28/1/09

Por qué soy materialista

Aviso: ladrillo.

Ultimamente me dedico más a responder a blogs ajenos que a escribir en este, pero a raíz de una conferencia del club Lorem Ipsum a la que asistí junto con Víctor el sábado pasado he escrito una respuesta que podría sintetizar, muy imperfectamente, mi posición metodológica respecto al estudio del hecho social.

La conferencia versaba sobre el Imperio de Carlos V y tanto Víctor como yo salimos un tanto decepcionados de la experiencia. El conferenciante era un buen comunicador, sabía utilizar el humor y además evidenciaba dominio del tema, pero echamos de menos una mayor estructuración y alcance explicativo. No quiero ser injusto, es posible que el escaso tiempo disponible exigiera un formato de tales características, pero esa fue mi sensación.

Carlos González, de Lorem Ipsum, ha realizado una entrada donde explicita una posición metodológica que podría explicar, empero, el por qué se llevó la conferencia a cabo de esta forma. Lo que sigue sería mi crítica a esta posición y un escueto (e imperfecto) razonamiento de por qué considero preferible una metodología positivista y materialista, en la línea del materialismo cultural, a las alternativas constructivistas e idealistas asimilables a la tradición fenomenológica o, llevada a un extremo, postmodernista. Aconsejo leer antes la entrada de Carlos González no sólo porque así se entendería mucho mejor lo que a continuación escribo, sino porque está muy bien escrita, es amena y ejemplifica en pocas líneas el paradigma que impulsa.


Mi respuesta fue esta:

Antes de nada, agradecer al club Lorem Ipsum la realización de la conferencia a la que alude el autor. Estuve presente en ella y, aunque me decepcionó en buena medida el contenido, valoro el esfuerzo, la capacidad comunicativa y el dominio de la materia del conferenciante.

Comento que me decepcionó su contenido, y quizá sea porque el conferenciante de alguna manera comparte orientación metodológica con el autor de esta entrada, aunque puede que esté realizando suposiciones apresuradas y en tal caso pido excusas. Como interesado en las ciencias sociales eché en falta una estructura, una explicación, no en el sentido constructivista, de los hechos históricos que se nos ofrecieron. Mi sensación fue la de atender a una larga serie de datos, más o menos conocidos, sin relaciones causales que los vincularan entre sí o a otros importantes factores, por otra parte ausentes de la disertación.

Aquí enlazo con mi crítica a la posición del autor de esta entrada. Afirma éste que: "El ser humano... es único e irrepetible. No obstante, también es imprevisible y limitado. La primera de estas características entra en contradicción con los propósitos de todo aquel que, desde el campo de las ciencias sociales, busca en su manera de actuar argumentos racionales perfectamente explicables y, por tanto, predecibles cual objeto de ciencias naturales. El segundo, afecta al estudioso, que ha de ser siempre consciente de que no es omnisciente." O también: "Los historiadores nos percatamos hace unas décadas de nuestra incapacidad tanto para narrar “lo que realmente ocurrió” como para “predecir lo que sucederá en unas circunstancias concretas...Mi opinión es que, detrás de la supuesta crisis, se esconde algo que purga la conciencia de los historiadores de los mitos positivistas y materialistas. Se trata de la vuelta del historiador, del autor que deja de ser cronista o adivino para ofrecer a la sociedad en la que vive una narración imperfecta en cuanto a los hechos –no puede abarcar todo-, pero llena de vitalidad en tanto que es una creación intelectual."

Espero no ser imprudente si creo que el autor adopta una actitud claramente idealista y constructivista. En párrafos posteriores afirma la preeminencia de las ideas sobre las estructuras, o quizá incluso niega que éstas existan. También explicita una duda radical sobre la cognoscibilidad de los hechos históricos, y por extensión supongo que también los sociales, limitando el papel del historiador al de narrador más o menos honrado. Inteligentemente se adelanta a la crítica evidente que este tipo de posturas supone: si no es posible conocer lo que estudias, cierra el chiringuito pues nada tienes que ofrecer. El problema es que su respuesta es una débil justificación que nada nos ofrece a nivel metódológico, más allá de "vitalidad" y una "visión" propia de los acontecimientos. A eso, perdónenme, yo lo llamo periodismo.

Por otra parte, toma como valor central de la labor histórica aspectos puramente pragmáticos, su función sería así poco más que legitimación y propaganda: "A través del trabajo de los historiadores los grupos humanos conocen los orígenes de su cultura, su identidad. Esto les permite abandonar una peligrosa orfandad, así como legitimar su forma de vida... por no hablar de la recurrente crisis de Occidente, que en ocasiones nos lleva a ceder, en el seno de nuestras propias sociedades democráticas, ante movimientos intolerantes de carácter fundamentalista. Es problema de ellos por ser lo que son, o nuestro por no creer en nuestros valores. Si no creemos en ellos tal vez sea porque un día nos planteamos que no servían para nada..."

Esto no responde satisfactoriamente a la crítica original: si no se puede conocer, si no hay método para conocer lo cierto o falso de un enunciado, entonces lo que se afirma no es ni cierto ni falso, es decir: no es nada o es literatura. Los que estamos atados al "mito positivista y materialista" consideramos que, si bien es imposible conocer con exactitud absoluta ningún hecho social, sí existe un mínimo común denominador, llamémoslo intersubjetividad, que nos permite comprender nuestro entorno y comunicar tales conocimientos. Ello exige un método, unas reglas que, siguiéndolas, nos permitan alcanzar un conocimiento lo más riguroso posible. No es un conocimiento absoluto ni perfectamente objetivo, pero es lo que nuestras limitadas facultades nos permiten lograr. Se llama método científico, y lo contrario es la nada.

No cabe duda de que el método positivista originado en el estudio de las ciencias físicas exige grandes adaptaciones para poder ser aplicado en las ciencias sociales. Nadie duda de las peculariedades de éstas, como bien ha descrito el autor, pero eso no lo invalida automáticamente. Simplemente el esfuerzo, la duda, es mayor y más magro el fruto.

Como ejemplo voy a utilizar parte de lo expuesto por el autor. Afirma que: “...a nadie medianamente inteligente se le escapa el hecho de que existen “fuerzas” aparentemente inútiles que mueven montañas. Determinadas doctrinas morales, ideológicas o religiosas pueden llevar a una sociedad al envejecimiento demográfico o a la superpoblación. Por tanto, eso que era inútil, al calar en la mentalidad de los grupos humanos puede generar problemas políticos, económicos, sociológicos…” Es decir, lo que los individuos piensen, las ideas que generen o adopten, son las que tienen significado y finalmente cambian la realidad social. O como decía Hegel: “Lo racional es real, lo real es racional.” Aceptar esto nos lleva a la imposibilidad de que existan conductas homogéneas o predecibles (y por tanto que existan leyes, en el sentido metodológico del término, siquiera sean éstas probabilísticas), puesto que cada individuo es “único e irrepetible” y así habrían de ser sus ideas, y por tanto sus actos.

Lamentablemente, adoptar este paradigma impide explicar tanto la existencia de la uniformidad de ideas y comportamientos como las causas del cambio de éstas. Pongo un ejemplo que respondería a la siguiente afirmación del autor: “Determinadas doctrinas morales, ideológicas o religiosas pueden llevar a una sociedad al envejecimiento demográfico o a la superpoblación....” No es momento de añadir tablas, pero es un hecho contrastado que muchos países de fuerte tradición católica y elevado número de creyentes en el dogma católico tienen bajísimas tasas de natalidad, que no llegan siquiera al reemplazo. ¿Cómo puede explicarse esta contradicción entre una ideología, unas creencias que defienden ferozmente el natalismo y condenan el control de la fecundidad, con este hecho? Se explica porque no son sólo las ideas, creencias o valores, ni siquiera principalmente, los que guían nuestro comportamiento. Nuestro comportamiento es una respuesta al entorno, respuesta mediatizada por elementos previos como nuestra herencia genética, nuestra socialización, nuestra situación dentro de la sociedad, nuestros conocimientos, ideas, creencias y valores, etc. Esta respuesta no es plenamente libre sino que se haya condicionada por muchos factores, de los cuales unos tienen preeminencia sobre otros, aunque todos se relacionen entre sí contradiciéndose o retroalimentándose. De esta forma, un “positivista materialista” explicaría que la respuesta de las familias de estos países católicos se justifica porque ponen por delante (consciente o inconscientemente) de sus teóricas creencias una serie de condicionantes: las elevadas tasas de paro, los exigentes horarios laborales, la necesidad de dedicar tiempo y esfuerzo a la carrera laboral, barreras de entrada en el mercado de trabajo que exigen una educación cara y prolongada, los elevados precios de la vivienda, la importancia de justificar el status mediante el consumo de bienes de lujo, etc. Resulta que muchos de estos factores se dan en casi todos los países, sean católicos o no, que ofrecen bajas tasas de natalidad. Sin duda esto es una simplificación extrema, habría que tener en cuenta cada variable, las relaciones causales que se dan entre cada una de ellas, las retroalimentaciones, la dinámica de los cambios, etc. La sociedad es un sistema dinámico complejo, y exige respuestas complejas, pero aún así me parece una explicación mucho más plausible y descriptiva que “lo gente hace lo que piensa”, que es poco más que un razonamiento circular.



Textos interesantes al respecto:


El materialismo cultural, Marvin harris, Madrid - Alianza Universidad - 1994.


Metodología de las ciencias sociales, una introducción crítica, Luis Castro Nogueira, Miguel Angel castro Nogueira y Julián Morales Navarro. Madrid - Editorial Tecnos - 2005.


Metodología y técnicas de investigación social, Piergiorgio Corbetta, Madrid - Mac Graw Hill - 2007.


Una sociología del medio ambiente coevolucionista, Richard B. Norgaard, artículo.


4 comentarios:

Dedos de polvora dijo...

"Aviso: ladrillo" jajaja...ha sido una muy buena primera impresión de to Blog!
El buen humor.

Por otra parte,muy interesante sitio.
Saludos desde Buenos Aires.

Ender dijo...

Macho, a ver si te curras un poco más el tema de los formatos, que los enlaces te han salido todos ininteligibles...

Por lo demás, aunque ya sabes que yo pienso como Shrödinger ("toda ciencia es, o bien Física, o bien Filatelia")... totalmente de acuerdo con tu entrada.

Saludos.

Demócrito dijo...

Schrödinger no, paleto, fue Rutherford al recibir el Nobel de química, cosa que le jodió porque el se consideraba físico.

Vergüenza te tendría que dar, que aquí el ingeniero eres tú.

Y a mí los enlaces me van divinamente.

28 de enero de 2009 9:00

Ender dijo...

Cierto, cierto... ha sido un lapsus.