una sensación de descontento al aumentar el precio de las cosas, aunque la subida sea limitada…
  • Una sensación de enfado al percibir el consumidor que es él, y sólo él, el que tiene que pagar el precio de la crisis. Crisis que los bancos y grandes instituciones financieras ayudaron a generar, y a las que los gobiernos no parecen tener el coraje de meterles mano como se merecen.
Por ello, dejo aquí dos propuestas, impopulares cada una en su terreno, para la reflexión:
  • Puesto que la recaudación esperada con la subida del IVA prevista es insuficiente, y puesto que el impacto psicológico de una medida así es en cualquier caso inevitable… ¿ES SUFICIENTE LA CUANTÍA DE LA SUBIDA? ¿NO DEBERÍA EL GOBIERNO APROVECHAR Y SUBIRLO UN POCO MÁS?
  • Puesto que es importante dar una imagen de equidad a la hora de soportar las cargas de la salida de la crisis, y también por otras ventajas intrínsecas de la medida, propongo que el gobierno fomente en los foros internacionales en los que participa el ESTABLECIMIENTO DE UNA “TASA TOBIN” A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS. Más complicada de implementar, desde luego, y que debe ser consensuada entre muchos países…, pero digna, en mi opinión, de ser analizada seriamente.

15/4/10

Debate blogosférico: lasubidadeliva.com

Recientemente, los humildes opinadores que hacemos este blog fuimos invitados por Jorge Galindo a participar en un blog paralelo que estaba promoviendo, llamado lasubidadeliva.com.

En él, algunos de los blogueros que más me gusta citar y consultar, y algunos que no conocía pero no por ello menos interesantes, opinaremos sobre la próxima subida del IVA que se nos avecina, desde distintas perspectivas y enfoques casi siempre no académicos (aunque alguna incursión académica también habrá, para poner un poco de seriedad en la cosa...)

Os invito a todos a participar en este interesante experimento blogosférico con vuestros comentarios y aportaciones. Saldrá un artículo por semana aproximadamente (el mío ya está colgado allí y en breve lo colgaré aquí).

Ya nos iréis diciendo qué os parece.

22/3/10

La homeopatía en acción

Lo de la cerveza homeopática me ha llegado al alma...



PD: Gracias a Demócrito, que por cierto anda por Londres buscándose la vida, por el enlace...

11/3/10

Este es un mundo acientífico...

Puede resultar paradójica tal afirmación, cuando no ha habido otra época en la historia en la que la ciencia tenga tanta importancia para el bienestar de los seres humanos y goce de un prestigio tan acorde a dicha posición.

Y sin embargo (y hay quien piensa que precisamente por esa preeminencia de la ciencia) la pseudociencia, la superstición y la superchería proliferan por doquier. No sé si más o menos que antes: debería ser menos. Sin embargo, en una época dominada por la ciencia, este hecho llama mucho más la atención.

Aunque le venía dando vueltas desde hace tiempo (al fin y al cabo hay obras ya clásicas sobre el tema, como el excelente “El mundo y sus demonios” de Carl Sagan), lo que me ha decidido a escribir sobre el tema son las reacciones airadas de algunos comentaristas de mi anterior entrada sobre Niño Becerra y sus predicciones apocalípticas. Y también las que recibieron cambiosocialya y Eduardo Robredo o José Luis Ferreira en sus blogs respectivos.

Aunque en este post hablaré algo de pseudociencias, lo que me interesa resaltar de verdad es hasta qué punto mucha gente “normal”, usualmente sensata y a menudo con formación, es capaz de creer en las cosas más extrañas. Hasta qué punto está alejado del discurso de la gente de la calle el método científico y lo que implica como modo de pensamiento: el sano escepticismo, la reflexión crítica ante lo que oímos y leemos, el cuestionamiento de todo aquello que no venga respaldado por el contraste empírico y un mínimo análisis lógico de los hechos.

Las pseudociencias y el auge de programas como los de Iker Jiménez
Cuando yo era niño, el que nos hablaba desde la tele de OVNIs y de fantasmas era Jiménez del Oso. Era gracioso este programa, que rompió records de audiencia para la época, dado el aspecto fantasmagórico del presentador, acentuado por su pinta de profesor chiflado y su peculiar forma de narrar. De aquéllos tiempos románticos hemos pasado a la dura competencia televisiva y radiofónica por las audiencias: y aquí aparece el pequeño aprendiz de brujo que es Iker Jiménez, con el lamentable respaldo mediático del Grupo PRISA.

También los programas de Iker Jiménez alcanzan las importantes cuotas de audiencia que suelen acompañar a otros programas de la “telebasura”. Sin embargo, los programadores de la SER y CUATRO han decidido tragarse los escrúpulos y dar todo el respaldo a su nueva estrella, que cada vez tiene más tiempo de programación y en mejores horarios. Hasta los lectores del diario El País hemos visto horrorizados como se repartían DVD’s con los programas del inefable Iker con el periódico, al que sus responsables parecen arrastrar cada vez más a la mediocridad.

Que un programa como el de Iker Jiménez tenga audiencia no es extraño: como programa de entretenimiento, está bien hecho, y a eso hay que sumarle el interés de la gente por los temas “paranormales”. Lo que a mi me preocupa es que tal programa, que se aprovecha de la credulidad, de la ingenuidad, y desde luego de la irracionalidad de muchas personas, que explota las zonas más tontorronas de nuestra psique, y que defiende la pseudociencia y la superchería, se programe cada vez más y encima reciba premios de colegas periodistas. No me vale que algunos de esos premios sean “a la innovación” o “al entretenimiento”: el programa defiende un modo de ver el mundo que sí que hace, a mi modo de ver, un daño auténtico a la labor de maestros y educadores a la hora de formar ciudadanos pensantes (no como otros “peligros” que se suelen citar, como los videojuegos, las películas de tiros y los juegos de rol…)

Las creencias extrañas de la vida cotidiana…

Como he dicho, no quiero hablar tanto de las típicas pseudociencias como de la actitud de mucha gente que podemos considerar “normal”, que incluso no suele creer en pseudociencias, algunos de ellos considerados gente de “gran cultura” y que gozan de una formación nada despreciable.

Por supuesto, a muchos lectores igual no les parecerán extrañas estas creencias irracionales, lo cual no hace sino confirmar mis temores. Veamos algunos ejemplos:
  • Hay gente que se niega a alojarse en una habitación de hotel que lleve el número 13. De hecho, muchos hoteles del mundo se saltan dicha cifra en la numeración de sus habitaciones.
  • Mucha gente está convencida de que los sueños tienen un significado, que es una forma en la que “alguien” les envía mensajes que deben interpretar cuidadosamente (o pagar a alguien para que los interprete por ellos) por la influencia que pudieran tener en sus vidas.
  • Hay gente que cree sinceramente que tiene algún tipo de conexión mental con alguno de sus parientes. Normalmente este curioso mecanismo sale a la luz cuando ocurre alguna desgracia en la familia, que afirman “percibir” antes de que se produzca: intuir una llamada telefónica, o soñar con la desgracia. Algunos también dicen hablar con su abuela muerta hace años (esto no me parece tan raro… lo raro es que la abuela les conteste).
  • Muchísima gente considera que ciertos encuentros fortuitos no son por casualidad, que hay un sentido profundo y desconocido cuando confluyen en su vida una serie de hechos que son improbables.
  • Hay gente, mucha gente, que asegura que está más que probado que los días de luna llena nacen más bebés. Esto se lo oiréis decir incluso a muchas enfermeras (no me extrañaría que también a algún médico). No importa que haya numerosos estudios que no hayan encontrado ninguna relación entre fases de la luna y nacimientos: incluso (me cuentan que) algunos hospitales refuerzan los turnos de las maternidades que coinciden con días de luna llena.
  • Hay gente que cree que sólo es cuestión de tiempo que ganen un gran premio jugando a la lotería / quiniela / bonoloto / ONCE / etc. Porque “ellos se lo merecen”, porque “nunca les ha sonreído la suerte y a ellos ya les toca”. O que apuestan al mismo número, porque “en algún momento tiene que salir”. También hay gente, muy formada y muy culta, que si les das a elegir entre dos números de lotería como el 00001 y, digamos, el 73418, nunca optarían por el primero.
  • Hay gente que piensa que viajar en avión es muy peligroso. Sin embargo, cogen su coche y se lanzan alegremente a la carretera todos los fines de semana, algunos incluso sin abrocharse el cinturón de seguridad.
  • Hay gente que piensa que las posibilidades de sufrir un ataque terrorista son muy altas. Y que las posibilidades de ser contagiado de SIDA por dar la mano o compartir habitación o baño con un contagiado también son muy altas. Sin embargo, oímos a menudo que el Cambio Climático es algo que se han inventado un grupo de científicos, y también que “el Darwin ése” estaba chalado cuando “dijo que el hombre venía del mono”.
  • Etc.
Posibles explicaciones de la tendencia a la pseudociencia y a la irracionalidad
No todos los ejemplos anteriores son de la misma naturaleza, y el sesgo cognitivo que implican no responde a las mismas causas. Examinemos someramente algunas de las causas de la tendencia a la irracionalidad, al pensamiento acientífico y a la pseudociencia:
  • Problemas para calcular o al menos estimar probabilidades, y en general en el manejo de los números y las magnitudes. Este es un problema esencialmente de formación, pero no sólo de formación, pues conozco gente muy capaz de manejar los números con rigurosidad en el trabajo y algunos aspectos de su vida, y sin embargo no se libran de un comportamiento bastante irracional por ejemplo con la lotería y las apuestas, o estimando los riesgos.
Sobre esta cuestión, los medios de comunicación suelen tener un comportamiento nefasto, ya que son capaces de cometer las peores tropelías imaginables con los números, como José Luis Ferreira nos hace notar a menudo.
  • Tendencia creciente a descubrir coincidencias e improbabilidades, llevando a la gente a postular conexiones, relaciones y fuerzas donde sólo hay coincidencias… sobre todo en una sociedad cada vez más interconectada en un mundo de complejidad creciente. Este fenómeno se encuadraría también en la dificultad de manejar la probabilidad y entender el importante papel que el azar juega en nuestras vidas.
  • Gusto por lo raro. Las rarezas llaman más la atención que lo considerado normal. Una vez más, aquí los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad. La atención a gente como Niño Becerra, o los reportajes sobre prácticas médicas no ortodoxas (homeopatía, curanderismo variado…) reflejan este hecho. En palabras del matemático John Allen Paulos:
“esta predilección de los medios de comunicación de masas por los reportajes espectacularmente dramáticos favorece, de un modo directo, a los extremismos políticos e incluso a la pseudociencia. Como los políticos y científicos marginales son generalmente más fascinantes que los de la línea principal, atraen una porción desproporcionada de la publicidad, con lo que parecen más importantes y representativos de lo que son en realidad”

Dicho sea de paso éste fenómeno se ha multiplicado, y además es muy visible, en internet y en el mundo de los blogs.
  • Cierto gusto por el “romanticismo” y la emoción del “relato frente a la hoguera”: agitar los fantasmas del miedo a lo desconocido.
  • Sentido crítico muy poco desarrollado. Poco cuestionamiento de lo que hemos aprendido de nuestros padres o de lo que todo el mundo cree. En definitiva, una tendencia muy arraigada a “moverse con la manada”, que ofrece más seguridad.
Sobre estos dos últimos puntos, que me parecen muy importantes, hablaré más detenidamente en el siguiente apartado.

¿Es necesario tener formación científica para pensar como un científico?
“Hacer ciencia” no está al alcance de todo el mundo, pues conlleva unas considerables dotes de disciplina mental, una importante formación y también unas capacidades que no todos tenemos. Sin embargo, “pensar como un científico”, al menos hasta cierto punto, creo que está al alcance de cualquiera.

“Pensar como un científico” implica, para empezar, tener una cierta idea de lo que significa el método científico, para lo que sirve y para lo que no sirve. No se trata de aplicar el método científico literalmente a nuestra vida cotidiana: esto no sólo no es necesario en la mayoría de las situaciones, sino que tampoco sería posible. Pero lo que sí nos servirá en nuestra vida cotidiana es saber que el hombre tiene un método para describir el mundo en el que vive, un método para acercarse a “la verdad” (sin entrar en disquisiciones filosóficas sobre la palabra), que supone, de momento, un considerable éxito, y que exige, por lo menos, el razonamiento lógico, el contraste de las hipótesis con la realidad, la replicabilidad de los experimentos y de los resultados, la coherencia entre la explicación que le damos a un fenómeno y lo que ya se sabe de otros fenómenos relacionados con él, etc.

Someter una creencia, o la explicación que recibimos de alguien sobre un determinado fenómeno, o una determinada información periodística… a una reflexión en la que examinemos someramente si la cosa tiene pinta de haber pasado por los filtros que comento en el párrafo anterior, es un ejercicio mental imprescindible para cualquiera que no desee ser engañado o sometido a los designios, a veces nada inocentes, del interlocutor. Posiblemente esto no basta, pero es lo mínimo exigible. Y sin olvidar, además, algo de lo que ya nos alertaba Carl Sagan:

“Para afirmaciones extraordinarias se requieren evidencias extraordinarias”

Este ejercicio mental no es sencillo. Para empezar, no es algo que nos salga de modo natural: el razonamiento lógico, el pensamiento científico y crítico exige un esfuerzo deliberado, pues nuestra tendencia natural es más bien a buscar explicaciones fáciles y rápidas a los fenómenos, ya que es lo que nuestro cerebro necesitó en su momento para hacernos reaccionar rápido y probablemente salvar así nuestra vida. También poseemos una tendencia a la narración: a aprender de otros escuchando sus historias, y a contarnos historias a nosotros mismos. Ya hablé en el apartado anterior del gusto por la “narración a la luz de la hoguera” y a moverse junto a la masa, buscando la seguridad de la manada. Como ya expresó poéticamente Lord Dunsany:

“El hombre es una cosa muy pequeña, y la noche es grande y llena de prodigios.”

Necesitamos un manto de seguridad, un agarradero mental para caminar por un mundo, a menudo incomprensible, sin tambalearnos. Sin embargo, desde la llegada de la ciencia moderna, al menos el mundo natural es un poco menos oscuro, un poco menos aterrador: desde luego no lo sabemos todo, y con cada nuevo conocimiento surgen unas pocas respuestas y miles de nuevas preguntas. Pero al menos sabemos que tenemos un arma con el que enfrentarnos a él e ir desentrañando poco a poco sus misterios.

A pesar de ello, muchísima gente no es capaz de vivir sin disponer de algunas “certezas” consoladoras que le permitan enfrentarse al mundo con una batería de “respuestas”: poco importa si estas respuestas, estas certezas, apenas explican nada o son incoherentes entre ellas o literalmente son absurdas.

Esto es lo que ofrece la religión y sus diversas cosmogonías, las creencias más diversas en dioses y demonios, pero también la creencia en que la posición de los astros influye en nuestras vidas, la creencia en el destino, en la vida eterna y en todo tipo de artificios y explicaciones extrañas de fenómenos, cuya función principal es evitar a nuestra mente tener que enfrentarse a la incertidumbre, a la constatación del importante papel que el azar y la contingencia tiene en nuestras vidas, a la posible carencia de un “sentido” en nuestra existencia…

“Examinad fragmentos de pseudociencia y encontraréis un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre!¡Inseguridad!”
Isaac Asimov

¿Hay algún remedio para el pensamiento acientífico?

Como para tantas otras cosas, la educación que uno recibe, ya desde niño, es fundamental. Sobre todo que los maestros inculquen a los niños el gusto por las matemáticas y les inciten a experimentar y descubrir por sí mismos. Esto es una carencia tradicional de las escuelas, al menos en el mundo occidental: no es concebible que una persona “culta” y “educada” sepa mucho de literatura, de historia, de arte y de filosofía (siendo como son conocimientos necesarios) y sea a la vez un analfabeto matemático.

Pero si la educación es muy importante, la práctica cotidiana de nuestras personas-modelo es mucho más importante: de nada servirá que las instituciones educativas fomenten el pensamiento científico si después observamos comportamientos anticientíficos e irracionales en nuestros padres, en nuestros profesores, en el médico que nos atiende, el periódico que leemos… incluso en el blog al que estamos enganchados.

No sé cuál es la respuesta correcta a la pregunta de este párrafo. Pero puedo contar mi experiencia personal. Lo que generó en mi un gusto por la ciencia, desde pequeño, fueron programas de TV como “Los Sabios": un concurso basado en preguntas sobre algún tema científico o técnico durante el cual se emitía un pequeño reportaje de dibujos animados, sencillo y entretenido para cualquiera, donde se explicaban conceptos como la electricidad, el magnetismo, el teléfono, la radio, la hidrostática… Y cómo no, la serie de divulgación “Cosmos”, con su puntito especulativo y la narración sugerente de Carl Sagan. Luego, ya en la adolescencia, la revista Muy Interesante hizo su contribución en el paso hacia lecturas de divulgación más serias y rigurosas: Asimov, Carl Sagan, John Gribbin, Richard Feynman… El propio Einstein defendía la importancia de las obras de divulgación científica a la hora de despertar el interés y la fascinación por la ciencia, no sólo de los jóvenes científicos, sino de cualquier espíritu medianamente inquieto.

Hoy en día en las distintas cadenas de TV, más numerosas que entonces, ¿se puede ver algo parecido?: la programación dedicada a la ciencia es un desierto, salvo honrosas excepciones, aunque claramente para adultos, como el programa “Redes” de Eduard Punset.

¿Es el mundo menos apasionante sin fantasmas, telepatía, posesiones diabólicas y sueños premonitorios…?

Una de las opiniones más extendidas entre los aversos a la ciencia es que el razonamiento científico es mecánico y frío, no deja sitio para los sentimientos y las pasiones, quita belleza y romanticismo al mundo y de alguna manera nos deshumaniza.

Puedo entender que alguien dijera que renunciar a la religión, el arte, la moral u otras manifestaciones culturales, las historias y los mitos, la especulación social o existencial… nos deshumaniza. Pero no hay nada en el método científico (tan limitado, en realidad) y en la práctica de la ciencia que imponga como condición la renuncia a unos valores que sencillamente están en otro plano. Condición que sería en cualquier caso imposible dada nuestra naturaleza humana. Para desmontar esta falacia, así como algunas otras referidas a la ciencia, de forma brillante y profunda, recomiendo la lectura del siguiente miniensayo de Jesús Zamora Bonilla: “El Neopositivismo es un Humanismo”

Quien piense que nuestro mundo, visto a través de las gafas que proporciona la ciencia, no es apasionante, es que no se ha parado a pensarlo detenidamente. Y si no, decidme:
  • ¿No es apasionante describir el movimiento de los planetas con un puñado de reglas matemáticas sencillas y ser capaces con ellas (y un poco de ingeniería) de poner un hombre en la Luna?
  • ¿No es fascinante haber descubierto y dominado la energía del núcleo atómico, y haberla puesto al servicio de nuestras necesidades de forma eficiente y segura?
  • Nuestros antepasados ya sabían navegar en contra del viento con la ayuda de un trapo, pero hasta que entendimos de verdad el efecto-vela no desarrollamos la navegación y la aeronáutica hasta los niveles que disfrutamos ahora…
  • ¿No es fascinante descubrir que los árboles disponen de estructuras pretensadas en sus troncos para resistir la fuerza del viento, mucho antes de que los constructores de puentes descubrieran las ventajas de pretensar el hormigón para aumentar la resistencia?
  • Y hablando de puentes, ¿no es dramático descubrir por qué uno que no tenga suficiente resistencia a la torsión puede ser derribado de forma espectacular por una ligera brisa persistente? ¿Y por qué un muro se viene abajo si le fallan los cimientos mientras que un puente de arcos no lo hace?
  • ¿No es fascinante haber roto la “ilusión determinista” del mundo con la llegada de la Mecánica Cuántica y los Sistemas Caóticos? ¿Cómo es posible que una partícula subatómica lanzada contra dos rendijas sea capaz de pasar por las dos a la vez? ¿Por qué no somos capaces de predecir el comportamiento de un sistema caótico a medio plazo (meteorología) y sin embargo sí descubrimos comportamientos predecibles a muy largo plazo (climatología)?
  • ¿Cómo es que la geometría fractal puede aplicarse para modelizar el comportamiento sísmico de una región, las crecidas del Nilo y también el comportamiento de la Bolsa…?
  • ¿No es apasionante entender la verdadera influencia de la Luna sobre nuestro mundo, que no es en el nacimiento de los niños, sino en las mareas? Algo tan difícil de explicar y de entender, a pesar de ser un resultado de las leyes de gravitación de Newton, como por qué hay 4 mareas al día en la Tierra, y de tanta belleza estética en muchos lugares y tanta importancia práctica para los habitantes de las costas…
Sé que me dejo muchos temas: la nanotecnología, los superconductores, los ecosistemas, la vida y la evolución… Con todos estos “misterios” a nuestro alrededor, ¿quién necesita fantasmas, horóscopos y demonios?

Pero me temo que los que utilizamos este mecanismo de pensamiento seguimos siendo “los bichos raros”… mientras esto sea así, este será un mundo acientífico.

Referencias:
“El mundo y sus demonios”. Carl Sagan
“El hombre anumérico”. John Allen Paulos
“El placer de descubrir”. Richard Feynman

17/2/10

Una de magufos

A estas alturas debería estar claro que la capacidad de predicción de la Economía es muy limitada, de hecho es uno de los puntos débiles de la disciplina, uno de los asuntos en los que más se tiene que trabajar para mejorar.


Esto lo reconoce cualquier economista serio, que suele manifestar una prudencia considerable cuando de su discurso se puede desprender algún tipo de predicción para el futuro: me gustaría citar elogiosamente a este respecto, el blog “Nada es gratis”, de FEDEA, cuyos redactores suelen, en general, poner muchas comillas y “disclaimers” cuando en alguna entrada se atreven a hacer una predicción.

Por eso no puedo dejar de lamentar la publicación ayer en El País de éste artículo de Santiago Niño Becerra, no sólo por el contenido del artículo, reflejo de los particulares métodos de hacer “futurología” del autor, sino por la constatación de la cada vez menos exigente selección de artículos y colaboradores de la “prensa de referencia”.

En la situación de crisis extraordinaria que estamos viviendo, que para la mayoría de los ciudadanos es sinónimo de desconcierto e incertidumbre por el futuro, cuando no de angustia en caso de estar en paro o con sus finanzas seriamente dañadas, lo mínimo que se le debe exigir a los columnistas que tratan los temas económicos es un mínimo de rigor. Y si ellos no lo tienen (ya sé que es mucho pedir), al menos deberían tener ese rigor los medios que nos informan y que se consideran serios, como El País. Hubiera entendido que la tribuna de Niño Becerra apareciera en la sección de “Gente”, como una curiosidad, pero no en la sección de Economía o en la de Opinión de un periódico que se precie.

Porque Niño Becerra, además de economista, al parecer es astrólogo, y ya se sabe que cuando uno puede extraer sus “conclusiones económicas” de una carta astral, para qué va a perder el tiempo en farragosos y complicados análisis económicos.

Fijáos que aquí lo importante no es lo que Niño Becerra dice en el artículo: algunas de las cosas que dice tienen sentido, y del mismo modo podría acertar en alguna de sus predicciones: no es ésa la cuestión. La cuestión es que esto es un asunto serio, la situación no es para tomársela a broma, y no se trata de hacer como los rappeles de turno, que aseguran una semana antes de la lotería de Navidad que ellos tienen el número ganador… luego, si aciertan (no se ha dado el caso) se cubren de gloria, y si no, ¿quién se acuerda de ellos?. Todo el artículo de Niño Becerra destila el mismo tipo de futurología.

Sólo me queda preguntarme a qué coño dedican su tiempo los responsables de selección artículos de opinión de El País. Porque el artículo de Niño Becerra sólo puede ser catalogado en un apartado: el de la irrelevancia informativa.

Actualización 1: Aquí, una entrada de José Luis Ferreira en el mismo sentido.

29/1/10

Energía para el transporte: el romanticismo del Hidrógeno

Uno de los grandes problemas para conseguir una eventual sustitución de los combustibles fósiles (o al menos una significativa reducción de su uso) por otras fuentes de energía que emitan menos gases de efecto invernadero (GHG), es el TRANSPORTE (el otro gran problema sería el uso del carbón y del gas tanto para la generación eléctrica como para calentarnos cuando hace frío).

¿Por qué el del transporte es un gran problema? Por dos motivos:

 • El 34% de la energía primaria que se produce en el mundo es petróleo. La mitad de él se dedica al transporte (Fuente: 2008 Key World Energy Statistics. IEA)

 • A diferencia de la generación de calor y, sobre todo, de la generación de electricidad, que tienen posibles sustitutos, para el transporte no existen hoy por hoy sustitutos económicamente viables a gran escala, ni siquiera a mediana… (bueno, vale… ni siquiera a pequeña).

 Ahora que parece que muchos gobiernos están dando nuevos impulsos al vehículo eléctrico, conviene recordar que la electricidad que lo impulsa puede ser generada de dos formas:

 • Baterías recargables (que a su vez toman de la red una electricidad que habrá que generar con el adecuado mix de fuentes…)

 • Pila de combustible (o pila de hidrógeno), que no necesita ser recargada.

 A su vez, el hidrógeno (H2) podría utilizarse directamente como carburante, quemándose en el motor, aunque este medio de utilizarlo no es muy inteligente (estoy oxidando una cosa que ya estaba oxidada en su origen y en la que me gasté ingentes cantidades de energía en desoxidar…) y no creo que nadie lo proponga en serio.

 Hablemos un poco del hidrógeno, que tuvo una época dorada hace unos años (sobre todo entre los gurús del “cambio de paradigma energético” y los medios de comunicación) y anda ahora un poco de capa caída. Os enlazo un artículo en Project Syndicate de Peter Hoffman, que es uno de estos gurús del hidrógeno.

 El artículo es muy interesante y lo voy a comentar, porque lo considero un ejemplo paradigmático de cómo se puede, sin decir grandes falsedades, manipular al lector para hacerle creer que la situación es de una determinada manera (en este caso positiva para el futuro desarrollo de las Pilas de H2) y no como realmente es.

 Hoffman afirma…

 • “Al igual que el gas natural, el hidrógeno se puede utilizar como un combustible para autos haciéndole modificaciones al motor”

 Lo dice así, sin más, como si fuera algo que se pudiera hacer de la noche a la mañana. La verdad es que, a diferencia del gas natural, cuya tecnología de GNC (la C es de “comprimido”) está más que probada y es usada desde hace tiempo en países como Argentina o India, las modificaciones que hay que hacerle al motor, y no sólo al motor, para almacenar y quemar hidrógeno distan mucho de ser irrelevantes, por motivos que entenderéis después de leer esta entrada. Pero sobre todo, y como dije antes, quemar H2 en un motor es lo más estúpido que se puede hacer con él salvo que sea en un cohete espacial.

 Sigamos…

 • “los fabricantes piensan que las celdas de combustible son la mejor fuente de energía para el transporte, la más eficiente, silenciosa y limpia”

 No parece que los planes a medio plazo de los principales fabricantes respalden esta idea, ya que parece que apuestan más por las baterías recargables.

 Pero la afirmación más falaz es la de que la celda de combustible es la fuente de energía más eficiente para impulsar un vehículo. La celda en sí es más eficiente que un motor de combustión interna porque convierte energía química en eléctrica directamente, sin las limitaciones del Ciclo de Carnot. Pero resulta que el H2 no es una fuente de energía primaria, y por lo tanto hay que producirlo… y la producción de hidrógeno es un proceso carísimo… en el que además se consume mucha energía.

 Como ejemplo, por Madrid hace tiempo que circulan varios prototipos de autobuses de la EMT que emplean H2 (Proyecto CUTE)… pues resulta que los autobuses requieren entre un 80% y un 200% más energía que su hermanito con motor diesel (Fuente: http://www.withoutthehotair.com/. David JC MacKay)

 Avancemos un poco más…

 • “Hoy, este tipo de vehículos están hechos a mano y son costosos -por lo general, cuestan aproximadamente un millón de dólares cada uno […] Pero los costos bajarán una vez que se implemente una producción en serie: Toyota […] espera que los costos de las celdas de combustible, el corazón de la transmisión, se reduzcan hasta el 90%.”

 Caramba… aún aceptando los optimistas planes de Toyota, ¿vosotros pagaríais $100.000 por un coche que además arrastra otro tipo de problemillas?

 Atentos ahora, que ésta es de traca:

 • “un kilogramo de hidrógeno tiene más o menos el mismo contenido de energía que un galón de gasolina. Como las celdas de combustible son casi el doble de eficientes que los motores de combustión interna, el costo efectivo por unidad de distancia sería aproximadamente la mitad de eso.”

 Esto sí que me cabrea: un intento deliberado de confundir al común de los lectores aprovechando su ignorancia o su distracción. Resulta que un galón de gasolina (aprox. 4 litros) lo transportas cómodamente en un pequeño bidón de plástico. ¿Alguien se ha parado a pensar lo que supone transportar “1 kg de H2”????

 Resulta que el H2 es el gas más ligero que existe: su densidad es bajísima. Tanto es así, que almacenarlo en cantidad suficiente sólo nos deja dos opciones, ambas muy costosas y con “efectos secundarios”:

 • Comprimirlo.- Incluso comprimido a la nada despreciable cifra de 700 bar, la energía por unidad de volumen del H2 es sólo un 22% de la de la gasolina. Este sí es un dato relevante para poder comparar, y no el que da Hoffman.

 • Licuarlo.- Nada, una bagatela: para ello sólo tenemos que lograr enfriarlo, y mantenerlo… ¡a -253ºC!!!

 … o lo que se hace en realidad, que es una combinación de ambas, sobre todo la compresión.

 Volvamos al ejemplo de los autobuses de H2 de Madrid, que han sido un éxito mediático y también entre los conductores (son cómodos de conducir) y los viajeros (son muy silenciosos). Lo que el público no sabe y los medios no se ocupan es de la opinión del consorcio de empresas que participó en el piloto (Air Liquide, Repsol y Gas Natural).

 Yo os las resumo (de un informe de una de las compañías):

 “Durante todo el tiempo que estuvo en operación la planta de producción de H2 sólo se logró aproximadamente el 10% de la producción estimada inicialmente. Las numerosas averías de múltiples componentes, errores de diseño, así como la constante necesidad de revisar el sistema de control dejó en evidencia que aún quedaba mucho camino por recorrer en el desarrollo de esta tecnología.”

 “los costes de mantenimiento de las pilas de combustible así como la escasa autonomía de los autobuses, son clara evidencia de que también en este ámbito hay que evolucionar más.”

 Para finalizar con el repaso al escrito de Hoffman, el último párrafo:

 • “La revolución del hidrógeno ya comenzó, pero con un fusible de combustión lenta. El hidrógeno no es la única arma en la lucha contra el calentamiento global, pero es un elemento esencial -en el sentido más realista del término”

 En mi modesta opinión, y por el conjunto de motivos expuestos, si hay un elemento que precisamente no es “esencial” en la lucha contra el calentamiento global, ése es el hidrógeno.

 ¿Cuáles son mis principales objeciones al hidrógeno? ¿Por qué creo que dista mucho de ser “la revolución que ya comenzó”?:

 La tecnología del hidrógeno tiene importantes desafíos que están muy lejos, lejísimos, de tener una respuesta adecuada: 
  • El almacenamiento del propio H2 en cantidades suficientes, debido a su extrema volatilidad y bajo contenido en energía por unidad de volumen.
  • El desarrollo de las pilas de combustible, que enfrentan sus propios desafíos: durabilidad, coste, densidad energética y arranque en frío.
  • El desarrollo de una infraestructura de suministro.
  • Fuentes de producción de H2 económicas: hasta 2020-2030, se estima que las más económicas serán las que se usan ahora en la industria, que son el Reformado de gas natural y la Gasificación de carbón… todas ellas son emisoras de CO2, por lo que no resuelven el problema que queríamos resolver.
  • Su desarrollo está fuertemente condicionado al desarrollo de las baterías enchufables: si en éstas, que también son caras de momento y con poca autonomía, se logran avances que parecen mucho más próximos que en las pilas de H2, ésta última tecnología se caerá.

 Esos sueños románticos…

 Apostar por el hidrógeno responde al viejo sueño de utilizar el agua, tan abundante y barata, como combustible: ¿quién no ha soñado, desde Julio Verne, con algo así?. Pero resulta que el agua ya está quemada, por lo que quemarla otra vez se me antoja como una mala idea…

 El hidrógeno no es una fuente de energía, es sólo una manera de transportarla, y como medio para transportar energía, es ineficiente y con una infinidad de problemas prácticos. El vehículo de hidrógeno consume muchísima energía, y requeriría por lo tanto de la disponibilidad de grandes cantidades de energía limpia, que en sí mismo es otro desafío que tenemos que afrontar de forma independiente.

 Como dice MacKay, ¡necesitamos soluciones que consuman MENOS energía, y no que consuman MÁS!!

 De este tipo de sueños románticos tenemos otros ejemplos:

 • Vivir de la energía del Sol: el problema es que tendríamos que cubrir el mundo de paneles solares y cultivos energéticos… no quedaría sitio para casi nada más.

 • Crear una estrella dentro de un recipiente (algunos lo llaman “fusión nuclear”): el problema es que llevamos décadas buscando el recipiente…

 No seré yo quien se niegue a que estos sueños se sigan intentando. Incluso creo que el vehículo de hidrógeno puede cubrir algún nicho (transporte en grandes distancias, almacenamiento temporal de energía…). Pero desgraciadamente nuestro problema energético y ambiental es más acuciante: ahora es el momento de no dispersar esfuerzos en sueños lejanos, y concentrar la materia gris y los dineros en lograr soluciones que aporten desde YA.