5/11/08
Obama, presidente
3/11/08
IKEA y los viejos negocios
Al igual que Demócrito, mi compañero de fatigas por el blog, yo también me encontraba preparando un post de lo más serio (¿?), en este caso una breve incursión en el mundo de la energía, cuando un hecho inesperado vino a cruzarse en mi camino y provocó que ahora esteis leyendo esto. Me vi enfrentado a uno de esos eventos odiosos donde los haya, una necesidad tan inoportuna y desagradable como un retortujón, algo que evito siempre que puedo y que me provoca irritabilidad, desasosiego y, en general, me hace albergar sentimientos odiosos hacia mis congéneres. Sí, lo habéis adivinado: una visita al IKEA.
Mientras avanzaba por los pasillos intentanto esquivar a la masa pululante de niños y mayores que abarrotaba el lugar, cuyo único objetivo en la vida era interponerse en mi camino y golpearme con el carro, iba rumiando mi odio al diseñador del susodicho almacén, que te obliga a recorrer quieras o no toda la exposición, o a arriesgarte con uno de los supuestos atajos, que aparte de no servir para nada corres el riesgo de acabar dentro de un armario y ser adquirido por una simpática pareja de recién casados como decoración para su salón.
Mientras mi chica deambulaba por allí, busqué con ahínco un rinconcito donde apoltronarme con mi carro y observar el paso del ganado sin ser molestado. Iluso de mí, en el IKEA tal rinconcito no existe: siempre vendrá algún humanoide con cara de despistao a examinar precisamente el estante que tú tienes detrás… Al final, logré establecerme en un punto al parecer sin interés para la masa, poniendo cara de pocos amigos a cualquiera que se acercara por allí.
Fue en ese momento cuando me dio por pensar que quizá estaba siendo injusto con IKEA. Al fin y al cabo, un negocio con tanto éxito comercial y con tanta demanda debía, sin lugar a dudas, haber acertado con las necesidades de la gente. Y es así. Aparte de varios objetos inútiles, IKEA sí ofrece soluciones prácticas a la gente en mobiliario, decoración y almacenamiento. Y, sobre todo, lo hace a un precio asequible. Recordé entonces los comentarios despectivos en alguna tienda “tradicional” de muebles así como de algún conocido, sobre la falta de calidad de los muebles del IKEA y su escaso estilo, no aptos para una casa “de categoría”. Pero si nos paramos a considerar los márgenes con los que trabajan las tiendas tradicionales de muebles, que son capaces de venderte un año después el mismo mueble un 40 o un 50% más barato… pues qué queréis que os diga, no me provocan ninguna simpatía, que se queden con su supuesta calidad (luego hablaremos de esto de la calidad).
También me dio por pensar cuánto se parecían estos comentarios a otros de la misma naturaleza, y que podríamos enmarcar en las tradicionales críticas del pequeño comercio hacia la gran superficie. Cualquier aficionado y practicante de algún deporte, como el ciclismo y el montañismo (que son los míos) sabe perfectamente el daño que el Decathlon ha hecho a las pequeñas tiendas de bicis y de montaña que había en Madrid (y supongo que en otros lugares), algunas con años de historia a sus espaldas. Y mientras los dueños de estas tiendas y los aficionados más snob desprecian los productos de las grandes superficies por su baja “calidad”, otros con menos prejuicios y más acostumbrados a confrontar las cosas con la realidad, hace tiempo que disfrutamos de una bicicleta de alta gama del Decathlon, que a igualdad de cuadro y componentes cuesta infinitamente más en una tienda de bicis tradicional (al menos un 50% más cara si es americana, y al menos un 20-30% más cara si es marca nacional). Y, por si fuera poco, con un servicio post-venta excelente.
La continuación de la historia creo que todo el mundo la conoce: mientras las pequeñas tiendas van desapareciendo y los Ikeas y Decathlones van llenándose… ¿qué hacen los dueños del pequeño negocio tradicional? Veamos:
- Echar la culpa a las grandes superficies, que compiten deslealmente…
Echar la culpa al gobierno, por no ayudarles, y por permitir que el pez gordo se coma al chico… - Echar la culpa al capitalismo salvaje que nos invade (olvidando quizá que ellos también forman parte de él)
- Echar la culpa a la pérdida de valores de la sociedad moderna, que ya no sabe apreciar lo bueno y estiloso…
- Echar la culpa al consumidor, un desagradecido, que se deja engañar por la publicidad y los cantos de sirena, y que como es medio tonto no se da cuenta de la mierda que le están vendiendo en esos sitios…
Y mientras echan la culpa a todo dios en lugar de posicionarse para competir y buscar de qué manera dar el servicio que el consumidor de hoy requiere, nos hablan de la “calidad del servicio”, de la “atención personalizada”, etc. ¿Se han parado a considerar qué significa hoy “servicio” y qué “calidad” busca el consumidor? Servicio para muchos es poder ir a comprar a cualquier hora. Poder ir con el coche, pues traer una estantería o una bicicleta en el metro digamos que no es práctico. Y, por lo tanto, poder aparcarlo. La mayoría de la gente no es Juan Oiarzábal, por lo que no necesita unas botas súper especializadas para darse un paseo por el monte. A la mayoría de la gente apenas le llega para pagar la hipoteca, luego puede que le baste con una estantería de aglomerado, ya pensarán en el nogal en otro momento. ¿Que los dependientes de una gran superficie no saben asesorarte sobre lo que te están vendiendo? Puede ser, pero el semi-esclavizado dependiente de una zapatería o de una tienda de trajes… ¿sabe mucho más? Y si te atiende el dueño… caramba, te dice cualquier cosa que quieras oir con tal de venderte ese traje, aunque te siente como un tiro. Otra cosa que requiere el consumidor de hoy: un buen servicio post-venta, y poder devolver el producto sin que le pongan problemas. ¿Cuántas tiendas pequeñas pueden decir que ofrecen esto?
En fin, para qué vamos a seguir. El pequeño comercio sólo sobrevivirá si encuentra su mercado, si se posiciona para atender una demanda, y si piensa de verdad en el cliente. “¿Qué puedo hacer para que este tío no se vaya al Decathlon después de visitar mi tienda?” “¿Qué le estoy dando a este otro que el IKEA no va a darle?” Pero de verdad, sin demagogias como la del “trato personalizado”…
¿Creeis que no hay ejemplos? No creo que la pastelería de mi barrio pase por muchos apuros, a juzgar por las colas que hay a diario para comprar el pan… porque ése pan está cojonudo, y en el barrio lo sabemos. Y el frutero, lo mismo. ¿Creéis que Barrabés, una carísima tienda de montaña que empezó en Benasque y hoy vende por internet en todo el mundo, ve amenazado su negocio por la presencia del Decathlon? Me parece que no… ha sabido buscar su modelo de negocio.
Señores del pequeño comercio: la gente sólo acudirá a sus tiendas si ustedes ofrecen a la gente lo que ésta busca. No si ofrecen algo que nadie quiere. Basta ya de lloros y de lamentos. Pónganse a pensar en su modelo de negocio: todavía pueden salvarlo.
1/11/08
Un respeto a los mayores
Como lector habitual de Neoprogs, y antes de sus habituales tertulianos, no he podido dejar de observar que el último culebrón borbónico ha tenido respuesta por parte de Lüzbel. Parece quejarse el antedicho de que uno no puede cagarse a gusto en las muelas de la señora cuando a uno le da el apretón. No se modere, hombre, obre a su gusto que nadie le va a decir nada.
Por de pronto cada cual es muy libre, y no creo que ninguna institución haya puesto impedimento alguno, de criticar las declaraciones que Sofía de Borbón ofrece en ese libro que tan generosamente va a jubilar a Pilar Urbano. Aviso a navegantes que no debe pasar desapercibido, dicho sea de paso, pues ya son muchos los que no se fían de la Seguridad Social para adecentar su vejez.
En realidad la discusión no versa tanto sobre los límites de la libertad de expresión ante ciertas instituciones como en los límites que estas mismas instituciones han de respetar. Es decir que la Casa Real tiene como función la representación a máximo nivel del estado español, con el Rey a la cabeza como Jefe de Estado, y esto implica que sus miembros han de aceptar unas condiciones determinadas por la misma naturaleza de la institución monárquica: representatividad, neutralidad y no follarse a Camila Parker Bowles. Un presidente de república puede y debe tomar partido, un monarca no (y sí, opinar públicamente es tomar partido)
No creo que tengamos demasiado que reprocharle a nuestros monarcas al respecto. En general han hecho un buen trabajo y tienen gusto suficiente como para no vestirse de Nazis en sus fiestitas. Sí, el campechano se ha tirado unas cuantas rubias, pero con discreción y el eximente de que estaban buenas. Así que respecto al culebrón que se ha montado habría que decirle a Sofi que si ha permitido que estas declaraciones salgan a la luz, mal hecho, por ser un error. Y si le han engañado, peor, por ser una estupidez. Las reinas ver, oír y hacer obras de caridad.
Pero de ahí a definir a la monarquía como una institución “injusta en sí misma” van varios pueblos. Una de las opciones que se pueden elegir a la hora de determinar las funciones de un Jefe de Estado es el de no otorgarle poder político alguno. En tal caso que sea elegido, hereditario o que te toque en una tómbola es una mera cuestión de forma. En España se optó, muy atinadamente, por el "mejor no meneallo" y así no imponer una ruptura formal que aportaba poco y arriesgaba mucho. Se lograba superar un régimen autoritario para crear una democracia sin romper un plato, como Torcuato Fernández Miranda siempre quiso, fiel a la prudencia que trató de inculcar a su discípulo. Prudencia ésta que, en general y a pesar de ciertas excepciones, han mantenido él y su entorno.
22/10/08
Cambio climático y consenso científico
Aparece un concepto, sin embargo, que me enciende particularmente, que es el del "consenso", sobre todo si se asocia a la ciencia. Se utiliza mucho últimamente esto del "consenso científico", o "el consenso entre los especialistas"... Mirad, si alguien trata de venderme una idea basándose en que hay un consenso sobre ella entre, pongamos, los psicólogos... o los sociólogos... o incluso los economistas... pues bueno, eso en sí no dice mucho... ya que esas disciplinas pretenden abarcar un ámbito de conocimiento realmente complejo donde infinitas variables tienen influencia, y tienen muy difícil aplicar el método científico en toda su extensión, por lo que se puede pensar que un cierto consenso entre especialistas significa que la idea puede ser buena. O no... el problema es que no tenemos una vara de medir.
Pero a lo que yo voy es que, en ciencia, eso no vale para nada. La ciencia no se hace por consenso. Es más, muchos de los grandes avances de la ciencia se han hecho en contra del consenso establecido en su época. Por lo tanto, cuando oigáis eso del "consenso científico", desconfiad... Si un grupo de científicos tienen que llegar a un consenso sobre algo, es que no han demostrado ese algo. No quiere decir que ese algo no sea cierto, o que no haya que tomar medidas sobre ese algo... quiere decir simple y llanamente que no se ha demostrado, y eso hay que tenerlo en cuenta. Si se hubiera demostrado, no haría falta ningún consenso.
El ejemplo más evidente y dramático que tenemos todos los días en los telediarios es el del Cambio Climático, no tanto si existe o no, sino si está causado por la acción humana (y por tanto qué medidas hay que tomar para frenarlo). Y digo dramático porque en pocas ocasiones se hace un uso tan lamentable de las informaciones científicas, ya sea por parte de los medios de comunicación o por partidos políticos, grupos de presión, etc. Se puede decir hoy, sin temor a equivocarse, que es IMPOSIBLE saber quién tiene razón, si los que niegan, o los que afirman, porque el debate está completamente ideologizado y tanto los que niegan como los que afirman creen lo que quieren creer... y detrás de unos y de otros hay poco científico y mucho propagandista. "Te equivocas", me diréis, "hay un Panel Intergubernamental del Cambio Climático formado por científicos"... y "el CONSENSO"- (Oh, Dios...)-"entre esos científicos es que el CC es causado por el hombre". Bien, no seré yo el que niegue que el CC está causado por el hombre... es más, CREO que así es... y que hay que tomar medidas. Pero tengamos claro que eso es lo que yo CREO, en base a la acumulación de evidencias... pero no lo que la ciencia ha demostrado. Eso todavía no lo ha hecho. El consenso en este caso, como en otros, no importa.
19/10/08
¿Quién era Milton Friedman?
Si no lo hacéis, luego no me vengáis con lloros y rechinares de dientes...
13/10/08
Krugman ya es Premio Nobel...
Bueno, no quiero pasarme de listo: en mi modesta opinión, el tipo lo merece, y supongo que el resto que lo han recibido también lo merecían. Pero me llama mucho la atención la diversidad de economistas que han recibido el Nobel, con teorías, modelos, trabajos... francamente contradictorios entre ellos. Por no hablar de los que han fallado estrepitosamente en su descripción de la realidad, o peor aún, en la aplicación de sus teorías a países o situaciones concretas.
Bien, convengamos que la Economía, como otras ciencias sociales, intenta abarcar una realidad vasta y compleja, donde las variables a tener en cuenta son muy numerosas y la posibilidad de diseñar experimentos y comprobar la idoneidad de la teoría, muy remota. Resumiendo, es una disciplina en la que, a pesar del uso generalizado de la estadística y otras herramientas matemáticas, tiene muy complicado poder aplicar el Método Científico en toda su extensión. De ahí su tradicional fracaso al intentar predecir lo que va a pasar (salvo honrosas excepciones) y de ahí también que se suele basar en modelos teóricos de la realidad, que son una aproximación de la misma y que de momento es la mejor herramienta de que dispone la Economía, y como tal, habrá que aceptarlo y desear que se siga perfeccionando. Otras disciplinas adolecen de las mismas dificultades, y no me quiero extender en el tema, aunque es bien interesante.
Pero como bien dice Citoyen en un reciente post sobre el Nobel de Krugman:
"cuando la teoría no comulga con los hechos, uno debe modificar la teoría, no reinterpretar los hechos. Y esto, la gente no se da cuenta, pero incluye salvar el estatus de la eocnomía como ciencia."
No puedo estar más de acuerdo. Es una lástima que los distintos modelos y escuelas económicas estén tan ideologizadas que se dediquen a reinterpretar la realidad para hacerla coincidir con el modelo, y no al revés. Y en este sentido, casi todos los Nobel-Economistas sacan pecho cuando los hechos parecen coincidir con sus teorías y predicciones, denostando los modelos de "la escuela contraria". Y, por supuesto, obvian el tema cuando la tozuda realidad les contradice, guardando silencio o poniendo cualquier excusa que no sería tolerada en una disciplina auténticamente científica. Incluso Kantor, que aún no es premio Nobel pero nos ha ofrecido una profunda e interesante explicación sobre la crisis, que recomiendo leer con atención, arrima el ascua a su sardina cuando, para describir lo que está pasando en los mercados financieros, utiliza referencias al "triunfo del monetarismo y de la escuela Austríaca" o el "eterno retorno de Von Mises", que no dejan de ser interpretaciones suyas como mínimo discutibles, pero que aunque fuesen acertadas desvían la atención y hacen perder credibilidad a su explicación, que es muy buena, por otra parte (para una explicación similar pero mucho más aséptica, recomiendo este artículo del Economist).
Por ello me congratulo del Nobel de Krugman, porque el tipo, aparte de ser una delicia leerlo en sus habituales artículos del New York Times o alguna traducción que recoge El País, es certero, tiene sentido del humor, no se corta tomando partido, pero argumenta con razones poderosas, y como bien dice Citoyen en su post, toma de las distintas escuelas lo que le parece acertado sin pisotear al contrario y sin considerar infalible ningún modelo.
Que no se le suba a la cabeza.
12/10/08
Alan Greenspan y la fe
No hace falta que me refiera a los más patéticos ejemplos de nuestra historia política reciente, desde el trío de las Azores (el “créanme, hay armas de destrucción masiva” de Aznar), hasta el desastre desencadenado por Bush con la guerra de Irak, pasando por cualquier situación en la que nuestros políticos se ponen delante de un micrófono, cuando aún no han tenido tiempo de reunir la información suficiente, y sueltan eso de “todo está bajo control, el gobierno ha tomado las medidas necesarias, no existe ningún riesgo”. Echaos a temblar.
Ahora que la recesión se extiende por el mundo sin que nadie acierte a prever las consecuencias, parece claro que su origen estuvo en gran parte en los EEUU, y el cáncer se venía fraguando desde hace años. Años en los que el gran oráculo del mundo financiero y económico, el dios protector de Wall Street, el amo del calabozo de la Reserva Federal, dictaba con pulso firme lo que se debía hacer y lo que no a todos los agentes económicos: Alan Greenspan.
No era suficiente que muchos economistas del mundo académico alertaran sobre el boom inmobiliario y el riesgo de las hipotecas subprime. No era suficiente que inversores tan avispados como Warren Buffet y George Soros avisaran de que el masivo recurso a los derivados financieros, digamos, “imaginativos”, era una bomba de relojería que podía arrastrar a todo el sistema. El Gran Oráculo, investido en su inmenso prestigio y carisma, borraba de un plumazo estas molestas interrupciones a lo que parecía una gran fiesta, el gran banquete al que todo el mundo se apunta y en el que la Historia reservaría para el mismo Greenspan un importante papel.
Os enlazo aquí un fantástico reportaje de Peter S. Goodman en El País:
http://www.elpais.com/articulo/semana/Greenspan/era/realmente/bueno/elpepueco/20081012elpneglse_7/Tes
Así podréis entender de lo que hablo: uno piensa de esta gente del mundo económico, que tanta influencia tiene en nuestras vidas, que realmente saben lo que hacen. Sus conocimientos están fuera del alcance del común de los mortales, su discurso es difícilmente entendible por la gente, tampoco por el mundo político (a diferencia del discurso político, que suele ser de un nivel tan deleznable que cualquier ciudadano sin demasiada formación puede entrar a discutirlo). Por lo tanto, los Greenspan, los Solbes y los Rato echan mano de su prestigio y de la buena consideración entre sus colegas, para generar tranquilidad a los agentes económicos y vender la idea de que ciertas decisiones están en buenas manos. Que son gente pragmática y sensata. Que se darán cuenta de los riesgos antes que nadie y tomarán medidas para atajarlos.
Bien, lo que asusta del reportaje de Goodman es comprobar hasta que punto influyen en las decisiones de estas personas, no diré ya su ideología, sino sus “creencias”, su Fe, así con mayúsculas, es decir, algo irracional en lo que uno quiere creer, y que es muy libre de creer, pero que debe reservarse para el ámbito privado y personal y no guiar la acción pública. En el caso de Greenspan, le llevó a silenciar todas las alertas sobre la necesidad de regular los mercados de derivados e introducir más transparencia. Asusta oir de su boca, una vez más, eso de “créanme, Wall Street se regula sola”, háganme caso, yo sé de lo que hablo y ustedes no, yo soy el gran gurú, no hay ningún riesgo para el sistema, cualquier regulación sólo traerá problemas.
Después de lo que ha pasado, no deja de ser un poco patético oir a Greenspan, en las pocas ocasiones en que se deja ver, explicando lo que ha pasado porque “algunos agentes han sido en exceso avariciosos”. A uno le da por pensar: joder, tanto prestigio y conocimientos para ahora despachar su responsabilidad con semejante simpleza.
Más les valdría a algunos economistas, sobre todo a los que por su posición más influencia tienen en nuestros destinos, un poco más de ciencia y un poco menos de fe.
