10/5/09

¿Irracionalismo voluntario o bola de nieve desbocada?

Mi anterior entrada ha sido elogiada por Egócrata (cosa que le agradezco de veras) en un post titulado Irracionalismo voluntario. En él, Egócrata hace una interpretación de una parte muy concreta de mi entrada anterior, que me ha sorprendido un poco, pues a mi no se me había ocurrido considerarlo exactamente de ese modo. La cosa vendría a ser algo así: la actitud de los distintos actores que participaron (participamos) en la burbuja inmobiliaria se podría considerar de irracional "a propósito", a sabiendas, puesto que todos estaban ganando dinero. Y particularmente la del gobierno, de un "optimismo irracional" al proclamar el milagro español desoyendo las señales de alarma, "como una justificación gloriosa del status quo".


Citoyen le discute esta teoría en otra entrada ("Por qué nadie predijo la crisis III: ¿optimismo irracional?"), en la que generaliza el problema al de entender cómo se forman las creencias colectivas, los patrones de comportamiento generales a partir de ciertas actuaciones "descentralizadas". Citoyen nos habla de la formación de opinión como deseo de pertenecia a un grupo así como la confianza otorgada a ciertos referentes... e incluso mecanismos psicológicos o evolutivos como la disonancia cognitiva.


No es mi intención comentar el post de Citoyen, que trata un tema más profundo y general que el caso concreto de la burbuja inmobiliaria española, pero sí me gustaría hacer alguna matización. Aunque estoy de acuerdo parcialmente con alguna de las cosas que dicen ambos, creo que no hace falta ir tan allá para explicar el comportamiento de los agentes en la burbuja inmobiliaria española. Egócrata habla de optimismo irracional y, sí, ciertamente lo hubo entre muchos de los agentes implicados... Citoyen habla de disonancia cognitiva y, sí, muchos se dejaron arrastrar por la corriente generalizada de opinión ("los pisos no bajarán nunca", "nadie va a vender su piso por menos de lo que le costó", y cosas así...)


Mi problema con ambas entradas, sobre todo con la de Citoyen, es que parecen desprender (reconozco que por un sesgo de interpretación mío, no probablemente por la intención de los autores) una idea de "alucinación colectiva"... caricaturizando mucho, es como si todo el mundo, en el período de la burbuja, se hubiera dejado arrastrar por las promesas de luz y redención de una secta mesiánica... que sólo puede acabar en desastre, claro.

Pero no nos engañemos: la mayoría se vieron (nos vimos) arrastrados por los acontecimientos aun siendo hasta cierto punto conscientes de que el castillo de naipes podía derrumbarse en cualquier momento. Por eso yo hablaba de "inevitabilidad" en mi anterior entrada. Este tema sí que me fascina, ya lo he mencionado en algún post anterior sobre la crisis internacional: cómo los que lo vieron venir no pudieron saltar del barco a tiempo.


No creo que haga falta recurrir a muchos mecanismos psicológicos... no es que todo el mundo sufriera una especie de alucinación colectiva que le hiciera inmune a los peligros de quedar entrampado en la burbuja. Eso puede valer para algunos, pero una burbuja como ésta no se explica sólo por la actuación de un grupo demasiado ignorante, o inconsciente, o excesivamente osado con sus inversiones. No todo el mundo era inconsciente de lo que estaba pasando, y de lo que podía pasar. Sencillamente NO PODÍA escapar de esta dinámica: ¿qué incentivos tiene uno para ser el único que abandona una fiesta en la que todo el mundo está ganando (aparentemente... luego volveré sobre esto)?

Lo repito una vez más: el esquema de incentivos era tal que todos, absolutamente todos los agentes, PARECÍAN salir ganando: compradores de pisos, bancos, tasadoras, notarios, promotores, constructoras, empleados de la construcción, gobierno (vía impuestos, reducción del paro y asimilación de mano de obra inmigrante), ayuntamientos (cuyas necesidades no resueltas de financiación, para ofrecer servicios a los ciudadados, más allá de corrupciones evidentes, son bien reales...)

Y, no lo olvidemos, la mayoría de estos agentes ganaron, ya lo creo que ganaron... incluso los eslabones más débiles de la cadena, como luego se vió dramáticamente: trabajadores de la construcción, promotoras e inmobiliarias, particulares que compraron y vendieron cuando el precio aún estaba subiendo... todos ganaron en algún momento del ciclo... para todos ellos, no había ninguna "alucinación": si estás ganando dinero, ¿cómo vas a ser el único "tonto" que abandone la fiesta?

Es como si todos hubiéramos jugado a un juego consistente en dar un soplido a un globo para hincharlo cada vez más, y con cada soplido, uno trincaba dinero. Sí, es cierto que muchos inconscientes soplaban sin tener ni idea de lo que podía pasar... pero otros muchos sabían perfectamente lo que iba a pasar... aún así soplaron, en la esperanza de que no fuera su soplido el que hiciera estallar en globo. Y, la mayoría, teníamos razonables dudas sobre la cosa, pero no nos quedó más remedio que soplar, cruzando los dedos para apartarse de allí antes de que la cosa estallara.

Y a muchos les salió bien: a todos los que se apartaron con sus ganancias antes de que el globo estallara. ¿A quién le salió mal, entonces?: a los últimos que llegaron, a los que les estalló el globo en pleno soplido... ¿y sólo a esos??? No, por desgracia no sólo a esos. Porque el problema de esta metáfora es que muchos agentes, no es que estuvieran ganando dinero directamente, sino que estaban ADQUIRIENDO UNA DEUDA. Y el que no midió bien sus riesgos, que fueron muchos, y no sólo particulares, sino también inmobiliarias y bancos, ahora están entrampados hasta las cejas.

Qué ironía: parte de la alucinación colectiva se materializaba en la frase: "utiliza tus ahorros para comprarte una casa, que eso sí es una gran inversión"... efectivamente, era como una inversión en bolsa, ASÍ DE ARRIESGADA, ASÍ DE VOLÁTIL, y como toda inversión en bolsa, puede subir, puede bajar, y se puede desplomar. Por lo que ahora, muchos "inversores" han perdido dinero... han comprometido sus ahorros de toda la vida en una casa que pronto valdrá la mitad. Y la cosa no irá del todo mal si sólo compraron para vivir en ella y mientras no se queden en paro...

Se me ocurren dos preguntas, para finalizar el comentario.

- Se ha destruido riqueza. ¿Es lícito pedir cuentas a alguien?
Está claro que muchas de estas inversiones, fallidas, no eran inconscientes ni inocentes... muchos de los que han perdido en este juego tendrán que pagar las consecuencias sin más. Esto lo explica mucho mejor que yo Kantor en este post, y Michael Boldrin en este artículo: es imprescindible que los leáis.

¿Y para los trabajadores que quedan en paro y las pequeñas empresas arruinadas, para los que no manejan este tipo de información? ¿Es lícito pedir cuentas a los gobiernos de turno? ¿Podían hacer algo los gobiernos, cuando el paro se estaba reduciendo tanto (incluido el inmigrante) y los indicadores parecían ir tan bien?

- ¿Son suficiente los indicadores y señales de alarma que se utilizan habitualmente?
Citoyen dice en su post que "todo esto ocurrió porque los datos eran ambiguos".
No me parece suficiente justificación. Si los datos eran tan ambiguos, si los indicadores eran tan interpretables... HAY QUE CUESTIONARSE LOS INDICADORES. Y a quien los interpreta. Si no, todo esto volverá a pasar.

Dejemos ambas cuestiones para otro post, o para las aportaciones del simpático lector.

7/5/09

Crisis inmobiliaria y mercado laboral

Esta entrada surgió como comentario a un post de Egócrata, que me salió un poco largo... por tanto, es mejor que leáis primero la entrada de Egócrata, y luego mi respuesta:

Coincido con Roger en la necesidad de reformar el mercado laboral español, pero eso no nos debe hacer caer en excesivas simplificaciones. Cuando dice:
"Y si el ladrillo era tan dominante en España es en parte porque el mercado laboral lo hacía la industria más rentable; temporalidad y subcontratas cuadran mucho con el ladrillo"

...recalcaría lo de "en parte". Una cosa es que cuadre, y otra cosa es que sea la causa fundamental. Hay muchos elementos que confluyeron en el pasado reciente en España para fomentar la burbuja inmobiliaria, a modo de incentivos perversos de todos los participantes, que incluso me lleva a cosiderar la posible "inevitabilidad" de tal burbuja. Sin ánimo de ser exhaustivo, podría citar:

- Fuerte demanda de vivienda en propiedad. No lo olvidemos: el sector creció porque había DEMANDA, propiciada por la emancipación de la generación del baby-boom, por la aversión hispana hacia el alquiler (motivada por un mercado de viviendas en alquiler escaso y poco líquido) e incluso por la llegada de nuevos compradores (inmigrantes).

- Bajos tipos de interés propiciados por elevados flujos de capital internacionales disponibles para invertir.

- Incentivos bancarios basados en el volumen de hipotecas vendidas, relajando irresponsablemente el control del riesgo.

- Empresas de tasación controladas por los bancos y por tanto al servicio de sus intereses y de los clientes a la hora de poner precio a una vivienda.

- Ayuntamientos necesitados de financiación que descubrieron lo fácil que era conseguirla a base de recalificaciones de suelo.

- Administración pública directamente beneficiada mediante impuestos sobre transacciones inmobiliarias (a veces cobrados doblemente).

- Elevadísima tasa de fraude en dichas transacciones (pagos en dinero negro, escrituraciones "imaginativas"...)

- Notarios que sólo cobran y sin ningún papel de control.

Es fácil entender que estos elementos, además, se realimentan unos a otros, por ej: ante la escalada de precios, los propietarios empezaron a comprar pisos no para vivir, sino para especular, lo cual incrementó aún más la demanda, y por tanto los precios...

...y, por supuesto:

- la mano de obra necesitada era mucha y con pocas necesidades de cualificación... ideal para un amplio sector de la población española, tradicionalmente en paro, y sobre todo, para la población inmigrante... unido a una tipología de contratación favorable (contratos basura, temporalidad...ahí le doy a Egócrata toda la razón).

Todo esto, no lo olvidemos, redujo las cifras de paro hasta niveles desconocidos en este país, por lo que los gobiernos de turno tampoco tenían incentivos a poner coto a la situación, prefirieron sacar pecho, hablar del "milagro español" y de la próxima consecución del sueño del pleno empleo.

Con todo ello quiero decir que la estructura del mercado laboral es un elemento más que participó en el drama, pero ni mucho menos el principal... ¿alguien se atreve a afirmar que con otra estructura de contratación no hubiera existido burbuja?. Yo no lo creo, sinceramente...

Por lo tanto, propuestas como por ejemplo las actuales de la CEOE me parecen oportunistas y simplistas. Eso no quiere decir que el mercado laboral español no deba cambiarse, principalmente para eliminar la dualidad (70% de "apoltronados"-30% de "parias"), es más, ME PARECE FUNDAMENTAL PARA SALIR MEJOR DE LA CRISIS Y PARA ENFRENTAR MEJOR LA PRÓXIMA.


Pero me gustaría enfatizar, sin que sirva de precedente, el papel de las empresas en todo esto y, a riesgo de generalizar demasiado, el papel del empresariado español:

- La empresa española no cree en la I+D. Son contadas las que hacen algo al respecto. La participación privada en I+D+i es ridícula.

- Las iniciativas empresariales conducentes a aumentar la productividad (mejorar sus procesos, su tecnología, su capital humano) brillan por su ausencia... es más fácil pedir ayudas al gobierno... y exigir el despido libre, como si eso les fuera a asegurar su futuro.

- La participación privada en mejora de infraestructuras, en proyectos de investigación con universidades... es escasa.

- Normalmente, la empresa española es cortoplacista: cuando Sala i Martín dice que sus alumnos americanos de Columbia quieren crear empresas y los españoles de la Pompeu Fabra trabajar en La Caixa, se le podría responder con otra caricatura: el empresario americano quiere crear una empresa que le sobreviva, una marca que crezca y evolucione... el empresario español quiere hacerse rico pronto, vender (o quebrar) la empresa y salir corriendo...

Por lo tanto: son muchos los palos que hay que tocar para mejorar la situación de la economía española... el mercado laboral es uno de ellos, la política energética y de infraestructuras es otro, agilizar la administración (creación de empresas, judicatura...)... por no hablar de la EDUCACIÓN y el infame trato a los investigadores... pero también el sector empresarial privado tiene que hacer su propia reconversión... principalmente mental.

2/4/09

El fin de la infancia


Casi todos los domingos paseamos, Vicky y yo, por la Dehesa de la Villa. Me hago viejo y tengo, claro, costumbres de viejo: repetidas, tranquilizadoras. El último domingo, a la vuelta, nos encontramos con una charanga, apenas cuarenta personas tras una pancarta y dos muñecos grandotes guiados por cordeles. Casi todos ellos iban disfrazados, casi todos con festivas pinturas de guerra. El lema que les precedía era algo así como "Por un barrio solidario y mestizo”. Hacían ruido de tambores y juegos de malabares.


“Yo también estoy por un barrio mestizo y solidario”, dije, “pero no hago ruido”. Vicky respondió: “entonces nadie lo sabrá” .


Tenía razón, como tantas veces. Me pregunto cuándo empecé a sentirme ridículo al defender ideales. Qué día me encontró revolviendo cifras y gráficos, tratando de comprender las cosas desde lejos y, desde luego, sin hacer ruido. Cuándo sustituí palabras como “bueno” o “injusto” por “retroalimentación positiva” o “desestabilizador”. Cuándo me abandonó la inocencia y me casé de penalti con la ironía.


Hace tiempo conocí a un chaval, muy majo, que a veces llevaba una camiseta roja. En blanco, en tipos grandes, estaba escrito: “Non serviam”. Y un poco más abajo, dejándolo claro: “Orgullo obrero”. Yo quise hacerme una camiseta parecida, ya digo que fue hace mucho tiempo, pero como tantas otras cosas, se me olvidó.


Ahora ya no podría ponérmela: combinaría fatal con la barriga, combinaría fatal con mi cinismo, combinaría fatal con las canas y con mis amigos. Supongo que con mi inocencia pasó lo mismo y por eso se largó, sin dejar siquiera un mensaje escrito con pintalabios en el espejo.

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31/3/09

¿Legalización?


"...Y yo me quedo en casa, me duele todo,
quién va a aguantarme con este mono...
Y yo me quedo en casa, no necesito
tenerte cerca cuando vomito...
Me da igual.
me voy a poner deltoya sin parar.
me da igual deltoya.
Voy a dar la vuelta a tó y no sé muy bien porqué:
y a romper deltoya.
Y a firmar en todas las paredes con mi piel..."

Extremoduro, "Deltoya"


Requería hace tiempo Citoyen una reflexión sobre una cuestión discutida numerosas veces: la legalización de algunas drogas, hoy por hoy, vetadas por la ley. Algunos, como Lüzbel, ya han aportado su análisis al respecto y he querido participar por lo interesante del asunto.

Quizá lo primero sea determinar el problema. Podríamos tomarlo como una cuestión de principios pero hacerlo así suele llevarnos al encontronazo. Invocar la libertad individual, por ejemplo, está muy bien, pero lo cierto es que todos y cada uno de los ciudadanos limitamos nuestro albedrío, con más o menos duelo, a cambio de seguridad y bienestar. Pongamos un ejemplo: a más de uno le gustaría tener un Kalashnikov en su casa, quizá sólo para colgarlo, inofensivo, al lado del cuadro abundante en jinetes y sabuesos que aburre el salón. El hecho es que, con muy buen criterio, la administración no nos deja tener armas de repetición en nuestro domicilio para epatar a las visitas. A alguno esto le parecerá una intolerable limitación de sus libertades, pero es posible que a las víctimas de Tim Kretschmer hasta les haya parecido un poco laxo el control de armas de fuego en la República Federal Alemana. Por contra, podemos proclamar la absoluta necesidad moral de erradicar el consumo de estupefacientes, perdiendo de vista las dificultades casi inabordables que impiden tal opción, empecinándonos en la represión a ultranza de la distribución y el consumo. No es una opción prudente y, sobre todo, ha demostrado fracasar en sus objetivos.

Así que en este asunto hay que tratar de encontrar un adecuado equilibrio entre bienestar social y libertad individual. Este equilibrio es dinámico y alcanzarlo exige tomar en cuenta las circunstancias, la historia, los medios, etc... la fea realidad, vamos. Los principios y valores irrenunciables mejor se los dejamos a los testigos de Jehová.

Sabido esto, podemos centrarnos en comprender los perjuicios que el uso de las drogas actualmente ilegalizadas trae al individuo y a la sociedad. A partir de aquí habría que instrumentar los medios que permitan limitar al máximo estos perjuicios, tratando al mismo tiempo de vulnerar lo menos posible la libertad individual. Veamos.

Aunque el término es quizá demasiado amplio, voy a considerar que droga es toda substancia cuya metabolización provoca un efecto narcótico, depresor, estimulante o alucinógeno. Esta definición, cómo no, es discutible, pero creo que suficiente para continuar con la discusión.

Si tal cosa fuera meramente así y no tuviera más consecuencias no habría mayor problema. Hay quien alcanza los estados descritos arriba leyendo a Lois Mac Master Bujold, montando en moto o practicando sexo con su vecinita de dieciocho años. De hecho, la práctica de tales actividades no sólo es legal si no que por mi parte lo aconsejo encarecidamente. Por contra, el consumo de drogas:

- Puede originar alteraciones en el estado de conciencia que den lugar a conductas peligrosas.

- Suele provocar, en mayor o menor grado, adicción.

- Implica, si es abusivo, daños a la salud más o menos graves en función de los hábitos de consumo y del tipo de droga de la que se trate.

Esto, en un estado social y de derecho como el nuestro, implica necesariamente la intervención de la administración para solventar o paliar los perjuicios causados por el consumo de drogas. Desde la restauración de la seguridad ciudadana hasta el cuidado sanitario del consumidor, pasando por la resolución de conflictos laborales o de deficiencias educativas originadas en los hábitos de consumo. Todo esto supone vulneraciones a bienes jurídicos de otros ciudadanos en el peor de los casos (un homicidio causado bajo influencia del alcohol, p.ej) y un considerable gasto de recursos por parte de la administración en el mejor.

Por lo tanto, es obvio que el estado ha de utilizar los medios adecuados para que el consumo abusivo de drogas sea el menor posible. Acentúo la importancia de la palabra "adecuados", pues sobre este concepto gira buena parte del razonamiento. Adecuado significa que ha de existir proporcionalidad entre los medios utilizados y los objetivos alcanzados. De poco sirve lograr un consumo de drogas casi nulo a cambio de convertir el nuestro en un estado policial, donde se vulneren las libertades y haya que gastar el 5% del presupuesto de las administraciones públicas en combatir el tráfico y consumo de estupefacientes.

El primer paso sería, pues, conocer los costos que origina tal consumo. Podríamos dividirlos en:

- Gastos soportados por el estado: de seguridad ciudadana, judiciales, penitenciarios, sanitarios, educativos y de la seguridad social.

- Gastos soportados por las empresas: absentismo laboral, bajo rendimiento, falta de adaptación y conflictos laborales.

- Gastos sociales, éstos más difíciles de cuantificar, como la desintegración familiar, influencia en el fracaso escolar, conducta desviada pre-delincuencial, psicopatologías y corrupción política y financiera.

Hay que hacer notar que la aplicación de políticas más o menos restrictivas respecto a la distribución y consumo de drogas inciden desigualmente en unos u otros. Así, una liberalización total supondría, seguramente, una muy drástica bajada en los costos de seguridad ciudadana, jurídicos, penitenciarios y en los asociados a la corrupción, pero una probable subida en el resto. Lo contrario es válido según éstas políticas sean más restrictivas.

A partir de aquí habría que estudiar más a fondo las consecuencias de la legalización y regulación del comercio de drogas. Citoyen afirma, y Lüzbel, matizándolo, está de acuerdo, en que tal legalización supondría un aumento, en agregado, del consumo. Las causas que lo provocarían serían varias pero se apuntan éstas:

- La legalización implicaría una normalización del consumo, la aceptación por parte de la sociedad de que no es una conducta censurable en tanto que no es punible.

- El menor precio y la mayor facilidad de adquisición aumentarían la demanda.

Bien, para comprobar si esto es así sería aconsejable conocer las causas por las que una persona consume drogas. Digo que es aconsejable puesto que nos permite saber si la ilegalización actúa sobre las causas o simplemente modula la conducta, reprimiéndola en este caso, como sugiere Lüzbel.

Me voy a meter en un terreno que no es el mío, así que los psicólogos de la sala pueden proceder a tirar piedras cuando lo deseen. En mi opinión las causas que empujan al consumo y posterior adicción a las drogas son diversas, pero en buena medida se originan en la frustración. Simplificando mucho, actuamos tratando de cubrir necesidades. Al lograrlo, se produce un equilibrio que se rompe de nuevo al surgir otra necesidad. El hecho es que muchas veces no logramos cubrirlas. Cuando esto sucede repetidas veces se produce frustración, algo que da lugar a un estado muy desagradable que nuestro organismo desea evitar. Las respuestas son variadas y dependen de las circunstancias y el individuo, pero una de ellas es la búsqueda de sustitutos que ofrezcan sensaciones similares a las logradas al cubrir la necesidad causante de la frustración, o que directamente permitan recuperar el equilibrio siquiera sea temporalmente.

Ciertos individuos utilizarán esta respuesta con mayor probabilidad que otros. Y dentro de esta respuesta existe la posibilidad de utilizar medios que originen consecuencias neutras o incluso positivas, como hacer deporte, o utilizar otros cuyas consecuencias pueden ser desastrosas, desde hacer carreras ilegales a pincharse heroína.

A esto se añade otro aspecto que es crucial, y que Lüzbel , acertadamente, ha tomado en cuenta: el grupo de pares. Cometemos el error de tomar la sociedad como un bloque con caracerísticas coherentes, y desde luego no es así. Toda sociedad es un conjunto dinámicamente relacionado de grupos. Un individuo pude pertenecer a varios de estos grupos, y en cada uno de ellos adoptar una conducta adecuada a sus requisitos. Lo considerado convencional, normal o virtuoso en tales grupos no coincide neesariamente con la superestructura moral que creemos mayoritaria o aceptada, por lo que la reprobación, jurídica o no, no los permea. Pasar tres días y dos noches consumiendo derivados de las anfetaminas bajo el sonido atronador que regala DJ Mulo es una conducta prefectamente apropiada en ciertos ambientes, así como emborracharse hasta las trancas en una despedida de soltero lo es en otros.

Con esto quiero decir que el peso de la reprobación social puede ser muy pequeño en aquellos individuos que deciden consumir drogas consistentemente. Además, éstos no harán un análisis racional profundo puesto que muchas veces no reconocen las motivaciones que los empujan. Y por otra parte minimizarán las consecuencias para reducir la disonancia cognitiva que origina afrontar tales riesgos por un premio tan exiguo. El análisis racional, por tanto, nos orientará poco para comprender sus motivaciones y conducta

Quiero traer a colación un aspecto que no he visto tomar en cuenta, y es la posibilidad de tener una relación no destructiva con las drogas. Pensamos que todo consumidor es un adicto al borde de la ruina física y psicológica, pero hay personas que consumen drogas sin autodestrirse. Muchos bebemos pequeñas cantidades de alcohol (no Citoyen, tres borracheras semanales no son pequeñas cantidades) y eso no supone una merma física o intelectual apreciable. Con otras drogas el equilibrio puede ser más difícil, pero es posible. ¿Por qué digo esto? Porque quizá parte del aumento del consumo no signifique automáticamente perjuicios sociales. Es algo que habría que tomar en cuenta.

Pero volvamos con el protagonista, el consumidor adicto que se daña y muy probablemente nos dañe a los demás, si no es directamente sí en nuestro bolsillo. Decía que el análisis racional no nos va a describir bien los motivos de la conducta de estas personas. No va a influir en ellos en exceso la reprobación social y tampoco la dificultad relativa de conseguir drogas en el mercado negro, que por cierto creo se exageran. A mí, que vivo cerca de Cuatro Caminos, me sería más fácil conseguir hachís o cocaína que un repuesto para la moto. Y en todo caso, estas dificultades afectarán más al consumidor "responsable" que describo más arriba. Por tanto, si queremos minimizar este tipo de conductas hemos de entender sus motivos y tratar de corregir aquello que los originó. Desgraciadamente, esto no se logra mediante regulaciones represivas. Servirán de catalizador, quizá alejen a personas socialmente adaptadas de la droga a cambio de hundir más aún a los consumidores socialmente marginados, pero no atacan el origen del problema y sí consiguen distorsionar aún más el mercado, enquistar los problemas y alimentar la corrupción.

¿Cuáles serían, entonces, las causas que llevarían al consumo irresponsable? Aquellas que originan tal frustración en algunos individuos que llegan al extremo de buscar soluciones de compensación rápidas y sencillas, aunque sus efectos puedan ser devastadores. Desde mi perspectiva, y a vuelapluma, podrían distinguirse en infraestructurales y estructurales. Las primeras posibilitarían y alimentarían a las segundas, aunque todas pueden relacionarse entre sí y producir ciclos de retroalimentación.

Las estructurales:

- Marginación socio-económica. No necesita comentarios.
- Fracaso o inadaptación socio-laboral. Aquí entra desde el parado de larga duración al ejecutivo que dedica trece horas diarias al trabajo y abandona otras facetas de su desarrollo (familiares, culturales, etc.)
- Desintegración familiar. Muy relacionada con las anteriores.

Las superestructurales:

- Fracaso educativo: referido no tanto a la formación académica, sino al proceso de socialización. Característico de personas educadas en medios autoritarios, violentos, carentes de empatía, etc...
- Fracaso escolar: retroalimenta con la marginación y el fracaso laboral.
- Adaptación asimétrica a grupos o roles: esto implica que la persona está muy adaptada a su grupo de pares, donde encuentra seguridad y aceptación, y muy mal adaptada al entorno laboral, p. ej. Puede suceder al contrario.

A tenor de todo esto, en mi opinión, una política decidida en contra del consumo pasaría por combatir estas causas así como en una liberalización progresiva y regulada. Esto exigiría pasos como los siguientes:

- Experiencias piloto previas que permitieran observar el alcance de los cambios aplicados. Las salas de venopunción y otros programas ya en marcha pueden aportar información muy pertinente a estos efectos. Se podrían diseñar otros, como por ejemplo la legalización del comercio derivados del cannabis regulado bajo ciertas condiciones.

- La legitimación exclusiva de ciertos agentes capacitados (farmacias, p. ej.) para la distribución.

- La gravación fiscal de las sustancias así como la advertencia pública de su peligrosidad, como se realiza actualmente con el tabaco.

- Sistemas de identificación del consumidor para evitar el consumo de menores, las sobredosis o el menudeo ilegal. Un carnet asociado a un consumo máximo diario verificado por el agente distribuidor legitimado, por ejemplo.

- Una estructura social y sanitaria de reinserción.

- Etc...

Eso en lo que respecta al tratamiento, los esfuerzos deberían ser aún mayores en la lucha contra las causas primeras del consumo: marginación, desintegración familiar, fracaso educativo y escolar, etc... Pero esto implica políticas muy amplias, transversales y multidisciplinares, que no es lugar para discutir ahora.
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26/3/09

La culpa es del vecino de arriba

Hay una discusión en Lorem Ipsum, atendiendo a los movimientos estudiantiles anti-Bolonia, donde Citoyen se pregunta por qué se acaban echando siempre las culpas a Bruselas de todo. He de decir que su lamento es el de un tecnócrata herido en su amor propio, pero no por ello está menos justificado.

En "Postguerra", un libro que ya he recomendado, a Tony Judt no le duele afirmar que la C.E.E, luego C.E y luego U.E, ha sido utilizada numerosas veces para justificar medidas dolorosas pero necesarias. Francia e Italia, por ejemplo, han podido aplicar un mayor rigor en el gasto público repetidas veces, excusándose en que eran requisitos exigidos por la U.E. Con el Plan Bolonia , salvadas las distancias, ha sucedido lo mismo. Un plan que es, esencialmente, la homologación de la educación superior en un ámbito multinacional. Con el pérfido objetivo de que todo titulado pueda ejercer en cualquier país que adopte el acuerdo. Otros aspectos son el de facilitar la movilidad y la orientación a la empresa de los graduados, sin tampoco entrar en grandes profundidades pues son los estados firmantes los que han de regular el asunto en detalle. Otra cosa es que nuestro ejecutivo haya decidido meter de rondón la enésima y fracasada, lo digo ya, reforma de la Universidad española. Que por lo que he leído tampoco es tan terrible, pero que sigue sin ir a la raíz de los problemas y por tanto no va a solucionar nada. Y me apuesto un yoyalodije con reverencia e invitación a cerveza a quien tenga el coraje de negarme la mayor.

Esto se suma al hecho de que los ciudadanos se sienten "lejos" de Bruselas: de sus funcionarios, que estudiaron en colegios bilingües y disfrutaron de beca Erasmus, de sus comisiones y delegaciones y siglas que nadie entiende, de ese engendro horroroso todo hierros que es símbolo de Europa. Sí, la U.E tiene un parlamento, y sí, tiene elecciones y todo, pero más que nada sirven para no votar, por joder, al partido al que no nos atrevemos a dejar de votar en las generales.

Ante esta situación los europeístas de buen corazón se hacen cruces. No comprenden qué es lo que tanta grima le da al ciudadano medio de esos lindos burócratas multilingües con tres carreras y master en relaciones internacionales. Tampoco es tan difícil, lo que les jode es que saben aún menos cómo funciona todo este tinglado que las instituciones de su país. Y como no lo conocen creen que no lo controlan. Y no lo conocen porque no es tan intuitivo como votar al parlamento, y que este elija presidente, o votar al presidente directamente y que lo joda todo. La U.E no es un estado y por lo tanto no puede tener los órganos legislativos o de gobierno de un estado. Todo son tratados y acuerdos y jerigonza. ¿Hay un legislativo? Bueno, sí, hay un Parlamento, pero la iniciativa legislativa la tiene la Comisión que a su vez es elegida por el Consejo, no confundir con el otro Consejo, que muchas veces delega en la Comisón que... ¿Pero habrá un ejecutivo, no? Bueno, hay reuniones en el Consejo, no confundir con el otro Consejo, de un montón de tipos arrogantes muy acostumbrados a hacer lo que le sale de los cojones en su patio, y a los que les saca de quicio que los otros le digan lo que tiene que hacer. Definitivamente no es tan sencillo como en España, donde una Vicepresidenta ejerce el poder mientras el Jefe de Gobierno llora aterrado en un rincón.

Las instituciones europeas, pues, son poco comprensibles porque son resultado de toma y dacas, equilibrios de poder, ni para ti ni para mí, payo... de numerosos estados con visiones e intereses a menudo difíciles de conciliar. Porque al fin y al cabo una estructura común clara y órganos definidos, con competencias amplias, supondrían un poder de decisión que ningún estado desea que las instituciones europeas tengan, por ahora. Así que los gobiernos siguen utilizando la U.E, entre otras cosas, para echarle la culpa de que llueve.
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25/3/09

When i listen to him all i hear is blah, blah, blah

(Gracias, Citoyen, por el enlace que inspira el título. Impagable)

Bien, como era de esperar, el plan Geithner no ha sido bien recibido por parte de la intelligentsia de izquierdas estadounidense. Ya dije ayer que Krugman no está contento, y tampoco lo está Stiglitz, como deja claro en declaraciones a Reuters. Algunos ya intuíamos que Obama no es un abanderado del marxismo pero ¿tanta confianza en el mercado es razonable?

Un resumen burdo del plan Geithner partiría de la idea de que los activos tóxicos que acumulan bancos y otras entidades financieras tienen un precio por debajo de su valor real. Esto implica que si se ponen en venta en un mercado ad hoc, con el estado garantizando con su dinero las posibles pérdidas, avisados inversores verán en ellos negocio y las empresas con problemas podrían venderlas y sanear. De esta forma, el Tesoro no tendría que ir de aquí para allá como un pollo sin cabeza, salvando un banco mientras observa con terror que el de enfrente se está derrumbando. Para saber más sírvanse a pasar por el blog de Egócrata.

El problema es que las pérdidas las paga el contribuyente y las ganancias se las embolsa el inversor. El problema es que los mismos agentes que llevaron al caos el sistema financiero habrán de salvarlo, esta vez con dinero del estado. El problema es que muchos golfos apandadores seguirán en su puesto ganando burradas vergonzantes de dinero: mal precedente. El problema es, en fin, que en la ruleta y en la vida la banca siempre gana.

¿Por qué el ejecutivo estadounidense opta por una solución que puede enfurecer a muchos de los que lo votaron y enfrentarle con los gurús de la izquierda? Creo que lo que quieren es salvar la situación lo antes posible y con un mínimo de intervención. ¿Por qué? Por que cada iniciativa legislativa cuesta un tiempo que creen no tener. De un incendio quieres salir rápido, no salir guapo. Me malicio que Obama, al contrario que nuestro amado líder, prefiere hacer algo mal que no hacer nada.

Mi esperanza es que cuando las cosas se encarrilen, si es que este plan sirve para encarrilarlas, no quede todo en un susto. Que financieros y republicanos no vociferen que el sistema funciona y sabe curarse sólo, si se le da la oportunidad. Espero que el gobierno estadounidense, junto con los del resto del mundo, lleve a cabo las reformas legislativas necesarias para que la regulación de los mercados financieros les imponga una mayor estabilidad, equilibrio y, sobre todo, transparencia. A pesar de que EEUU no sea Suecia, señor Geithner.

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24/3/09

Yoyalodije, chapter first

Mi mujer me dice que tengo una pulsión obsesiva por tener la razón. Y otra como mínimo tan intensa por restregárselo en los morros a todo el mundo. Dado que mi mujer es mucho más lista que yo, seguramente sea cierto.

Viene esto a cuento del artículo de opinión de Paul Krugman en El País de hoy. Hace mucho tiempo y pocas entradas, afirmaba yo que la llegada al poder de Obama no iba a suponer una revolución. Por contraste con la anterior administración, eso sí, cualquier cosa que haga que no sea entrar en un colegio y disparar aleatoriamente sobre el alumnado parecerá sensata.

Parece que mi intuición no era errada y el plan de Geithner no se aleja demasiado de lo que Paulson propusiera bajo gobierno Bush. Definitivamente, parece que el ejecutivo estadounidense prefiere que sea el mercado, con dinero público, el que arregle lo que el mercado rompió. Será necesario hacer un análisis más profundo del plan, pero me parece a mí que si las reglas del juego no han cambiado los agentes tendrán los mismos incentivos que antes para hacer las cosas mal de nuevo.

Creo más coherente la postura de la señora Merkel: primero adecuar la regulación, luego inyectar dinero, y siempre con el control del estado. Yo pago, yo mando: eso es capitalismo, por si lo habíamos olvidado.