Citoyen le discute esta teoría en otra entrada ("Por qué nadie predijo la crisis III: ¿optimismo irracional?"), en la que generaliza el problema al de entender cómo se forman las creencias colectivas, los patrones de comportamiento generales a partir de ciertas actuaciones "descentralizadas". Citoyen nos habla de la formación de opinión como deseo de pertenecia a un grupo así como la confianza otorgada a ciertos referentes... e incluso mecanismos psicológicos o evolutivos como la disonancia cognitiva.
No es mi intención comentar el post de Citoyen, que trata un tema más profundo y general que el caso concreto de la burbuja inmobiliaria española, pero sí me gustaría hacer alguna matización. Aunque estoy de acuerdo parcialmente con alguna de las cosas que dicen ambos, creo que no hace falta ir tan allá para explicar el comportamiento de los agentes en la burbuja inmobiliaria española. Egócrata habla de optimismo irracional y, sí, ciertamente lo hubo entre muchos de los agentes implicados... Citoyen habla de disonancia cognitiva y, sí, muchos se dejaron arrastrar por la corriente generalizada de opinión ("los pisos no bajarán nunca", "nadie va a vender su piso por menos de lo que le costó", y cosas así...)
Mi problema con ambas entradas, sobre todo con la de Citoyen, es que parecen desprender (reconozco que por un sesgo de interpretación mío, no probablemente por la intención de los autores) una idea de "alucinación colectiva"... caricaturizando mucho, es como si todo el mundo, en el período de la burbuja, se hubiera dejado arrastrar por las promesas de luz y redención de una secta mesiánica... que sólo puede acabar en desastre, claro.
Pero no nos engañemos: la mayoría se vieron (nos vimos) arrastrados por los acontecimientos aun siendo hasta cierto punto conscientes de que el castillo de naipes podía derrumbarse en cualquier momento. Por eso yo hablaba de "inevitabilidad" en mi anterior entrada. Este tema sí que me fascina, ya lo he mencionado en algún post anterior sobre la crisis internacional: cómo los que lo vieron venir no pudieron saltar del barco a tiempo.
No creo que haga falta recurrir a muchos mecanismos psicológicos... no es que todo el mundo sufriera una especie de alucinación colectiva que le hiciera inmune a los peligros de quedar entrampado en la burbuja. Eso puede valer para algunos, pero una burbuja como ésta no se explica sólo por la actuación de un grupo demasiado ignorante, o inconsciente, o excesivamente osado con sus inversiones. No todo el mundo era inconsciente de lo que estaba pasando, y de lo que podía pasar. Sencillamente NO PODÍA escapar de esta dinámica: ¿qué incentivos tiene uno para ser el único que abandona una fiesta en la que todo el mundo está ganando (aparentemente... luego volveré sobre esto)?
Y, no lo olvidemos, la mayoría de estos agentes ganaron, ya lo creo que ganaron... incluso los eslabones más débiles de la cadena, como luego se vió dramáticamente: trabajadores de la construcción, promotoras e inmobiliarias, particulares que compraron y vendieron cuando el precio aún estaba subiendo... todos ganaron en algún momento del ciclo... para todos ellos, no había ninguna "alucinación": si estás ganando dinero, ¿cómo vas a ser el único "tonto" que abandone la fiesta?
Es como si todos hubiéramos jugado a un juego consistente en dar un soplido a un globo para hincharlo cada vez más, y con cada soplido, uno trincaba dinero. Sí, es cierto que muchos inconscientes soplaban sin tener ni idea de lo que podía pasar... pero otros muchos sabían perfectamente lo que iba a pasar... aún así soplaron, en la esperanza de que no fuera su soplido el que hiciera estallar en globo. Y, la mayoría, teníamos razonables dudas sobre la cosa, pero no nos quedó más remedio que soplar, cruzando los dedos para apartarse de allí antes de que la cosa estallara.
Y a muchos les salió bien: a todos los que se apartaron con sus ganancias antes de que el globo estallara. ¿A quién le salió mal, entonces?: a los últimos que llegaron, a los que les estalló el globo en pleno soplido... ¿y sólo a esos??? No, por desgracia no sólo a esos. Porque el problema de esta metáfora es que muchos agentes, no es que estuvieran ganando dinero directamente, sino que estaban ADQUIRIENDO UNA DEUDA. Y el que no midió bien sus riesgos, que fueron muchos, y no sólo particulares, sino también inmobiliarias y bancos, ahora están entrampados hasta las cejas.
Qué ironía: parte de la alucinación colectiva se materializaba en la frase: "utiliza tus ahorros para comprarte una casa, que eso sí es una gran inversión"... efectivamente, era como una inversión en bolsa, ASÍ DE ARRIESGADA, ASÍ DE VOLÁTIL, y como toda inversión en bolsa, puede subir, puede bajar, y se puede desplomar. Por lo que ahora, muchos "inversores" han perdido dinero... han comprometido sus ahorros de toda la vida en una casa que pronto valdrá la mitad. Y la cosa no irá del todo mal si sólo compraron para vivir en ella y mientras no se queden en paro...
Se me ocurren dos preguntas, para finalizar el comentario.
- Se ha destruido riqueza. ¿Es lícito pedir cuentas a alguien?
Está claro que muchas de estas inversiones, fallidas, no eran inconscientes ni inocentes... muchos de los que han perdido en este juego tendrán que pagar las consecuencias sin más. Esto lo explica mucho mejor que yo Kantor en este post, y Michael Boldrin en este artículo: es imprescindible que los leáis.
¿Y para los trabajadores que quedan en paro y las pequeñas empresas arruinadas, para los que no manejan este tipo de información? ¿Es lícito pedir cuentas a los gobiernos de turno? ¿Podían hacer algo los gobiernos, cuando el paro se estaba reduciendo tanto (incluido el inmigrante) y los indicadores parecían ir tan bien?
- ¿Son suficiente los indicadores y señales de alarma que se utilizan habitualmente?
Citoyen dice en su post que "todo esto ocurrió porque los datos eran ambiguos".
No me parece suficiente justificación. Si los datos eran tan ambiguos, si los indicadores eran tan interpretables... HAY QUE CUESTIONARSE LOS INDICADORES. Y a quien los interpreta. Si no, todo esto volverá a pasar.
Dejemos ambas cuestiones para otro post, o para las aportaciones del simpático lector.
