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29/6/10

¿Qué me preocupa de la reforma laboral?

Leyendo lo que se viene escribiendo sobre la reforma laboral, tanto en los medios de comunicación como en muchos blogs que me gusta leer, hay una cosa que me empieza a preocupar: las posturas extremas.

Cuando uno defiende su postura con pasión, está convencido de que es la correcta, y lo hace durante un tiempo prolongado, se busca el blanco y negro y se olvida uno de los grises. Es decir, se tiende a insistir demasiado en los argumentos más inmediatos, llamativos y que refutan al “rival dialéctico”, en detrimento de otros, posiblemente más importantes, pero sujetos a discusión e incertidumbre.

En el proceso de reforma laboral que el gobierno está tramitando, lo anterior se traduce en lo siguiente: para unos, la reforma es la solución a la mayoría de nuestros problemas, no importa tanto su contenido: es necesaria una reforma y punto. Para otros, la reforma es un ataque a los derechos de los trabajadores, una consecuencia del sometimiento de los gobiernos al “imperio de los mercados”.

Llegados a este punto, es necesario recordar lo obvio:
  • La reforma laboral no es una receta para resolver un problema inmediato. No reconocer esto, incluso por sus más acérrimos defensores, y explicarlo bien al ciudadano, conducirá a frustraciones de algunos y a un clima de crispación en el que los otros enarbolarán el “yo ya lo dije” sin posibilidad de ser rebatidos.
La reforma laboral es una medida estructural o, como dirían mi compañero de blog, Demócrito, y Jorge Galindo, forma parte de un proceso, de un proceso social: debe poner las bases para facilitar un funcionamiento más ágil y racional de un mercado de trabajo, el español, que ha demostrado con creces su nivel de surrealismo. Debe acompañar el crecimiento económico cuando éste se produzca, probablemente (ojalá me equivoque) dentro de algunos años, y mientras tanto facilitar la salida de la crisis y que la próxima no tenga efectos tan brutales sobre el empleo.

A este respecto, no ayuda nada argumentar que el mercado laboral español es de los más flexibles según algún indicador que circula por ahí, obviando que lo es de forma agregada porque es tremendamente (e indeseablemente) flexible para un 30% de la población y relativamente rígido para el resto. Tampoco ayuda ver día sí y día no al Gobernador del Banco de España reclamando la reforma: está bien que una figura cualificada que dispone de mucha información ofrezca su opinión sobre el tema, pero tanta insistencia, cansa. Sobre todo porque aún estamos esperando que se ocupe de lo que debería, que es de la reforma financiera y de las Cajas de Ahorro.
  • El pim-pam-pum antisindical (en palabras de José Rodríguez), no debe exacerbarse. Cambiar el statu-quo no es fácil para nadie. Los sindicatos se enfrentan también ellos a un proceso: no se trata sólo de combatir una medida que consideran que daña sus intereses o los de sus representados, o su posición en el diálogo social… se trata de que los sindicatos deben redefinir su papel dentro de la sociedad, deben reinventarse, y eso no es fácil para nadie… además, “al enemigo hay que dejarle una salida”, si piensas que aún puede hacer daño. El hecho de que los sindicatos reciban palos por todas partes y estén cada vez más acorralados creo que no puede traer nada bueno. Yo, sin embargo, confío en que lo consigan y salgan de todo esto manteniendo posturas y actitudes menos ancladas en el pasado y los eslóganes. Confío mucho menos en que lo haga la CEOE: mientras que de los sindicatos se puede decir que han sido razonables en el pasado reciente, la CEOE aún mantiene como presidente a un despreciable mamarracho cuya actuación y actitud debería avergonzar a cualquier empresario de este país.

  • Otro punto que me preocupa de la reforma laboral es que se está olvidando lo importante, y centrando todo el debate, como siempre, en los costes del despido. Y se está olvidando exigir a la contraparte: se pone toda la presión en los sindicatos, y se pide un esfuerzo a los trabajadores... pero se nos está olvidando exigir al empresario que cumpla su parte. ¿Qué van a hacer las empresas para mejorar la productividad? La reforma no puede ser un cheque en blanco para las empresas y que éstas tampoco cambien el statu quo. Medidas para indexar los salarios a la productividad, por ejemplo, las empresas son las que tienen que crear mecanismos para aplicarlas con rigor… Otra medida posible que recuerde al empresario su responsabilidad es la de penalizar a las empresas según su historial de despidos. Seguro que hay otras: ¿qué se puede hacer para fomentar la tan traída y llevada innovación? Y hablo de innovación quitándole todo el glamour y el idealismo al proceso, como bien se argumenta aquí y aquí. Sobre todo estoy pensando en las miríadas de PYMES y autónomos que configuran la mayoría del tejido productivo de este país, para los que todo esto posiblemente suene a chino…
Antes decía que se está olvidando lo más importante que debería tener una reforma laboral. Otros han argumentado en detalle sobre el tema, por ej. aquí, aquí o varias veces aquí. Resumiendo mucho, para mi lo esencial es lo siguiente:
  • Eliminar la dualidad. No puede seguir habiendo un 30% de “parias”, la mayor parte jóvenes que sin estabilidad laboral no pueden tener proyecto de futuro. La multiplicidad de contratos eventuales fomenta el fraude (y no, aumentar el nº de inspectores de trabajo no es la solución), favorece la inversión en ladrillos y chiringuitos de playa y, sobre todo, conforma una especie de “reserva para los malos tiempos” para los empresarios, una bolsa de gente que saben que no tendrán problemas para despedir cuando las cosas se pongan difíciles, y por tanto que no tienen ningún incentivo para convertir en indefinidos e invertir en ellos.
  • Eliminar trabas burocráticas y confusión legal a los procesos de contratación y despido. (Y que los costes no dependan de la decisión de un juez, como argumenta Citoyen en el enlace anterior)
Los dos puntos anteriores se podrían resolver con un contrato único indefinido con indemnización creciente por antigüedad. Esto no lo contempla la actual reforma.
  • Reconfigurar la negociación colectiva. Este es un punto complejo, pero el objetivo debe ser claro: que los salarios no tengan un efecto procíclico: no pueden estar aumentando cuando la situación económica empeora. Como ya argumentaba en otra entrada, la reforma debe evitar que los ajustes de productividad se produzcan masivamente vía incrementos del paro, y debe favorecer en lo posible (no es la única tecla a tocar) el incremento sostenido del “valor generado”. 
  • Flexiseguridad: se nos vuelve a olvidar mirar a los países escandinavos, o dicho de otro modo: proteger al trabajador, no al puesto de trabajo. La protección debe aumentar, pero debe incentivar la búsqueda de empleo. Una idea que me gusta es la de incrementar los años de cobro del subsidio del desempleo, pero en cantidades decrecientes con el tiempo. El objetivo es evitar el paro de larga duración, con sus indeseables efectos sobre la productividad y la moral del parado. Pero mejorar la empleabilidad del trabajador exige algo más que su propio esfuerzo: también exige unos servicios de búsqueda de empleo y de formación y reciclaje del trabajador parado que funcionen y no sean meras oficinas administrativas para tramitar el cobro del subsidio.  
Como a nadie se le escapa, algunos de estos puntos son complejos, requieren un análisis bastante técnico, y en mi opinión es lo que debería estar ocupando las horas de estudio y negociación de nuestros agentes sociales, en lugar de las obviedades y los “derechos inalienables del trabajador”. Estudiar los detalles, acordar los mecanismos, probar y rectificar las políticas… pero con dos o tres objetivos claros.

31/12/09

Debatiendo en blogs ajenos sobre "productividad"...

Debate en el blog de Egócrata, “Materias Grises”:
ENDER:

Competir internacionalmente” es una de esas piezas de argot que deben ser desterradas

Totalmente de acuerdo con Citoyen. Esa idea de que los países compiten entre ellos en el “mercado internacional” por un trozo del pastel, y que quien se quede atrás se irá a la quiebra y poco menos que engrosará las filas del 3er Mundo, es una chorrada popularizada por ciertos consultores de empresa metidos a asesores de gobiernos que ha calado profundamente en la clase periodística, que la repite hasta la náusea.

Lo que tiene relevancia para el nivel salarial de un país es la productividad interna del país: si tú la haces crecer tu nivel salarial crecerá, independientemente del nivel relativo de dicha productividad frente a la del resto de países.

No olvidemos que la parte que representa el comercio internacional en el PIB es relativamente pequeña. No olvidemos tampoco que el objetivo del comercio internacional es importar, no exportar. Lo repito, por si alguien se ha sorprendido: lo que me hace a mi “más rico” es poder satisfacer fácilmente mi “necesidad” de una tostadora buena, bonita y barata, da igual si la hacen los chinos. Obviamente, un país tiene que buscar la manera de hacer cosas, lo más variadas posible, y que sean buenas, bonitas y baratas, esto es, con alta productividad, y luego vendérselas a quien las demanda, sea dentro o fuera del país.

Lole:
Lo que se está previendo para los próximos 5 años es desalentador: crecimiento moderado, acompañado de niveles de paro enormes. Se teme que las empresas no volverán a estar a máxima capacidad en años, y no volverán a contratar en mucho tiempo, después de haber soltado lastre estos dos últimos años. Este panorama es trágico para los jóvenes, y España lo sufre más que ningún país de su entorno. ¿Y aún creemos que no hay que hacer nada? Mi opinión es que la única opción que no existe es la de no hacer nada.

LOLE:

Ender
Lo que tiene relevancia para el nivel salarial de un país es la productividad interna del país: si tú la haces crecer tu nivel salarial crecerá, independientemente del nivel relativo de dicha productividad frente a la del resto de países.”

Y si un país contiene su nivel salarial también crecerá la productividad interna del país, ¿no?

KANTOR:

Lo que tiene relevancia para el nivel salarial de un país es la productividad interna del país: si tú la haces crecer tu nivel salarial crecerá, independientemente del nivel relativo de dicha productividad frente a la del resto de países.”

También importan los términos de intercambio, Ender. La productividad es “Producto por trabajador”. Pero “producto” es “Precio*cantidad” y el precio relativo de las cosas que producimos empeora conforme más gente las produce.

ENDER (a Lole):

Sí, pero ¿cuánto recorrido tiene esa medida?

Permíteme una pequeña digresión. Definamos Productividad (P) como el cociente entre el Valor Generado (VG) y los Gastos Operativos (GO) necesarios para generar dicho valor. Dentro de estos GO están, lógicamente, los costes fijos como los salarios.

Tenemos, entonces: P = VG / GO

En una empresa, si disminuyes los GO estás incrementando la P, está claro… éste es el “camino fácil” por el que optan muchas empresas (tanto más fácil cuanto más fácil sea despedir), pero tiene un recorrido limitado, pues llega un momento en que no puedes bajar más tus GO sin afectar gravemente al VG. El reto (y en lo que trabajamos algunos, por cierto) es en lograr incrementos del VG.

Traslademos el razonamiento a un país: aunque estos conceptos son más difusos, el principio sigue siendo válido: un país puede incrementar su P si disminuye sus “GO”… y como disminuir salarios no suele ocurrir fácilmente, esto se hace, y vaya si se hace, vía incremento del paro.
O puede incrementar su P aumentando el VG, lo que a su vez puede hacerse “movilizando factores” (capital, trabajo, tierras…) o “haciendo mejor las cosas”. Tanto las reducciones de GO como la movilización de factores suelen dar resultados espectaculares pero limitados en el tiempo. Por lo tanto el reto está en la mejora de la P vía incremento del VG “haciendo mejor las cosas”, pues es la manera de hacerlo sostenible en el tiempo.

En este punto yo distinguiría las situaciones de emergencia (como esta crisis) de las situaciones “normales”. En emergencias, un país se debería plantear la bajada de salarios como vía para aumentar productividad si no quiere incrementos alarmantes del paro. Sin embargo, como ya he dicho, no me parece una via sostenible en el tiempo… en situaciones “normales”, el reto de un país es lograr incrementos sostenidos del VG (lo que es bien difícil, pues es, en palabras de Solow via Kantor, “la medida de nuestra ignorancia”).

La importancia de una reforma laboral, particularmente para España, es por un lado:

- Evitar que los ajustes de productividad se produzcan masivamente vía incrementos del paro

- Favorecer en lo posible (no es la única tecla a tocar) el incremento sostenido del VG

No sé si te he respondido.

ENDER (a Lole):

Pero en los trabajos de poca cualificación (quizás la mayoría en este país), partiendo de que la reducción del GO tiene efectos limitados en el tiempo no cabe otra opción que aumentar el VG incrementando la duración de la jornada, cobrando lo mismo.”

Incrementar la duración de jornada no implica necesariamente aumentar el VG… de hecho, creo que España es precisamente un ejemplo de esto: en los sectores de oficina se trabajan largas jornadas reales para muy poco VG.
Y, aunque incrementar la duración de jornada aumentara el VG, ése es otro caso de “movilización de los factores”, de recorrido limitado…

CITOYEN:

La verdad es que, si me permitís, lo que normalmente entendemos en economía por productividad no es lo que dice Ender. La productividad es una relación entre tecnológica entre inputs y output (cuantos comics puedes producir con X horas de trabajo del dibujante y tantas máquinas de edición), no entre gastos e ingresos. Bajando los salarios no aumentas la productividad, reduces los costes laborales unitarios.

Variación de los salarios= variación de la productividad+variación de los costes laborales unitarios.

ENDER:

lo que normalmente entendemos en economía por productividad no es lo que dice Ender

Ya estabais tardando Kantor o tú en salir a la palestra, je, je…

Veamos: hay varias formas de definir “productividad”, y estoy de acuerdo contigo en que la más adecuada es “output por hora trabajada”, por eso Kantor responde “no” a Lole y yo estuve tentado a responderle también “no” en un primer momento. Al fin y al cabo, si yo me paso 4 de mis 8 hs de trabajo produciendo y las otras 4 perdiendo el tiempo en internet, y de repente mi empresa me reduce el sueldo a la mitad… ¿soy yo más productivo? Realmente no, pues sigo aportando el mismo VALOR a mi empresa… pero lo cierto es que le cuesto menos a mi empresa, por lo que ésta podrá vender su producto más barato, es decir, le estoy aportando más BENEFICIO… acabo de hacer a mi empresa MÁS EFICIENTE, que si bien no es exactamente MÁS PRODUCTIVA, se parece bastante en ciertos contextos.

Para la duda que tenía Lole, me pareció adecuado ampliar la definición de Productividad para tener en cuenta los costes, y creo que ha quedado claro la relación entre las distintas variables… aunque quizás ésa definición de Productividad se use más en el mundo de la empresa, y más como sinónimo de Eficiencia.

¿Seguimos siendo amigos???

CITOYEN:

Bueno, en ese caso puedes hablar de los CLU (costes laborales unitarios) que miden cuanto le cuesta a la empresa el trabajador.

Seguimos siendo amigos, recuerda que cuando yo domine el mundo necesitaré ingenieros y especialistas en recursos humanos que hagan de capataces en las minas de sal.

[...]

Continuación del debate en el blog de Jorge Galindo, “Escritos de Jorge Galindo”:


ALNAIR:

Puntualizar que ciertos negocios se consideran más productivos (Banca) que otros (fabricar automóviles) pues el primero requiere de menos gastos operativos que el segundo, apartándose del concepto de productividad que pueda tener el común de los mortales (un mediocre trabajador de banca “produce” más que un buen operario de una factoría de automóviles).
Así que otra forma de aumentar la productividad (entendida en términos económicos) es cambiar el modelo productivo, esto es, menos agricultura, industria o construcción y más servicios.

ENDER:

Es importante la diferenciación de conceptos que hago en mi anterior comentario, pues la inclusión del término “costes”, o los Gastos Operativos (GO) en la definición de productividad, nos pueden llevar a error. El comentario de Alnair, con el que no estoy de acuerdo, creo que parte de un error de concepto relacionado con esto mismo.

Veamos: la PRODUCTIVIDAD no es el objetivo. Es sólo un MEDIO para conseguir otro objetivo. Por lo tanto, todas las industrias y todos los sectores deben tratar de aumentar su productividad. Distinguir entre “negocios más productivos” y “negocios menos productivos” creo que es un error que no conduce a nada: primero, porque uno de los principios que considero básicos para una economía sana es la DIVERSIFICACIÓN, es decir, un país debe dedicarse a sectores y negocios diversos, y tratar de ser lo más productivo posible en todos ellos.

Como tú mismo, Jorge, has defendido en tu blog, el tan denostado sector turístico es un sector fundamental en la economía de este país, y debe seguir siéndolo. Y también la construcción es un sector que debe aportar una parte importante del PIB… lo único que se está pidiendo (sobre todo para la construcción) es la reducción de su excesivo peso en el PIB, y adecuarlo al de países de nuestro entorno. Pero sería absurdo que España renunciara a sectores donde tiene una ventaja comparativa con otros países, como es el turismo… y esto es independiente de que sea un sector con menos productividad que otros. Porque el objetivo es el BENEFICIO, venga de donde venga, y no la PRODUCTIVIDAD en sí misma, aunque se entiende que hacerla crecer es la mejor manera de aumentar el beneficio de forma sostenida.

En cuanto al comentario de Alnair, no estoy de acuerdo en que la banca sea más productiva que la fabricación de automóviles porque tenga menos gastos operativos, ya que eso depende del Valor Generado por uno y por otro. Se podrá decir, en todo caso, que es más EFICIENTE, porque requiere menos inputs para un output dado, pero para decir que es más productiva debería demostrarse que el Output por hora trabajada es mayor en la banca que en la fabricación de automóviles, lo que no sé si es cierto.

Lo que sí es cierto es que los sectores que tradicionalmente generan más “valor por trabajador” son precisamente las industrias pesadas tradicionales, esto es, las que requieren mucho capital, lo cual tiene toda la lógica del mundo, ej, el refino de petróleo…

Por último, esa recomendación de Alnair para aumentar la productividad abandonando sectores industriales para irnos al sector servicios es inaudita… no sólo la banca es sector servicios… también lo es el turismo, tradicionalmente sector de baja productividad.

CAMBIOSOCIALYA:

Pues me alegra que saquéis el tema de la productividad por aquí, porque también es uno de mis favoritos. Coincido en que Como queráis es un gran blog, de hecho lo tengo enlazado en el mío.

Dicho esto, mi reflexión viene por algo que me ronda la cabeza desde hace mucho tiempo, y que me gustaría comentar con vosotros, que seguro que tenéis muchos más conocimientos que yo para poder resolver mi duda, que tal vez se debe a mi falta de comprensión de este concepto básico.

Me refiero a que se me viene mucho a la cabeza el pensamiento de la relación (o posible relación) del sistema productivo, los sectores con más peso en una economía y la productividad. Lanzo la pregunta, arriesgándome a decir una barbaridad, caso en el cual espero que me corrijáis. ¿Una economía en la que prima el sector servicios…es más dada a tener una productividad más baja que otra en la que otros sectores tengan más peso? Os pongo un ejemplo cutre, pero con el que espero aclarar lo que quiero decir:

Supongamos un restaurante o un bar. Y apliquemos la definición de la productividad que dais a su actividad. Llega un momento en el cual, si su VG ya no da más de sí (cosa subjetiva, por otra parte) tampoco puede hacer mucho más con sus Gastos Operativos, si no es a costa de disminuir su VG. En el caso particular: si disminuye sus gastos, eso repercutirá en el servicio que se da, lo cual le llevará a perder productividad. Lo cual lleva a una especie de círculo vicioso, en el que la propia naturaleza de la actividad impide el incremento de la productividad. A parte de otra cosa, que no sé si influirá en el cálculo: el porcentaje de “factor ocioso” que implica el sector servicios, por ejemplo por su estacionalidad. En el mismo caso del restaurante…¿cómo afecta al cálculo de la productividad que hay momentos en los que no hay más remedio que los trabajadores no hagan nada, esperando a que lleguen clientes? Ya sé que el ejemplo puede parecer cutre o poco representativo, pero solo quería reflexionar un poco sobre estos conceptos desde un punto de vista práctico.

ENDER:

Hola, cambiosocialya.

Trato de responderte. Lo primero, léete los anteriores comentarios, donde hablamos precisamente de ese punto. Sobre tus dudas, mis reflexiones (y recuerda que no soy economista, soy ingeniero):

Productividad de una Economía según el peso de sus sectores: está claro que una economía donde predominen sectores intrínsecamente menos productivos arrojará valores agregados de productividad menores. Por suerte, eso no es lo importante. Simplificando mucho: si yo me dedico básicamente al turismo y mi país vecino se dedica básicamente a fabricar tostadoras, probablemente en valor absoluto mis valores de productividad sean menores que los suyos… sin embargo yo puedo vivir muy bien a costa de los turistas vecinos, y él puede estar jodido si no puede vender bien sus tostadoras. Compararme con él tiene poco sentido. Lo que yo tendré que hacer es ser más productivo en mi sector turístico, y él ser más productivo en su sector industria, si lo que queremos ambos es aumentar nuestro nivel salarial y por tanto nuestro nivel de vida.

Por tanto, primera conclusión relevante: lo que está relacionado con el INCREMENTO de los salarios (=nivel de vida) es el INCREMENTO de la productividad, no los valores absolutos de productividad, ni los valores relativos de unos países con otros.

En este punto entra tu segunda duda: sectores o negocios donde es condenadamente difícil lograr incrementos de productividad. Eso es lo que nos debe preocupar. Y sí, el sector turístico, y la construcción, son sectores donde variar la productividad es difícil, pues son intensivos en mano de obra y los métodos y tecnologías utilizados son, vamos a decir… cutres.

Pero aún así se puede hacer algo. Tomemos tu ejemplo del restaurante: es cierto que las medidas de reducción de los GO tienen un límite, básicamente puede ahorrar en energía eléctrica, calefacción y a/a, renegociar la compra de sus materias primas, y trabajar con el menor personal posible que no afecte al servicio ofrecido. Está claro que a partir de ahí sólo puede tratar de mejorar su VG (para no subjetivizarlo, vamos a cosiderarlo directamente como sus INGRESOS, y vamos a considerar que aumentar los precios no es una opción, para ponerlo más difícil). ¿Cómo puede un restaurante hacer esto?: haciendo que más gente coma en él. ¿Cómo? Mejorando la calidad de la comida (mejores materias primas, mejor cocinero…), diversificando el menú para adecuarlo a mayor nº de personas, estudiando lo que la gente prefiere comer, dando un trato al cliente mejor… mejorando su organización interna, de modo que no haya retrasos ni equivocaciones al servir las mesas, etc. etc. No estoy descubriendo nada nuevo: a menudo todas estas cosas que digo suponen la diferencia entre el fracaso y el éxito de un restaurante… lo cual nos lleva a otro debate interesante: la productividad está íntimamente relacionada con la calidad. Pero esto es otra historia…

ALNAIR:

Ender,
Quizás tú no estés de acuerdo conmigo, pero yo si lo estoy contigo. Más que una paradoja es que mi escueto comentario no explica suficientemente lo que quería expresar.

Parto que siempre me han sorprendido mucho las afirmaciones tales como España es un país con baja productividad, junto con otras tal que la factoría de coches de Opel española es de las más productivas de la compañía (incluidas las factorías alemanas).

Y esto es porque, como bien dices en tu comentario, la productividad de un país al final se mide en riqueza (o beneficios) generados por unidad de trabajo, y no por lo que todo el mundo entendería por productividad, esto es, que es si tu y yo hacemos zapatos y tu produces más cantidad que yo, entonces eres más productivo. Obviamente, si tú produces zapatos y yo calcetines, toda comparación de productividad (en el sentido de quien es mejor en su trabajo) tiene poco sentido.

Así, por ejemplo, se dice que Gran Bretaña tiene una mayor productividad que España, y sin embargo, en los últimos 20 años, la mayoría de sus factorías automovilísticas han tenido que cerrar por no ser competitivas (eso es, suficientemente productivas), a la par que en España se han ido abriendo más factorías.
Resumiendo, hay dos conceptos a los que llamamos productividad y que no deben confundirse. El primero, el que entiende todo el mundo, solo tiene sentido al comparar actividades similares. El segundo, de carácter economicista, quiere medir la productividad a nivel teórico como la ganancia generada por unidad de trabajo.
Si mejoramos la primera productividad, lógicamente también mejoramos la segunda. Pero se puede mejorar la segunda sin cambiar la primera.
Por ejemplo, si tengo un invernadero y contrato a 5 trabajadores con el sueldo mínimo, mi productividad será una.
Si les proporciono maquinaria para trabajar y con solo 3 trabajadores hago el mismo trabajo he mejorado la productividad en la primera acepción.

Si cambio de actividad, y en vez de un invernadero tengo un camping y 5 trabajadores (2 de limpieza, 3 recepcionistas con idiomas) y los beneficios son mayores, he aumentado la productividad en la segunda acepción, y no se puede afirmar ni negar nada sobre la productividad en la primera acepción.
En este ejemplo la primera mejora de la productividad ha disminuido el empleo (aunque si puedo vender más barato quizás pueda ampliar la producción y contratar más gente) y en el segundo se ha contratado a gente más cualificada y con mayores sueldos. Como se ve, ninguna de las dos formas tiene porqué ser mejor que la otra a priori.
Lo que sí está claro es que la primera forma de aumento de productividad tiene menos recorrido. Difícilmente se pueden aumentar los salarios de los trabajadores ya que la mejora de la productividad viene sobre todo por una mayor inversión de capital (maquinaria) y poco por una mayor capacitación del trabajador (aunque los trabajadores tengan un máster, esto no los hace más productivos en ese trabajo en concreto) y siempre habrá países con salarios más bajos que me pueden hacer la competencia ya que ellos también disponen de mano de obra suficientemente cualificada para ese trabajo.
En el segundo caso, si podré (deberé) pagar más a los trabajadores ya que su cualificación es parte importante de la productividad (si no saben idiomas no podré atender a clientes extranjeros) y hay menos países que puedan hacerme la competencia. Generaré más riqueza y por tanto se ha aumentado la productividad del país, sin que eso signifique que los trabajadores sean mejores o peores (más productivos en la primera acepción) en las tareas que desempeñan, si no que esas tareas tienen mayor valor añadido.

Espero haberme explicado mejor esta vez.

ENDER:

Sí, ahora sí estamos (más o menos) de acuerdo, je, je…

8/6/09

SOBRE EL CAMBIO DE MODELO PRODUCTIVO (1ª PARTE). Algunos conceptos básicos: “ventajas comparativas”, “productividad” y “sectores de alto valor añadido

A raíz de la entrada de Egócrata hablando de la “ventaja comparativa”, y de la continuación de Citoyen comentando la idea de la diversificación del modelo productivo de un país, me parece relevante profundizar en un par de ideas al respecto. No pretendo con ello hacer una réplica a ninguno de los dos, pues estoy básicamente de acuerdo con ellos, sino que quiero aprovechar para hablar de varios temas que hace tiempo que me rondan por la cabez…ota.

El enfoque que le da Citoyen al problema de la diversificación es recordarnos que el modelo de especialización del trabajo ha dado resultados espectaculares porque incrementa la eficiencia y permite aprovechar economías de escala. Un país que se especialice en aquello en lo que tiene ventaja comparativa es una gran idea, dice, pero supone asumir un riesgo sobre todo a largo plazo, ante cambios imprevisibles en el mercado. Para gestionar este riesgo, Citoyen propone asegurar ese riesgo de dos maneras: mediante transferencias entre Estados y mediante transferencias hechas a través de los mercados de capital.

Citoyen se ha remontado a unas alturas a las que yo no llego (no es una crítica, es por eso que me gusta leerle, entre otras cosas, je, je…). Aparte de que tengo mis reservas con eso de aplicar el Taylorismo a todo un país (un país entero nunca se especializa en una sola cosa, ni en dos, ni en tres…pero me lo tomaré como una metáfora)…aparte, digo, está el hecho de que se me escapan por completo las sutilezas de tales mecanismos que presenta Citoyen. No obstante lo cual, no los descarto como mecanismos de gestión del riesgo que puedan ser adicionales a otros más pegados a la “economía real”, que son lo que me gustaría comentar en esta, y sobre todo en la siguiente, entrada.

Ahora que llevamos varios meses hablando en blogs y comentarios diversos sobre cambiar el modelo productivo, abandonar sectores de poco valor añadido como la construcción, sobre la necesidad o no de una política industrial, etc., me gustaría desbarrar un poco sobre varios conceptos que están en la boca de todo el mundo: ventajas comparativas, productividad, sectores de alto valor añadido, diversificación. Así que vamos allá, querido lector…

Dos conceptos peligrosos: “competitividad internacional” y “productividad”

Cuando oímos y leemos a cualquiera sobre lo que debe hacer España para salir de la crisis, todos vienen a decir algo así como que debemos aumentar nuestra productividad para ser más competitivos, porque si no otros países se nos comerán por los pies… y cambiar el modelo productivo hacia sectores de más valor añadido que el ladrillo y el turismo de sol y playa, como medio infalible para reducir el paro y competir en la economía internacional en la 1ª división, y bla, bla, bla…

Se manejan aquí dos conceptos que califico de “peligrosos” porque tenemos una fuerte tendencia a simplificarlos: su significado es engañosamente sencillo, se prestan a dar mensajes potentes, aparentemente comprensibles por todo el mundo, y por lo tanto se prestan a que políticos y “expertos” hagan demagogia con ellos, cuando no una mera exhibición de ignorancia. Sin embargo, las sutilezas de ambos requieren de un análisis más profundo. Este análisis, del que hablaré a continuación, no es mío, claro, sino de economistas como Krugman, Solow, Ricardo… (pues aunque me meta mucho con los economistas, me gusta leer a los buenos). Simplemente apuntaré un par de ideas que he creído entender de sus escritos.

La competitividad internacional: la idea de que los países compiten entre ellos por un trozo del pastel del comercio internacional, y que si uno se queda retrasado se verá lastrado en sus niveles de vida, verá incrementar su paro y poco más o menos se verá conducido irremediablemente a la ruina… es, sencillamente, falsa. El comercio internacional no es un juego de suma cero: dos países con intercambios comerciales se verán mutuamente beneficiados de dicho comercio, independientemente de que uno sea muy productivo y otro muy poco, uno compita por la vía de los bajos salarios y otro por la vía de las ganancias de productividad.
Esto de la competitividad está en boca de todo el mundo, y se relaciona habitualmente con el concepto de “ventaja comparativa”, por eso lo he traído a colación… pero normalmente se malinterpreta. Desde David Ricardo, se sabe que un país siempre encontrará una gama de bienes en los que tenga “ventaja comparativa”, y podrá comerciar ventajosamente con ellos, aunque no tenga bienes en que se dé una “ventaja absoluta”.

Seamos claros: es inteligente que un país trate de explotar aquel sector en que tiene una ventaja comparativa, no digamos ya si la tiene por razones naturales o climáticas (by the face, vamos): España tiene sol, pueblos encantadores y muchas playas. Pero esto también lo tienen otros países… sin embargo, España ha sabido posicionarse como destino turístico de primer nivel en todo el mundo: la oferta hotelera es mucha, variada y de muy buena calidad, las playas están limpias y llenas de servicios, la gastronomía se está explotando con inteligencia en casi todas las provincias, etc., etc. Esto es una apuesta inteligente independientemente de que sea un sector de “bajo valor añadido”, y sería estúpido no trabajarlo.
(Lo que no sería inteligente es “especializarse” absolutamente en este sector. Volvemos a lo de no poner todos los huevos en la misma cesta)

Profundicemos un poco en la idea tan repetida últimamente de apostar por sectores “estratégicos” y de “alto valor añadido” para poder “competir”. Normalmente, además, se reclama que esta apuesta sea dirigida desde el gobierno en forma de política industrial. Mis objeciones son dos:

1º.- Los sectores de mayor valor añadido no son los que se piensa habitualmente.

Hay una tendencia casi general a referirse al sector de la alta tecnología y a ponerlo como ejemplo de sector de elevado valor añadido. Esto en general no es más que un prejuicio del imaginario colectivo. Lo lógico es que los sectores con mayor valor añadido por trabajador sean los muy intensivos en capital. No es el caso de los microchips ni de los componentes aeronáuticos, sectores usualmente considerados de alta tecnología. Os adjunto una tabla que, aunque referida a EEUU y un poco antigua, creo que ilustra de sobra esto que digo (Paul Krugman. Foreign Affairs. marzo-abril 1994):







Resulta que los sectores de mayor valor añadido son las industrias pesadas tradicionales. Algo en lo que probablemente nadie está pensando cuando reclaman una reorientación de la política industrial.

2º.- Conocer cuáles son o van a ser los “sectores estratégicos” es complicado. Esto tiene un elevado riesgo de metedura de pata, de orientar mal la política y desperdiciar tiempo y recursos.

Me apoyaré simplemente en una cita de Krugman en el número de julio-agosto de 1994 en Foreign Affairs:

“A lo largo de los últimos diez años un gran programa internacional de investigación ha explorado las posibilidades de las políticas comerciales estratégicas. De él se desprenden dos grandes conclusiones. Primera, la designación de las industrias que deberían recibir ayuda estratégica o la forma y niveles apropiados de ayuda son muy difíciles de determinar. Segunda, aunque la política comercial estratégica tuviese éxito, las ganancias derivadas de la misma es probable que sean muy modestas.”

La productividad: es un concepto misterioso, no en su definición formal (=output por hora trabajada), pero sí en qué mecanismos la hacen crecer, sobre todo a nivel de todo un país.

Kantor tiene una entrada fantástica en la que compara la “productividad” con la “constante cosmológica”, como un factor de ajuste de las ecuaciones del que en realidad lo desconocemos todo. En realidad fue un famoso trabajo de Solow para el gobierno de los EE.UU. el que introdujo el término “productividad” como “la medida de nuestra ignorancia”, pues servía para explicar el crecimiento de la economía cuando no se recurre a movilización de los factores (capital, trabajo, recursos naturales…)… pinchad el enlace, que Kantor lo explica mejor que yo.

El caso es que se terminó definiendo de forma vaga como “la mejora en la utilización de los recursos y los procesos de trabajo”, esto es, usar mejor el pico y la pala: con una cadencia más rítmica, con palas para zurdos y palas para diestros, con palas de diseño más ligero y efectivo, con especialistas en picar y especialistas en dar paletadas… en fin, toda una gama de posibilidades para que se obtenga un mayor resultado de un mismo volumen de factores.

A nivel individual de una empresa o de una actividad productiva, el tema de la mejora de los procesos de trabajo es el área de actividad de la ingeniería industrial (en su acepción anglosajona) o ingeniería de organización (en sentido español). Estudio de “métodos y tiempos”, se le llamaba tradicionalmente, aunque ahora ha evolucionado a temas con mucho más glamour. Casualmente, es a lo que me dedico…

El problema, una vez más, es aplicar estas “mejoras de procesos” al conjunto de las actividades productivas de un país entero. Aquí sí que empezamos a pisar terreno resbaladizo.
Si ya es difícil, y os aseguro que lo es en muchas ocasiones, encontrar en una empresa individual o en un área de la empresa la manera de mejorar la productividad de sus trabajadores, no digamos ya si intentamos mejorar la productividad de todo un país.

¿Merece la pena, entonces, buscar mejoras en la productividad?

Las mejoras de productividad, a persar de lo dicho, son como las meigas: existir, existen. Y tienen una propiedad fundamental: aunque no sepamos muy bien cómo manejar esto de la productividad, la teoría económica nos dice que la tasa de crecimiento de la productividad de un país está directamente relacionada con la tasa de crecimiento en el nivel de ingresos de sus trabajadores, y por tanto, con la mejora de su nivel de vida.

Pero cuidado, pues este resultado puede tardar años en verse reflejado en este nivel de vida. A corto plazo, incrementos de productividad como los asociados por ejemplo a una mayor mecanización y automatización de una industria pueden reducir el nivel de empleo en esa industria, y a largo plazo reducir el peso de esa industria como “empleador” en el conjunto del país (aunque esto último ya tendría poca importancia, pues la mejora ya se habría trasladado al resto de la economía).
Por lo tanto, podemos observar que esto de los incrementos de productividad tiene muchas sutilezas.

Volvamos a las meigas… como las mejoras de productividad, nadie sabe cómo aprehenderlas. Las mejoras de productividad tienen que ver con la innovación, con la mejora tecnológica… pero en el sentido amplio en que los economistas usan el término, que no es (sólo) lo que normalmente se entiende por I+D, sino algo a veces mucho más sutil, relacionado con el cómo se hacen las cosas. Y lograr mejoras en este “cómo” a veces alcanza la categoría de arte, pues a menudo tiene que ver con algo tan cualitativo como las relaciones organizativas, el management de equipos, los procesos de planificación del trabajo… y a menudo sólo se consiguen estas mejoras si logras la motivación y el compromiso de todos los empleados, no sólo la cadena de mando sino hasta el último operario.

Lo repito de nuevo: a nivel de una empresa individual, existen profesionales, o bien de la plantilla de la empresa (como yo mismo) o bien consultores externos, que se dedican a tratar de mejorar la productividad de las distintas áreas y departamentos. El problema puede abordarse con toda una gama de métodos, desde los más simples (casi “a ojo”) como los más sofisticados (6-sigma, investigación operativa…)… y pueden dar resultados espectaculares (filosofías Just in Time, Lean Manufacturing, y un larguísimo etc…), resultados dudosos, o ser simplemente retórica de consultor.

Cuando tratamos de aplicar todo esto al conjunto de un país, y no digamos ya dirigirlo desde un ministerio, ya podemos imaginar la dificultad de la empresa, y lo dudoso de sus resultados. Al final, estas mejoras de productividad, si se consiguen, serán por agregación de las pequeñas o grandes mejoras en la productividad de cada una de las pequeñas y grandes empresas que operan en dicho país. Esto, se puede medir en términos agregados (mediante una “cte. cosmológica”, je, je), pero es muy difícil saber qué teclas tocar y de qué modo para que dicha constante deje de serlo y empiece a crecer de forma sostenida.

¿Entonces… cómo resolvemos este rompecabezas?

Una vez llegados a este punto, podemos retomar las preguntas interesantes:
- ¿Es bueno que un país se especialice en un sector en el que tiene ventaja comparativa?

- ¿Se pueden crear desde el gobierno “ventajas comparativas”?¿Merece la pena impulsar estas políticas?

- ¿Cómo puede una “política industrial” apostar por los sectores adecuados?¿Debe haber “política industrial”, al menos en el sentido descrito?

- ¿Es buena la “diversificación”? ¿Cómo puede un país impulsar la diversificación? ¿Cómo aseguramos que no haya una excesiva dispersión de recursos?

…bueno, amable (y paciente) lector, para indagar en las respuestas, ¡tendrás que comprar el próximo capítulo!

7/5/09

Crisis inmobiliaria y mercado laboral

Esta entrada surgió como comentario a un post de Egócrata, que me salió un poco largo... por tanto, es mejor que leáis primero la entrada de Egócrata, y luego mi respuesta:

Coincido con Roger en la necesidad de reformar el mercado laboral español, pero eso no nos debe hacer caer en excesivas simplificaciones. Cuando dice:
"Y si el ladrillo era tan dominante en España es en parte porque el mercado laboral lo hacía la industria más rentable; temporalidad y subcontratas cuadran mucho con el ladrillo"

...recalcaría lo de "en parte". Una cosa es que cuadre, y otra cosa es que sea la causa fundamental. Hay muchos elementos que confluyeron en el pasado reciente en España para fomentar la burbuja inmobiliaria, a modo de incentivos perversos de todos los participantes, que incluso me lleva a cosiderar la posible "inevitabilidad" de tal burbuja. Sin ánimo de ser exhaustivo, podría citar:

- Fuerte demanda de vivienda en propiedad. No lo olvidemos: el sector creció porque había DEMANDA, propiciada por la emancipación de la generación del baby-boom, por la aversión hispana hacia el alquiler (motivada por un mercado de viviendas en alquiler escaso y poco líquido) e incluso por la llegada de nuevos compradores (inmigrantes).

- Bajos tipos de interés propiciados por elevados flujos de capital internacionales disponibles para invertir.

- Incentivos bancarios basados en el volumen de hipotecas vendidas, relajando irresponsablemente el control del riesgo.

- Empresas de tasación controladas por los bancos y por tanto al servicio de sus intereses y de los clientes a la hora de poner precio a una vivienda.

- Ayuntamientos necesitados de financiación que descubrieron lo fácil que era conseguirla a base de recalificaciones de suelo.

- Administración pública directamente beneficiada mediante impuestos sobre transacciones inmobiliarias (a veces cobrados doblemente).

- Elevadísima tasa de fraude en dichas transacciones (pagos en dinero negro, escrituraciones "imaginativas"...)

- Notarios que sólo cobran y sin ningún papel de control.

Es fácil entender que estos elementos, además, se realimentan unos a otros, por ej: ante la escalada de precios, los propietarios empezaron a comprar pisos no para vivir, sino para especular, lo cual incrementó aún más la demanda, y por tanto los precios...

...y, por supuesto:

- la mano de obra necesitada era mucha y con pocas necesidades de cualificación... ideal para un amplio sector de la población española, tradicionalmente en paro, y sobre todo, para la población inmigrante... unido a una tipología de contratación favorable (contratos basura, temporalidad...ahí le doy a Egócrata toda la razón).

Todo esto, no lo olvidemos, redujo las cifras de paro hasta niveles desconocidos en este país, por lo que los gobiernos de turno tampoco tenían incentivos a poner coto a la situación, prefirieron sacar pecho, hablar del "milagro español" y de la próxima consecución del sueño del pleno empleo.

Con todo ello quiero decir que la estructura del mercado laboral es un elemento más que participó en el drama, pero ni mucho menos el principal... ¿alguien se atreve a afirmar que con otra estructura de contratación no hubiera existido burbuja?. Yo no lo creo, sinceramente...

Por lo tanto, propuestas como por ejemplo las actuales de la CEOE me parecen oportunistas y simplistas. Eso no quiere decir que el mercado laboral español no deba cambiarse, principalmente para eliminar la dualidad (70% de "apoltronados"-30% de "parias"), es más, ME PARECE FUNDAMENTAL PARA SALIR MEJOR DE LA CRISIS Y PARA ENFRENTAR MEJOR LA PRÓXIMA.


Pero me gustaría enfatizar, sin que sirva de precedente, el papel de las empresas en todo esto y, a riesgo de generalizar demasiado, el papel del empresariado español:

- La empresa española no cree en la I+D. Son contadas las que hacen algo al respecto. La participación privada en I+D+i es ridícula.

- Las iniciativas empresariales conducentes a aumentar la productividad (mejorar sus procesos, su tecnología, su capital humano) brillan por su ausencia... es más fácil pedir ayudas al gobierno... y exigir el despido libre, como si eso les fuera a asegurar su futuro.

- La participación privada en mejora de infraestructuras, en proyectos de investigación con universidades... es escasa.

- Normalmente, la empresa española es cortoplacista: cuando Sala i Martín dice que sus alumnos americanos de Columbia quieren crear empresas y los españoles de la Pompeu Fabra trabajar en La Caixa, se le podría responder con otra caricatura: el empresario americano quiere crear una empresa que le sobreviva, una marca que crezca y evolucione... el empresario español quiere hacerse rico pronto, vender (o quebrar) la empresa y salir corriendo...

Por lo tanto: son muchos los palos que hay que tocar para mejorar la situación de la economía española... el mercado laboral es uno de ellos, la política energética y de infraestructuras es otro, agilizar la administración (creación de empresas, judicatura...)... por no hablar de la EDUCACIÓN y el infame trato a los investigadores... pero también el sector empresarial privado tiene que hacer su propia reconversión... principalmente mental.

10/1/09

Un vistazo "doméstico" a las Reformas Estructurales

Tanto Egócrata como Citoyen han iniciado un interesante debate sobre las necesarias reformas que debería afrontar nuestro país para salir con bien no sólo de esta crisis económica, sino de cualquier otra que se pueda presentar.

Voy a comentar muy brevemente un par de puntos de la entrada de Egócrata (sí, muy brevemente, porque soy uno de esos trabajadores españoles que trabajan muchas horas, aunque seguramente para producir poco, de los que comenta Egócrata, pero el caso es que apenas tengo tiempo para atender mi propio blog... Demócrito, coño, deja de estudiar un poco y demuestra en estas páginas lo que sabes, que si no tengo que ser yo y la cosa se resiente...)

Bien, no nos desviemos. Nos dice Egócrata que nos fijemos en el PIB de un país, como producto de las horas trabajadas por la productividad horaria de cada trabajador ($/hr). En España se trabaja bastantes horas, pero la productividad horaria es más bien baja, esto ha sido así históricamente y sin tendencia a mejorar, y es el primer punto citado por propios y extraños, expertos y taxistas, nacionales y extranjeros, cuando se habla del principal problema estructural de la economía española.

Voy a distinguir en mi exposición dos tipos de trabajadores:

1) Aquellos que no están en general regidos por un Convenio Colectivo, o que no dependen de él para su progreso laboral: típicamente, el caso del trabajador con estudios superiores que desempeñe un puesto acorde a su titulación.

2) Aquellos cuyo progreso laboral, remuneración, etc, vienen fuertemente determinados por el Convenio Colectivo al que están sujetos: podrán estar más o menos cualificados, pero en general serán cuadros profesionales sin titulación superior, generalmente sindicalizados.

Sé que esta clasificación admite muchos matices y es posiblemente incompleta, pero para lo que quiero mostrar, me basta, además de que son dos tipos de colectivos que conozco bien.

Empecemos por los primeros (que llamaré "fuera de Convenio"). La mayoría de universitarios que hayan tenido la suerte de acceder a un puesto acorde a su formación, estarán aquí metidos. Nos dice Egócrata que el problema en España es que "los trabajadores se pasan muchas horas en la oficina, pero a menudo no están haciendo gran cosa". Está claro que eso es aplicable a los "fuera de Convenio", porque los otros trabajan estrictamente las horas que marca su convenio, y si trabajan más se consideran horas extra y las cobran. Por eso me ha parecido necesario hacer la distinción. Bien, matices aparte, está claro que ése problema de pasar muchas horas en la oficina pero no hacer gran cosa existe y es importante.

La pregunta que me hago es: ¿es esto sólo responsabilidad del trabajador (como parece sobreentenderse en la entrada de Egócrata) o gran parte de la responsabilidad es de la empresa?

En muchas empresas españolas existe la cultura de "echar horas". Sencillamente, está mal visto que un trabajador se vaya a su hora, es como si eso demostrara poco compromiso con su empresa y con su trabajo. Semejante estupidez es inconcebible en países más arriba de los Pirineos, que sin embargo son más productivos que nosotros. Como, además, esa "cultura" va acompañada de la falta de cultura de medición, de trabajar por resultados, y de meritocracia, el resultado es que sólo te piden que "eches horas". Que cuando el jefe asome la cabeza a las 19:30 o más, esté todo el mundo por allí...

Se puede (y se debe) pedir al trabajador que sea responsable, y que produzca cuando está en el trabajo. Pero no hay que ser ingenuo: si el trabajador no tiene incentivos para producir, porque no se le mide, no se le exige, no se le piden cuentas, y sólo se le piden horas, el resultado es el conocido: como el trabajador no tiene tiempo libre, lo busca en su puesto de trabajo. Llegan los interminables y repetidos cafés con los compañeros, las charletas de pasillo, las consultas a internet... o el simple paseo con papeles en la mano y con aspecto de estar muy ocupado, técnica en la que muchos son auténticos maestros.
Es una especie de venganza contra la empresa, que te hace estar allí todas esas horas. Se da la paradoja de que trabajadores no sindicalizados, actúan con una especie de sindicalismo en su peor acepción, resentidos contra la "empresa explotadora" y pensando en cómo escaquearse en lugar de producir. Ni siquiera hay que llegar a esos extremos: trabajadores productivos y razonablemente satisfechos con su trabajo, podrían hacer el mismo trabajo productivo en menos horas de presencia, si en la empresa hubiera más orientación al resultado y no al número de horas trabajadas.

Por cierto, y dicho sea de paso, la mayoría de estas horas adicionales, en gran parte desperdiciadas, que el trabajador fuera de convenio se pasa en la oficina en España, y posiblemente no declaradas de forma oficial, tengo mis dudas de si están completamente contabilizadas en el cálculo del PIB. De ser así, nuestra productividad sería más baja aún.

¿SOLUCIONES?: abandonar la cultura de "echar horas" en favor de una "cultura del resultado": trabajar por objetivos, por compromisos, planificar (hay un grave déficit de planificación en el trabajo que se hace en España, incluso un cierto desprecio, como si no sirviera para nada y fuera mejor improvisar), medir los resultados, aprender de la experiencia... Una cultura de exigencia de resultados, no para castigar, sino para aprender de los errores. Un empleado motivado es más productivo que uno que echa horas. La empresa debe favorecer un ambiente en que los ciclos de motivación/desmotivación se canalicen adecuadamente: nadie puede estar permanentemente motivado, pero la cultura empresarial puede jugar un papel esencial para favorecer los sucesivos "arranques de la maquinaria", sobre todo de la "maquinaria gris", que es lo que se espera de alguien con formación superior.


Hay otro punto que me gustaría comentar sobre la productividad horaria, ése cálculo de $ producidos por hora trabajada. Este número es un promedio de muchos factores, y como tal promedio puede ser engañoso. Comentado ya por Egócrata el efecto del denominador, las razones que nos pueden llevar a un numerador bajo pueden ser diversas y merecen ser analizadas con atención para cada país. Pues lo más fácil es concluir que el trabajador español es más vago y pierde mucho el tiempo (ya hice mis matizaciones en los párrafos anteriores), pero me parece mucho más interesante tratar de analizar, en los distintos países, y en España en particular, los siguientes puntos que afectan directamente al numerador:

a) Qué tipo de industrias son las predominantes en el país, y si eso justifica o no las diferencias en el numerador. Porque está claro que la traducción a $ de 1 hora trabajada, depende mucho de en qué tipo de trabajo, producto o mercado emplees esa hora. No genera la misma cantidad de $ una hora dedicada a arar la tierra que una hora ensamblando una célula fotoeléctrica. Entraríamos aquí de lleno en el debate de cuánto está afectado el numerador de la productividad horaria en España por la construcción y los servicios poco cualificados, y cuán necesario es cambiar nuestro tejido productivo hacia sectores de mayor productividad horaria per se. Esto se debe hacer con datos en la mano, y fijaos que este asunto tiene poco que ver con echar más o menos horas o con la cultura empresarial.

b) La capacidad del tejido productivo, de la organización de las empresas, para trasladar rápida y efectivamente al mercado el resultado de cada hora trabajada. Son cuestiones relacionadas con la organización, la burocracia interna de la empresas, el time-to-market, la conversión, en definitiva, del trabajo en $, y cuán eficazmente se lleva a cabo por las empresas españolas. Seguro que de este análisis surgirían algunas sorpresas. Aquí sí estamos hablado de cultura y eficacia empresarial, y tiene algo que ver, pero no mucho que ver, con las horas empleadas por cada trabajador.


He dejado para el final el 2º tipo de trabajadores, que llamaré "dentro de Convenio". Los convenios colectivos han representado en el pasado sin lugar a dudas un logro para la defensa del trabajador, y no me extenderé más aquí sobre ello. Me quiero referir aquí específicamente a trabajadores industriales, fuertemente sindicalizados. En estos tiempos en que es tan necesaria la flexibilidad, las rigideces de los Convenios y a menudo la actuación trasnochada de los Sindicatos, son un auténtico lastre. No me refiero a flexibilidad en el despido (que ya tratan Egócrata y Citoyen en sus entradas), sino a una relación laboral con la empresa en la que ésta pueda, al menos, evaluar el desempeño de sus trabajadores y elegir a los mejores para ciertos puestos o promociones, implementar una cierta cultura de la meritocracia también entre estos colectivos. Los Sindicatos pueden y deben participar, pero no deben ser ellos los que dominen el proceso, pues el resultado es el "café para todos" y la defensa del trabajador fijo que lleva años en la empresa en detrimento del que se puede incorporar desde fuera, generalmente más cualificado y motivado.
Es cierto que a veces las empresas prefieren al nuevo porque es más dócil, gana menos y encima está más motivado. Es una actuación indeseable que debe desincentivarse, pero tan mala o peor es la contraria, que está dando lugar a la paradoja siguiente: trabajadores que ganan bastante dinero, tienen el trabajo prácticamente asegurado, y sin embargo están desmotivados, son fuente permanente de conflictos con la empresa, y se convierten en un lastre para ella en lugar de ser un potencial productivo del que sacar ventaja. Y si no que se lo pregunten al sector del automóvil de Detroit.
Lograr el equilibrio, en este tipo de colectivos, es complicado, lo sé. Pero es dramáticamente necesario un cambio de paradigma sindical: con reglas transparentes, con participación de los Sindicatos, como sea, pero la remuneración, el progreso laboral, el acceso a determinados puestos, los premios/castigos, deben ser patrimonio de la empresa y estar sujetos al desempeño y a los méritos de cada trabajador, lejos de las rigideces impuestas por los convenios.