12/10/09

12 de Octubre de 1492

   El así llamado "Día de la Hispanidad" da lugar a tonterías muy jugosas, cualquier rápido paseo por la red nos ofrecerá las opiniones más desinformadas y patosas posibles sobre el papel del Reino de Castilla en la conquista de un imperio que luego sería español. Lo digo porque me parece muy poco seria la generalizada acusación de genocidio, nada menos, que se lanza contra un fenómeno tan complejo y poco estructurado como fue la creación del imperio español en américa. Llamar genocidio a una guerra de conquista anárquica, realizada por aventureros muy inferiores en número a los ejércitos de los pueblos invadidos es ridículo. Demuestra una ignorancia tremenda querer ver un exterminio organizado y sistemático de indígenas por parte de los españoles dado el desastre administrativo, organizativo y logístico que supuso la "conquista".  También exige ignorar que el grueso de las bajas, civiles y militares, en los conflictos preindustriales suelen ser originadas por enfermedades, de las que el soldado era un vector perfecto por su movilidad, estar sujeto a condiciones higiénicas inadecuadas y por su conducta sexual. Esto es así desde antes de Ramsés III, no desde que los castellanos decidieran expandirse por el Atlántico. Fue la gripe lo que destruyó al pueblo taíno, por ejemplo, no la violencia organizada.


   De hecho, allá donde se dan las condiciones adecuadas no se produce la destrucción de grupos étnicos, sea cual sea el imperio que realiza la conquista, sino su asimilación. En centros no aislados, de alta densidad de población y medios de producción agrícola avanzados sobreviven tanto etnias como rasgos culturales. Mestizaje y sincretismo serán características culturales importantes del imperio español y su efecto aún puede verse en nuestros días. Esto no es excepcional, a menudo los invasores tratan de copar las posiciones de poder administrativo y económico e imponer, de grado o por la fuerza, una adaptación del sistema social de la metrópoli. Por otra parte, el genocidio y la despoblación serían contraproducentes dados los objetivos de los españoles, escasos sobre todo de mano de obra. Tampoco debería olvidarse a este respecto la preocupación de los monarcas y algunos burócratas por el estatus legal de los indígenas y el trato que recibían, así como la existencia de figuras como Bartolomé de Las Casas. Esto no evita, sin duda, aceptar que existió violencia, crueldad y explotación por parte de los colonizadores, pero sí que su objetivo fuera despoblar las regiones conquistadas.

   Ahora bien, las poblaciones aisladas, de baja densidad demográfica, y sobre todo las dependientes de medios de producción difícilmente intesificables (caza, forrajeo, etc...) son muy frágiles y rara vez sobreviven a la conquista por parte de sociedades más complejas. No necesariamente debido a la destrucción física, sino porque su forma de vida es incompatible con los sistemas de producción agrícola y ganadera más intensivos de los conquistadores. Además, su baja densidad demográfica implica que en el proceso de aculturación su aportación a la cultura sincrética resultante apenas tenga peso. Esto explicaría la práctica desaparición de pueblos como el guanche en las Canarias o el caribe en las Antillas, por ejemplo, pero es algo que sucede también en Estados Unidos, en la Amazonia brasileña, en la Patagonia argentina o en Australia bajo el dominio de otras naciones.

   Por todo esto es poco ético, y aún peor, es una estupidez, blandir la acusación de genocidio para cualquier cuestión que nos apetezca y cuadre. El genocidio reúne unas características muy específicas de organización, premeditación y sistematización del exterminio que lo distinguen. La conquista de América no se adecúa a esta descripción, por mucho que algunos griten lo contrario.

12 comentarios:

Jose R. dijo...

Realmente por fín alguien aclara conceptos en este aspecto.

Ender dijo...

A modo de anécdota, merece la pena comentar cuál es mi percepción de cómo nos ven a los españoles en Latinoamérica... a nivel de calle, y desde mi experiencia, que por limitada que sea, abarca de modo directo Argentina, Perú y Ecuador y de modo indirecto Venezuela y Bolivia.

En general yo he recibido sobre todo muestras de cariño. Todo lo más, indiferencia. Sólo en aquellos sectores más comprometidos con los nuevos populismos (Chávez, Morales, Correa...) uno puede recibir algún exabrupto.

Mi experiencia más directa fue la Argentina de las Navidades 2001-2002, donde el clima de violencia callejera de ciertos grupos te obligaba a moverte con cuidado y ocultar tu acento. Una vez más, la manipulación de los gobernantes de turno, que desviaban la atención sobre la desastrosa gestión económica y política hacia las empresas españolas, caló en algunos sectores especialmente desfavorecidos. Pero, en general, predominaban las muestras de cariño, lógicas si pensamos que la mitad de la población tiene parientes cercanos en España.

Por lo tanto, una vez más el peligro está en el uso demagógico e irresponsable que los gobernantes de turno hagan de las relaciones entre los gobiernos de ambos países, o sus empresas, etc., en cuyo discurso casi siempre termina saliendo la conquista, la "colonización" y hasta el "genocidio".

Pero este comportamiento perverso de los políticos, tanto más acentuado cuanto más mediocre es el político, también lo vemos en nuestro propio país: en la lucha partidista PP-PSOE planteada como confrontación entre "las dos Españas" y, sobre todo, en los nacionalismos, que necesitan crear una imagen de confrontación para autojustificarse... con temas como los idiomas, la tergiversación de la historia... cuestiones que no han tenido en el pasado demasiada relevancia en la calle, pero que a fuerza de insistir en ellas desde las tribunas terminan teniéndola. Lamentablemente.

Demócrito dijo...

Gracias Jose.

Ender, lo más gordo del asunto es que a mí me dicen lo mismo los que están aquí. A pesar de las mil y una anécdotas de desprecio o discriminación que podrían contarme, la mayoría siguen apreciando mucho a España y, lo que es más difícil aún, a los españoles.

Balroth dijo...

Pero bueno, que le habeis hecho a la apariencia del Blog!!! Me gustaba mas la anterior era mas clara y legible a pesar de los ladrillos de entradas que poneis JA JA JA

Demócrito dijo...

Caramba, uno hace lo que puede. Ender me dijo que quería una colummna de lectura más ancha, así que busqué una plantilla nueva. A mí me parece sencilla, legible y los colores son parecidos a los de la anterior.

Pero vamos, si por aclamación me decís que os gusta más la anterior, la tengo grabada.

Javier Solera dijo...

Muy buen artículo, planteas cuestiones muy interesantes, pero no sé si estoy seguro si es objetivo entre todos los puntos de vista.

La distinción que haces es la de que sólo puede considerarse "genocidio" aquella masacre que previamente va dotada de una premeditación, organización y objetivo asesino claro.
No estoy seguro de que sea así, existen ejemplos históricos bastante recientes de episodios considerados genocidios, donde no entran en juego estos papeles.
Tal es el caso del Genocidio de Ruanda, donde perdieron la vida 400.000 personas, sin que hubiese uan voluntad organizada de exterminio, sino más bien una ola de violencia incontrolada por parte de grupos asesinos que actuaban de una forma más o menos aleatoria.

¿No podría, atendiendo a unos criterios así, considerarse lo ocurrido en América un genocidio? ¿Más, teniendo en cuenta, que si bien no había voluntad de exterminar, sí la había de anular cultural, religiosa y lingüísticamente de forma premeditada varias civilizaciones enteras?

Saludos cordiales.

Demo dijo...

Gracias Javier. Te contesto en dos bloques porque ha salido largo.

Respecto a mi concepción de lo que se considera genocidio, me remito a la definición ofrecida por la ONU en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948: "Actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso"

Tratar de clasificar un fenómeno, sito en coordenadas históricas muy distintas según los conceptos actuales de política y derecho internacional supone desvirtuarlo. Aún así, y tratando de salvar esta objeción no desdeñable, los actos y políticas llevados a cabo por los conquistadores españoles en américa no podrían considerarse genocidio por causas que ya he expuesto pero que matizo:

a) No existe intencionalidad política de exterminio físico. Ya Isabel de Castilla consideraba súbditos (y por tanto deudores de protección)a los indígenas, así como Cisneros. Carlos V lo confirma con las Leyes Nuevas de 1542, como muestro en el enlace.

b) Tampoco existe intencionalidad política de destruir sus costumbres, siempre y cuando no contradigan las normas aplicadas por la metrópoli (eso es colonización, no genocidio) El interés primordial de los conquistadores es económico y se centra en la explotación laboral de los indígenas. La única excepción es la religión, pero ni siquiera ésta se impone de viva fuerza más allá de lo que se impone a los súbditos de la metrópoli, quizá incluso en un grado inferior. De hecho, la expansión religiosa se centra en el misionado, siendo los religiosos más numerosos franciscanos y dominicos, luego jesuitas, que cumplían este objetivo. Como ejemplo de lo antedicho, los autos de fe en el virreinato de Nueva Castilla entre los años 1601 y 1603 no llegaron a 200 las causas, de las cuales no supusieron pena de muerte más que una pequeña proporción, en su mayoría de españoles, portugueses y otros europeos, acusados de judaizantes o luteranos ( Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima : 1569-1820.José Toribio Medina) Esto supone necesariamente una vigilancia muy laxa de las creencias religiosas de los indígenas, aún hoy fruto de un sincretismo con numerosos rasgos totémicos y politeístas.

Demo dijo...

Continuación:

c) En lo militar, no hay que olvidar que Cortés pudo conquistar México gracias a la ayuda de numerosas tribus sojuzgadas o rivales de los aztecas. Esto se repetirá en otros escenarios, por lo que muchas tribus ni siquiera sufrieron bajas militares sino que simplemente se unieron al conquistador como súbditas. De hecho, existían caciques que regían tribus con una cierta autonomía que poco a poco fueron asimilándose.

d) Otro aspecto importante, y que distingue a la española de la colonización inglesa de la costa este de Norteamérica, es la aceptación del mestizaje. La resistencia a éste suele ser de origen socio-económico, no cultural o racial, por lo que no era raro que españoles/as pobres o con pocas alternativas se casaran o cohabitaran con indígenas.

Todo lo que antecede no significa que los conquistadores no utilizaran la violencia injustamente. Lo hicieron, sin duda, pero no animados por un deseo de exterminio y menos aún respadados por una mínima organización orientada a ese objetivo. El colonizador tipo lo que deseaba era una encomienda donde tener un número dado de indígenas en estado de semiesclavitud, no matarlos, ni siquiera acabar con su cultura: la supervisión de las costumbres y religión de sus encomendados solía ser muy laxa, pues no era tema de que le preocupara grandemente.

Respecto al genocidio de Ruanda, así reconocido por la Onu, hay pruebas de que existió premeditación y organización con el objetivo de llevar a cabo el exterminio tanto de tutsis como hutus moderados. El coronel Theoneste Bagosora ha sido acusado y penado por el TPIR (Tribunal Penal Internacional para Ruanda) de genocidio, crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra, y es considerado por el tribunal como el cerebro de la organización que llevó adelante el genocidio. Además, en Abril del 94 un gobierno hutu radical toma el poder tras el asesinato del presidente Habyarimana y la primera ministra Uwlingiyimana (hutus moderados). Dando vía libre y promocionando las masacres. Esto exige organización e intencionalidad.

Por otra parte, se produce el aniquilamiento de cerca del 75% de la población tutsi, 800.000 personas, en pocos meses. No intervienen enfermedades o hambrunas de consideración. Las masacres son organizadas y sistematizadas (reunión de las víctimas en iglesias o escuelas, controles parapoliciales o militares de identidad con el objeto de conocer la identidad étnica de las víctimas, etc...) No hay pues un lejano parecido con lo que los conquistadores hicieron en Sudamérica. En Michoacán, a principios del XVII, el porcentaje de población indígena era del 60%. Entre 1626 y 1743 la población indígena de la región de Puebla y Tlaxcala se duplicó. Todo esto a pesar de las epidemias recurrentes, la conquista y el mestizaje (según David Robichaux, Universidad Iberoamericana, México)

Demo dijo...

Por cierto, y ya que se ha tocado el tema: recomiendo ferozmente alquilar "Hotel Rwanda" (dirigida por Terry George, protagonizada por Don Cheadle). Me lo agradecerán.

Javier dijo...

Bueno, tengo que reconocer que en parte me convences. Y si no me doy por convencido es más que por mis apreciaciones personales que por los argumentos que das.

Lo cierto es que veo que entiendes una diferencia clara y objetiva entre genocidio y conquista. Es evidente que esta diferencia existe, pero creo que a partir de ciertos momentos, la conquista puede perpetrar un genocidio inclusive de forma involuntaria, en el momento en que se provoca una erosión cultural definitiva (buena parte de las culturas precolombinas dejaron como tales de existir) y un número desproporcionado de muertes, si bien es cierto que en casos como este sea más importante la acción de la enfermedad que las armas.

No obstante, sigo sin entender los criterios aplicados para hablar de genocidio, especialmente el de intención premeditada de exterminio. En tantas ocasiones de la historia, el exterminio se ha producido como resultado inmediato de una guerra; así, por ejemplo tenemos los dos millones de muertos en la Invasión Soviética de Afganistán, los 600.000 vietnamitas de la Guerra de Vietnam o los cinco millones de esclavos caídos en el Estado Libre del Congo, más como resultado de la tortura o la explotación extrema que de una intención clara de exterminar su raza, pueblo, cultura, etc.

Por este motivo no me gusta la distinción, porque considero que puede producirse un genocidio incluso de forma indirecta, como "daño colateral" por decirlo así, a través de una intención que a lo mejor no es de exterminio pero sí puede serlo de conquista, explotación etc.
¿No podemos considerar genocidio el 500.000 de muertos que lleva la Guerra de Irak, porque los americanos no pretenden aniquilar, sino ocupar?

Creo que esa distinción es peligrosa, porque puede eximir ciertas responsabilidades, y en el caso concreto de América puede redundar en la vieja afirmación de que "no fue para tanto" o son "cosas de la historia", aunque esta valoración no aparece (o al menos yo no la encuentro) en tu artículo.

Saludos cordiales.

Javier dijo...

Por cierto, buenísima Hotel Rwanda.

Demo dijo...

Hola de nuevo, Javier.

La distinción entre genocidio y conquista no es baladí, y responde a necesidades obvias de legislación y relaciones internacionales. Ciertamente, la realidad siempre desborda los conceptos netos, pero es nuestra manera de comprenderla y manejarla.

El genocidio supone una violación de especial gravedad del derecho internacional, y como tal así es perseguido. Es obvio que ningún cargo público de ningún país co el poder suficiente va a ser acusado de tal infracción, pero eso no significa que otros muchos no puedan ver coartada su libertad de acción al respecto, y asumir riesgos elevados en caso de que su base de poder se debilite o sea removida. Extender el concepto a cualquier acción militar injusta o desproporcionada lo debilitaría y sería contrario a los fines con que se ha desarrollado.

La ampliación del concepto de genocidio a intervenciones armadas como la de Irak, que considero injusta y, lo que es peor, contraproducente, no me parece ajustada ni útil. Más aún cuando buena parte de las pérdidas se originan en un conflicto interno, desatado eso sí, por la inicua ocupación del país.

Existen otros delitos recogidos en la legislación internacional que pueden ser utilizados para castigar los ilícitos cometidos en Irak. A pesar de eso, no puede esperarse que la primera potencia mundial permita muchas interferencias en su modus operandi a la hora de afrontar una invasión. El poder es el poder.